Capítulo 10
A BBI
Entro en clase y siento cómo la gente me mira riéndose de mí y de lo patética que parecí ayer al decir que cogí la camisa de Dorian de la basura para joder a Idelia.
He quedado como desesperada. Lo sabía, pero mi abuelo no me ha escrito, lo que quiere decir que Uriel se lo ha creído también, como los demás.
Voy hasta mi mesa y veo a uno de los compañeros de tercero, que siempre se sienta al final, a mi lado.
—Hola —me dice. Es muy guapo, con grandes ojos negros y pelo oscuro—, Ville.
—Lo sé. —Dejo mis cosas antes de sentarme—. ¿Cambio de mesa?
—Bueno, necesito sacar buenas notas y al lado de la más lista de la clase tal vez se me pegue algo.
Sonríe de medio lado. Solo asiento, sintiendo la mirada de Dorian puesta en mí.
Cuando lo miro parece echar chispas por los ojos.
Como si le molestara verme hablar con Ville.
Imposible, pero eso hace que me pase toda la clase ayudándolo con las notas.
A la hora de la comida, Ville se sienta en nuestra mesa, con Dafna y conmigo.
Un amigo suyo se nos acerca, le dice algo a Ville al oído y este se marcha, no sin antes dejar en la mesa un papel. Dafna lo abre sin que nadie lo vea.
—Es un mapa, dice que vayamos allí a las siete de la tarde. Madre mía, ¿qué es esto?
—No lo sé.
—Vamos a ir, no tengo nada mejor que hacer. —Sonríe divertida.
—Esto no es un juego.
—Tal vez solo estén bebiendo cerveza y esas cosas. No creo que sea nada más.
Por qué está tan segura, no lo sé. Pero guarda la nota y seguimos comiendo. Me vibra el móvil y veo que se trata de Dorian. Lo leo:
Dorian: Ven a mi cuarto ya.
Vale, Dorian me necesita. Iré cuando termine de comer.
Sigo comiendo como si nada, aun sabiendo que estoy en sus manos, pero necesito tiempo para reponerme.
Luego subimos a nuestro cuarto y cuando Dafna se marcha al suyo a dormir un poco salgo hasta la azotea.
Como el otro día, me abre la puerta al llegar y subo.
Ando hasta su ático. Dorian está apoyado en la barandilla y parece inquieto.
—Ville es un capullo.
—Como tú.
—Te ha dejado una nota para que vayas a una cabaña donde emborrachan a las pardillas y luego les meten mano mientras les hacen creer que ellas deseaban eso. Y, como tú ahora eres la más pardilla del internado... Pero tú misma.
—¿Por qué haces esto? Te doy igual.
—No me gusta que violen a nadie y, mira, eso te incluye por mucho que no te soporte. —Lo miro sabiendo que hay algo más—. Y porque eres mi esclava, así que solo te puedo joder yo.
—Idiota. —Entra al cuarto y me tiende una bolsa—. ¿Qué es eso?
—Tu uniforme para cuando estés aquí.
—¿Me has comprado un uniforme de sirvienta cachonda? ¿Tanto te puso verme con tu camisa puesta?
No dice nada, solo se apoya en el escritorio y por cómo me mira sé que trama algo. Saco la ropa y me quedo de piedra. Es un traje de sirvienta, pero superrecatado y horrible. De color negro y blanco.
—Vamos, vístete, y tienes que hacerme un trabajo de Economía. No me apetece hacerlo yo. Quiero leer un libro muy interesante de mitología..., sobre unas arpías.
No lo dice por casualidad; las arpías eran en la mitología mitad mujer, mitad pájaro y eran los sabuesos de Zeus. Para él yo soy la sabuesa de mi abuelo Uriel. A las arpías se las enviaba durante las tormentas a cumplir los deseos del dios.
Voy al aseo a ponerme este vestido tan poco favorecedor y luego me siento delante del ordenador de Dorian mientras él lee en la cama como si nada.
Escribo el trabajo y lo duplico, porque yo también tengo que entregarlo.
Y hago dos no exactamente iguales, pero parecidos.
Se da cuenta, pero no me dice que lo borre.
