Capítulo 9
A BBI
Coger la camisa de Dorian fue un error. Pensé subirme a su cama y fingir un orgasmo para que viera lo fácil que fue fingir que lo deseaba, pero no lo hice porque todo lo que ha pasado me ha dejado tocada y no me sentiría cómoda exponiéndome de esa forma ante alguien en quien no confío.
Pero bajar con ella tras ponérmela en mi cuarto y ver la cara de Idelia mereció la pena.
Lo malo fue que el perfume de Dorian y llevar su camisa me recordó lo feliz que era viviendo la mentira que él creó.
Lo sigo deseando a pesar de todo y eso me molesta.
Siento la mirada de Dorian por donde voy.
Cuando se la devuelvo, leo enfado en sus ojos.
¡Él, enfadado! Si soy yo la que tiene que estar rabiando con todo esto.
Pero me dio la leche... No, solo quiere hacerme caer otra vez.
No puedo olvidar que Dorian es muy inteligente y puede usar todo eso para que me explote en la cara.
Es mejor no bajar la guardia. Y tal vez por eso me enseñó mi diario, con esas palabras que incitan a pensar que yo también lo usé.
Dorian se marcha enfadado e Idelia me mira como si me quisiera matar. Que les den a los dos.
Al llegar a mi cuarto me quito la camisa y voy a dejarla donde tengo todo, pero al final la meto en el doble fondo sin querer pensar mucho en esto. Me digo a mí misma que es mi baza para joderlo.
—¿Por qué tenías la camisa de Dorian? —Dafna alza la cabeza del libro que lee mientras come. Me siento a su lado y me ofrece un sándwich que ha preparado en una de las salas comunes—. ¿Has vuelto con él?
—Es de hace tiempo...
—Tal vez el resto no se hayan dado cuenta, pero yo lo vi ayer con ella... Eso es de ahora, Abbi. Si no me quieres contar más, lo entenderé. Pero Idelia va a ir a por ti. Y lo sabes. Esa camisa era un desafío.
La miro y quiero confiar en ella, contarle todo lo que sé. Abrirme en canal. Ser su amiga... Quiero tenerla de aliada.
—No confío en nadie.
—Eso lo sé. Por eso nunca te he presionado, pero no he sido sincera: no volví solo por mi padre, también lo hice por ti.
Porque siento que alguien tiene que salvarte el culo.
Y me caes bien, mejor de lo que esperaba.
—Esto último no tiene sentido, lo dice como si supiera de mí—.
De una compañera de cuarto, quiero decir.
—Asiento porque ahora sí encaja. O no. Siento que Dafna esconde algo.
¿Y si es todo una trampa? ¿Y si va de amiga, pero es aliada de Idelia?
Noto el escozor de las lágrimas en los ojos.
—Vale, no te fuerces. Yo sigo aquí. —Me da un apretón en la mano y no puedo evitar abrazarla—. No tengo prisa, Abbi, pero ya no estás sola. Somos amigas.
—Nunca he tenido una amiga —le confieso.
—Bueno, pues para todo hay una primera vez.
Le digo que sí y como pensando que si me traiciona me va a doler. Aún me estoy reponiendo de la traición de Dorian. No podría soportar que ella también me fallara. La puerta se abre y entran Mina, Elias y Marvin.
—¿Acaso no tenéis cuarto?
Marvin se pone a mi lado y Mina se pasea por la sala.
—Lo tienes jodido, amiga —me dice mirándome—. ¿Cómo se te ocurre ir con la camisa de Dorian?
—Puede ser la de otro...
—Nadie usa esa marca de ropa. Es exclusiva de los Wilson, su abuelo paga para que nadie pueda usar esos diseños. Son exclusivos, querida. Así que el rumor de que te acuestas con Dorian, aunque tiene prometida, está circulando como la pólvora.
Intento que todo esto no se me vaya de las manos, pero no lo pensé. No calculé nada y mi abuelo, cuando sepa esto, va a rabiar.
—La encontré en la basura y me la puse para joder a Idelia.
—Los tres me miran como si no dieran crédito—.
A ver, ¿de verdad creéis que el gran dios del Olimpo de los capullos, Dorian Wilson, se iba a acostar conmigo?
—Elias lo está grabando todo, hace como que mira el móvil, pero sé que lo está grabando.
—Estaba claro —apunta Mina—. No eres suficiente para ellos, no te lo tomes a mal, pero no perderían su tiempo contigo.
Dafna va a decir algo, pero le doy un pellizco sin que nadie lo note.
—Me gustaría recuperar la camisa para tirarla —dice Mina y sé que en verdad la manda Idelia.
—Claro.
Voy hasta el armario y, cuando se la devuelvo, siento un vacío en el pecho.
—Pues todo aclarado. —Mina coge la camisa y se la lleva. Elias se va detrás de ella y Marvin se queda a comer con nosotras como si nada. Como si no supiera que son todos enviados de Idelia.
Cuando por fin se marcha, Dafna me sigue a mi cuarto.
—No me he creído nada, que lo sepas, y Dorian es supersexi, pero tú más. Eres una tía de puta madre y no soporto cómo te denigran porque en este lugar nadie ha tenido los huevos de plantarles cara a esos idiotas y bajarlos de su nube.
—¿Y si lo hiciera yo?
—Yo iría a muerte contigo. Cuando confíes en mí..., hablamos.
Asiento y la dejo irse. Al poco llega un aviso de que en la web de cotilleos de la universidad alguien ha subido un vídeo.
Sé lo que es antes de verlo. Salgo yo, mal grabada, confesando que la camisa la cogí de la basura y luego lo han editado para poner vídeos míos recubierta de mierda.
«No podía ser de otra manera», apunta al final la fuente.
Elias ya no oculta de qué parte está y el resto, tampoco. Ahora toca ver si debo o no confiar en Dafna. Lo que sí sé es que ella oculta algo. Lo siento así. Toca averiguar el qué.