Capítulo 2
D ORIAN
Los becados y el resto de los estudiantes van llegando para los exámenes.
No compartimos clases. Los hacemos por grupos y, por supuesto, a mí no me han puesto en el mismo que Abbi.
Porque Idelia no quiere que su presencia me distraiga y habló con su padre para que yo los hiciera en el despacho o en una sala con ella, Hermes y Edey.
Hago cada examen con estos tres idiotas que no paran de hablar y de decir chorradas.
Por suerte, a mí eso no me desconcentra.
Cuando no estoy estudiando estoy metido en mi cuarto, repasando o leyendo.
No estoy listo para ver a Abbi. Y como quiero sacar la mejor nota dejo el poder coincidir con ella para después de los controles.
Si no hacemos putadas entre los exámenes es solo porque han venido profesores de refuerzo y un notario para certificar las notas.
Y no saben nada de las putadas. Mi abuelo no quiere que vean nada raro.
De vez en cuando lo hacen por el rumor que corre de que aquí se hacen novatadas, pero nunca ven nada raro.
Al acabar los exámenes nos dan una semana de descanso y mi abuelo me hace volver a su casa para una fiesta. Odio estar allí, odio tenerlo cerca, sobre todo cuando Idelia y su familia se instalan en la casa como si ya fueran los dueños.
No soporto tenerla cerca. Ni sus manos en mi piel ni su boca en mi mejilla para las fotos. Pero ahora hay otra mujer a la que desprecio más, por eso no hago nada.
Cuando regreso al internado lo hago con Idelia. Ya no se separa de mí. Me ahoga, pero ahora somos aliados. Toca subir el nivel del juego. Toca joder a los becados como nunca.
Sé que estoy cegado por el dolor. Por esta opresión en el pecho que no me deja vivir. Lo sé, pero lo que no sé es seguir con mi vida si no es con esta meta fija.
Y aquí estamos. Esperando a que regresen todos para empezar con las putadas. Paso de llamarlas novatadas. Tengo ganas de joder a esos cabrones..., bueno, tengo ganas de joder a una en especial. A la única mujer en esta vida que me he permitido amar, pero me utilizó.
Gracias a ella me siento el mayor tonto del mundo y odio esta sensación, odio no olvidar cada segundo a su lado y seguir soñando con ella. Como si en mis sueños se olvidara que me usó solo para tener un aliado.
Creía que yo era Eros y que la tenía a ella a oscuras, pero la cabrona me engañó y le dio la vuelta al mito: ella fue la que me hizo vivir entre tinieblas para que no supiera quién es. Pero va lista si cree que voy a bajar a los infiernos por ella ni por nadie.
¿No le gusta la mitología? Pues voy a hacer que baje a los infiernos y nadie va a salvarla de esto.
Desde niño nunca me he permitido amar a nadie.
Cuando perdí a mi padre y mi madre se fue, encerré todos mis sentimientos porque era más fácil vivir sabiendo que estaba solo.
Al lado de un abuelo egoísta, que de mí solo quiere que siga todas sus condiciones, me obligué a no sentir nada.
Hasta que por ella me dejé llevar, le entregué cada parte buena que quedaba de mí, de mis sueños.
Me permití el lujo de creer que había encontrado a alguien en quien poder confiar en este mundo...
, que ya no estaba solo. Y ella solo me estaba usando.
Fue como cuando mi padre me cambió por dinero.
Nunca quiero pensar en ello, pero yo a mi madre la quería.
La quería y me dejó solo con mi abuelo. Y eso me hizo dejar de confiar en todos.
Hasta que apareció Abbi. Por eso su traición me mató.
Me destrozó y solo mi sed de venganza me mantiene a flote y hace que me sienta menos imbécil por haber confiado por primera vez en años en una persona.
Idelia sabe que me acosté con ella. Lo sabe porque la odiaba tanto que se lo conté, sabiendo que los celos de Idelia serían tan grandes que su poder de destrucción contra Abbi sería mayor.
—No ha venido. —Idelia se pone a mi lado en la puerta de entrada—. Lo tengo todo listo para cuando regrese de nuevo al internado, ahora que se han acabado los exámenes.
Se me cuelga del brazo y me cuesta mucho no apartarla.
No soporto que el anillo de mi familia descanse en su dedo y saber que estamos prometidos.
No soporto la vida ligado a ella. Pero es esto o la cárcel, mi abuelo lo ha dejado claro.
Y si no acepto estas condiciones contará a todos lo que pasó cuando tenía dieciséis años en este mismo lugar y que hará que mi vida esté marcada por esa noche que no recuerdo.
Ya no le importa repudiarme públicamente y darle todo a mi primo.
