Conquistada Por El Tygrain (Lover Tygrain -Old Green- 1) CAPÍTULO 15 #3
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CAPÍTULO 15 #3

Con el hambre saciada, bien hidratada y sin esas agujetas que la habían atormentado tan acuciantes, iniciaron el regreso.

Esta vez, en vez de volver sobre sus pasos, la condujo hacia otra parte del bosque, cuyos senderos eran algo menos escarpados y más amplios.

También lo hizo para mantenerse fuera del camino de su compañero, aunque ya no lo sentía en las inmediaciones.

Dada la hora, lo más seguro era que Eliot hubiese regresado ya a la base para ser relevado por alguno de sus compañeros, eso o había encontrado al oso y lo había llevado hacia las montañas, lo que también explicaría su ausencia.

—Gracias por lo de hoy, en serio. —Maggie rompió el silencio de ese último tramo—. Ahora entiendo mucho mejor por qué este lugar es tan especial para ti, por qué elegiste esta profesión… Poder pasear por aquí cada día, explorar este entorno… Esto es vivir, en toda la extensión de la palabra.

—Lo es —afirmó—. No es un trabajo sencillo, requiere de muchas horas y no siempre tenemos días tan luminosos como el de hoy, ni tan apacibles. Si queremos conservar lo que tenemos, no queda otra que involucrarse y hacerlo de verdad.

—Y yo, mientras, con mis cabañas psicodélicas y un hotel que ni siquiera sé si llegará a funcionar…

—murmuró ella, dejando escapar un profundo suspiro—.

Me vine aquí sin pensar, tan solo para escapar de una vida que no quería.

Pensé que me rajaría, la verdad, que en cuanto viese todo lo que tenía por hacer, me entraría una tremenda flojera y me daría media vuelta, pero… Old Green tiene algo especial…

Al decir aquello, lo miró a él.

—Estoy dispuesta a intentarlo y ver hasta dónde puedo llegar —admitió sin apartar la mirada de la de él—. ¿Quién sabe? Quizá acabe encontrando aquí mi propio hogar, después de todo.

—Espero que así sea, Maggie —corroboró—. Espero que así…

Se detuvo en seco. El aire acababa de cambiar, trayendo consigo un olor particular. Sus sentidos se agudizaron al momento y pasó a prestarle toda su atención al entorno.

—¿Ben?

Levantó la mano, haciéndola callar. Se movió lentamente, mirando el camino, los árboles, los rastrojos, todo ello con otra mirada, una de pura concentración, de un felino al acecho.

—Camina despacio —le dijo, señalando hacia delante.

—¿Qué ocurre?

Todavía no estaba seguro, pero juraría que acababa de oler algo que no debería estar en esta área.

—Sigue caminando, Maggie —le puso la mano en la espalda, obligándola a avanzar un poco más rápido.

La guio a través del sendero, alejándola del lugar en el que había captado el olor.

No avanzaron demasiado antes de que la obligase a detenerse ahora por completo.

Ladeó la cabeza, escuchando. Se volvió hacia la derecha.

El bosque se extendía entre altos árboles, no había maleza ni demasiados arbustos.

El lugar había sido limpiado no hacía mucho por el equipo de mantenimiento.

—¿Ben?

El aire agitó la melena castaña, vio cómo se apartaba el pelo de la cara, mas no le prestó más atención, pues otra cosa se la había apropiado por completo.

Un sonido. Crujidos de hojas, de pequeñas ramas, una respiración que no correspondía a un ser humano.

¿Dónde estás?

—Oh, mira… es un alce.

El alivio en la voz de su compañera lo llevó a mirar en su dirección. Un macho joven alzaba los hollares, olisqueando el aire, y debió de captar lo mismo que él, porque inició una rápida retirada, perdiéndose entre los árboles.

—No te muevas, Maggie —le dijo, manteniendo la voz baja, mirando ahora a su espalda, el lugar del que habían venido aquellos sonidos.

El bosque pareció contener el aliento al mismo tiempo que él, como si supiese que el peligro acechaba y estaba cerca, demasiado cerca.

Un nuevo crujido, este más cerca, aunque procedente de otra dirección. Se volvió hacia allí, aguzando la mirada para buscar aquella maldita amenazada.

—Oh…

Un jadeo, pequeño, bajo y el inmediato estremecimiento de su chica lo hicieron clavar los ojos en el mismo punto que lo hacía ella.

Mierda.

