Conquistada Por El Tygrain (Lover Tygrain -Old Green- 1) CAPÍTULO 22
98%

CAPÍTULO 22

Tres meses después

El cartel crujió ligeramente cuando lo colocó en su sitio. Maggie dio un paso atrás, con las manos apoyadas en las caderas, observándolo con una mezcla de incredulidad y orgullo.

«The Miracle».

¿Quién le iba a decir que tres meses atrás, aquel conjunto de cabañas imposibles, con colores que atentaban contra la salud mental de cualquiera, acabaría convirtiéndose en… eso?

Todavía le costaba creer que hubiesen terminado las obras, los días interminables de pintar paredes, tablones y…

y que incluso la entrada independiente de su casa estuviese ya terminada y en funcionamiento.

La recepción era ahora más grande, más acogedora y, sobre todo, más práctica.

Además, estaba insonorizada, lo que le otorgaba un plus y la aislaba completamente de su nuevo hogar.

Su hogar. Sí. Este lugar se había convertido en eso y mucho más. Old Green la había recibido con los brazos abiertos, prueba de ello era que tenía la nevera tan llena que estaba pensando invitar a los chicos para que le ayudasen a vaciarla.

Ya era una más de aquel lugar. Cuando cenaban en el Clays, recibía saludos y sonrisas, no cuchicheos, sus visitas al almacén de Edmond estaban siempre repletas de consejos y algún que otro chascarrillo e incluso el centro de operaciones del parque nacional se había convertido en algo así como una segunda sala de estar para ella.

No más osos, gracias, aunque todavía disfrutaba de largas caminatas —y sin agujetas—, así como de los lugares que Ben le enseñaba y que hacían que se enamorase más y más de ese hermoso paraje natural.

—Si lo miras mucho, no va a inaugurarse solo.

La voz de Liza la sacó de su pequeña burbuja. Maggie giró la cabeza y la vio apoyada en la barandilla, con los brazos cruzados y una sonrisa ladeada.

—Estoy comprobando que no sea un espejismo —replicó—. Porque si lo es, me niego a despertar.

—No lo es —respondió su amiga, bajando los escalones—. Y te ha quedado de escándalo.

Maggie resopló, para acabar sonriendo.

—Ha sido un curro de narices.

— «Un curro de narices», dice —bufó la chica, volviéndose hacia su marido, quien la acompañaba con una amplia sonrisa—. Ha levantado todo esto desde cero y se queda tan ancha.

—Todo trabajo tiene su recompensa y, desde luego, has hecho algo extraordinario aquí, querida Maggie —le aseguró Anthony, enlazando la cintura de su mujer—. Estamos muy orgullosos de ti.

Sus palabras eran un regalo en sí mismas, porque sabía que eran sinceras.

Liza podía ser su mejor amiga, pero Anthony se había convertido también en alguien importante en su vida, por cómo quería a su mujer y por lo mucho que la cuidaba.

—Aún no me creo que esté a punto de abrir —admitió en voz baja.

—Pues créetelo, porque en menos de una hora vas a tener gente entrando por esa puerta —le señaló la chica—. Y espero que tengas claro qué cara vas a poner cuando eso pase.

—¿Sirve una de «socorro» ?

—No.

—Pues entonces improvisaré.

Liza se quedó mirándola un segundo de más, evaluándola con esa mirada suya que parecía verlo todo. Entonces, sin perder su toque, se volvió hacia su marido y le encargó algo, con el único fin de sacárselo de encima.

—Pobre, Anthony.

—Oh. Sabe perfectamente que quería hablar contigo a solas —le aseguró, guiñándole el ojo.

—¿Ah, sí? ¿De qué?

—Tú no estás así de nerviosa por la inauguración del hotel.

No podía decirse que se anduviese por las ramas.

—¿Ah, no?

—No —negó, entrecerrando los ojos sobre ella—. Estás nerviosa por otra cosa.