O estoy con él o contra él. Y no estoy preparado para dar ahora un paso en falso que arruinará mi vida por unos acontecimientos que no recuerdo.
En el fondo, siempre espero recordar qué pasó.
Qué me llevó a hacer lo que dicen que hice...
Si solo recordara qué pasó, si solo supiera la verdad..., sabría a qué mierda me enfrento.
Pero no tengo ni puta idea.
Y por eso callo y acepto el brazo de Idelia mientras por dentro siento asco.
Tenía dos opciones: decirles quién era Abbi o solo que estuvimos liados. Dejé la verdad de su procedencia para mí. Aún no tengo claro qué haré con esta información, pero saber la verdad me da ventaja sobre la becada solo a mí.
Vemos que llega un nuevo autobús de becados y estudiantes, el último antes de que empiecen las clases mañana, tras esta semana de descanso.
No aparece y me siento enfadado y defraudado.
¿Se ha rendido? No, no lo creo, vino para los exámenes, Idelia la vio y nos contó que parecía contenta y feliz, como si estar aquí fuera maravilloso para ella.
Esto solo hace que me dé cuenta de la gran actriz que es.
Antes lo veía, veía su doble cara, pero como creía que conmigo era ella misma no le daba importancia.
Ahora todo lo interpreto como señales que no quise ver porque estar a su lado me gustaba mucho.
—¿Dónde está la zorra de Abbi? —pregunta Idelia pegando golpes en el suelo con sus tacones como la malcriada que es.
—¿La estáis esperando? —Edey nos mira y sonríe—. Ha venido en su propio coche, está en la cafetería tomando un café con sus amigos. ¿No os dije que ahora tenía coche propio? Se me olvidó...
—¡Eres un idiota, Edey!
Idelia se cabrea y corre hasta la cafetería.
La sigo mientras siento algo raro en el pecho.
No sé si estoy preparado para ver a Abbi.
La odio por su engaño. Por usarme, por reírse de mí.
La odio con tanta fuerza que temo lo que pueda llegar a hacerle para que sienta un poco de lo que yo siento en este momento.
Y no sé si eso me convierte en un monstruo.
Llegamos a la cafetería y la buscamos. Está al fondo, sola. Tomando un café como si estuviera tranquila en una cafetería. Mira su móvil hasta que se da cuenta de que la observamos y juraría que se toma un segundo para alzar la vista y encontrarse con la mía.
La miro sintiendo el odio latir en mí. Odiando fijarme en que sigue igual de preciosa que la última vez que la vi y que sus ojos marrones me miran como si me odiara ella a mí.
Nuestra mirada es desafiante mientras lo que siento me hace arder de pura venganza.
Pienso destruirle la vida. Se arrepentirá de haber vuelto.
Se arrepentirá de haberse reído de mí. No paro de imaginarla contándole todo de mí a su abuelo.
Diciéndole lo tonto que fui por bajar la guardia con ella.
No dejo de recordar cada segundo juntos y sentir que cada mirada, cada caricia... , fue mentira.
¡Qué idiota fui! Pero esta me la paga.
—Está sola, no tiene amigos, yo me encargué de eso —apunta Idelia.
—Pero ya que sabemos que le atraen los dioses —dice Edey—, voy a hablar con ella.
Le cierro el paso e Idelia me mira.
—Ni se te ocurra. A ella solo la jodo yo. —Nos miramos desafiantes y sé que no tiene sentido, que debería dejar que la tocara, que hiciera con ella lo que quisiera. Que la destrozara como ella me destrozó a mí...
Pero me jode tanto tenerla delante como el hecho de verla con otro.
—Cuidado, querido, o pensaré que te importa —apunta Idelia dejando claro que mientras tenga la boca cerrada y eso contente a mi abuelo no dirá nada—. Que a mí me da igual ser una Wilson de una forma u otra..., pero a ti no te interesa que, en vez de contigo, me case con tu primo.
Mi abuelo le ha prometido que, si le informa de todo lo que haga, en caso de que yo la cague mi primo será el heredero y ella se casará con él y será igualmente una Wilson heredera de nuestra gran fortuna.
—Haz lo que te dé la gana.
Me aparto, me marcho a mi coche y me largo de este lugar. Ahora que la he visto, de golpe lo siento demasiado pequeño.
Idelia: Empezamos las putadas. No tardes.
Leo el mensaje de Idelia. Acabo de volver y de golpe la noche empieza a mejorar. Me muero por joder a cierta morena de grandes ojos castaños. Necesito hacerle daño. Para que ella entienda que me destrozó.
Como si eso pudiera aliviar un poco este dolor que siento en el pecho y que no me deja respirar o me permitiera olvidarme de su recuerdo.