Capítulo 22
A BBI
Llego con el tiempo justo de acudir a la primera clase tras una noche dando vueltas sin dormir apenas.
No podía dejar de pensar en todo lo que ha pasado este fin de semana y en Dorian.
No sé qué soy para él. Se fue cuando me dejó ese cheque y sé que tal vez tenía sus razones, que solo me está protegiendo, pero necesito que entienda que para poder ser libre tengo que acabar con esto.
Entro a clase y siento la mirada de Dorian puesta en mi nuca.
No me giro porque temo delatarme si lo miro.
Voy hasta mi sitio y Marvin se sienta a mi lado.
Me habla como si fuéramos los mejores amigos del mundo.
Al final este lugar es una gran partida de póquer donde cada uno juega sus cartas lo mejor que sabe.
A última hora estoy tensa por tratar de evitar la mirada de Dorian. Y, cuando el profesor anuncia que habrá una fiesta de la primavera, la gente grita contenta, como si este lugar fuera ideal para hacer fiestas y no pasase nada raro.
Está claro que si existen las novatadas es porque la gente las ha normalizado en vez de decir basta. Salgo de clase y me vibra el móvil:
Dorian: Ven a mi cuarto.
Leo el mensaje de Dorian y lo ignoro. Ahora mismo siento que, si lo tengo delante, los celos van a delatar lo mucho que me importa.
Por eso apago el móvil y me marcho a comer algo en una sala común.
Evito pasar por la cafetería y luego voy a la biblioteca.
Ya no trabajo aquí porque en el tiempo que estuve fuera haciendo los exámenes le dieron mi puesto a otro, o eso me dijo Marvin, aunque siento que si hubiera aceptado su propuesta todo hubiera sido diferente.
Le digo a Marvin si puedo ayudarlo y me dice que ponga al día el archivo de libros.
Voy al fondo y me pongo a meter libros en el ordenador que hay allí para registrar si están todos o algún estudiante se ha llevado alguno sin pasar por la recepción para anotar que se le ha prestado.
Reviso varios hasta que siento a Dorian cerca.
—Te juro que odio ir detrás de nadie.
—Y, sin embargo, aquí estás. —No lo miro, no puedo mirarlo, me duele saber que estuvo en la cama con Idelia.
—¿Se puede saber qué te pasa?
—Nada.
—Ya, claro, por eso no respondes mis mensajes.
—Así no pensaré lo peor de ti. O sí, teniendo en cuenta que saltas de una cama a otra. —Mierda, no he aguantado ni cinco minutos sin delatarme.
—Estás celosa.
—¿De ti? Vas listo.
Me atrevo a mirarlo y el cabrón sonríe apoyado en la estantería. Luego coge un libro y lo ojea.
—Muy muy celosa —lo dice sin mirarme.
—No pienso engordar tu ego.
—En latín, la palabra ego significaba «yo».
—Como si no lo supiera —le reprocho y sigo con lo mío—. ¿Qué haces aquí?
—Ver por qué mi sirvienta quiere enfadarme.
—Tal vez porque quiero que se sepa la verdad y buscar otra forma de destruirlos. A todos.
—Si se supiera la verdad, lo que te han hecho hasta ahora no sería nada comparado con lo que vendría. —Parece tenso—. Vamos a mi cuarto.
—No puedo dejar el trabajo a medias.
—No estuve con ella, joder, solo la vi teniendo sexo porque si no lo hago no podré ayudarte a destruirlos. Tengo que ser yo mismo..., lo más yo mismo posible. ¿Puedes dejar de pensar lo peor de mí? ¡Puedo destruirte y no lo hago! Eso debe de significar algo, ¿no?
Dejo los libros y lo miro. Veo dolor en sus ojos.
—Ahora voy a tu cuarto. No puedo desaparecer así como así.
—¿Acaso no eres nieta de un mago?
—Ahora mismo no quiero pensar en eso —le digo triste—. Ahora voy.
—No tardes. Hay mucho que hacer en mi cuarto.
—No sé cómo te soporto.
Sonríe de medio lado antes de irse por la puerta secreta.
Voy hasta la recepción y le digo a Marvin que me he cansado.
Asiente y sigue hablando con la nueva ayudante.
