Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 19
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Capítulo 19

D ORIAN

Abbi tiembla en mis brazos. Intenta hablar varias veces, pero se queda callada porque los sollozos le cortan el aliento.

Sé que no es porque no confíe en mí, sino por algo que la ha roto por dentro.

Verla así me hace pensar en nuestra separación, en si se quedó destrozada.

Yo lo estaba, no era capaz ni de recordar por qué merecía seguir viviendo.

De hecho, me tentaba beber, perderme del todo para soportar seguir adelante sin ese dolor en el pecho por su traición, y si no lo hice fue porque el deseo de destruirla, de odiarla, me dio una razón tan fuerte para seguir como mi amor por ella.

Ayer lo vi claro, lo vi cuando la tuve. Su traición me mató.

Me destrozó como nada en esta vida y por eso no puedo confiar sin más... , tengo miedo de hacerlo.

—Mi abuelo Hadrian me ha contado algo. —Juega con el cordón de mi sudadera—.

Yo estoy aquí, soportando todo esto, porque mi abuelo Uriel tiene algo contra Hadrian, como te dije.

Me había explicado que era porque aceptó dinero negro para su negocio y que, si esto se sabe, la gente podría acusarlo de ir contra el sistema.

Yo pensaba que Hadrian lo hizo por sus empleados.

Hubo una época muy mala en el circo y, bueno, pensé que lo hizo por su gente.

Le acaricio la espalda cuando se queda callada.

—Pero hoy mi abuelo me ha confesado que le dio una paliza de muerte a mi padre...

y lo denunciaron. Fue para salvar a mi madre porque intentó forzarla.

Lo entiendo, pero, para protegerse él y evitar perderlo todo, en lugar de escapar conmigo y alejarme de ese monstruo me entregaron a él, sabiendo que mi padre era un ser violento.

—De nuevo se le corta la voz y se hace un ovillo para llorar—.

Creía que les importaba por encima de todo.

Que eran mi puerto seguro. Que todo esto merecía la pena por ellos.

Y, ahora, ¿qué razón tengo para seguir adelante, si siendo una niña me entregaron a un par de monstruos y lo sabían?

Creía... creía que no eran conscientes hasta ese punto de lo horribles que eran porque de saberlo nunca me habrían dejado ir.

Miro sus notas. Sus apuntes, lo que robó de casa de su abuelo. Fotocopias de todo.

—¿Vas a irte? Así estarás a salvo...

—No, voy a saber qué pasó esa noche y a hacer que todos caigan.

—Me mira con la furia en su mirada—. Esa es mi nueva meta para que esto acabe aquí.

Nadie se merece pasar por estas novatadas.

Nadie merece esto. Antes lo hacía por ellos, ahora lo hago por mí.

Porque cuando los haga caer pienso disfrutar de su sufrimiento.

Y porque mientras mi abuelo viva sus hijos no dejarán de manipular a otros niños para enviarlos a este lugar horrible y no se acabará este juego.

No me incluye, pero sabe que, si caen, caeré.

—Acabemos con ellos.

—¿Aunque caigas?

—Ser un Wilson nunca me ha gustado. Tal vez, cuando esto acabe, pueda ser solo yo y elegir por primera vez mi vida como yo quiero.

—Tal vez yo también.

Ninguno responde a la pregunta que se queda velada en los ojos del otro. ¿Juntos? No puedo responder a eso ahora y ella tampoco. La dejo en el sofá y saco mi ordenador de la mochila.

—Se me da bien colarme en los sistemas informáticos, así que estamos dentro de los archivos de la universidad, aunque estemos fuera de ella.

Me mira y no dice nada, pero siento cuánto le gusta tenerme de su parte. Aunque sea solo contra todos ellos. Lo que ella no sabe es que seguramente mi abuelo, cuando se entere de que voy contra él, me hunda. Pero merecerá la pena si él se hunde conmigo.

—Puedes pedir algo de cena.

