Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 1
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Contra ti (Becados y dioses 2)

Contra ti (Becados y dioses 2)

Por Moruena Estringana

© inepub.com

Capítulo 1

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A BBI

Subo al avión para volver al internado a hacer los exámenes.

Sin haber visto a mi madre ni a mi abuelo Hadrian.

Intenté hacerlo, pero mi abuelo Uriel no quería permitirse un solo error.

Cuando acepté estaba tan dolida, tan enfadada, que no era mi mejor momento.

Sigo estándolo y, sobre todo, agitada, porque Dorian no ha dicho al resto quién soy y no entiendo por qué.

O, bueno, sí lo sé: quiere joderme la vida él mismo y sé lo capullo que es.

Va a arruinarme la vida y a hacer que desee no estar en este lugar.

Él siempre me quiso fuera, y ahora con más razón.

Pero yo no me voy a quedar atrás. Al final solo me usó para saber la verdad, y pienso ser invencible y ganarles en su propio juego. Solo que no sé aún cómo llevarlo a cabo.

Y puede salir fatal. Mi abuelo tiene un plan B por si Dorian se va de la lengua o alguien me descubre.

Lo ha estado visitando un médico estos días y creemos que tiene problemas de corazón, así que tal vez yo sea su última baza para conseguir su herencia y disfrutarla.

Lo que no sé es por qué no quiere saber la verdad de lo que pasó para olvidarlo todo.

Qué lo llevó a hacer todo eso. Qué le hizo olvidar.

El otro día entré en su despacho y estaba dormido. En sueños buscaba a alguien. De nuevo de sus labios salió el nombre de Vicent. Me acerqué y le pregunté quién era esa persona, a ver si decía algo.

—Lo perdí..., lo perdí... ¡Sangre!

Se despertó agitado y me miró como si quisiera matarme. Me di cuenta de que seguía dormido.

—¡Acabaré con vosotros! —gritó y se lanzó contra mí.

Pude escapar porque soy más ágil. Cayó al suelo y se quedó ahí dormido.

Salí de la biblioteca agitada de nuevo, preguntándome por qué en sueños llamaba a alguien llamado Vicent.

Por la noche no recordaba nada y pregunté a mis hermanos si sabían algo de él.

Por supuesto, no me respondieron. Solo son un atajo de idiotas.

Todos desean que yo fracase para seguir viviendo del cuento. Porque, si gano, todo pasará a ser mío y de mi odioso padre cuando el abuelo muera. Y ninguno de ellos quiere eso. Lo han dejado claro con su falta de empatía cada vez que trataba de estudiar. Poniendo música alta o haciéndome putadas.

—Si quieres que saque las mejores notas, ¡¿por qué no les pides que paren?! —le dije un día a mi abuelo.

—Porque vas a un lugar peor, te toca a ti esforzarte el doble.

No hace falta que diga que han sido unas de las peores Navidades de mi vida. Ha sido horrible y eso, sumado a lo de Dorian, me ha dejado débil, pero el odio me ciega mientras vuelvo al internado.

Mi abuelo no quiere saber la verdad de lo que pasó, pero yo pienso descubrirlo todo.

Y más si esa verdad los destruye a todos, incluido Uriel.

Por culpa de esa noche no he tenido una vida normal, y pienso resarcirme y descubrir qué ocurrió.

Siento que detrás de esa noche se esconde algo, peliagudo o no, pero tanto esfuerzo solo por dinero...

no lo creo. Siento que hay algo más. Algo que no encaja en este puzle en que dos familias pusieron parte de lo que tenían y otras tres, sin poner nada, disfrutan de los beneficios. Aquí hay algo que no cuadra.

Y, total, ya me da igual todo.

Mi abuelo Uriel es un ser despreciable que no me ha dado tregua en este mes y medio.

Me he visto obligada a estudiar en condiciones lamentables y tengo heridas por todo el cuerpo de las putadas que me han hecho él y el resto de mi «querida» familia.

Para prepararme, decían, pero en verdad sé que es porque quieren que me hunda.

Que no lo logre y más viendo que mi abuelo puede palmarla.

Los odio, los odio a todos.

Y, aunque me encantaría odiar al que más a Dorian, una parte de mí lo detesta y lo odia, pero es por el dolor de su traición.

Por saber que me usó cuando yo creía que se preocupaba por mí.

Aun así, lo tengo metido bajo la piel. Lo que siento me golpea con fuerza y quiero odiarlo por no haber podido olvidarlo tras el tiempo transcurrido.

Ahora está prometido con Idelia de forma oficial.

Hicieron una fiesta por todo lo alto que ha salido en revistas y redes sociales.

Todo el mundo se ha hecho eco de la noticia.

Idelia se creía una diosa, con ese vestido de piedras preciosas que costaba un dineral, y Dorian...

, bueno, él no parecía feliz. Pero nunca lo parece.

Salvo cuando me hizo creer que en nuestra burbuja éramos perfectos el uno para el otro.

Aparto esos pensamientos de mi mente y me centro en la misión porque recordar esos instantes en que fui tan feliz a su lado duele mucho.

Sacar la mejor nota.

Sacar la verdad a la luz.

Aterrizo y voy hasta el coche que mi abuelo Uriel ha dispuesto para mí.

He aceptado seguir, pero con mis condiciones.

Conduzco de vuelta a la ciudad y abro la puerta de un pequeño estudio donde pasaré los fines de semana que yo decida escapar de ese infierno.

Entro y dejo mis ropas más preciadas, así como otras cosas.

He estado haciendo fotos al testamento de mi abuelo y a varios documentos de esa época cuando todos dormían.

Es lo bueno que tiene ser nieta de un mago escapista.

Mandé traer un ordenador y una impresora, que me dejó listos el casero.

Imprimo todo y uso una de las paredes para poner lo que sé como si fuera una pizarra.

Y, por si acaso mi abuelo tiene una copia de la llave de este lugar, mando al casero cambiar la cerradura.

Le pago por el cambio, claro. Todo listo. No saben la que se les viene encima.

Ni ellos...

Ni mi abuelo Uriel.

Ni Dorian e Idelia.

Que empiece el juego.