Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 5
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Capítulo 5

A BBI

He estado toda la noche pendiente por si venían.

No ha venido nadie. Salgo hacia la clase agitada y nerviosa, ya con el uniforme puesto.

Dafna va a mi lado, también sin saber muy bien qué nos vamos a encontrar.

Aunque estaba preparada para todo, no para esto.

Porque cuando vine la primera vez sabía más o menos por dónde irían las cosas, pero ahora no.

Ahora puedo esperar cualquier cosa y más si viene de Idelia.

—Madre mía —dice Dafna con voz de enfado.

Compruebo qué ha visto: justo enfrente de nuestro cuarto han pegado una foto mía desnuda mientras me meto los dedos entre las piernas. Dafna grita y la quita. Lo peor es que tiene cada peca. Cada lunar. Dorian ha hecho esto. Me ha humillado sabiendo lo mal que lo pasé.

¿Cómo ha podido llegar tan lejos?

¡Lo odio!

Si tenía la menor duda de que Dorian me usó para sus fines, todas se han disipado. Solo alguien que me ha visto desnuda puede recrear tan bien mi imagen con la inteligencia artificial y los programas de edición.

Bajamos por las escaleras y vemos muchos más carteles.

Dafna los quita todos mientras la gente, al verme, murmura que soy una guarra.

O que si no me da vergüenza. ¿De verdad?

Saben que esto es una putada y que procede de la inteligencia artificial.

Lo saben, pero les siguen la corriente porque la humillación es una de las novatadas que más duelen.

Cuando terminamos de bajar estoy temblando.

Tengo ganas de llorar y me siento tremendamente humillada.

Tal vez por eso no lo pienso, corro hasta el garaje y, tras romper el cristal de incendios, cojo el hacha para ir contra el coche de Dorian.

Le rompo las lunas mientras el vigilante me dice que me esté quieta.

No puedo. Estoy ciega de ira y de dolor.

Dorian llega hasta mí y me sujeta con fuerza.

Mi cuerpo reacciona al contacto del suyo como un traidor.

Como si hubiera olvidado el dolor que me ha hecho al utilizarme.

Dorian es muy listo; seguro que vio algo raro en mí y se acercó solo para saber si sus sospechas eran ciertas.

A su lado bajé la guardia y seguro que yo misma fui la que le di las pistas. Porque en el fondo confiaba en él.

Y saber eso es lo que más duele de todo esto.

—¡Está loca! —grita Idelia—. A saber qué ha pasado para que se ponga así.

Dorian me sujeta y me quita el hacha como si temiera que lo fuera a matar con ella. Me agarra con tanta fuerza que nuestros cuerpos de nuevo se unen.

—Te odio —le digo con el escozor de las lágrimas en los ojos—. ¡Suéltame! —Idelia nos mira triunfante—. ¡Que me sueltes!

Lo hace, pero me reboto contra él y trato de golpearlo. Entonces los de seguridad me cogen y me llevan a rastras lejos de aquí.

—¡Pienso joderte la vida! —grito a nadie en concreto, pero todo esto es por Dorian. Por su odio hacia mí. Por usarme, por hacerme esto solo por dinero.

Me encierran en una sala a oscuras y, aunque golpeo la puerta, no me dejan salir. Tomo aire y uso mi imaginación para evadirme a un mundo donde puedo ser feliz. Otra cosa que seguro que saben de mí gracias a Dorian.

«Maldito Dorian..., te odio, joder, te odio mucho...», pienso mientras tiemblo por la oscuridad de mi alrededor.

D ORIAN

—Si llego a saber que esto le iba a hacer perder tanto los nervios, antes la humillo de esa forma.

—¿Qué has hecho? —le digo a Idelia mientras veo mi coche hecho un asco. Ella solo sonríe—. ¡¿Qué mierdas has hecho?! —Saca el móvil y me lo enseña.

Son fotos manipuladas de Abbi desnuda tocándose. Parecen reales, se ven incluso sus lunares. Cada uno de los que he memorizado. Parece que esto haya sido cosa mía...

—¿Qué has hecho con esto?

—He puesto copias por la zona de dormitorios.

En el fondo me lo tiene que agradecer. Ahora no le faltarán los tíos que quieran verla en directo para follar con ella.

Y esto solo es el principio. Abbi es muy buena en las pruebas físicas...

, pero nadie soporta las vejaciones y ella menos.

Me di cuenta cuando la humillaba porque tenía mis sospechas de que te importaba.

La han jodido en los internados y ese es su punto débil.

Al final saldrá de aquí con el rabo entre las piernas. Pienso destruirla.

Idelia se marcha y miro mi coche, agitado. No debería estar deseando ir contra todos por haber humillado a Abbi así. ¡Me usó!

Pero yo nunca me he sentido bien con las humillaciones. Siempre las he odiado. Recordar que ella se lo merece no cambia lo mucho que detesto todo esto. Estoy hirviendo de ira, de odio, de dolor, y siento cómo la ansiedad me hace temblar.

Voy hasta mi moto. No es el mejor momento para conducir. Pero necesito salir de aquí o iré a buscar a Abbi para ver si está bien y de nuevo me usará para sus fines sin importarle una mierda que, a pesar de todo, parece que tengo un corazón al que pisotear una y otra vez.

No puedo ceder o estaré perdido.