—Solo si me dejas tomar notas de todo lo que vea interesante.

—No esperaba menos, eres una empollona. —Y eso me encanta de ella.

—Gracias a eso sacas buena nota en los trabajos.

—Así tengo tiempo para poder observar cómo te enfadas con cada mirada del resto. No sabes fingir. ¿Vas a poder fingir que no te mueres por besarme el lunes?

—No lo sé, has dejado claro que no confías en mí. Estamos en las mismas. Y tienes prometida. —Pone cara de asco—. Le encanta lucir tu anillo en todas las revistas.

—Se lo dio mi abuelo. Pero me obliga a mirar cómo folla si no quiero que vaya con el cuento de que la ignoro a mi abuelo.

—¿Y por qué seguir con esto?

—Tengo mis razones. —Callo y entro a los archivos del comienzo de la universidad—.

Ese dinero es el que cedió tu abuelo para la causa y de ahí salieron la reparación y mejora del edificio, y aún sobró para ir tirando de él unos años.

La mansión estaba destrozada, los alrededores, igual, faltaba mobiliario...

La inversión fue millonaria y si le tienen que devolver ese dinero...

, bueno, no sé si las cuatro familias implicadas pueden asumir el gasto.

—Madre mía..., es mucho dinero.

—Sí. Y, además, cada uno debe pagar esa cifra.

—¿Cómo?

—¿No lo has visto en el contrato de cesión del dinero?

—Me mira cabreada por mi recochineo—. No eres tan lista como parece.

—Me da en las costillas y le cojo las manos—.

Ya podrás torturarme luego. —Le muerdo el cuello y me pierdo en su dulce perfume—.

Ahí dice que en caso de que un Nelson consiga sacar la mejor nota, cada uno entregará el total de la suma cedida.

Quizá fue un error de redacción y tarde se dieron cuenta de que tu abuelo podía reclamar el dinero que prestó multiplicado por cuatro.

Como si fueran intereses. —Agranda los ojos—.

Te puedo asegurar que solo mi abuelo puede hacer frente a este pago sin perder su estatus, el resto no.

Por eso van a ir a muerte. Y más si saben quién eres.

Porque superarme es perder mucho dinero.

—No lo sabrán —dice, pero veo la duda en sus ojos.

—Puedo ayudarte a escapar de todo... Tu abuelo no te dio esa opción. —Saco el talón que tenía listo para ella—. Puedes empezar de cero lejos de todo.

—De ti también, venías preparado para que me largara lejos y así no ser un problema...

—De nuevo pensando lo peor de mí. Por mierdas como estas no confiamos en el otro. —Dejo el cheque y lo rompe—. Es mejor que me vaya, no sé en qué pensaba cuando volví y quise pasar tiempo contigo.

Me levanto y espero que me suplique que me quede.

No lo hace. Su orgullo se lo impide y el mío me impide seguir aquí.

Salgo de este lugar sabiendo que ahora el que está temblando soy yo.

Me planteo volver y tragarme mi orgullo; al fin y al cabo, es normal que tras lo vivido nos cueste confiar a ciegas.

Pero un mensaje de Idelia me lo impide y me recuerda mi papel en esta historia.

A BBI

Miro el cheque roto y siento que de nuevo me precipité con Dorian. Pero ahora mismo estoy destrozada por lo que he descubierto sobre mi abuelo Hadrian. Sé que me quiere, pero yo no habría antepuesto todo a una niña pequeña. Cada cual debe pagar por sus errores.

Busco el móvil y escribo a Dorian:

Abbi: Lo siento..., confío en ti, pero estoy rota.

Lo lee, pero no responde. Tal vez sea mejor así. Miro su ordenador. Lo ha dejado aquí olvidado. Aunque sé que Dorian no comete esos errores. Lo ha dejado aquí para mí. Busco los informes y cualquier pista que me lleve a esa noche hace más de cincuenta años que unió la vida de todos sin remedio.