La mira como me miraba a mí, como si quisiera quitarme la ropa.
Pero no en plan deseo, sino en plan bestia.
Es una becada de primero. Tal vez también le haga la misma oferta que a mí.
Siento asco porque use eso para ganarse favores sexuales.
Este lugar apesta, lo mires por donde lo mires.
Y si los becados miran hacia otro lado es porque al final acaban siendo como los putos dioses.
Salgo de este lugar y me encuentro a Dafna; no nos hemos visto desde el viernes. Se me acerca.
—Mi cuñado fue un poco borde.
—Y que lo digas. —Subimos por las escaleras.
—Yo estoy de tu parte. Confío en ti. Y si tú quieres dejarlo fuera...
, yo lo dejo fuera. Tienes razón en que Dorian no se mete y siempre está vigilando que no se pasen de la raya.
Antes no lo creía..., quiero decir, antes de entrar no creía que los dioses fueran así, pero ahora no creo que todos sean iguales.
—Pero estás con ellos. —Miro a nuestro alrededor—. Hasta ahora lo he hecho todo sola en mi vida y he tenido que aprender a sobrevivir. Por el miedo que me da lo que puedan hacerme no voy a dejar de ser quien soy.
Llegamos a nuestra planta.
—Me marcho a la azotea a pensar.
Asiente y se mete en nuestro cuarto.
—Vale.
Va a decirme algo más, pero se calla. Tal vez sabiendo que ahora mismo estamos en bandos opuestos. Subo a la azotea y Dorian me abre la puerta. Entro y voy hasta su escalera. Al bajar lo veo apoyado mirando el atardecer.
—Llega la hora de las brujas. —digo. Me mira y parece triste—. Lo siento, siento que a veces desconfíe de todo...
—Si no quieres que tenga ganas de tener sexo con otras, tal vez puedas hacer algo.
—¿Y lo de hablar y esas cosas?
—Luego. ¿Alguna idea, becada?
Siento que usa el sexo para no ahondar en lo que nos separa y lo dejo estar por ahora. Lo miro y me arrodillo a sus pies. Tiro de su pantalón sin dejar de observarlo.
—Mira que te gusta estar a mis pies. —Me tira del pelo.
—Por si no eres capaz de verlo, ahora mismo quien tiene el poder sobre ti soy yo.
Dorian me contempla mientras le abro los vaqueros y libero su polla.
Está dura, pero cuando la toco se pone mucho más.
Se apoya en la barandilla. Estar al aire libre en este estado es una imprudencia, pero tengo la sensación de que necesito hacerlo y no me importa que los demás nos vean juntos, aunque estamos tan altos que dudo que alguien se percate de algo.
Saco la lengua y le doy una lamida, llevándome el líquido preseminal.
Chupo su glande como si fuera una golosa ante un dulce. Dorian gruñe y se sujeta a la barandilla hasta que los nudillos se le ponen blancos.
—¿Queda demostrado quién está a los pies de quién? —No le dejo que conteste y me meto su polla en la boca todo lo que puedo.
—¡Hostia puta! —Lo succiono con mi boca hasta que no puede más.
Muevo la cabeza adelante y atrás disfrutando de verlo tan excitado. Con la ropa medio abierta, el pelo rubio cayéndole por la frente y esos ojos que no pierden detalle de nada de lo que hago, parece un dios indomable.
Mi Eros.
No dejo de follarlo con mi boca hasta que me levanta para enredar su lengua con la mía.
Nos besamos con un hambre voraz mientras entramos a trompicones en su cuarto.
Tira de mi ropa y yo de la suya, necesito su piel pegada a la mía.
Necesito su calor extendiéndose por mi cuerpo para que calme el frío de mi pecho.
Me quedo desnuda a los pies de la cama mientras él se desnuda para mí. Es un espectáculo para la vista. No me extraña que Idelia lo quiera atar en corto. Pero ella de él no tiene nada, o eso quiero creer.
—Date la vuelta y apóyate en la cama. Hoy quiero follarte por detrás.
Lo hago y escucho cómo rasga un preservativo. Me giro para mirar cómo se lo pone. Muerde su boca concentrado y quiero ser yo quien se la muerda.
—¿Lista para que te penetre, becada?
—Lista.