Capítulo 21
A BBI
Cuando me quitan la capucha estamos yendo a una zona alejada de la ciudad. Miro al conductor y me sonríe.
—Hola, hermanita. Relájate, no vamos a hacerte nada.
Miro a mi lado y veo a una mujer preciosa muy parecida a Dafna.
Intuyo que es su hermana mayor. No digo nada, pero no me ha gustado este susto innecesario.
He pasado mucho miedo, cuando se supone que están de mi parte.
O eso dicen. Hasta ahora mis hermanos, menos el pequeño Defin, solo me han hecho daño. Por eso no quiero bajar la guardia.
Paramos en una zona de camping con mesas de madera. Salimos del coche y espero que hablen. Ahora mismo siento que yo tengo poco que decir. Supuestamente íbamos a tomar un café.
—El abuelo de Dorian está en la ciudad y es peligroso que nos vean juntos —dice Kiefer.
—¿Acaso sabe quién eres? —Niega con la cabeza—. Tampoco sabe quién soy yo.
—Prefiero tomar medidas, no me fío de nadie. —Lo miro, se parece a mi padre. Pelo castaño claro y ojos ámbar. No se parece mucho a mí porque, por suerte, yo salí a mi madre.
—Yo tampoco me fío de nadie y con todo esto, menos. Al menos me podríais haber avisado. Me habéis dado un susto innecesario y creo que ya voy servida con toda la mierda que soporto en el internado.
Kiefer agacha la cabeza avergonzado.
—Te lo advertí —le dice Ineta, la hermana de Dafna.
Después se vuelve hacia mí—. Lo sentimos mucho.
En lo que a mí respecta, toma muchas medidas para protegerme.
Desde que presenté la denuncia me han estado haciendo la vida imposible por si denuncio de nuevo.
Verlos ayer de cena en la ciudad nos inquietó.
En una cena a la que fue Dorian con su flamante prometida.
—Entiendo, pero de haberlo sabido hubiera tomado las medidas necesarias. Si queremos hacer esto juntos, no podemos ir por separado.
—Bueno, nosotros queremos destruir a todos los dioses y eso incluye a Dorian Wilson. —Me sube un escalofrío—. ¿Vas a ir contra él?
—Dafna aceptó todo esto a cambio de que él se quedara fuera.
—No puede quedarse fuera, estaba allí la noche que le cambió la vida a mi mujer. Merece pagar como el resto porque ha visto impasible cada putada que les han hecho a los novatos sin mover un dedo.
—Tal vez no pueda —digo a la defensiva, y mi hermano sonríe con tristeza—. Y Dorian siempre está vigilando que no se sobrepasen. O que no nos hagan daño. No es como el resto...
—Te está atontando el amor y no ves la realidad.
—No he dicho que esté enamorada de él. Pero tú haces esto por tu mujer. ¿Soy yo menos si defiendo a la persona que me importa?
—Nosotros nunca hemos sido los torturadores. Él, sí.
—Si no calculo mal, cuando aquello pasó Dorian solo tenía dieciséis años. Era su primer año en la universidad y...
—Y nada. Lleva años viendo cómo putean a la gente y no mueve un puto dedo. Lo odio.
—Genial, esto no va a llegar a nada —les digo fría—. Os recuerdo que a mí, ahora mismo, los que me suelen putear son los becados que se han cambiado de bando y que quien me ha protegido hasta ahora ha sido Dorian.
—Los becados lo hacen para sobrevivir —apunta Kiefer.
—Ya, claro, y su fin lo justifica más que el de otros. Ese lugar es una mierda y tiene que desaparecer, pero ni todos son buenos ni todos son tan malos.
—Eso lo dices por lo que sientes por el joven Wilson.
—Lo digo porque desde que entré he visto alianzas y he sentido cómo los que creía amigos me daban de lado solo por conseguir ascender en la escala social.
Ese lugar es horrible, pero lo cierto es que todos los que entran ahí lo saben, saben que es una mierda y esperan que el esfuerzo merezca la pena si acaban siendo pelotas de un rico y les da trabajo.
¿De verdad merece la pena todo eso por un puesto de trabajo?
—Estás de su parte —apunta Kiefer—. Me habría gustado que todo esto fuera diferente. Puedes destruirlos...
—Y lo haré. Pero a mi manera. Y sin ir contra la única persona en ese lugar que, a pesar de todo, se preocupa por mí de verdad.
—¿Antes o después de que se fuera anoche al cuarto de Idelia a follar? —Noto cómo los celos me matan—. No olvides que te acuestas con el enemigo. Y que nosotros solo queremos protegerte y poner todo en su sitio. Solo queremos justicia.
Me tiende la capucha negra y sé que ha llegado el momento de irse. No hemos conseguido nada en concreto, pero ahora mismo me invaden los celos. Y los nervios me comen por dentro. Vamos de vuelta a la ciudad y me quitan la capucha cerca de mi estudio. Paran el coche.
—Si cambias de idea, habla con Dafna.
—No lo haré a menos que valoréis otras opciones en las que no entre joderle la vida a Dorian.
—Tú misma. Yo no pienso ceder. —Su mujer le echa una mirada de reproche.
Salgo del coche cuando me devuelven el móvil y mis cosas.
Voy hasta mi casa porque no pienso volver al internado a estas horas.
Prefiero hacer noche aquí e ir muy temprano.
Subo y mientras doy vueltas agitada por el pequeño espacio sé que, si mi abuelo Hadrian no me hubiera fallado, tal vez no habría sido tan dura con mi hermano.
Pero estoy cansada de que todos me usen a su antojo.
Miro el móvil y veo varios mensajes y llamadas de Dorian, pienso en lo que me dijo Kiefer y los celos hacen que no pueda responderle. Los leo, pero no respondo:
Dorian: ¿Dónde mierda estás? Estoy preocupado..., bueno, solo un poco.
Lo veo en línea, seguramente al ver que lo he leído y esperando una respuesta.
No dice nada. Yo tampoco y me acuesto sintiéndome más perdida que nunca.
No dejo de pensar en sus fotos con Idelia y que luego estuvo en su cama.
Me matan los celos y no saber qué somos ahora el uno para el otro.
Si yo lo estoy apostado todo por él a cambio de nada.