Capítulo 7
A BBI
Intento centrarme en las clases, pero la gente no deja de mirarme y reírse.
Sonrío, no dejo que vean cómo tiemblo. Esta noche no he podido dormir nada por el odio que me corre por las venas hacia Dorian.
Por suerte no lo veo en todo el día y casi lo prefiero.
Ahora estoy en la biblioteca para trabajar o ver si me devuelven el puesto.
Pero Marvin me está poniendo nerviosa. Me mira de forma rara y, como no me fío un pelo de él, estoy alerta.
—Vamos a colocar libros al fondo —dice Marvin y lo sigo. Al llegar me mira de nuevo como si quisiera decirme algo y parece que ahora sí tiene valor para hacerlo—. Tengo una propuesta.
Lo miro a la espera de que hable. No dice nada.
—Dime.
—Es algo que nos beneficia a los dos. —Se ríe nervioso—. Bueno, a ti más que a mí. —Muerde su boca y se me acerca.
—¿Y se trata de...? —Me voy hacia atrás.
—Te puedo proteger a cambio de algo. Que tú me des algo.
—¿Como qué? —le digo algo nerviosa porque no quiero que me proponga lo que su nerviosismo y su mirada indican.
—Bueno, no sé, puedes venir a mi cuarto a ayudarme con los exámenes y si surge..., no sé, puede ocurrírsete algo más para que sea fiel a ti.
Proceso la información sintiendo ganas de vomitar. Lo esperaba de todos menos de él. Y eso me hace sentir más tonta porque Marvin no es la persona que yo creía.
—¿Quieres que te la chupe a cambio de tu ayuda? —le digo a las claras y se pone rojo de ira.
—Solo si surge. Yo nunca te forzaría a nada, pero si eres buena..., yo tendría que ser bueno contigo a cambio.
Ahora mismo siento asco, un asco enorme, y su mirada me lleva a cuando viví aquel momento incómodo en el circo.
Reprimo el asco y lo miro evaluando qué hacer con esa información.
No lo descarto inmediatamente y no porque quiera algo sexual con él, sino porque, mientras él crea que puede pasar algo, tal vez su ayuda me venga bien para estar preparada.
Abro la boca para responder cuando una estantería se desploma y Marvin se marcha a ver qué ha pasado.
Voy a seguirlo cuando alguien me sujeta del brazo. Por cómo tiemblo sé que es Dorian.
—Déjame en paz.
—Sígueme tranquila y sin armar un escándalo o te juro que grito a los cuatro vientos de quién eres nieta.
Lo miro furiosa, pero obedezco porque no me queda otra.
Mi abuelo tiene un plan que hasta ahora parece consistir en dejarme sola con todo este marrón.
Sigo a Dorian hasta la pared oculta y entramos juntos.
No me suelta mientras vamos hasta una sala secreta.
Tiene una ventana vieja al exterior y una mesa. Nada más.
—Así que ahora, a cambio de ayuda, aceptas favores sexuales —dice cuando me suelta, dejando claro que nos ha escuchado.
—Yo no he dicho eso.
—¿Y con todos follas sin condón? —me dice furioso.
—No tengo por qué responder.
—No, solo me tuve que hacer pruebas y esperar por si me habías usado para tener un hijo mío... No sé cómo te creí.
—¿Que tú me creíste? ¡Fuiste tú el que me sedujo para saber quién era! ¡Ahora no vayas de ofendido porque aquí el que me usó fuiste tú!
—¿De verdad? Ahora vas a saber tú más que yo... —Se pasa la mano por el pelo, agitado, y luego me mira y es evidente que no me cree. Yo tampoco a él, claro, solo quiere jugar con mi mente—. Me importa una mierda, pero quiero que seas mi esclava —lo miro impresionada— y a cambio no diré nada.
—¿También quieres que te la chupe? Lo digo por vomitar antes.
—Hace unos meses te ponías muy cachonda con ella en la boca. —Nos miramos y mi cuerpo recuerda todo eso.
¡Todo eso falso!
—Fingía —miento.
—Y yo. Todo teatro... Para mí fue fácil. Follar es parte de mi vida.
—Pero ahora me chantajeas porque al parecer no se te levanta con nadie como conmigo. ¿Verdad, Dorian?
