27 #2
Clara estaba extremadamente nerviosa. Javier suspiró y miró de un lado a otro, vigilando de nuevo.
La luz parpadeó de nuevo.
—Rojo, rojo… verde —dijo más alto por la alegría.
Hubo un leve clic y la puerta se desbloqueó.
Clara retiró el dispositivo y se puso en pie.
—Siete segundos —murmuró.
Javier enarcó una ceja.
—Nueve.
—Siete —repitió ella abriendo la puerta.
—Nueve. —Clara resopló y miró al interior. Javier se apartó ligeramente, cubriendo el pasillo—. Tienes diez minutos.
—Ya lo sé… pesado —dijo de los nervios.
Clara respiró hondo y entró sin mirar atrás. La puerta se cerró tras ella con un sonido seco.
La sala era pequeña, más de lo que esperaba, sin ventanas, iluminada solo por una luz blanca y fría que hacía que todo pareciera más duro y técnico.
Frente a ella, se encontraban varios racks de servidores alineados contra la pared, con luces verdes y azules parpadeando de forma constante.
Uno de los paneles se encontraba abierto con cables expuestos.
Al otro lado había una terminal, justo en una esquina.
Aquello no era un ordenador normal, era más robusto e industrial.
El aire allí era más cálido y denso, y el sonido era un zumbido constante.
Clara cerró los ojos un segundo, intentando hacerse un mapa mental de las conexiones.
—Vale…
Se movió rápidamente y dejó la mochila sobre una pequeña mesa metálica. Sacó el dispositivo principal, el puente, y lo conectó directamente al puerto del terminal. Miró el punto que reflejaba la pantalla negra y dio unos golpecitos con el pie en el suelo.
—Vamos, vamos…
El dispositivo se encendió en la interfaz básica, nada amigable ni intuitiva.
Clara resopló.
—Claro… lo escondes bien… maldito hijo de…
Sus dedos comenzaron a moverse rápidos y seguros.
—Vamos a ver qué escondes…
Entró en el sistema y accedió a la primera capa, la básica. La pudo abrir y accedió a la segunda…
—Cifrada —susurró con una sonrisa—. Me gusta —ironizó mientras sus dedos volaban sobre el teclado incluyendo líneas de código, accesos… abriendo puertas digitales una tras otra, como si el sistema fuera un laberinto y ella supiera exactamente por dónde ir.
—Venga…
Carpetas, datos normales, operaciones del barco, rutas… nada relevante.
Frunció el ceño, pensativa.
—No…
Se detuvo y se dio unos segundos para ordenar su mente.
—Si yo fuera él…
Giró ligeramente la cabeza, mirando los servidores.
—No estaría aquí…
Se levantó y se acercó al rack principal, donde las luces parpadeaban con más intensidad.
—Ahí estás…
Se agachó y buscó.
Encontró el puerto y conectó el dispositivo directamente.
La pantalla cambió de inmediato a un acceso directo más profundo y oculto.
Entonces apareció. Aquello se trataba de una estructura diferente, repleta de carpetas sin nombre, identificadores…
Clara sintió cómo el pulso se le aceleraba.
—Holiii… —canturreó.
Abrió una de las carpetas, accediendo al interior.
Archivos, fechas, transferencias, coordenadas…
Su mirada voló directamente hacia una carpeta llamada “PROTOCOL_17”.
Clara se quedó quieta.
—Nodo 17… —susurró.
La abrió y tuvo que contener un gritó.
Ahí estaba todo: los archivos, los datos, la venta, las rutas y mucho más.
Clara tragó saliva.
—Vale…
Sus dedos volvieron a moverse más rápidos y decididos ahora.
—Vamos a sacarte de aquí… —dijo.
Clara no apartó la vista de la pantalla mientras las líneas de datos seguían desplegándose ante ella demasiado rápidas, como si el sistema intentara contener algo que no debía salir de ahí.
Abrió el primer archivo solo unos segundos, pero aquello ya le bastó.
Rutas de patrulla naval completas que ni siquiera aparecían fragmentadas o parciales, sino totalmente completas, coordenadas exactas, horarios, frecuencias, protocolos de actuación…
—No… —susurró.
Abrió otro archivo que incluía accesos a radares costeros, claves de entrada, puntos ciegos, zonas donde la vigilancia desaparecía durante minutos exactos, minutos suficientes para…
—Dios… —susurró, consternada.
