Capítulo 6
A BBI
Regreso a mi cuarto cuando me liberan de la sala de castigo.
El profesor que me ha encerrado me ha dicho que no quiere problemas y que, si yo no denuncio por lo de las fotos, ellos no lo harán por lo del coche.
Cómo no. Mejor callar. No voy a hacer nada porque no puedo, pero esta gente merece que el peso de la ley caiga sobre ellos.
Camino hasta mi cuarto y la gente que me ve hace burlas imitando las fotos. Fingiendo que se tocan. Odio esto. Para esto no me preparó mi abuelo. Lo hizo para pruebas físicas donde mi mente podía quedarse lejos. Esto es más brutal, más desgarrador..., más humillante.
Mi odio por Dorian no deja de aumentar. Lo odio tanto como un día lo amé.
Toda esta humillación hace que lo vea como un ser miserable y despreciable.
De Idelia lo esperaba, se la ve venir, pero de Dorian no, en él vi algo bueno.
Nunca me había enamorado antes y no estaba preparada para que me rompieran el corazón de esta forma tan mezquina.
Pero esto solo tiene que hacerme más fuerte.
Solo tiene que darme fuerza para descubrir la verdad y acabar con este maldito lugar.
Entro a la habitación y Dafna sale a la sala común para ver cómo estoy. No nos han puesto otra compañera y lo prefiero. Ahora mismo dudo que pueda ser amable con alguien nuevo.
—¿Cómo estás?
—Bien —miento y por cómo alza la ceja sé que lo nota.
Me tiende una tableta de chocolate.
—Odio a esos putos críos —dice y la miro divertida.
—Esos críos, o tienen tu edad, o son mayores. —Me observa y asiente, pero su mirada parece ver algo diferente.
No tengo tiempo para más misterios. Si ella se siente más madura que ellos, me da igual.
Estoy cansada, muy cansada, y apenas me sujeto con pinzas.
Entro a mi cuarto comiendo chocolate y me doy una ducha para ver si el frío se me pasa.
No lo hace, sigue ahí, instalado en mi pecho.
¿Cómo pudo llegar tan lejos para conseguir información?
Duele, duele mucho la traición de Dorian...
Me costó mucho dormirme. Pero cuando lo conseguí soñé con Dorian, cuando le creía, cuando pensaba que, a pesar de todo lo que nos separaba, habíamos encontrado un puente con el que poder unir nuestros mundos. Qué tonta fui.
No lo he visto esta mañana en clase. A Idelia, sí, por eso he sonreído como si todo me diera igual y he ido a mi sitio. Marvin me esperaba y me mira de una forma que me inquieta. Siento que quiere decirme algo, pero no ha encontrado las palabras o el valor para hacerlo. Él sabrá.
Ahora estamos corriendo en la hora de ejercicio y Dafna va a mi lado porque hoy los de primero corren con nosotros, y ella lo hace sin agitarse, no como el resto tras varias carreras. Es muy buena en deporte.
Miro hacia las gradas y veo a Dorian ahí apoyado, observando cómo corremos sin bajar a hacer ejercicio. Idelia también está ahí; ninguno tiene intención de hacer deporte, aunque sé que a él le gusta correr.
La mirada de Dorian se cruza con la mía y detesto el odio que veo en sus ojos, como si tuviera algo contra mí. ¡Tendrá morro!
—Si las miradas mataran... —dice Dafna a mi lado.
Aparto la mirada de él odiando apreciar lo sexi que está y lo mucho que me gustaba enredar los dedos en su pelo rubio. Creí que lo nuestro era tan fuerte como el amor de Eros y Psique. Qué tonta me siento.
Doy un traspié por estar distraída y me caigo hacia delante.
Marvin corre hacia mí y me ayuda a levantarme. Se me pega más de lo que me gustaría. Dafna le dice que puede irse mientras me siento en un banco.
—No me gusta un pelo cómo te mira Marvin.
—Es inofensivo.
—Ya, claro. —Dafna lo contempla como si quisiera fulminarlo con los ojos. Luego se vuelve hacia las gradas desde donde Dorian me sigue observando con odio—. ¿Por qué te mira así?
—Por idiota.
Me miro el pie y ya no me duele, solo ha sido un susto.
—Mina dijo que os había pillado juntos.
Contemplo a Dafna; no he hablado de esto con nadie, pero ella sabe la verdad, o parte de ella.
—No acabó bien.