Era imposible ocultarle algo a esa mujer. A día de hoy seguía sin saber cómo lo hacía, pero era de las pocas personas, por no decir la única, capaz de leerla igual que un libro abierto sin que tuviese que decir una sola palabra.

—Te odio —resopló, poniendo los ojos en blanco.

—No, no me odias —respondió con total calma, agitando la mano en el aire—. Me adoras, porque soy la única capaz de decirte las cosas a la cara y quedarse tan ancha.

—Eso también.

Liza sonrió, acercándose un poco más.

—Vamos, cuéntamelo. ¿Qué pasa?

Maggie observó de nuevo el camping , no porque no conociese la respuesta, sino porque al decirla en voz alta, estaría haciéndola real. Convirtiendo su decisión en algo firme.

—Que… —Se pasó una mano por el pelo—. Que esto ya no es solo el hotel…

Liza bufó.

—Nunca ha sido solo el hotel, cielo —aseguró su amiga—. Viniste aquí escapando de algo, buscando un nuevo comienzo y parece que has encontrado más que eso, ¿no?

Como si el comentario de su amiga lo conjurase, su mirada se desvió de nuevo, esta vez hacia la zona trasera en donde estaba él.

Ben estaba hablando con los chicos, riéndose de algo, completamente ajeno a la conversación que estaba teniendo lugar a unos metros, sin saber que, en realidad, él era el epicentro de todo su mundo ahora mismo.

—Me quedo en Old Green —soltó de golpe, pronunciando unas palabras que tenían mucho más peso de lo que parecían.

Liza no reaccionó de inmediato.

—Sí. Ya me lo dijiste —respondió—. Que ibas a quedarte al menos el primer año para ver cómo iba el proyecto y eso.

—No —negó Maggie—. Me quedo para siempre. Aquí. Con todo. El hotel, la gente, las montañas…

—Ajá… —murmuró su amiga, mirándola de otra manera—. ¿Y eso incluye al guardabosques sexy con complejo de carpintero?

Maggie bufó y tuvo que reprimir una risa al mirarla de soslayo.

—Eres insoportable.

—Aunque tengo razón —canturreó.

Sí, la tenía. No había forma de negarlo.

—Sí —admitió al final—. Más que incluirlo, es el primero en la lista.

Liza asintió despacio.

— Vaaaale —alargó la palabra, su mirada vagando en su misma dirección—. Pero dime algo…

—Temo esa frase.

—Y bien, ¿qué haces? —sonrió, mirándola de soslayo antes de soltarle—. ¿Te quedas por él o con él?

Maggie la miró directamente.

—Me quedo por mí —respondió con una seguridad que no había tenido hasta entonces—, y me quedo con él.

Eso hizo que Liza enarcara una ceja.

—Explícate.

Maggie respiró hondo.

—Me quedo por esto… —Señaló a su alrededor—. Porque por primera vez en mucho tiempo siento que estoy donde tengo que estar y porque aquí encontré algo que nunca pensé que podría ser mío…

—¿Un tío que está cañón?

Resopló de risa.

—No. Alguien que es capaz de dejar todo su mundo a un lado para ayudarme a construir el mío.

Liza la observó en silencio unos segundos más y, finalmente, sonrió.

—Ahora sí.

—¿Ahora sí qué?

—Ahora estás siendo tú misma, la Maggie que siempre supe que podías llegar a ser si tan solo alguien te daba la oportunidad —aseguró con esa sonrisa cada vez más amplia.

Maggie soltó el aire.

—Joder… —murmuró y añadió con total sinceridad—. Creo que nunca había tenido algo tan claro.

—Pues aprovéchalo. —Le dio un pequeño empujón con el hombro—. Esto no es algo que pase todos los días.

—A mí me lo vas a decir.

Se quedaron en silencio un momento más, juntas, observando, asimilando las palabras que ella misma acababa de poner en voz alta.

—Por cierto —añadió Liza, inclinándose sobre ella—. ¿Él ya lo sabe?

Maggie ladeó la cabeza.

—¿El qué?

Su amiga la miró como si dijese: «¿En serio?».

