Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 15
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Capítulo 15

A BBI

Como era de esperar, no me han dejado dormir en toda la noche. He estado copiando todo lo que me decían con los pies metidos en un cubo de agua helada. Y cada vez que terminaba tenía que dar un trago a un chupito. Había otros becados, pero todos sabemos que están ahí de relleno solo por si acaso.

No suelo recurrir al café para mantenerme despierta, pero hoy lo llevo casi en vena. Dafna y yo no hemos hablado desde su confesión; me está dando espacio para pensar en todo.

Ayer le dejé a Dorian el libro y quiero creer que es por lo débil que me siento. Solo eso explica que lo abrazara y me perdiera en él. Le he dejado el libro porque quiero que me entienda. Al final va a usar todo eso contra mí. Le estoy poniendo en bandeja la forma de destruirme.

Le he dicho que mi debilidad es mi familia, que si van contra Hadrian... haría lo que fuera para salvarlo.

Ando hasta la clase como si no estuviera agotada y sonrío porque eso jode mucho a quien quiere hundirte. No puedo dejar que me venzan.

La clase empieza y no puedo centrarme. Dorian me manda un mensaje para que vaya a su cuarto a la hora de la comida. Y eso hago. El corazón me late acelerado y más cuando lo veo apoyado en el balcón.

—Vamos, becada, eres muy lenta. —No me pasa de­sapercibido que ha vuelto a llamarme becada, como antes.

—¿Qué pasa, que me necesitas para que te la sujete mientras te la cascas? —bromeo con él.

—No, contigo no se me levanta.

Esta conversación me sabe a pasado. A aquellos momentos en que jugábamos a hacer creer al otro lo poco que notábamos esta atracción entre los dos.

—¿Seguro? Porque estoy convencida de que me has imaginado en tu cama metiéndome mano con tu camisa puesta.

—Para eso ya tengo a otras que me ponen más —lo dice al pasar por mi lado cuando entra a su cuarto y los celos me comen.

Nos sentamos a comer sin dejar de mirarnos. Es un duelo de desafíos y voluntades a ver quién dice la primera palabra o tal vez la primera estupidez.

—Tyr —le digo sin ton ni son.

—No pienso perder mi mano en una batalla por meterla dentro de la boca de un lobo para vencerlo. —Sonrío y miro la comida.

—Pues yo prefiero ser manca a muerta.

—Hay que usar más la cabeza. Aunque Tyr era muy temido y casi no se sabe de él.

—Lo temía hasta el gran guerrero Kratos. ¿Sabes lo que cuentan del Olimpo?

—Que su caída no sería por la venganza de los titanes, sino por un guerrero sediento de venganza. —Nos miramos desafiantes.

—Tal vez yo un día sea Kratos —digo.

—Te verías guapa con el pelo rapado. —Sonrío y noto algo latir en mi pecho por volver a compartir todo lo que sabemos, como antes.

—Seguiría siendo supersexi. —Emite algo parecido a una sonrisa—. Quiero destruirlos. Y lo voy a lograr cueste lo que cueste.

—Todo tuyo.

—¿Y tú?

—A mí me la sudan todos.

—Un día tendrás que elegir bando.

—Tal vez, y ahora deja de probar conmigo tu inteligencia y hazme los deberes.

Termino de comer y me levanto para sentarme ante su ordenador. He visto el libro que le dejé en la mesita de noche y me gusta saber que lo ha leído. Hago el trabajo de mañana por partida doble. Dorian está tirado en la cama, leyendo. Parece despreocupado, pero cuando lo miro lo advierto tenso.

—Ahora subo —dice a media tarde—. Si vas a correrte sobre mi cama por lo mucho que te pone estar en mi cuarto, hazlo sin ropa, para que tal vez me excite algo.

—Ya quisieras tú. Ya tengo a otros que me miran sin ropa.

Su mirada se oscurece.

—Ya te dije que eso estaba prohibido... a menos que quieras que cuente tu secreto. —Su voz es dura y letal.

—¿Y qué pasa con mis necesidades? Sabes que soy muy sexual. —Me levanto y me siento sobre la mesa, en un espacio en que no hay nada.

—¿No me dijiste que llevabas tiempo sin estar con nadie? ¿En qué quedamos? —Se acerca y me pone la mano en el cuello—. Nadie es nadie, becada. O se acaba el trato.

Su respiración me acaricia. Ayer nos abrazamos, pero esto es más íntimo. Nos estamos mirando como si nos quisiéramos devorar. Quiero que me devore, me duele el cuerpo por la necesidad de sentirlo.

