Capítulo 25
D ORIAN
No consigo calmarme, por eso me paso toda la noche haciendo deporte en el gimnasio. Ayer vi desde mi cuarto lo que hacían. Bajé, pero no esperaba que Idelia llegara tan lejos.
Ver cómo la forzaban me mató por dentro. Fue peor que cada bofetada de mi padre o de mi abuelo. No hice nada porque, si lo hacía, solo caía yo. Y los dos lo sabemos.
El destino nos ha unido por algo. Y tenemos que usar nuestra inteligencia para hacerlos caer a todos. Poco antes de ir a clase me doy una ducha y al vestirme escribo a Abbi. La sigo teniendo guardada como Psique para que nadie vea su nombre en mi móvil:
Dorian: ¿Cómo estás?
Psique: Le he dado a Dafna las llaves de mi estudio para que mi hermano vaya a ver todo lo que sé.
Dorian: Quiero saber cómo estás tú, lo otro ya lo veremos luego.
Psique: Mal. Pero lo voy a superar. Soy más fuerte, aunque me quedarán secuelas. Tal vez lo pague contigo.
Dorian: Por esta vez no me importa... No sé cómo superar ese momento..., quería matarlos. ¿En qué me convierte eso?
Psique: Yo me he imaginado que les arrancaba la cabeza a todos como si fueran gambas... No pueden quebrarnos. Estamos juntos.
Dorian: Juntos.
Lo miro y guardo el móvil tras borrar la conversación por miedo a que alguien me robe el móvil y la vea.
Voy hasta las clases e Idelia me espera en la puerta.
Cuando Abbi entra, no nos mira. Va con el uniforme, pero de nuevo lo usa para destacar su cuerpo perfecto.
Se ha maquillado y peinado con esmero. A Idelia le jode su buena imagen.
Sobre todo, cuando Abbi se sienta en la silla y la saluda.
Idelia rabia por dentro y va a su sitio mientras yo admiro cada día más a esa mujer de grandes ojos marrones y fuerza inquebrantable.
Voy a mi sitio y, aunque nadie lo nota, yo sí veo cómo la mano de Abbi tiembla al sacar sus cosas.
—Al final no sabe besar tan bien. —Hermes se deja caer a mi lado. No partirle la cara me cuesta mucho.
—Es lo que tiene que nadie soporte besarte y tengas que recurrir a violarlas. —Me mira frío—. ¿También te pone un coño seco en vez de uno húmedo? Aunque, claro, quién te iba a desear a ti..., seguro que pagas por tener sexo...
Me golpea la cara y yo aprovecho para darle un puñetazo tan fuerte que le rompo la nariz. Oímos cómo cruje antes de que nos separen. Me toco la boca mientras Hermes se va, sangrando como un cerdo.
—¿A qué ha venido eso?
—¡Has empezado tú! Yo solo me defiendo —le respondo. Idelia me mira seria—. ¿Acaso quieres que no me defienda? —Ella niega con la cabeza—. Yo no tengo la culpa de que no acepte la verdad.
Idelia me toca el brazo y siento asco. Pero sonrío para que no note nada. Miro a Abbi de reojo y la veo preocupada. No hago nada. Solo sigo con mi papel. Pero al menos me he desquitado con Hermes.
Como era de esperar, mi abuelo me llama al móvil en el cambio de clase.
—Se pica muy rápido y me ha partido la boca. A mí nadie me toca.
Al menos ahora.
—Bien, que sepa quién manda, últimamente los Scott me están tocando las narices de más..., cuando todo lo que tienen...
Se queda callado, pero yo sé lo que quiere decir: todo lo que tienen es por mí. Suficiente para tirar de ese hilo. Cuelga y voy a la siguiente clase. De camino me cruzo con Abbi. Como llego tarde, no hay nadie en los pasillos. Tiro de ella hasta una clase vacía.
—¡Si faltamos los dos van a sospechar! —La beso y lame mi labio partido—. ¿Le diste fuerte?
—Muy fuerte. —Me besa la boca—. ¿Estás bien?
—Mejor después de verte pegarle. —Coge mi mano y la toca—. Tal vez luego pueda darte un masaje.
—Tal vez algo más.
—Lo dudo, me ha venido la regla y estoy hecha una mierda.
—Tú sí sabes cómo joderme la fiesta. —Le acaricio la cara—. Tengo un hilo del que tirar. Ve a mi cuarto y luego nos vemos.
Asiente y me marcho sin ser visto. Entro a clase y Abbi no viene. Me escribe para decirme que se va a su cuarto a tumbarse, que hoy le duele mucho la regla. Idelia no me deja en paz. Y cada vez que me toca tengo que recordarme por qué sigo representando este papel.
Antes de la comida voy al cuarto de Abbi con una bolsa térmica del mío, pero hay demasiada gente. Dafna me ve y se me acerca.
—¿Todo bien, Dorian? —Le doy la bolsa y me marcho. No hablo nada porque dudo que haga falta explicarle nada.
Abbi no sube por la tarde. Tampoco contesta a mis mensajes hasta las diez de la noche.
Psique: Me acabo de despertar. Dafna me ha dicho que la bolsa térmica es cosa tuya. Gracias. No he podido subir, estoy agotada.
Dorian: Mañana estarás mejor.
Psique: Si esta noche hay putadas no sé cómo voy a sobrevivir a ellas.
Dorian: Voy a implicarme más en todo, a ver si así puedo avisaros con tiempo de lo que va a suceder.
Psique: Estaría bien..., pero tendrías que pasar más tiempo con tu prometida.
Dorian: No sé si te lo he dicho, pero no pienso casarme con ella.
Psique: No. Me gusta leer eso, aunque tampoco sé qué somos tú y yo.
Dorian: Eros y Psique. ¿No lo sabías? Nos hemos reencarnado para encontrarnos en esta vida.
Psique: Qué gracioso eres..., pero estaría bien saber que no solo somos dos almas que se atraen, sino dos almas que se reencuentran. Voy a ponerme a soñar con eso. Aunque ahora pensar en cosas mitológicas me hace daño. No supero lo de mi abuelo Hadrian.
Dorian: Nunca se termina de conocer a una persona.
Psique: Nunca.
Dorian: Descansa, becada, si me entero de algo te escribo.
Psique: Gracias. Espero que tu mano esté bien.
Dorian: No está rota. Y ha merecido la pena.
Psique: Me alegro. Nos vemos mañana.
Borro todo, odio hacerlo, pero no quiero correr riesgos, y después escribo a Idelia. No me responde, lo que solo puede significar que está liándose con alguien. Me miro la mano y no me arrepiento del color lila que está cogiendo. Solo me arrepiento de no haberle golpeado más fuerte.