—Que lo eliges, tonta. ¿Qué más va a ser?

Ah, eso. Su mirada volvió a posarse en él y se mordió el labio inferior.

—Digamos que no se lo he dicho exactamente con esas palabras…

—Cariño, te lo diré solo una vez y esto sirve para todos los hombres —le aseguró—.

A ellos hay que darles las cosas masticadas y lo más claritas posibles, así que ve buscando el momento, arrástralo a algún lado en el que estéis los dos solos y díselo con todas las letras.

Pueden parecer inteligentes, pero en realidad… no lo son.

La miró y la chica asintió como si acabase de compartir con ella una verdad universal.

—Hazlo. No esperes. Disfruta de la vida y hazlo con la persona que te llene el corazón y te folle en condiciones.

—Él hace las dos cosas.

—Pues, ¿qué haces aquí todavía? —jadeó, señalando hacia el lugar en el que estaba el hombre del que estaban hablando—. ¡Ve!

Maggie se mordió el labio, miró de nuevo hacia allí y afirmó con la cabeza.

Si iba a hacer esto, mejor ahora que después, sobre todo porque si no se pasaría el resto del día pensando en ello.

—De acuerdo —respiró hondo y echó los hombros hacia atrás—. Deséame suerte.

—No necesitas suerte, amiga —le aseguró Liza, con cariño—. Solo sé tú misma.

No se detuvo. Sabía que si dejaba de caminar, era capaz de girar sobre sus talones y encontrar cualquier otra excusa.

Cada paso era una pequeña reafirmación de lo que acababa de decir en voz alta.

De lo que llevaba días, semanas, construyéndose dentro de ella sin que se hubiese dado cuenta del todo.

Cuando llegó a su altura, Ben levantó la cabeza de inmediato, como si la hubiese sentido antes incluso de verla.

—Eh —murmuró, con esa media sonrisa suya que siempre le descolocaba algo por dentro—. ¿Va todo bien?

Le devolvió la sonrisa, saludó a los chicos con algo más de pudor del acostumbrado y asintió.

—Sí, todo bien. Es solo… quería hablar contigo un momentito…

Rick y Aidan no tardaron ni medio segundo en intercambiar una mirada y encontrar una excusa poco creíble para retirarse a la velocidad de la luz.

—Acabo de recordar que Eli necesitaba ayuda con algo —mencionó Aidan, cogiendo a Rick de la camisa—. Vámonos.

—Sí. Algo realmente urgente —concordó su amigo, siguiéndole el paso.

No pudo menos que contener la risa al ver a esos dos esfumarse.

—Son la viva imagen de la discreción, ¿eh?

Ben bufó.

—No lo sabes tú bien —respondió, sacudiendo la cabeza, para centrarse a continuación completamente en ella—. ¿Qué pasa? ¿Hay algún problema?

Negó con la cabeza y dio un paso más hacia él.

—Necesito decirte algo y… no quería esperar.

La expresión de él cambió lo justo para volverse más atento, prestándole toda su atención.

—Claro, dime. —La miró con esa intensidad que, incluso ahora, la ponía nerviosa.

Miró a su alrededor y, sin pensárselo dos veces, lo cogió de la mano.

—Ven —pidió, tirando de él.

No fueron muy lejos, tan solo lo suficiente para apartarse del ruido, de las voces y de las personas que se habían reunido allí para participar de la inauguración.

Maggie se detuvo al llegar al nuevo cierre que habían levantado, justo donde el bosque empezaba a comerse el paisaje.

Era una zona tranquila, donde no había eco y, sobre todo, miradas indiscretas.

Dejó ir su mano, girándose hacia él. El corazón le galopaba en el pecho con más fuerza de la que quería admitir.

—De acuerdo. Sin vueltas. Directa al grano —murmuró más para sí misma que para él.

—Cariño, ¿qué ocurre? —La preocupación de Ben apareció ahora en su tono. Lo cual no le sorprendió, no es que se estuviese comportando como de costumbre.