A Dorian le gusta la competencia legal y eso parece seguir siendo así.
Claro que el trabajo se lo estoy haciendo yo.
—Te quedan quince minutos si quieres ir a ver a Ville y dejar que te emborrache para tener un poco de sexo de mierda. Intenta usar condones, es un consejo por todo lo que puede pegarte.
—Acabado —digo ignorando todo lo demás—. ¿Qué hago con esta ropa?
—La dejas aquí para mañana.
Me mira retador y yo más. Tiro de la cremallera y me bajo el uniforme.
Luego se lo tiro a la cara. No deja de mirarme mientras me visto y, aunque sé que es imposible, parece que me desea.
Como hace semanas, cuando yo parecía serlo todo para él.
Es mentira, pero el deseo de sus ojos me nubla los sentidos.
Noto los pezones duros mientras me visto y me marcho sin mirar atrás.
No quiero que vea que su mirada me ha dejado acalorada y cachonda.
¡Lo odio!
Y estar cerca de él es una tortura.
He contado a Dafna mis sospechas, pero quiere ir de todos modos y ver por sí misma si es cierto o no. Al llegar, entramos en una cabaña un poco destartalada. Ville nos dice que lo sigamos dentro. Están jugando al póquer; nos ofrece una bebida y decimos las dos que no. No insiste.
Acabo jugando con ellos al póquer y les gano todas las manos. No han vuelto a decirnos lo de beber, pero pasado un rato tenemos sed y Dafna se abre una cerveza y me tiende otra sin abrir.
La abro y apenas empiezo a beber siento que algo no va bien. Noto los brazos pesados. Dafna me mira alarmada.
Debía de haber algo en la lata, donde pusimos los labios. ¡Joder!
Ville sonríe y me aparta el pelo de la cara.
—No me creí tu vídeo —añade y me besa en el cuello—. Sé que te follabas a Dorian y quiero algo que haya tenido él..., me pone mucho. —Baja la mano por mi camisa y me alarmo porque no puedo moverme.
Dafna no puede hacer nada, solo mirarme agitada. Pero no es solo por lo que nos han dado. Es algo más. Algo más denso. Esta es una de mis peores pesadillas.
—Tranquilas, mañana no recordaréis nada, es una droga que os pusimos en las latas que te hace olvidarte de todo...
—¿Entonces, querías algo mío? —Miramos entre las sombras. Dorian se está fumando un cigarro, tranquilo, y el fuego le ilumina la cara. Aunque no debería, siento alivio.
¿Por qué me protege? ¿Por qué, a pesar de todo, me cuida? ¡Me va a volver loca!
—¿Qué haces aquí?
—Me aburría. Y me dijeron que aquí daban cerveza gratis mientras se jugaba al póquer. Pero, mira, también queríais abusar de la gente indefensa. El caso es que lo sospechaba, pero os cuidáis mucho de que nadie sepa nada. Ahora ya sé por qué.
—¡Esto es cosa de Idelia! —dice Ville antes de que Dorian se acerque a él para partirle la cara tras dar una última calada—. ¡Solo íbamos a jugar! No íbamos a llegar tan lejos...
—¿Y por eso no querías que lo recordaran?
—Claro que lo iban a recordar, solo es un pequeño sedante. ¡Joder! —dice nervioso al ver la cara de asesino de Dorian.
—Yo también estoy jugando. Me encanta partirles la cara a capullos como tú.
Dorian me mira un segundo mientras van contra él. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué, a pesar de todo, eliges mi bando? Dafna me aprieta la mano.
—Se me está pasando. ¿Crees que puedes salir de aquí conmigo?
Niego con la cabeza. Y miro a Dorian pelearse con Ville y los amigos de este.
Aunque Dorian sabe pelear, es él contra cuatro y un puñetazo de Ville acaba por darle en la cara.
No me gusta lo que siento cuando le hacen daño y veo la sangre correr por su labio, es como si tratara de llegar a él o hacer algo para protegerlo.
«¡Deja de hacer el idiota!», me digo mientras sufro por la pelea.
Hasta que oímos la risa de Idelia.
