Capítulo 17
A BBI
Caemos sobre la cama enredados el uno en el otro. No puedo dejar de besarlo y de tocarlo. De sentir mi cuerpo pegado al suyo, como si al fin hubiera dejado de ir a contracorriente.
—¿Ha habido alguien? —pregunta con la voz ronca sobre mi cuello.
—¿Me creerías si te dijera que no?
—No, pero me gusta escucharlo. No soporto imaginar a nadie tocando tu cuerpo. Me vuelve loco.
—Puedo entenderte. Tú tienes prometida.
—No la menciones ahora. —Me mira y parece perdido—. ¿Ha habido alguien, becada?
—No. —Toca mis duros pezones sobre el vestido—. ¿Y tú?
—¿Tanto te molesta que haya estado follando con otras? —Lleva su mano a mi sexo y lo acaricia sobre las medias—. Eres mi sirvienta. Tú tienes que responder a mis preguntas..., yo no. Y más con todo lo que sé ahora.
—Eres un cabrón —le digo cuando frota mi sexo sobre las medias.
—Y a ti eso te pone mucho y ahora quiero follarte sabiendo que nadie ha estado entre tus piernas desde mi última vez.
Cuando lo miro veo su inseguridad y su miedo. Creo que Dorian necesita seguir este juego para protegerse mientras decide si está de mi lado o contra mí.
—Puedo haberte mentido —le digo retadora y eso oscurece su mirada.
—Más te vale que no, pero tengo mis tácticas para sacarte la verdad. ¿Lista? —Sé que no quiere forzarme, que quiere saber si estoy dentro de este juego. Si lo sigo con los ojos cerrados allá donde me lleve.
—Lista.
Siento el corazón latir con fuerza en mi pecho por lo que significa confiar de nuevo en él ciegamente. Se levanta y lleva mi cuerpo al borde de la cama. Luego tira de mi vestido y lo deja caer, al igual que su jersey.
Disfruto del espectáculo de tenerlo de nuevo medio desnudo para mí. Debería ser ilegal estar tan bueno. Veo el bulto de sus vaqueros y me pone mucho saber que está así por mí. Por lo mucho que me desea.
Me siento poderosa.
Me quita las botas y luego tira de mis medias, dejándome vestida solo con mi sujetador deportivo y unas bragas culotte negras. El conjunto no es muy sexi, pero a sus ojos parece que sí.
—Quiero verte tocarte como lo hacías en el vídeo para evaluar de primera mano si tus gemidos eran falsos o no. —Mi sexo da una sacudida ante su vidriosa mirada—. Abre las piernas para mí.
Lo hago sin que deje de mirar la humedad que reside en donde se unen mis muslos.
Llevo la mano a mis pechos y me toco sobre el sujetador.
Contoneo mi cuerpo adelante y atrás. Abro el sujetador por delante y me lo quito.
Tensa la mandíbula cuando tiro de mis pezones al tiempo que meto la mano dentro de mi ropa interior.
—Pruébate lo mojada que estás. —Saco los dedos de mi sexo y los meto en mi boca. Los lamo y luego, mojados, me los paso por los pechos—. ¡Joder!
Aprieta los puños de lo mucho que desea remplazar mis manos. Nunca nadie me ha mirado como si fuera la mujer más hermosa de la tierra salvo él. Me desea tanto que es doloroso y lo sé porque me pasa lo mismo cada vez que lo miro.
Meto una mano de nuevo bajo mi ropa interior y palpo lo mojada que estoy con mis dedos. Froto mi clítoris hasta que casi me corro.
—No tienes permiso para correrte, becada. Y no quieres enfadarme. —Muerdo mi boca. Se acerca y tira de mi ropa interior. Me deja desnuda a su vista y me abre más las piernas—. Me encanta lo mojada que estás.
Pasa sus dedos por mi sexo y casi me corro de nuevo. El jodido lo sabe porque se aparta. Se arrodilla a mis pies y pasa una de mis piernas por sus hombros. Luego solo me mira desnuda y lista para él.
Mete un dedo y lo mueve en mi interior antes de añadir otro.
—Me encanta que seas mi juguete. Me gusta tenerte a mi merced. —Por su mirada sé que es cierto, que le pone mucho jugar conmigo a su antojo y la verdad es que a mí me encanta. Nunca creí que este rol me pusiera tanto.
—¿Y qué más quieres hacerme?
—De todo —admite. Mete otro dedo y lo mueve hasta encontrar mi punto G, recordando el sitio exacto donde está. Me frota hasta que casi me corro. Tiro de mis pezones y contoneo mi cuerpo ansiando la liberación—. Me gusta verte tan cachonda. ¿Quieres que te coma este coñito que tienes tan mojado?
—Sí —imploro.
Se acerca y se queda cerca de mi sexo.
