Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 11
22%

Capítulo 11

A BBI

Paso las clases lo mejor que puedo. Me río con Dafna y me presenta a unos amigos de primero que, la verdad, parecen buena gente. Está tratando de animarme y me dijo:

—No hace falta que digas nada..., pero sé que estás enamorada de Dorian y lo que ha hecho... es una putada.

No añadió nada, pero se metió en la cama conmigo. Con ella me siento como antes con Dorian. La quiero en mi vida, pero no sé cómo contarle todo sin poner en peligro a mi abuelo Hadrian.

Lo que sí sé es que estoy perdiendo la fuerza. Las novatadas, los exámenes y todo esto me está destrozando. No tengo fuerzas. Por eso, cuando me sacan de la cama en mitad de la noche, no soy capaz de sonreír o hacerles creer que todo me da igual.

Nos llevan a uno de los patios, donde han colocado pesas.

Tenemos que beber un chupito y luego cargar el peso de un lado a otro.

La cosa va bien el primer chupito, pero tras cinco estoy desorientada.

Y la cosa no mejora cuando empieza a llover.

Voy de un lado a otro mareada y borracha. Me quedo la última con un vigilante.

—Ya sigo yo vigilando —la voz de Dorian me hace enfadar.

Nos quedamos solos el uno frente a la otra.

Llevo los pesos con una cuerda de un lado a otro y me sirvo otro chupito sin dejar de mirarlo.

Mira su reloj, seguramente para calcular el tiempo que queda antes de que pueda morir de un coma etílico.

Ya me he fijado en que lo controlan todo para no tener que lamentar muertes innecesarias.

Cabrones.

Estoy llegando cuando me caigo hacia delante y mi brazo choca con un ladrillo afilado. La sangre me paraliza. El reloj de Dorian le avisa del final y se me acerca.

—Puedes irte.

De nuevo su frialdad me enfurece.

—¡Yo no te mentí, pedazo de mierda!

—¿Ah, no? No te creo. —Mira tras de mí y luego a mi mano—. Esa herida tiene mala pinta.

—Que te jodan.

—Ve a mi cuarto. Si no quieres que te delate.

Lo veo irse y le tiro barro a la espalda. Luego me levanto y me cuesta mucho llegar a la mesa. Cojo la botella y voy bebiendo por el camino. Si tengo que soportarlo, al menos que sea borracha, para no acordarme mañana de nada.

D ORIAN

Abbi viene con la botella en la mano. La veo por las cámaras y cuando baja por la escalera estoy cerca para que esta loca no se mate. Al bajar casi se cae y la cojo. Gran error porque mi cuerpo vibra por su contacto.

Está empapada y yo también por estar aquí esperándola. No sé muy bien por qué. Debería irme, dejar todo como estaba, pero abrió la boca y lo jodió todo. Claro que me llamó pedazo de mierda. Pero vi dolor en sus ojos.

—Mi padre era un mentiroso de mierda, pero cuando bebía decía la verdad —le digo ya dentro del cuarto mientras le tiro una toalla—.

Decía que tenerme le jodió la vida porque lo ató a mi madre y de ella solo quería su cuerpo.

Que nunca la quiso y yo me parecía a ella.

Mi madre lo miraba siempre con dolor... ¡Pero era todo una mentira!

—Vaya mierda de padre. —Casi se cae cuando trata de sentarse—. ¿Por qué...? ¿Qué te iba a decir? —Muerde su boca—. Ah, ya... —Se ríe—. ¿Por qué no me preguntaste mi versión?

—Por miedo —digo sabiendo que no recordará nada. Se ríe. Le hace gracia—. ¿Por qué me engañaste?

—No te engañé. —Hace como que escribe—. Al conocerte puse eso en mi diario... ¿Qué ponía? ¡Joder! —Se ríe—. ¿Qué decía? —Se ríe de nuevo—. No quise usarte..., pero no podía decirte quién era...

—¿Por qué? —Sé que esto no está bien, lo sé, pero quiero saber la verdad.

—Porque mi abuelo Uriel ha amenazado a mi abuelo Hadrian...

y yo quiero a mi abuelo Hadrian..., es como un padre para mí.

—Los ojos se le llenan de lágrimas—. Quise contarte la verdad cuando me enamoré de ti...

, pero ¿y si eso lo condenaba a él? No podría perdonarme que le pasara algo por mi culpa.

Y mi abuelo Uriel... es un hombre despreciable.

Toma aire. Me mira a los ojos y luego se hace un ovillo en el asiento y se queda dormida.

Se mueve y veo la herida de su brazo. Voy a por el botiquín para curarla. Protesta, pero no se despierta. Pienso en lo que ha dicho. En si es verdad. Lo peor es que no la creo, aunque me muero por hacerlo. Al no contarme la verdad, entre los dos se rompió algo muy importante: la confianza.

Y tal vez todo esto sea cierto. Tiene sentido y la Abbi que conozco amaba a su abuelo Hadrian, pero dudo.

Y esa duda es la que hace que la observe dormir antes de sacarla de aquí y dejarla dormida en uno de los sofás del rellano con la botella en el suelo.

No recordará nada, aunque yo no podré olvidar todo esto nunca.

Como tampoco olvidaba las cosas que me decía mi padre cuando estaba borracho:

—Eres como yo..., un día caerás... Estás mirando tu reflejo, Dorian, un día serás tú el borracho. —Se reía y luego, sin venir a cuento, me cruzaba la cara—. Cómo te odio.

Me tiembla la mano por la ansiedad y yo también quiero olvidarme de todo porque ahora no sé qué hacer con esta nueva información.