8M #4
La voz sugestiva del cruzado la hace retornar al presente.
Constance asiente con la cabeza al tiempo que toma el enigmático sobre.
Nerviosa, atusa con los dedos su tacto granulado, elegante y con cuerpo.
Quiebra el lacre y lo abre, casi rompiéndolo.
De inmediato, lee en un susurro para sí misma: «Urraca I de León, La Temeraria: Crónica de una mujer avanzada. Conferencia de Lara González, historiadora. 11 de marzo de 2020. 21:00 horas. Museo de San Isidoro. León-España».
Su índice derecho resbala por el relieve del emblema del museo, resaltado en burdeos sobre el papel crema. De nuevo, su mirada se pierde en el laberinto de su mundo onírico; nunca ha encontrado explicación a aquella voz que la hace sentirse tan en paz consigo misma…
—Detrás de la invitación tenéis un billete de tren hacia Lyon que sale dentro de un par de horas —continúa el mensajero—.
También va el pasaje de avión con escala en Barcelona.
Mañana mismo estaréis en la capital del reino, mi Señora.
Vuestro reino. Como no podía ser de otro modo, hay una habitación especial asignada a vuestro nombre en el Parador-Hostal San Marcos de León, un lugar digno de reyes.
Tendréis algo más de tres días para poner al día vuestros recuerdos, hasta la conferencia del miércoles.
—¿Mi reino? No entiendo lo que queréis decirme. ¿No podéis explicaros mejor, con menos misterio?
—Allí lo descubriréis, os lo aseguro. Os lo prometo.
—¿Quién os envía?
—No estoy autorizado a revelarlo, lo siento, mi Señora.
Diciendo esto, y ante la atónita mirada de la joven, el hombre se yergue, le hace una profunda reverencia y le da la espalda.
Sigiloso, igual que llegó, se marcha, dejando tras de sí una estela de fascinación y los secretos de un oculto pasado.
Y, sobre todo, una promesa firme de revelar su procedencia.
Constance manosea perpleja la invitación. «Urraca I, Reyna de León», relee en voz baja. Conoce bien su historia tras haber trabajado como becaria en la biblioteca de la facultad: la primera mujer que, en la Europa medieval, consiguió gobernar un reino de pleno derecho en un mundo de hombres.
De pronto, un escalofrío eriza su piel al reparar en el dato: la monarca falleció un 8 de marzo de 1126.
Exactamente el mismo día en que, casi nueve siglos después, ella acaba de pronunciar su discurso.
La extraña coincidencia le provoca un latido febril en las sienes que la obliga a respirar hondo para anclarse a la realidad.
Abrumada por la intensidad de semejante certeza, debe detenerse a tomar aire y ordenar sus pensamientos hasta apaciguar el galope de su pecho.
Una vez recuperado el control, retoma el camino hacia casa acelerando el paso.
Abre la puerta de forma rauda y, sin tiempo que perder, coge su mochila de viaje para llenarla a toda prisa con algo de ropa y lo más imprescindible.
Como guiada por un magnetismo imposible de eludir, parte rumbo a España.
Nunca ha encontrado una explicación convincente a aquella voz que la hace sentirse tan en paz consigo misma, pero ha llegado la hora de hacerle caso.
Acepta el desafío de hurgar en la historia, en sus orígenes y en la vida de una Reyna que se empeña en aparecer de continuo en su camino.
Una monarca cuyo apodo, «La Temeraria», la intimida al tiempo que, de forma contradictoria, le inyecta un plus de valentía que no logra comprender.
Ha llegado el momento de averiguar qué la une a ella.
Sin embargo, no cogerá ese tren ni al día siguiente estará en León.
De adulta, como si hubiera renegado de su propio pasado, nunca ha forzado a la vieja monja a que le cuente la verdad, aunque siempre ha sospechado que sabe mucho más.
Sœur Marie no es solo una especie de tutora, sino también su benefactora; gracias a ella tuvo estudios.
Siempre ha permanecido pendiente de sus pasos, sin molestar demasiado, mostrándose lo suficientemente rígida y severa como para no levantar sospechas.
Pero Constance recuerda con qué dulzura la miraba desde la distancia, y las noches en que iba a verla dormir para sentarse al borde de la cama a acariciarle el cabello.
Nunca han perdido el contacto, aunque ahora es difícil hablar con ella.
Ni siquiera sabe si, cuando la vea, logrará recordarla: la anciana padece alzhéimer.
Está internada en una unidad específica del Hospital Militar de París, un beneficio obtenido por ser hermana de un oficial de la Legión Extranjera fallecido, al parecer, en acto de servicio.
«Si acepta la invitación, sin duda descubrirá sus orígenes».
Debe ir a España con los deberes hechos; no quiere sorpresas.
Cogerá un tren, pero no hacia Lyon, sino a París.
Está segura de que Sœur Marie tiene las claves.
Después de todo, esa voz interior siempre le ha repetido que algún día le tocaría descubrir quién es en realidad.
Pensativa, cierra la cremallera principal de la mochila.
Retoma el sobre lacrado y vuelve a abrirlo, sin poder evitar que parte del sello quebrado se desmorone.
Una corazonada la empuja a darle la vuelta a la invitación.
Al reverso, lee una frase escrita con pluma clásica y caligrafía inglesa que la deja atónita: «El camino de tu futuro comienza en una torre de tu pasado».