—¿Ha habido otros? —repite como si necesitara que se lo dijera una y otra vez hasta creerlo de verdad.
—Ya te he dicho que no. —Me mira y sé que aún no me cree. Pero aquí estamos, a pesar de todo.
Acerca su lengua a mi sexo y me lame de arriba abajo. Gimo tan fuerte que el sonido de mi voz resuena por las paredes. Lo hace una y otra vez hasta que casi me voy. Le tiro del pelo mientras muevo el cuerpo para que me folle con su boca. Sus dedos entran y salen de mí.
—¿Te pone tener a tu dueño arrodillado a tus pies?
—Me pone mucho saber que eres todo mío.
—No sueñes. —Sonríe de medio lado y utiliza su mano libre para abrirme el sexo y lamer ese punto cerca de mi clítoris que me pone tanto. Lo lame lentamente y luego más fuerte. Estoy sudando de lo mucho que deseo dejarme ir—. ¿Ha habido otros?
—¡Que no, joder!
—¿Te quieres correr?
—¡Sí!
—¿Quieres que te reviente con mi polla? Tu sexo me está pidiendo algo más duro que mis dedos.
—Sí.
Me lame de nuevo hasta que siento el orgasmo anidarse en mi sexo antes de apartarse y buscar su cartera. Veo que saca un preservativo, lo que deja claro que no confía en mí. De momento.
—Tomo la píldora.
—Has estado tomando medicación por la borrachera —añade mientras se quita la ropa—. Y, además, no confío en ti —lo dice a modo de escudo, pero se le ha escapado la verdad y tiene razón, la medicación puede anular los efectos de la píldora. Aunque no lo admita, se preocupa por mí.
Lo veo quedarse gloriosamente desnudo y tocarse la polla como si se fuera a hacer una paja antes de ponerse el condón. Me gusta verle dándose placer mientras me mira.
Se sienta en el único sofá que hay en el cuarto y me mira.
—Móntame, becada, haz que me corra dentro de tu apretado coño.
El sexo me da una sacudida y noto varios escalofríos por la idea de montarlo.
Ando hasta él y me subo sobre sus piernas antes de dejarme caer y de una estocada meterme su polla hasta el fondo.
Apoyo mi frente sobre la suya. Sus manos se ponen en mis caderas y me aprieta con fuerza mientras yo le araño la espalda por el placer de sentirme llena por él de nuevo.
Nos miramos a los ojos tomándonos un segundo para sentir antes de seguir con su juego, donde se siente seguro.
—Vamos, becada, no quiero dormirme. O tal vez me busque a otra sirvienta...
—Hazlo y te rompo otro coche. —Subo y bajo lentamente para aumentar la agonía.
—Entonces, fóllame de forma que no sea capaz de desear a otra. Recuerda que estás en mis manos... y puedo destruirte.
—En el fondo siempre supe que lo de ser tu sirvienta era solo una excusa para tener a alguien que te soporte lo suficiente para follar contigo.
—Al final, la verdad siempre es más fuerte que todo. —Su mirada es intensa y el corazón se me acelera.
—Siempre.
Apoyo los brazos en sus hombros y me muevo arriba y abajo. Me sujeta el trasero para entrar más hondo. Muerdo mi boca y luego me la muerde él. Nos besamos mientras me muevo adelante y atrás, notando cómo me mojo por tenerlo clavado tan hondo.
—Tócate. —Me llevo la mano al clítoris y me lo froto mientras él se acerca y atrapa mis pezones en su boca.
Los lame mientras muevo mis dedos hasta que casi no puedo más.
—Dorian...
—¿Qué deseas?
—¡Correrme, joder!
—¿Quieres correrte sintiendo cómo mi polla te llena?
—Sí —gimoteo ansiando correrme.
—Hazlo, becada. Córrete sobre mí.
Lleva su mano adonde está la mía y frotamos juntos ese punto de mi sexo que tanto me gusta mientras me muevo subiendo y bajando hasta que no puedo más y me corro sintiendo sus dedos en mi cuerpo, su boca en mis pechos y su cuerpo caliente pegado al mío.
Se corre dentro de mí y luego deja caer la cabeza en el respaldo del sillón.
—¿Nadie más?
—Nadie, Dorian.
—Porque yo era tuyo y me fallaste y ahora no sé cómo volver a ese punto sin que el pasado me recuerde lo tonto que fui.
Los ojos se me llenan de lágrimas y me doy cuenta por primera vez de su dolor al descubrir la verdad. No por quién era yo, sino porque desde lo de sus padres yo era la primera persona en la que confiaba... y le fallé.
—No tengo prisa, ni ganas de estar en otro lugar.
No dice nada, no me mira, pero sus dedos me acarician la espalda con ternura. Tal vez nos cueste llegar al mismo punto, pero espero que lo logremos.