Conquistada Por El Tygrain (Lover Tygrain -Old Green- 1) CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

La quietud de la noche era el momento perfecto para dejar que los pensamientos corriesen solos, dando voz a aquellas cosas que a la luz del día parecían imposibles de afrontar.

Ben bajó la mirada sobre el cuerpo desnudo de su mujer. Maggie respiraba despacio contra su pecho, con la cabeza apoyada justo bajo su clavícula y una pierna enredada con la suya. Estaba relajada, serena, ajena por completo al remolino que empezaba a formarse en su interior.

No podía quitarse de la cabeza su pregunta con respecto al contacto mental que tenía con ella en su forma tygrain .

El hecho de que pudiese hablarle en la mente, de transmitirle sus pensamientos, iba más allá de un vínculo especial, era su conexión, la que se establecía cuando uno de su clase reclamaba a su compañera, uniéndolos para toda la eternidad.

Lo que para él era normal, lo esperado, para Maggie podía llegar a ser todo lo contrario, puede que incluso una imposición.

Si era sincero consigo mismo, tenía que admitir que le había dado miedo ir más allá, explicarle la conexión que tenían por temor a perderla, pero ahora sabía que dejarla en la ignorancia tampoco sería justo para ella.

Dejó escapar un profundo suspiro y resbaló la mano por su brazo, acariciándola desde el hombro hasta la cadera.

—¿Qué te ronda por la cabeza?

La pregunta de ella no lo sorprendió. Habían llegado a un punto en el que ambos sabían cuándo el otro estaba…

raro, en especial después de haber compartido sus cuerpos de la manera en que lo habían hecho.

En su cama no había lugar para secretos, ni para las mentiras, aquí ambos intentaban ser honestos, dejarse ver el uno al otro tal y como eran.

—La conversación que tuvimos antes… —respondió con honestidad—. Cuando me preguntaste por qué tú… No fui del todo sincero.

Notó una ligera tensión en su cuerpo. Si bien no cambió de posición, ni se movió, sabía que estaba alerta.

—Si me vas a decir que te acercaste a mí por motivo de una apuesta con tus colegas o algo así, mejor que…

Bufó, subió la mano al rostro femenino y lo volvió hacia él, de modo que se mirasen.

—Me acerqué a ti porque sentí que no podía hacer otra cosa, porque tu aroma…

ese delicioso olor a mandarina, me obnubiló por completo y despertó en mí un instinto primario, aquel que podía reconocer a mi compañera en medio de una tienda entera llena a reventar de personas —respondió sincero, mirándola en todo momento a la cara—.

Puede que fuese casualidad que esa tarde ambos nos encontrásemos en el mismo lugar, pero no lo fue que me acercase a ti, ni que me ofreciese, más allá de lo que pudiese decir el bueno de Edmond, a ayudarte a ti, una completa desconocida con las obras de reparación de su hotel…

—¿Qué quieres decir? —Se despegó de él, incorporándose, haciendo que la sábana resbalase hasta sus caderas, mostrándola desnuda ante sus ojos.

—Ese día, en el almacén, te reconocí como a mi compañera —le dijo, intentando encontrar la forma más sencilla de explicarle lo que eso significaba—.

Mi raza tiene… una pareja predestinada. Alguien que ha nacido para completarte, para caminar a tu lado durante el resto de tu vida… Y tú eres esa persona para mí.

Se quedó callada, limitándose tan solo a mirarle.

—No… No lo entiendo —admitió y la preocupación asomó en su rostro—. ¿Qué quieres decir?

—Lo que quiero decir es que estoy loco por ti, que desde el momento en que te vi, mi vida dejó de ser solo mía, porque también te pertenecía —se sinceró—.

El destino te eligió para mí, como mi alma gemela, pero…

más allá de eso, estás tú. La chica de ojos del color del otoño, la de la melena rebelde, que siempre se la aparta de la cara para que no le moleste y que no duda en embarcarse en un proyecto ante el que cualquiera habría salido huyendo.

Su mirada seguía fija en él, mas su expresión había cambiado. Parecía sorprendida por sus palabras y estaba sonrojada, mucho más que antes.

—Vaya… Tan directo como siempre.

Ben se incorporó también, quedando sentado en la cama, le cogió la mano y se la llevó sobre el corazón.

—¿Crees en el destino, Maggie? —Posiblemente era la mejor forma de que entendiese lo que significaba el vínculo que ahora compartían—. ¿Crees que es posible que ahí fuera haya alguien que nos complemente, que esté destinado a nosotros y solo a nosotros?

—Entiendo el concepto, pero… no puedo decir que… crea en ello —dijo en voz baja, entonces ladeó la cabeza y miró su mano apoyada en su pecho—. Aunque tampoco creía que pudiese existir gente con la habilidad de mutar en tigre y ya ves tú.

Sonrió, no pudo evitarlo.

—A veces, lo que menos esperamos es lo que nos aguarda al final del camino.

—¿Y crees que yo… que yo era la que estaba al final de ese camino… para ti?

—No lo creo, cariño. Lo sé —aseguró, acariciándole el rostro con la mano libre—. Mi alma te reconoció nada más captar tu aroma, yo te reconocí nada más verte. En ese preciso momento supe que serías tú o ninguna…

—Pero eso es…

—¿Ridículo? ¿Imposible? ¿Demencial?

