Capítulo 3
A BBI
Dorian me miraba como si fuera él quien está enfadado conmigo. Como si yo le debiera algo. Me miraba con odio, cuando él me usó a mí para joderme la vida. Para saber quién era y manipularme. ¡La que debe estar enfadada soy yo!
Debí haber notado algo raro cuando se acercó a mí, él, que parece pasar de todo el mundo.
Menos para follar. Para él tener sexo conmigo fue algo normal.
Yo lo sentí como especial, como único, pero solo lo hacía para sacarme información de mi abuelo.
Y ahora me mira como si yo fuera la traidora y no al revés.
¡Tendrá morro el diosito de los cojones!
Cuando lo vi esta mañana quise no sentir nada.
Por eso encerré todos mis sentimientos tras un odio visceral.
Porque, si no lo hago así, todo esto va a destruirme.
Nunca he sentido por nadie lo que sentí por él viviendo una mentira.
Me entregué. Seguí mi intuición y para él solo fui un juego.
Duele mucho, más de lo que puedo soportar.
Por eso tomo aire y recuerdo cómo me usó solo con un fin. Destruir a mi abuelo.
No es aún medianoche cuando entran a mi cuarto y me sacan de la cama. Me ponen una capucha.
—¿Llevas los calcetines de goma falsa? —me pregunta Mina.
—Sí. Y ropa térmica.
—Va a dar igual. Creo que esta noche os van a sumergir bajo el agua.
Mina me escribió para decirme que estaba de nuestra parte, pero que para poder ayudarnos tenía que hacerles creer que no. Marvin, igual.
—¡Estoy harta, joder! — grita Dafna a mi lado.
Ha regresado porque su padre ha empezado a trabajar para el hombre que recomendó a su hija para estudiar aquí.
Y vería como una falta de respeto que esta dejara de estudiar solo por unas novatadas.
Ella me escribió para decirme que nos veíamos a la vuelta y Mina me llamó para explicarme que Marvin le había contado que esa era la única forma de poder ayudarnos y por eso ella se libra de estar en todas las putadas.
Al parecer, están medio liados, aunque Elias también está liado con ella.
No sé qué enredo se traen los tres ni me pienso meter.
La verdad es que no me fío de ellos. Dudo de todos porque no sé ahora mismo quién miente o quién no en este juego de poder.
Aquí nadie está por nada. Ya no me fío ni de Dafna porque de golpe veo cosas que no me encajan en ella ni en nadie.
Esto es un juego. Unos lo usan para creerse superiores, otros para conseguir un buen puesto de trabajo, pero todos los que entran aquí tienen una meta clara, nadie soporta esta mierda por nada.
Este lugar apesta por todos lados y pienso hacer lo posible por hundirlo.
Tal vez así deje de dolerme el pecho.
Bajamos hasta la zona del sótano donde están las celdas. Hace frío. Estoy helada, pero no digo una sola palabra. Mi abuelo ya me ha hecho pasar por un infierno.
Al llegar nos ponen de rodillas y adivino que sumergen a algunos en agua porque los gritos se amortiguan.
Entonces lo siento, a Dorian, próximo a mí.
Mi cuerpo sigue reconociendo su presencia aun a oscuras.
Se queda cerca. Mi corazón se acelera y espera el ataque o que grite quién soy.
Por un segundo lo espero, para así acabar con todo esto.
Y poder irme lejos de él para olvidar que, a pesar de todo, lo añoro.
Añoro la mentira que tejió para mí. Jugó a ser una moira tejiendo mi destino y ahora pienso ser como Hércules, que cambió su suerte y se hizo inmortal.
A Hércules el amor le dio la fuerza, a mí será el odio.
Lo odio por lo mucho que echo de menos perderme de nuevo entre sus brazos. Volver por un segundo a esa burbuja que creamos los dos y que parecía tan real. Cuesta asomarse a todos esos recuerdos que te dieron la vida y asimilar que eran falsos.
Alejo mis pensamientos, debo centrarme.
De golpe todo se queda en silencio y me levantan.
Me trasladan unos metros y me quitan la capucha.
Entre las sombras está Dorian, mirándome fijamente.
Sus ojos aguamarina se clavan en los míos más gélidos que nunca.
Como si hubiera perdido la poca humanidad que tenía.
O como si nunca la hubiera tenido y yo me hubiera esforzado en ver algo inexistente.
—Abajo —dice frío y empujan mi cabeza dentro de un barreño lleno de agua mientras tomo aire antes de sumergirme.
El agua está muy fría y llevo mi mente lejos de aquí. Voy a mundos mitológicos. Cuando me sacan la cabeza por primera vez grito:
—¡Ondina!
Dorian les hace señas para que vuelvan a meterme la cabeza bajo el agua. Su voz cruel contra mí me duele mucho. Nunca me había hablado así, siempre me cuidó a su modo. Esto solo corrobora su verdad y me hace ver al fin su verdadera cara.
Necesito escapar de esta pesadilla, por eso imagino que soy una ninfa, una ondina de las aguas dulces y los lagos.
Con cuerpo azulado, orejas puntiagudas y pelo azul.
Pero, aun así, hermosa y fuerte. Capaz de respirar dentro y fuera del agua.
Por un segundo no soy esta simple mortal atrapada en un círculo vicioso de cabrones sin alma.