—Por cómo os miráis, ya veo. Pero esa noche, cuando me vino a buscar para pedirme ayuda, parecía de verdad preocupado por ti.
—Era todo parte de un plan, solo quería hacerme daño..., una novatada más.
—Joder, lo siento.
Decir eso es más fácil que contar todo. Asiento y el profesor nos dice que sigamos corriendo.
Lo hacemos y, por suerte, el pie no me molesta.
Al acabar vamos a los vestuarios por tandas.
Primero entran las de primero y luego, las de tercero.
Dafna se despide de mí al salir y quedamos en vernos luego, a la hora de la comida.
Entro al vestuario y varias mujeres me miran.
—¿No tendrás una cuenta en OnlyFans? Es por dársela a un amigo —pregunta una.
Ni le respondo y otra me imita, cómo no.
Voy hasta las duchas, pero me cambian el agua y sale helada.
¡Joder! Toda esta gente está del lado de los dioses.
Los becados ya han dejado de luchar por superarlos.
Y los ricos solo quieren hacer todo lo que les digan los dioses, sobre todo Idelia.
Por eso la humillación va a más. Y es triste.
Porque en todos estos años en que mis hermanos y mis primos han sido parte de esto nunca tuvieron que pasar por algo así, tal vez porque los hombres tienen otro código a la hora de hacer daño.
El resto de las clases no mejora. Algunos tienen fotos de los carteles y me las enseñan solo por joder. Sonrío tanto que me duele la cara, pero por dentro me estoy rompiendo. Estoy reviviendo mi peor pesadilla.
Y, cómo no, él sabía que me pasaría esto.
¡Le di todas las pistas de qué hacer para destrozarme y que quisiera irme!
Por suerte, no lo he vuelto a ver. Poco me parece lo que le hice en el coche.
Esta humillación es horrible. Por la tarde quiero quedarme encerrada en mi cuarto estudiando, pero Mina entra y tira de mí hasta la sala común.
Luego insiste en ir a la sala de actividades.
Voy a decir que no, pero se pone en plan pesada y acabamos bajando con ella.
Al llegar, Marvin y Elias nos hacen señas para que vayamos con ellos.
Intento poner mi mejor cara porque la gente solo te hunde si cree que estás por los suelos.
—¿Cómo lo llevas? —pregunta Marvin mirándome.
—Muy bien. He pensado volver a trabajar en la biblioteca.
—Hablaré con el que lleva todo esto. Puedes venir mañana a ayudarme. Hoy no trabajé. No me apetecía.
Mira a los dioses e Idelia no deja de observarnos. Sé que Marvin, Elias y Mina son ahora parte de su círculo. Tal vez esté pensando qué cosas pueden sonsacarme. Como si yo fuera tan tonta a estas alturas de confiar en alguien más.
Para joderla la saludo con el brazo con una de mis mejores sonrisas. Surte efecto y se pone roja de rabia.
—No la provoques —me dice Dafna—. Mejor dejar tranquila a la fiera.
—La odio.
—Como todos —añade y veo de verdad un odio intenso en sus ojos.
Nos quedamos un rato con ellos y de nuevo Marvin me mira como si quisiera decirme algo y no supiera cómo sacar el tema.
Lo ignoro. A la noche espero novatadas. Que me saquen a rastras, que me hagan cualquier putada, pero no pasa nada.
Salgo del cuarto a buscar agua y los pasillos dan miedo a estas horas.
Odio quedarme sin agua por la noche y tenía, pero al no poder dormir bebí demasiado.
Voy hasta la máquina expendedora y marco el número del agua.
Suenan pasos tras de mí, pero no hay nadie. Luego una risa, pero nadie aparece. Saco la botella y entonces se apaga la luz. Me aterro y ando a tientas hasta mi dormitorio. Estoy llegando cuando oigo unos pasos y luego alguien me acorrala contra la pared. Peleo para que me suelte.
—Si me la chupas te chivo la próxima novatada. —Siento asco y más cuando trata de llevar mi mano a su polla.
Dejo que lo haga y se la retuerzo.
—¡Para! —me dice mientras aprieto con fuerza su polla.
—No, es placentero joderte. Y esto lo hago gratis.
—¡Que pares, joder!
Se aparta y me marcho a mi cuarto asqueada. Estábamos a oscuras, pero por la voz es uno de mi clase.
Entro a mi cuarto y voy a lavarme. Tengo que ser más fuerte que toda esta mierda. Tengo que ser más fuerte... y cuanto más fuerte me hago, más odio a Dorian por todo esto.