Abrió un tercer archivo que incluía mapas de control marítimo con modificaciones marcadas. Aquello no se trataba de fallos, sino de huecos creados a propósito.
—Esto es… —Se le secó la garganta—, es gravísimo.
Sus dedos comenzaron a moverse más rápido.
Conectó el pendrive e inició la copia.
—Transferencia iniciada…
La barra apareció, completándose demasiado lenta para lo que ella deseaba.
—Vamos, vamos… —sollozó.
En ese momento, se puso erguida y sintió un ligero balanceo casi imperceptible.
Clara frunció el ceño y miró alrededor. Nada había cambiado, el sonido seguía ahí, constante, igual, pero el suelo… el suelo no estaba completamente quieto.
—¿Qué…?
Volvió a la pantalla y resopló.
12%
18%
23%
Parpadeó y sintió que el corazón se le salía por la boca cuando la pantalla cambió con un aviso: era pequeño, rojo y discreto, pero claro.
“Actividad no autorizada detectada” .
Clara se quedó completamente inmóvil.
—Mierda…
Respiró hondo e intentó no pensar, solo actuar.
Sus dedos se movieron e introdujo comandos en el teclado, simulando errores y redirigiendo procesos.
—Vamos… cuela… cuela…
Durante un segundo pareció funcionar y la alerta desapareció.
Se llevó la mano al corazón y soltó el aire.
Aquella calma no duró y la alerta de actividad no autorizada detectada volvió a parpadear más estable y firme.
“Verificación de sistema en curso” .
—Ahhh —gritó Clara, desesperada.
Clara cerró los ojos un instante. Lo sabía, sabía que aquello no iba a funcionar a ese nivel… y eso solo significaba una cosa. Iban a venir.
Las palabras de Javier cruzaron su mente.
“Si algo va mal… sal” .
Apretó la mandíbula y miró la barra de transferencia.
41%
No, no iba a abandonar. No iba a marcharse cuando lo tenía tan cerca.
El problema era que la transferencia era demasiado lenta, y cada segundo que pasaba estaba más cerca de ser descubierta.
Ya lo había sido, aunque no físicamente.
Inspiró hondo e intentó calmarse. Sus manos dejaron de temblar y se volvieron firmes y decididas. Extrajo de la mochila un segundo dispositivo de grabación directa de copia redundante.
Lo conectó para duplicar procesos. Mientras una copia se descargaba la otra se registraba por si fallaba o no llegaba… o por si todo se iba al infierno.
52%
60%
El balanceo del suelo se volvió más evidente.
Clara alzó la vista y esta vez sí lo notó, el zumbido había cambiado y ahora era más grave y constante.
El barco…
—No…
Se le heló la sangre.
¿Habían zarpado? ¿Con ellos dentro?
68%
—No, ¡joder!
La alerta cambió a “Acceso físico recomendado” .
Clara sintió el pulso en la garganta.
—Ya vienen… —sollozó.
Miró la puerta cerrada, sabiendo que esta se abriría en cualquier momento. Sus dedos se movieron más rápido.
—Venga… venga…
Abrió la consola principal y localizó el núcleo y todos los archivos. Los seleccionó todos y, sin dudar un ápice, los eliminó.
Proceso iniciado…
74%
81%
El sistema respondió e intentó bloquear y recuperar.
Clara forzó la intrusión.
—No, ni hablar, esta vez no —sentenció ella tecleando sin cesar.
89%
Le pareció distinguir el ruido de pasos al otro lado de la puerta.
Clara se quedó completamente quieta, escuchando. Sí, había más de uno, cada vez más cercanos.
—Javier… —susurró casi sin voz.
Miró la pantalla y tragó saliva mientras sentía una gota de sudor resbalar por su frente y otra por su espalda.
94%
Los pasos se detuvieron justo al otro lado.
97%
Escuchó una voz amortiguada.
—Sí…aquí dentro.
Clara apretó los dientes.
—Vamos…
99%
El pomo comenzó a girar justo cuando la pantalla parpadeó.
100%
Clara no esperó a ver más y arrancó el pendrive . Cortó la conexión y apagó el sistema.
Se giró cuando la puerta comenzaba a abrirse.