Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 4
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Capítulo 4

A BBI

Estoy agotada, pero llego a mi primer día de clase tras los exámenes.

Entro en el aula con el uniforme de falda y, para joder a Idelia, llevo la camisa blanca y, bajo esta, un sujetador de encaje negro que se clarea un poco.

El pelo lo llevo algo más largo y me he hecho ondas que realzan los rasgos de mi cara.

Sigo odiando cómo me mira la gente. Sobre todo, cuando llego a mi sitio y me quito la chaqueta.

Es como si volviera a mis dieciséis años, cuando aquel impresentable me miraba como si en cualquier momento fuera a saltar sobre mí.

Pero ya no soy esa niña. Dentro de poco cumpliré veinte años. Pienso llegar a donde quiera y a donde quiero es a hacer pagar a todos por tratarme mal.

Voy a mi asiento y cuelgo la chaqueta del uniforme en el respaldo.

Tomo aire para poder seguir con mi juego sin que nadie note cómo me tiemblan las manos.

Cojo uno de los bolígrafos para metérmelo en la boca mientras me recojo el pelo en un moño suelto.

Al hacerlo, mis pechos se suben y noto más miradas.

Bien, Idelia debe de estar rabiando. Luego cojo el boli y lo chupo distraída.

Antes de sacarlo de mi boca lo muerdo levemente de forma sugerente.

El profesor va a decir algo, pero solo me mira. Hasta que aparta la mirada agitado.

Idelia gruñe a mi espalda. Siento la mirada de Dorian posada en mi nuca mientras saco todo para ponerlo en mi mesa.

—Por fin juntos. —Marvin se sienta a mi lado. Este semestre compartimos más clases—. Joder, Abbi, tienes a todos los tíos pendientes de ti.

Me pasa los dedos por el cuello. Me tenso, no quiero que me toque. No sé por qué me toca. Pero los deja ahí y pienso si le joderá a Dorian creer que otro me ha tenido.

Seguro que no. Aunque en mi mente está rabiando de celos y eso me da poder.

Me giro para sonreír a Marvin y que me quite la mano.

—Sí, así no estaré sola.

Miento, no me fío un pelo de él, sobre todo cuando me mira las tetas con tanto descaro y no hace nada por disimular. La clase empieza y no me molesto en tomar apuntes. El profesor no dice nada con sentido. Lo mejor es cuando da las notas y yo estoy por encima de Dorian.

—¡Imposible! —grita Idelia.

Recojo mis cosas. Primera nota superada.

El resto las publican en el corcho, pero esta nos la ha adelantado mientras las colocaban en el tablón de anuncios.

Salen todos de clase y van a ver las notas.

Yo me tomo mi tiempo y, cuando llego, Dorian mira las notas serio mientras Idelia grita que piensa ir a hablar con su padre.

Examino las notas y veo que Dorian y yo, ahora mismo, estamos empatados en la media. El acta fundacional de la universidad deja claro que debo ser la mejor. Hago fotos de todo para mandarlas a mi abuelo y siento a Dorian a mi espalda.

—Aún no has ganado, dile a quien tú ya sabes que no descorche el champán tan pronto. —Lo miro. Estamos muy cerca y es como si el resto del mundo se ralentizara.

No soporto temblar en su presencia. Ni que su perfume me recuerde lo que fue tenerlo dentro de mí. No se debería desear tanto a quien se odia.

—Tranquilo. Eso lo guardamos para cuando podamos pagar uno más caro con vuestro dinero.

Nos miramos desafiantes y me marcho sabiendo que si me quedo un segundo más notará cómo de rápido me late el corazón a su lado a pesar de todo. Y cómo me pierdo más del tiempo que debería en sus ojos aguamarina.

Antes mi debilidad era la oscuridad.

Ahora es Dorian Wilson.

Y no sé a qué temo más ahora mismo.

D ORIAN

El rector del internado, el padre de Idelia, y el director, el padre de Hermes, nos convocan a una reunión a los cuatro.

Para que Guien Scott esté aquí y no en su ático de la ciudad coordinando todo desde allí, ya deben de estar jodidas las cosas.

Guien solo hace como que trabaja y viene para las fiestas. Es como su hijo. Un impresentable.

Entramos al despacho y vamos hasta la pared oculta de este para bajar a la sala de reuniones. Me siento cansado de tanta tontería. Se creen de verdad dioses del Olimpo.

Giro el Zippo entre mis dedos mientras Idelia exige que revisen los exámenes porque Abbi Norris no puede tener mi misma nota.

—Te puedo jurar que están revisados —añade su padre con un tic en el ojo y luego me mira a mí—. ¿Se puede saber por qué dejas que una donnadie te haga sombra?

—¿Se puede saber por qué todo esto es mi culpa, cuando soy el único que saca matrículas de honor, a diferencia de estos tres idiotas? —Lo miro a la defensiva—. Al menos yo valgo para algo. Ellos, solo para hacer el imbécil.

—En los exámenes finales intentaremos que no venga nadie de fuera a vigilarlos y hay que subir el nivel de las novatadas. No podemos dejar que nadie sea mejor que nosotros.

Están muy nerviosos. Idelia propone varias cosas. Abbi no sabe lo que se le viene encima y yo no debería sentirme mal por todo esto. No debería inquietarme que la vayan a putear tanto. ¡Me usó, joder!

Por eso me marcho. No quiero saber nada porque en el fondo no soy tan insensible a su dolor como me gustaría. Y eso hace que mi ansiedad aumente. No puedo controlar mis emociones y estas salen en tropel, haciendo que me falte el aire y me sienta muy débil.

¡Y todo por culpa de una mentira!

Cuando me siento tan débil vuelvo a ser ese niño que se preguntaba qué tenía él de malo para no merecer el amor de nadie. ¡La odio por hacerme sentir así!