Las ondinas no son malvadas, pero se divierten jugando con los humanos. Salgo del agua y los miro agitada.
—Ondinas —repito solo por joder. Sé que los encapuchados de turno no entenderán nada, pero Dorian, sí.
—Está loca —dice uno de ellos, pero Dorian, no, él sabe de qué hablo.
—Nunca serás una de ellas —apunta Dorian sin moverse—. Porque las ondinas, cuando se enamoran, se convierten en las mayores protectoras de ese humano y tú no tienes corazón.
Sus palabras me hacen pensar que es más idiota de lo que creía. ¡Si fue él quien me traicionó!
—Mejor, porque las ondinas, si se enamoran y traen un hijo al mundo, tienen al fin un alma. Pero esto las hace sufrir como cualquier mortal. Prefiero ser un ser sin corazón como tú.
Nos miramos desafiantes y por un segundo es como cuando compartíamos intereses por los mitos. Echo de menos esos instantes. Dorian me mira enfadado y yo a él. Pienso destruir su imperio de mierda y que caigan todos. Él, el primero, por hacerme sentir tanto por alguien que no existe.
Hace señas para que me metan la cabeza de nuevo bajo el agua y esta vez ni ondinas ni puñetas. Soy un kraken y con mis tentáculos los mando a todos a tomar por saco sin importarme que se quiebren sus huesos.
Cuando me sacan estoy agotada y Dorian hace señas a los demás para que se vayan. Nos miramos desafiantes a los ojos mientras recupero el aire. Estamos en penumbra, ya que este lugar está iluminado solo por lámparas que simulan antorchas con luz naranja.
—No debiste volver.
—Pienso destruiros a todos —le prometo mientras se me acerca.
Se acerca a mi oído y su aliento me quema a pesar del frío.
—Me gustaría ver cómo lo intentas..., Abbi Nelson.
Lo miro desafiante. La atracción que siento por él sigue ahí, tan visceral y densa como siempre, tan intensa que duele. Su mirada se oscurece y entonces sumerge mi cabeza dentro del agua. Y que él haga esto cuando nunca se mancha las manos deja claro que nunca le importé.
Al salir veo a Idelia, que me mira y se ríe, feliz de que Dorian ahora esté de su lado al cien por cien. Me dejan irme y me marcho con el corazón hecho trizas. Cuando caigan pienso disfrutarlo. No saben la que les espera.
Ojalá no dolieran tanto sus manos en mi cabeza siendo él quien me hizo la última putada. Ojalá mi corazón dejara de doler... ¡Joder! ¡Lo odio!
D ORIAN
—No la soporto —dice Idelia—. No sé cómo pudiste acostarte con ella.
Lo que no sé es cómo pude acostarme con Idelia tantas veces.
Siempre me dejaba mal, tocado. Usaba el sexo para escapar de mi soledad y al acabar me sentía más vacío.
Hasta que llegó Abbi y el sexo fue... increíble.
Noto cómo el dolor crece en mi pecho al recordar su engaño.
Y más al verla ahí, mirándome como si yo fuera el que le hice daño a ella.
—Como si te importara con quién he tenido algo. —Toca mi torso y siento asco, por lo que aparto su mano—. No me toques. No entra en las normas.
—Las normas están para romperlas, Dorian, tú lo sabes mejor que nadie. —Me mira desafiante—. Si la odio tanto es porque nunca has mirado a nadie como la mirabas a ella. Ni ahora tampoco. Solo se odia a quien se ha amado. Me puedo hacer la tonta, pero no lo soy. Así que no me jodas.
—No siento nada por ella.
—Más te vale. De momento estaré calladita. Me ha gustado ver su cara de horror cuando fuiste tú el que la sumergía en el agua.
Lo sabía y sabía que Idelia estaba cerca. No pensaba mancharme las manos. A pesar de todo, hacerle daño me destroza. Pero sabía que, si no hacía algo, Idelia sería peor. Por eso lo hice. Yo también vi la mirada de Abbi como si le sorprendiera que me implicara yo, que siempre me mantengo al margen.
Quise castigarla por hacerme sentir y a la vez protegerla de la ira de Idelia y odio esto. Odio no poder mirarla sin sentir nada.
Idelia trata de tocarme de nuevo, pero se lo piensa al ver mi cara de pocos amigos. Al fin se aleja y me deja solo en este lugar donde hace unos instantes Abbi era sumergida en agua fría.
A pesar de lo mucho que la odio, cuando mencionó a las ondinas recordé aquellos momentos en que me perdía con ella hablando de todo lo que a mi mente inquieta se le ocurriera.
Es mejor no olvidar que todo fue mentira.
Si ella tuviera corazón, nunca me habría usado solo por dinero.
Al final, esto no hace más que acrecentar mi odio por esta gente que por dinero son capaces de dejar que los humillemos de esta forma, y ella no es mejor que los demás, es aún peor, porque hace esto para que su abuelo recupere su herencia.
Ahora ya conozco toda la historia porque, a cambio de aceptar el compromiso con Idelia y hacer todo lo que quería mi abuelo, le exigí que me contara el porqué de ese odio a Uriel.
Ella me usó para que su abuelo recuperara su herencia. Y lo hizo desde el primer día.
Que siga jugando, esto no ha hecho más que empezar.
Pienso coger todo lo que siento cuando la tengo cerca y transformarlo en un odio visceral. Tal vez así deje de doler.