Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 20
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Capítulo 20

D ORIAN

Idelia se cuelga de mi brazo para la encerrona de cena. Su padre, su abuelo y el mío han decidido organizar una cena especial en uno de los restaurantes de moda de la ciudad para que nos hagan fotos juntos y hablar de cuándo será la dichosa boda.

Una limusina vino a buscarme donde le dije y dentro estaba mi abuelo y ropa decente para esta cena. Me cambié delante de él, odiando su presencia.

Leí el mensaje de Abbi, pero no le pude contestar, ya que mi abuelo está mosqueado porque estuviera en la ciudad. Aun así, me gustó que me dijera eso, pero me jodió no poder regresar.

Vamos a una mesa al fondo y veo cómo nos hacen fotos descaradamente. Al sentarme a la mesa miro la carta hasta que mi abuelo me la quita.

—Ya hemos elegido.

—¿También vais a masticarme la comida? Lo digo porque parece que no tengo poder de decisión en nada. —Mi abuelo se tensa y sé que, si yo fuera más joven y no estuviéramos en público, me cruzaría la cara. Para educarme, decía el muy cabrón.

—¿Veis lo que os digo? Está cada vez más raro. Lo mismo ha empezado a tomar algo, como su padre. —Idelia me mira asqueada. Ella, que bebe más que nadie y se mete droga de lujo en las fiestas.

—Pediré unas pruebas a primera hora por si acaso —dice él. Tenso la mandíbula para no replicar.

Nos traen algo para comer y me quedo callado. Si quiero ayudar a destruirlos o a saber la verdad, cuanto menos dé la nota, mejor. Pero me cuesta mucho. Mientras cenamos hablan de que la boda debería celebrarse nada más acabar la universidad. Es decir, en un año y poco más.

—Y los hijos deberían llegar un año después.

—Miro a mi abuelo como si quisiera destruirlo—.

No me mires así, hasta tu padre cumplió y se casó y tuvo hijos con esa...

—Se tensa y da un trago al vino—. Tu padre me falló y no pienso permitir que tú lo hagas también.

Te casarás, tendrás hijos y harás lo que yo te diga si no quieres algo peor.

—Empiezo a replantearme si no me quedará mejor el naranja que tu apellido.

Doy un trago a mi refresco mientras mi abuelo me mira con rabia.

Tomo aire sabiendo que debo relajarme. Ser más listo que ellos.

Hacerles creer que soy solo un monigote en sus manos.

Antes era fácil, no me gustaba, pero me dejaba llevar.

Pero entonces llegó una loca de grandes ojos marrones que me hizo ver el mundo de forma diferente.

Como si siempre lo hubiera estado mirando al revés.

A su lado empecé a pensar por mí mismo. Y a decidir ser algo más que esto que proyectan sobre mí ahora.

Inhalo y miro a mi abuelo.

—Solo bromeaba, haré lo que quieras. —Asiente y por dentro dejo que bulla algo más que la impasibi­lidad.

Algo está creciendo en mí. Algo más fuerte que yo mismo. Algo que tal vez me destruya, pero aun aterrado he entendido que puedo ser algo más. Que yo también puedo ser feliz.

Mi abuelo me obliga a ir a dormir con él a su suite del hotel y a primera hora me hacen pruebas de todo por si me estoy metiendo drogas. Tras las pruebas insiste en que vaya con él de vuelta al internado porque quiere una reunión con el resto de los nietos de sus amigos.

Miro el móvil pensando si debería escribir a Abbi y no lo hago, pero estoy inquieto. Como si algo no fuera bien. Si no le escribo es porque necesito la mente fría y cuando se trata de ella no sé ser frío.

Si queremos que esto salga bien..., lo de destruirlos, quiero decir, porque sobre nosotros no sé qué quiero, tengo que ir un paso por delante y eso solo pasará si sigo siendo el mismo de siempre.

Por eso, tras la reunión, vamos a la sala donde los estudiantes se reúnen para descansar y jugar a los diferentes juegos y me siento en nuestros putos tronos como el resto.

Busco a Abbi y no la veo. Saco el móvil y siento la mirada de Idelia en mí. La miro mientras lo guardo.

—Sonríe, querido. —Me pasa los dedos por el brazo—. Que todos envidien que seas mío.

No digo nada, solo le sigo la corriente. Solo les hago creer que continúo aquí, pero en verdad no dejo de preguntarme dónde narices está Abbi, sobre todo cuando cae la noche y ella no aparece. Dafna sí está con Mina, Marvin y Elias. Si Abbi estuviera aquí, estaría con ellos.

¿Dónde se mete?

Era más feliz cuando fingía que no me importaba y eso me cabrea mucho.

—Me encanta tu mirada de perdonavidas. Me pone mucho. Vamos a mi cuarto.

—No tengo ganas.

—No te he preguntado. Vamos y punto.

Malcriada de mierda...

No digo nada, solo la sigo y cuando entramos a su cuarto hay uno de primero que se muere por acostarse con ella. Idelia se lo folla sin dejar de mirarme. Creyendo que así me consigue. Todo es falso y siento ganas de vomitar. Por eso, cuando me marcho a mi cuarto, acabo temblando y agitado.

Saco el móvil y escribo a Abbi, al fin solo:

Dorian: ¿Dónde mierda estás?

Vale, tal vez debí elegir otras palabras. Me siento agitado y notando cómo me tiembla la mano. Estoy teniendo un ataque de ansiedad. ¡Joder! Miro el móvil con manos temblorosas. Abbi no me responde y siento que no va bien nada.

A BBI

Horas antes...

Llego al lugar acordado para hablar con mi hermano algo inquieta porque está muy retirado de todo. Miro mi coche nerviosa y estoy pensando mandar una ubicación de dónde estoy a alguien cuando siento que me ponen una capucha negra en la cabeza.

Grito inquieta y pataleo. Me quitan el móvil y me meten dentro de un coche. Pienso que todo esto es una puñetera novatada y me duele que Dorian, si lo sabía, no me haya avisado.

Asustada, pienso si me ha traicionado y si una vez más he confiado en quien no debía. Y más tras ver sus imágenes y vídeos junto a Idelia.

Qué tonta he sido...