Capítulo 24
A BBI
Antes de volver a mi cuarto, Dorian me preguntó por la cita con mi hermano y le conté todo.
—Tal vez deberías apostar por ellos.
—No voy a ir contra ti. —Vi algo muy tierno en su mirada. Como ese niño que espera ser querido—. Aunque es cierto que a veces dudo de esto... y puede que lo vivido con mi abuelo y mis hermanos me dejara huella.
—Sin olvidar al capullo que casi te viola.
—Vale. ¿Alguna mierda más?
—No. —Sonrió.
—Aparte de eso..., yo tampoco sé cómo escapar de esto. Ni quiero. —Noté cómo me sonrojaba y me sentí más expuesta que cuando teníamos sexo—. Y ahora me marcho. —Le doy un beso—. Por si vienen a putearme...
—No sé nada. No cuentan conmigo para estas putadas. Y si te ayudo, eso te haría más daño. —Lo volví a besar.
—Nos vemos. Piensa en mí.
Me marché corriendo antes de ceder a la tentación de quedarme a su lado y mandar todo a la mierda. Ahora estoy en mi cama sin poder dejar de pensar en todo. En lo que somos. Tal vez solo un nosotros sin apelativos porque ponerle un nombre ahora asusta mucho.
Estoy casi dormida cuando entran al cuarto y me sacan tras ponerme una capucha. A ver qué mierda me espera ahora.
Hace mucho frío e ir descalza es una putada; no me acordé de ponerme los pies de goma falsos.
Y a estos becados encapuchados que tiran de mí les da igual.
Cada vez quedamos menos becados que no hayamos aceptado sus exigencias.
Es decir, o irse, o sacar una nota media baja.
Veo un plástico azul extendido en el suelo que seguramente esté mojado.
—Tenéis que bajar la pendiente. —Idelia me mira altiva—. A ver cuánto aguantáis.
Nos dan un cubo de agua para llevarlo cargado de una zona a otra. El agua está helada y, como nos resbalamos por el plástico mojado del suelo, cae sobre nosotros. Estoy helada y me va a venir la regla, lo que hace que esté más sensible.
Tras varias carreras no puedo más. Caigo al suelo y noto cómo se me raspa la barbilla. Idelia me coge de la cara y me aprieta la herida.
—¿Te rindes?
—Nunca —le digo enfurecida. Su mirada va de mí a un punto tras ella.
—¿Qué haces aquí, querido?
—¿Acaso no puedo ver cómo los jodéis? —Dorian llega hasta nosotros y se apoya en la mesa donde tienen los cubos uno de los becados, que se ha rendido.
—Bien, has llegado en el mejor momento. Hermes, ven.
Hermes se me acerca y me observa la ropa pegada al cuerpo. Su vista va a mis pezones y odio cómo me mira. Me hace sentir desnuda o volver a ese momento en que ese desgraciado me intimidaba.
—Bésala. —Dorian se levanta fuera de sí y niego de forma imperceptible con la cabeza.
Es una trampa. Idelia lo mira y veo cómo Dorian se esfuerza por no mostrar nada. Tiene los puños apretados y noto cómo tiembla, pero eso solo lo advierto yo. Idelia sonríe ante su indiferencia.
—¿Ahora también me vas a entregar para que me viole? ¿Dónde quedó lo de violaciones no?
—Nos está costando mucho doblegarte..., hay que tomar otras medidas. Bésala.
Hermes no se lo piensa dos veces y viene hacia mí. Voy a huir, pero Edey me sujeta mientras Hermes acerca su boca a la mía. Lo muerdo, pero el cabrón sigue lamiéndome la boca mientras aplastan mi cuerpo tocando donde pueden.
Cuando acaba me siento sucia, usada y asqueada.
Miro a Dorian y parece fuera de sí. Va a saltar. Va a ir contra ellos... y no podemos vengarnos. No aún, o se irá todo a la mierda, ahora que estamos tan cerca.
—Gracias por un beso de mierda. ¿Algo más?
Dafna me espera no muy lejos cuando echo a andar.
Me coge la mano con fuerza y vamos juntas hasta nuestro cuarto.
No me permito llorar hasta que llego a él y solo entonces dejo salir el dolor, la rabia y el asco.
Tiro las cosas de mi escritorio. Lo tiro todo, fuera de mí. Dafna me grita que pare, pero no puedo.
De pronto siento que Dorian me sujeta con fuerza y evita que me haga daño.
—Te tengo, te tengo —dice y me doy cuenta de que no sé ahora mismo quién sujeta a quién. Lo miro y él me contempla la boca—. Bésame, necesito borrarlos de tu mente..., necesito borrar todo eso de ti...
Lo beso con fuerza. Nos besamos como si de verdad quisiéramos borrar todo atisbo de otros besos en el otro. Al acabar, Dorian mira a Dafna.
—Haced lo que tengáis que hacer para destruirlos, aunque eso me lleve a mí por delante.
—¡No!
—He dicho cualquier cosa, o juro que lo haré yo y no sé si podré controlar mis ganas de matarlo. ¡Joder!
Dorian se marcha y Dafna me sujeta.
—Déjalo ir..., estás dentro. —Alza el móvil. Y veo un vídeo mío y de Dorian—. E intentarán que él quede fuera, han creído en mi palabra de que Dorian siempre se queda al margen y trata de que nada se vaya de madre.
Luego me abraza.
—Vamos a hacer justicia —le digo.
Asiente y siento que cuando todo esto acabe me voy a quedar muy tocada. Que todo esto me dejará secuelas mentales mucho más duras de las que ya tengo.