—Fin del teatro —dice esta y Dorian escupe sangre—.
Gracias por esto, chicos. Mira qué cara.
—Idelia me coge la barbilla y aprieta—. ¿De verdad creías que Dorian iba a ir contra nosotros por ti?
Solo era un teatro para grabar tu cara; la sangre es falsa...
Ahora todo el mundo sabe lo patética que eres...
, con esa cara de preocupación por Dorian...
Eres tan patética por sentir algo por uno de nosotros aun sabiendo que él nunca se fijaría en ti.
—Mira hacia una cámara que lleva una de sus amigas—.
Ahora saben que eres capaz de rebozarte en la basura solo para que él te haga caso. ¿Verdad, Dorian?
Dorian me mira de forma siniestra.
—¿De verdad te has creído que a mí me iba a importar lo que te hicieran? Entérate bien, Abbi, no me importas nada.
Noto el dardo afilado venir directo a mi pecho.
Sonrío como si no me importara y odio por un segundo haber creído que lo que pasó hace semanas fue cierto y que hay otra explicación para ello.
En el fondo la estaba buscando, en su forma de cuidarme con la leche o al saber que vio esa nota mía y tal vez su odio era por eso.
Cuando me dijo lo que aquí pasaba y lo vi aparecer, algo se abrió en mi interior, la esperanza de que tras todo esto hubiera un gran malentendido.
Casi puedo oír mi corazón romperse en cientos de pedazos de nuevo.
Cuando puedo moverme salgo con Dafna sin tener fuerzas para decir nada. Marvin se me acerca y me pasa la mano por la cintura. No digo nada de camino a mi cuarto, pero al llegar siento que me duele mucho el corazón.
En el fondo..., en el fondo esperaba alguna señal de que nada era mentira.
El alma me duele..., me duele el alma...
D ORIAN
Debo tener cuidado. Idelia me ha tendido una trampa. Piensa que sigo interesado en Abbi y ha usado a Ville para ir a por ella delante de mi cara y todos sabemos aquí qué clase de mierda es, aunque no tenía pruebas, pero ahora ya no tengo dudas.
No pude mantenerme al margen cuando la vi irse.
Entré y esperé, joder, quería estar equivocado, pero cuando vi la cara de terror de Abbi dejé de quedarme a un lado, solo quería destrozarlos.
Ese miedo era real, tan real como el dolor que vi luego en sus ojos cuando Idelia le dijo que todo era una broma.
Lo malo es que no confío en ella. Que no sé si quiere usar ese dolor para hacerme caer de nuevo.
Por eso dudo mil veces y no le escribo nada.
A primera hora el rector me llama a su despacho. No soy tonto para no saber que Idelia está detrás de todo esto.
—Mi hija dice que te sigues viendo con Abbi Norris.
—Eso son imaginaciones suyas. Ella tiene amantes. ¿Eso no cuenta?
—Lo que me inquieta es que tú no. ¿Qué hay de cierto en lo que dice mi hija?
No me gusta esa joven, esconde algo y pienso destruirla.
Si te has enamorado de ella, usa eso solo a nuestro favor o le diré a tu abuelo que mueva ficha.
Me da igual que Idelia se case contigo o con tu primo.
Esa alianza nos va a favorecer a todos, con o sin ti.
No digo nada y salgo del despacho. No voy a clase y me marcho a los archivos.
Al inicio de todo. Estoy cansado de que me manipulen.
Pienso encontrar algo que haga que esta vez yo tenga la sartén por el mango.
Ojalá pudiera dejar de pensar en Abbi y en que debe estar creyendo lo peor de mí... y ojalá saberlo no me molestara tanto.
Quería hacerle daño, pero ahora no soy capaz de olvidar sus ojos cargados de dolor cuando dije eso.
¿Alguien puede fingir tan bien? ¡No lo sé!
Y, sin quererlo, todo lo vivido entra en tropel en mi mente.
Y dudo, dudo de todo, y eso me hace sentir débil porque sé que estoy buscando cualquier cosa a la que aferrarme para no perderla.
O para que lo nuestro fuera real y lo único bonito de mi vida no hubiera sido un teatro.
¡Joder!