—No pienso tocarte. Tranquila, si quiero sexo, tengo a Idelia —me dice sonriente—. Quiero otra clase de favores... y a cambio no diré nada. Y si te van a humillar, te avisaré.
—Como si tú no tuvieras nada que ver con eso. Con todos esos carteles desnuda o con encerrarme a oscuras.
—No lo hice yo. No soy un cabrón. Pero pienso disfrutar con cada putada que te hagan.
—No te creo.
—Ni yo a ti. Pero aquí estamos. Estás en mis manos, o bien... puedes irte, renunciar a todo y acabar con esto. Así dejaré de verte cada puto día y de odiar que te cruzaras en mi vida en esa azotea.
—No puedo —respondo fría.
—Bien, tú misma. —Casi parece que desee que me vaya—. De rodillas, Abbi Nelson.
Lo miro a los ojos incapaz de creer que este ególatra necesite esto.
Pero al fin y al cabo no lo conozco de nada, todo lo vivido fue mentira.
Por un segundo me planteo dejar todo aquí, no sucumbir a los deseos de este loco.
Pero, por otro, solo quiero ganar tiempo para investigar y hundirlos a todos.
Tomo aire y me arrodillo a sus pies.
Cuando lo hago me siento tremendamente humillada por la persona de la que, a pesar de todo, sigo enamorada. Lo amo tanto como lo odio. Como si fuera posible amar y odiar al mismo tiempo con tanta fuerza.
—Así me gusta... —Me pasa las manos por la cara y lo hace de forma que parece una caricia hasta que se da cuenta y me tira del pelo—. Eres toda mía y, como me entere de que te lías o follas con alguien, te juro que te delato. —Lo miro sin comprender a qué viene esto.
—¿Ahora también tengo que pedirte permiso para eso? —Nuestras bocas están muy cerca. Huele a menta. Su aliento me hace temblar.
—Estás aquí para mi disfrute, no para el tuyo. No pienso dejar que seas feliz y te gusta el sexo.
—Cuidado, Dorian, o pensaré que en verdad solo haces esto por celos. —Su mirada se oscurece y me tira más del pelo.
—De ti, nunca. He encontrado a otra que folla mejor. —Suelta mi pelo—. Atenta al móvil. Te enviaré instrucciones.
Se marcha y me quedo sola, agitada y nerviosa por este giro de los acontecimientos. Tengo que mover ficha..., pero para eso necesito aliados. Y me fío de poca gente en este lugar.
D ORIAN
Entro a la sala de reuniones pensando en lo que acabo de hacer.
Debería alejarme de Abbi, no obligarla a ser mi esclava.
Pero cuando vi a Marvin con ella pidiéndole algo a cambio de que la protegiera me hirvió la sangre y actué sin pensar.
Algo que me pasa muy frecuentemente con ella.
De camino a mi cuarto Idelia me llamó para que viniera.
—¿Se puede saber qué pasa ahora? —La miro cansado mientras dejo mi móvil en la mesa.
—Pasa que nada consigue doblegarla y no lo soporto.
—Tal vez no deberías hacer nada. —Me contempla como si fuera tonto—. La espera de la otra vez le dio ansiedad.
—Y tú lo sabes bien porque te liabas con ella.
—Gracias a eso tienes información de primera mano de cómo es —añado.
Idelia me mira enfurecida. El resto, solo divertidos.
—No soporto saber que esa te tuvo.
—Eso es porque en verdad a ti nunca te tendrá —apunta Edey—. De él solo tendrás su dinero y eso te jode.
Idelia va contra él y Edey la coge y la pone sobre su regazo. Luego le besa el cuello.
—Solo lo has elegido a él entre nosotros tres porque es quien más dinero tiene —apunta Hermes—. Y el plan de Dorian es bueno. Dejémosles que teman el momento exacto en el que les haremos la próxima putada.
Todos miramos a Idelia, que es la que parece que más disfruta con esto. Yo podría decir que también, pero la otra noche, cuando vi a Abbi sumergida en el agua, no sentí placer. Sentí miedo, miedo de que le pasara algo, y eso me enfureció.
Odio sentir eso cuando debería odiarla por cada cosa que me hizo.
Pero, como cuando estaba con ella, algo no me cuadra en toda esta historia y si no indago es por miedo.
Soy un puto cobarde. O tal vez solo siga siendo ese niño asustado.