El oso se levantó sobre sus patas traseras, quedando completamente erguido. Era joven, sí, con ese pelaje espeso y marrón, pero también era grande, demasiado grande. Y los estaba mirando. La forma en que movía la cabeza, levantando el hocico, le indicó que estaba oteando el aire.

—Ben… —susurró ella, sin apartar la vista—. Dime que eso no es lo que creo que es…

No respondió de inmediato. Miró en dirección del animal, comprobó la del viento y siseó para si al darse cuenta de que estaban justo a su favor. El oso los iba a oler, si es que no lo había hecho ya.

El bosque se estremeció con el rugido del grizzly . Era un macho. Su olor y la potencia de su voz eran bastante características. Y ellos estaban en el peor lugar y momento posibles.

El animal cayó entonces sobre sus patas delanteras y empezó a moverse en su dirección. No iba rápido, se movía con tranquilidad, como si todavía no los hubiese identificado como presas o amenaza.

—Date la vuelta y empieza a caminar —susurró, moviéndose muy lentamente hacia ella, extendiendo la mano para que viniese hacia él—. No corras, Maggie. Ni se te ocurra echar a correr.

La vio asentir con la cabeza, confirmando que había escuchado sus palabras.

—¿Son siempre tan grandes?

—No —declaró, manteniendo la mirada entre el oso y ella—. Vamos, cariño. Sigue caminando. No te pares, pero no corras.

—Y aquí yo, diciendo que quería ver osos… —empezó a farfullar en voz baja—. Pide y se te concederá. Seré idiota.

El animal siguió avanzando, como si estuviese de paseo por el bosque y no acabase de decidir que le parecía interesante el haberse encontrado con un humano y…

algo que seguramente le olería distinto.

Esos bichos eran curiosos por naturaleza, sin embargo, la curiosidad esta vez podía cabrear a cierto gato.

Barajó la idea de sacar el arma y dispararle. Tenía tranquilizantes consigo, pero no estaba él solo y corría el riesgo de enfadar al oso más que detenerlo. Y el arma de fuego quedaba fuera de toda discusión. No mataría al animal a menos que fuese completamente ne…

—¡Oh, Dios!

El jadeo de Maggie y la ráfaga de miedo que olió de ella lo hicieron girar de golpe hacia ella y quedarse helado durante una milésima de segundo.

—¿Ben? —jadeó ella, completamente inmóvil, mirando al enorme ejemplar de oso grizzly que acababa de levantarse sobre sus dos patas traseras a escasos metros de ella.

—Tiene que ser una jodida broma… —Su tigre despertó, consciente del peligro y la amenaza a su compañera, y se proyectó en su voz.

El recién llegado, un espécimen completamente adulto, oteó el aire y supo que lo reconoció, que olió en él al tigre. Rugió, un sonido fuerte, que hizo que la chica se llevase las manos a los oídos de inmediato, temblando.

—Maggie, escúchame. —Habló despacio, aparentemente calmado, midiendo las distancias, aunque su voz ya no era solo suya, tenía la profundidad de su bestia—. Da un paso atrás. Muy lentamente.

—Ben…

—Solo hazlo, cariño. Todo irá bien. Te lo juro —intentó mantener el temple—. No te vuelvas, solo da un paso hacia atrás, y luego otro. Ve retrocediendo con mucho cuidado.

—Benjamin, esta cosa es enorme…

—Lo sé —respondió entre dientes, tensándose, anticipándose al cambio. Porque tenía que hacerlo, era la única manera en que podía enfrentarse a ese animal y mantener a su compañera a salvo—. Pero todo irá bien. Te lo juro. No dejaré que te toque un solo pelo.

Respiró hondo, estirando los brazos hacia ella, teniendo mucho cuidado con cada gesto que hacía.

—Vamos, sigue así. Retrocede despacio. —Pronto le rozó el chaleco y, con ello, la atrajo contra él, manteniendo la mirada en el enorme oso, al tiempo que echaba fugaces vistazos a su espalda.

El segundo animal parecía haber captado algo a su espalda, porque se había vuelto, levantándose de nuevo sobre sus patas.

—De acuerdo… —respiró hondo, devolvió su atención al enorme ejemplar frente a ellos y, cuando lo vio dejarse caer sobre sus cuatro patas, supo que ya no le quedaba tiempo—. ¡Corre, Maggie! ¡Corre!

La arrancó del camino y la empujó detrás de él un par de segundos antes de que escuchase el rugido felino a su espalda que había estado esperando y él mismo abandonase su piel humana y mutase en su forma de tigre y se abalanzase contra el enorme animal que iba directo hacia su compañera.