Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 18
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Capítulo 18

A BBI

Dorian se marchó anoche tras el sexo. No ha comentado nada.

Era como si no pudiera hablar y necesitara tiempo para procesarlo todo.

Me acabo de levantar tras una noche inquieta, en la que no he parado de pensar en él y en lo que me juego al contarle todo.

Estoy temblando de miedo por si va contra mí y mi abuelo Hadrian paga las consecuencias.

Por eso, nada más tomar algo de desayuno, llamo a mi madre.

—Te echaba de menos, mi niña. —Su voz me consuela y a la vez me hace sentir deseos de llorar.

—Estoy bien —miento.

—Sabes que puedes contarme lo que sea.

—Lo sé, mamá. No se está tan mal en esta universidad y cuando acabe..., bueno, podré dejar al abuelo Uriel de lado.

—Eso espero. Te quiero de vuelta, quiero que dejes de ser suya. —Se refiere a Uriel.

—Ya... Te quiero preguntar una cosa sobre él.

—Miedo me da. Vamos, dispara.

—¿Sabes algo de un hijo de mi padre llamado Kiefer?

Se queda callada. No dice nada y eso me mosquea.

—Su madre vino a verme cuando eras pequeña y me dijo que saliera corriendo antes de que fuera tarde.

No la creí y poco después tu abuelo vino a por ti.

No habríamos podido huir —añade. Siento como si esto se lo hubiera repetido mil veces—.

Para hacerlo deberíamos haber dejado esta vida.

Ocultarnos... y, bueno, tú estabas mejor estudiando que desaprovechando tu vida a mi lado.

—Esto lo hemos hablado otras veces, pero siento que me falta algo. Que algo no encaja en esta historia.

Es lo malo de desconfiar de todo, que ahora hay piezas en mi vida que no me encajan. Me consuela saber que mi abuelo y mi madre no saben lo malo que es Uriel. Creen que solo quería darme una vida mejor.

—¿Por qué lo preguntas?

—Puede que lo conozca, quiere verme.

—Bueno, si no es como el resto —de pequeña le dije que todos eran idiotas—, dale una oportunidad. Pero con cuidado, Abbi.

—Sí, siempre lo tengo.

Miro el panel y añado una nota: «Quedar con mi hermano». Hablo con mi madre del circo y, cuando me pasa a mi abuelo, este se va al despacho.

—Estamos solos, ¿qué te preocupa?

—He confiado en alguien que tal vez me traicione.

Se queda callado.

—Yo sé lo que es eso. Sé lo que es confiar en personas que solo quieren tener algo con lo que ir contra ti. Hay algo que nunca te he contado. Que me avergüenza... mucho.

—Puedes contarme lo que sea, no voy a dejar de quererte.

Se queda callado de nuevo. Me siento agitada y el temblor de mi cuerpo aumenta.

—Tu abuelo Uriel me prestó dinero para poder salvar el circo.

—Agrando los ojos—. Y su hijo..., tu padre, estaba pendiente de que se lo devolviera.

Así se acercó a tu madre. Si yo no hubiera aceptado ese dinero, tú no estarías en este lío.

Porque el dinero corrupto que acepté fue el suyo.

Él me tendió la trampa y todo esto empezó por mi culpa.

Madre mía, ahora entiendo por qué Uriel sabe tanto de mi familia.

Tiene pruebas de todo porque estaba ahí.

Y seguro que en esas pruebas no sale él por ningún lado.

Le gusta joder a la gente sin que se den cuenta para luego tener algo contra ellos con los que presionarlos.

Así, entre otras cosas, es como se ha hecho tan rico. Extorsionando a la gente.

—Yo tenía que nacer...

—Visto por ese lado... Tu abuelo es muy peligroso.

Me tendió una trampa porque se enteró de que tu madre era superdotada, aunque no quiso estudiar.

Quería ser bailarina. Cuando se negó a darle más hijos a tu padre, él trató de forzarla...

y yo le di una paliza que casi lo mata. —Tiemblo ante este nuevo descubrimiento—.

Retiraron la denuncia, pero si un día sale a la luz, estoy jodido.

Por eso no hemos hecho nada para apartarte de su camino y odio haberte metido en esto.

Me tiene cogido, Abbi, por más de una cosa.

No sé cómo procesar la información porque creía que todo esto era solo por dinero.

Sé que no le quedó otra opción, pero de golpe bajo a mi abuelo Hadrian del pedestal en el que lo tenía porque, sabiendo lo horrible que era mi abuelo y que mi padre era un violador que pegaba a mi madre, me dejó con ellos siendo yo una niña para salvarse él.

Al fin y al cabo, no existen los dioses en la tierra, solo hombres que conviven con sus errores a diario.

—Lo siento, Abbi...

—No se puede huir de él. Me habría tenido de una forma u otra.

—Es triste que el rey del escapismo no haya sido capaz de encontrar la forma de esconderte al mundo.

«La habría encontrado si hubiera querido desaparecer», pienso, y duele. No, joder, no quiero pensar tan mal de quien quiero tanto...

—Entiendo que, para hacerlo, todos deberíamos haber escapado, y tú no puedes vivir sin ser el gran Hadrian.

Las lágrimas caen por mis mejillas.

—Es mi vida. —Tomo aire—. ¿Podrás perdonarme, pequeña?

—Sí. —Sé que podré perdonarlo, pero no sé si un día podré olvidar.

Ahora mismo no sé quién es mi abuelo. Siempre creí que a su lado estaba segura y ahora veo que no. Que él valoró su libertad y su fama por encima de todo. Hasta de mí.

He comido algo mientras asimilaba todo esto. He escrito a Dafna para decirle que acepto ir a ver a mi hermano, pero que quiero que dejen a Dorian fuera de todo esto. Lo ha aceptado y me ha dado la dirección de una cafetería para ir mañana por la tarde.

He visto vídeos de mi abuelo en redes y no he podido dejar de llorar. No tengo muy buena cara cuando la puerta se abre y veo a Dorian entrar como si esta fuera su casa, con una mochila al hombro y ropa deportiva.

—¿De dónde has sacado mis llaves? —digo. Él mira el colgador de llaves que hay tras la puerta y veo que faltan las de repuesto—. ¿Y si me pillas con alguien?

—Te jodes. ¿A qué viene esa cara? Tienes un aspecto horrible.

—Solo necesito unos minutos.

Deja su mochila en el suelo. Y se quita la chaqueta. Fuera ha empezado a llover y tiene el pelo algo mojado. Viene hasta mí y se sienta antes de arrastrarme a su pecho.

—No sabes cómo me jode no poder mirar hacia otro lado si sufres.

—Como si no lo supiera; te fuiste.

—Tenía mucho que procesar. —Me acaricia la espalda mientras me acurruco contra su pecho—. Te ordeno que me lo cuentes. —Me río sin poder evitarlo.

—Eres tonto, Dorian, te he elegido por encima de todo, te lo contaría sin tener que recurrir a eso.

—Ya..., pero necesito ese escudo. —Lo miro y veo su vulnerabilidad y cuánto le jode sentirse expuesto.

—Vale, te lo cuento solo porque me amenazas. —Sonríe de medio lado, más relajado—. ¿Vas a atarme luego y hacerme suplicar por mi vida mientras me follas?

—Vamos, becada, habla, me mata verte llorar.

Tomo aire para contarle todo, sabiendo que de nuevo me estoy exponiendo a él a cambio de nada.