Me muerdo el labio y sigue con la mirada cómo mis dientes lo torturan. Luego me muevo hasta tenerlo entre mis piernas. Sus ojos aguamarina se oscurecen.

—¿Quieres que te enseñe lo bien que se me da fingir? —Asiente y veo cómo un mechón rubio se le cae en la frente.

Quiero tocarlo con mis dedos, tirar de él mientras su lengua se da un festín entre mis piernas.

Se me escapa un gemido real. Tomo aire y su perfume me hace recordar cuando entraba dentro de mí, pero no me toca.

Yo tampoco me toco, pero noto los pezones duros rozarse contra la tela del sujetador y eso me excita.

Dorian baja la mirada a mis durezas mientras me muevo contra él ansiando tocarme entre las piernas y aliviar esta palpitante tensión.

Gimo y su boca se acerca mucho a la mía.

Quiero su beso.

Quiero su boca...

Quiero perderme en él.

Nos miramos. Está agitado, nervioso y excitado. Puedo ver el bulto de sus pantalones. Me encanta ponerlo tan cachondo, saber que me sigue deseando.

—Nunca se me dio bien ser sirena, mejor bruja, se me da muy bien elevar cosas solo con el cuerpo.

—Es el móvil. —Me río sin poder evitarlo y, cuando lo miro, él también sonríe.

Luego nos contemplamos como si recordáramos quiénes debemos ser y el momento se enfría.

Se aparta y se marcha, y me quedo en su cuarto cachonda y excitada.

Y pienso joderlo. Por eso me siento sobre la cama y me toco mirando a la cámara.

Me bajo la camiseta y enseño los pezones duros, y luego me siento al borde de la cama y tiro de mis bragas.

Las lanzo sabiendo que no pienso recogerlas y bajo la mano entre las piernas para tocarme y meterme los dedos dentro.

Lo hago sin dejar de mirar la cámara, sabiendo que le va a joder verme tan cachonda y no hacer nada.

No lo hice la otra vez porque no confiaba en él y sé que si lo hago ahora es porque todo está cambiando entre los dos, aunque no quiera admitirlo.

No dejo de tocarme hasta que me corro con su nombre entre los labios.

Me arreglo la ropa y sigo como si nada, con la mortificación de saber que me he dejado llevar y esas imágenes pueden destruirme.

Para no fiarme de él, lo disimulo muy bien últimamente.

D ORIAN

Regreso a mi cuarto cuando, mirando las cámaras, he comprobado que Abbi ya no está.

No sé si ahora mismo puedo enfrentarme a ella, me duelen los puños de apretarlos para no caer en la tentación de besarla como suplicaba su boca.

O de meter las manos entre sus muslos y ver si seguía mojándose por mí o todo era fingido.

Tenerla aquí me va a volver loco, pero me gusta saber que está aquí y no con otro. Ando por el cuarto y piso algo, y cuando miro al suelo veo unas bragas de encaje negro. Las cojo sabiendo que son de ella. ¿Qué mierda ha hecho?

Saco el móvil y busco las grabaciones. Paso a donde casi la beso y luego veo cómo va hasta la cama y se toca sin dejar de mirar la cámara. Subo el volumen y sus gemidos resuenan en mis oídos y me la ponen muy dura. Nadie me excita como ella. Nadie me hace sentir tanto como ella.

—¡Dorian! —grita cuando se corre y veo sus pezones ponerse más duros y su piel erizarse.

No ha fingido, por mucho que jure hacerlo. Luego sonríe y se va al aseo. Se pone a hacer los trabajos y parece tensa. No es tonta y sabe que me está poniendo en bandeja que la destruya, primero sabiendo que haría lo que fuera por su abuelo y segundo con este vídeo.

No quiero, pero borro el vídeo por si alguien me roba el móvil o usa esto contra mí. Borro todo lo que ella hace aquí porque no quiero que nadie le haga daño.

Voy hasta la ducha y me toco la polla dura para aliviar el deseo que me corre por las venas por ella.

Esta vez no me importa admitir que la deseo tanto que duele mientras la recuerdo en mi cama con los dedos dentro de su sexo y sus pezones duros.

Quiero esos pezones en mi boca, quiero que mi lengua sea la que la haga gozar.

Me corro recordando lo que era entrar y salir de su apretado coño con fuerza. Joder, juro que no confío en ella, pero aquí estamos. Jugando a ver quién cae primero en los brazos del otro.

Estamos jugando con fuego.

Y, a pesar de eso, me siento de nuevo vivo y sé que es por ella.