—Sí, la verdad es que un poquito de todo eso —admitió con una pequeña sonrisa curvándole los labios—.

Es que me estás diciendo que… No sé, qué fue…

un flechazo o algo así y… Debería parecerme de locos, y aun así…

No es muy distinto de cuando conoces a alguien y te das cuenta en ese mismo instante de que te gusta de verdad.

No es sensato, ni cuerdo, pero… ocurre, ¿no?

—Dímelo tú —resbaló el pulgar por su piel, acariciándole finalmente los labios—. ¿Ocurre?

La respuesta estaba en sus ojos, no necesitó nada más que ver esa expresión en su mirada para obtener la respuesta.

—Sí. Ocurre.

Resbaló la mano hacia atrás, hundiéndola en su pelo hasta encontrar la pequeña cicatriz en la base de su cuello. La sintió estremecerse bajo su contacto.

—Te elegí a ti. Más allá de lo que dictaba el destino, te elegí a ti —la acarició con suavidad en ese punto—.

Esto… la intensidad de ese momento… No te mentiré, viene dado por el vínculo de emparejamiento.

Mi tigre te reconoció como su pareja, su compañera.

Mi deseo por ti, mis ganas de ti… Todo se magnificó a causa de ello, pero me obligué a esperar.

—¿Por qué?

—Porque quería que tú también me eligieses a mí.

La respuesta cayó entre ellos con un peso distinto.

—Quería conocerte y que me conocieras —aseguró—.

Quería ver quién eras sin… todo esto de por medio y…

Sí, te reclamé porque deseaba hacerlo, porque yo y solo yo quería lo que había empezado a vislumbrar en ti.

Puede que lo que soy me llevase hasta ti, pero fui yo, el hombre que tienes frente a ti, quien te eligió por encima de todo. Quien se enamoró perdidamente de ti.

Ella le sostuvo la mirada durante unos segundos más. Casi podía ver cómo giraban los engranajes de su cerebro, pensando, procesando lo que le estaba diciendo, analizándolo como hacía siempre con las cosas que le costaba comprender.

—Entonces… —murmuró en respuesta—. ¿Tu tigre lo tenía claro desde el minuto uno? ¿Qué era yo?

Ben esbozó una leve sonrisa.

—Sí.

—Pero, tú… —Lo miró de arriba abajo—. Decidiste ir más despacio.

Sin duda era una buena manera y mucho más simple que la suya de explicarlo.

—Así es.

Volvió a quedarse callada, aunque solo durante unos segundos.

—¿Y yo? Ese vínculo… ¿También me afecta a mí?

Y ahí estaba la parte más delicada.

—Sí, mas no de la misma manera —admitió—. Tus emociones son tuyas, tus deseos son tuyos. Nuestro vínculo solo te hace más consciente de ellos y de mí.

—¿Y si no me hubieses gustado?

—El problema sería mío, no tuyo.

—¿Por qué?

—Porque tendría que haberme esforzado mucho más en conquistarte y convencerte de que soy el mejor partido para ti, el único que te hará realmente feliz… si tú quieres.

Dejó escapar un pequeño resoplido de risa y sacudió la cabeza.

—Supongo que esto explica muchas cosas… —mencionó ella, más para sí misma que para él, a juzgar por la manera en la que bajó la mirada sobre su mano, todavía bajo la suya—.

Aunque hay algo que tienes que tener claro, Benjamin Savage.

—Levantó la cabeza y sus ojos se encontraron una vez más—.

Que seas atractivo, irresistible y un gran amante no evitará que sea yo la que tome la última decisión con respecto a lo que siento o dejo de sentir por ti.

Ni vínculo, ni hilo rojo, ni el jodido destino… Solo yo.

Asintió en total acuerdo.

—No querría otra cosa.

—Bien. Porque sí estoy aquí ahora mismo. —Lo empujó, haciéndolo caer de nuevo de espaldas sobre la cama, acompañándolo en el proceso—. No es por un vínculo mágico, ni por el destino… es porque quiero estar contigo.

Ben dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo y la rodeó con los brazos, pegando ese curvilíneo cuerpo al suyo.

—Eso es todo lo que deseo, que puedas elegir —aseguró—. Y que me elijas a mí.

—Anda que, no eres tonto ni nada.

—Por pedir… —se rio.

Ella rio también y trepó sobre él, encontrando su boca para unirla con la suya en un lánguido beso, antes de acurrucarse contra él un momento después, como si ese fuese su lugar.

—Tendrás que darme tiempo para asimilar que… soy la elegida del tigre —murmuró contra su piel.

—Tómate todo el que necesites —le dijo, besándola en la sien—. Yo te esperaré lo que haga falta.

—Vale… —suspiró, acurrucándose aún más cerca, solo para resoplar un par de segundos, responder y echarse a reír—. ¿Estás ronroneando, tigre?

Ben esbozó una amplia sonrisa.

—Puede que un poco.

Ella se echó a reír, pero volvió a acurrucarse una vez más y esta vez, suspiró.

No pasó mucho tiempo antes de que se quedase finalmente dormida entre sus brazos y él, ya con la conciencia tranquila y el alma más ligera, se uniese a ella en el sueño.

Porque, destino o no… Maggie lo había elegido ya.

Y él siempre iba a elegirla a ella.