Liza y sus grandes ideas. Sin embargo, su amiga tenía razón, no quería dejar pasar más tiempo.

—Ocurre que he decidido quedarme —respondió de golpe.

Ben enarcó una ceja y asintió lentamente.

—Lo sé —corroboró—. Ya lo habías decidido…

Sacudió la cabeza, haciendo volar su pelo suelto de un lado a otro.

—No. Bueno, sí, pero… —Dejó escapar un resoplido.

—Maggie…

Respiró hondo y, sin perder un segundo más, dio un paso adelante, hacia él, y le puso ambas manos sobre el pecho.

—Lo que quiero decir es que te elijo a ti, Benjamin Savage —le dijo mirándole a los ojos—.

Que voy a quedarme aquí, no durante un año, no para ver si el hotel funciona, si lo nuestro funciona…

Me quedo porque te quiero. Te elijo a ti, Ben.

Hombre o tygrain , me da igual. Para mí solo eres tú. Desde el principio solo fuiste tú.

Él se quedó completamente quieto, como si las palabras tardasen en entrar en su mente o no la hubiese escuchado bien. Y, Dios, ese único segundo se le hizo eterno.

Entonces… exhaló, como si llevase conteniendo el aire desde hacía días. La recorrió con la vista, como si quisiera asegurarse de que seguía allí, de que era real y no estaba teniendo visiones.

—¿Estás segura? —preguntó en voz baja.

Asintió con la cabeza, sintiéndose más segura que nunca.

—Me he pasado semanas dándole vueltas a algo que no entendía, buscándole la lógica a algo que simplemente no la tenía, porque… el amor no es lógico, no se busca… se encuentra. Y yo lo he encontrado contigo, lo he encontrado aquí, en Old Green… y es donde quiero estar.

Ben alzó la mano, dudando apenas un segundo antes de tocarla, como si ese gesto todavía significase algo más ahora.

—Me quieres…

Parecía tan sorprendido que solo pudo reír en respuesta.

—Tú, el hombre más seguro de Old Green, ¿tienes dudas?

—chasqueó la lengua y, acto seguido, le echó los brazos al cuello, poniéndose de puntillas para poder acariciarle la nuca con los dedos—.

En ese caso, déjame que las despeje para ti.

Te quiero, Ben. No vas a tener una declaración de amor cursi y ñoña de mi parte, pero… te quiero.

—Dios, ¡por fin! —jadeó él y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba entre sus brazos, con su boca bajo la de él, disfrutando del beso más apasionado de la historia—. Maggie, mi Maggie… Te quiero, compañera. Hoy y siempre.

Suspiró contra sus labios y repitió las mismas palabras, pues eran las que gritaba también su corazón.

—Hoy y siempre —confirmó.

Un potente silbido rompió su momento de intimidad, haciendo que ambos se volviesen en dirección a las cabañas. De pie entre los chicos, agitando la mano con efusividad y con una sonrisa de oreja a oreja, Liza gritó:

—¡Maggie! —La llamó—. ¡Vamos a empezar ya!

Le devolvió el saludo, apoyándose en Ben.

—Deberías ir… —le dijo él, besándola en la sien.

—Sí, debería, ¿verdad?

Sin embargo, ninguno de los dos hizo siquiera el intento de despegarse y mucho menos de moverse.

—Tú empezaste esto conmigo, así que…

—Me quedaré contigo hasta el final —respondió, mirándola con esa ternura que ahora sabía también era amor.

—Más te vale —susurró, sonriéndole—. Más te vale.

Se separaron finalmente, solo para terminar cogidos de la mano.

—Venga, guardaparques —tiró de él, sintiéndose tremendamente feliz—. A trabajar.

—Como ordenes, jefa.

Maggie se rio y, cogida de su mano, caminó de regreso a la cabaña principal. Ya no había dudas, ningún peso que la aplastase, se sentía ligera y sobre todo enamorada. Y, cuando levantó la vista y vio a sus vecinos de Old Green acercarse al cartel de The Miracle , sonrió.

Al fin había llegado a casa.