18
El beso dejó de ser una sorpresa demasiado pronto y se convirtió en algo inevitable. Algo que llevaba demasiado tiempo creciendo entre ellos como para detenerse ahora.
Clara lo sentía en la forma en que Javier la sujetaba: firme, pero sin imponer, como si aún le diera la opción de apartarse. Aunque ambos sabían que no lo haría. No ahora. No después de todo lo que había pasado aquella noche, de la tensión y del miedo.
Sus labios se encontraron de nuevo, esta vez sin dudas.
Clara dejó escapar un leve suspiro contra su boca, notando cómo todo su cuerpo reaccionaba a ese contacto, a la cercanía de él.
Javier la estrechó más contra su cuerpo, como si necesitara sentirla y asegurarse de que estaba bien. En ese gesto había algo más que deseo: alivio, necesidad y algo que iba mucho más allá de lo físico.
Sus manos subieron por la espalda de ella, lentamente, recorriendo su figura con una mezcla de firmeza y cuidado, mientras sus labios descendían apenas, rozando la comisura de su boca y su mandíbula, hasta perderse en su cuello.
Clara cerró los ojos e inspiró con fuerza. Sus manos se aferraron a él, rodeando su cuello, atrayéndolo más cerca, sintiendo cómo su respiración se volvía más irregular y su cuerpo reaccionaba sin mesura.
Javier la guio suavemente hacia atrás hasta que la espalda de Clara chocó contra la pared.
Quedó atrapada entre su cuerpo y la superficie fría, sin rastro de violencia, solo intensidad y cercanía; un momento suspendido fuera del tiempo.
Los labios de Javier volvieron a su cuello con más lentitud y suavidad.
Ella dejó escapar un leve suspiro, inclinando ligeramente la cabeza hacia un lado, dándole espacio, permitiéndole ese acceso sin pensarlo siquiera.
—Me gustas mucho —murmuró él contra su piel, en voz baja, casi como si no quisiera romper el momento.
No fue una declaración ni algo grandilocuente, solo una frase sencilla y sincera que bastó para que el corazón de Clara diera un vuelco.
Sus manos bajaron por la espalda de él, sintiendo la firmeza de su cuerpo bajo la camisa, recorriéndolo con una mezcla de curiosidad y necesidad contenida, hasta detenerse en sus hombros, tirando suavemente de la tela.
Javier respondió al instante. Una de sus manos descendió desde su cintura, recorriendo la curva de su cadera hasta deslizarse por su muslo, sobre la piel desnuda que dejaba la falda.
Se detuvo un instante, como si midiera el gesto y comprobara que ella no se apartaba.
Clara no lo hizo. Al contrario, flexionó ligeramente la pierna, acercándose aún más a él.
Con eso fue suficiente, Javier dejó escapar un suspiro contenido, apoyando la frente un segundo contra la de ella antes de volver a besarla, más intenso esta vez, más profundo, como si algo en su interior hubiera terminado de romperse.
Las manos de Clara se deslizaron hacia el cuello de su camisa desabrochando, casi sin darse cuenta, uno de los botones. Sus dedos rozaron la piel cálida bajo la tela y él respondió presionándola más con su cuerpo, con su mano firme en su muslo, su otra mano en su espalda y manteniéndola contra él.
El mundo fuera de ese piso dejó de importar. No había misión ni peligro, tampoco pasado. Solo el presente, ellos y la certeza de que aquello ya no tenía vuelta atrás.
El beso no se detuvo. Se volvió más intenso, más profundo, como si ambos hubieran cruzado ese punto en el que pensar dejaba de tener sentido.
Javier la presionó un poco más contra la pared, encajando su cuerpo contra el de ella con firmeza y cuidado, sin dejar apenas espacio entre los dos.
Sus manos se deslizaron bajo la tela de su camisa, buscando su piel directamente, y Clara dejó escapar un leve suspiro al notar el contraste de sus dedos cálidos recorriendo su espalda, provocando que su piel se erizara al instante, reaccionando a cada caricia como si llevara demasiado tiempo esperando aquello.
Javier lo notó y eso solo hizo que se acercara más.
Sus labios volvieron a los de ella, más lentos ahora, saboreándola con calma, mientras sus dedos ascendían suavemente por su piel.
Clara se aferró a él. Sus manos recorrieron su pecho por encima de la camisa, notando la tensión de sus músculos bajo la tela y la firmeza de su cuerpo, la forma en que respondía a cada uno de sus movimientos.
Por un instante pensó que debía de estar loca. Él estaba allí para vigilarla, controlarla y asegurarse de que cumplía la misión y, aun así, no podía apartarse. No quería. Todo en él la atraía de una forma que no sabía explicar.
Javier separó apenas sus labios de los de ella y la miró. En ese gesto hubo algo más que deseo, hubo decisión. Sus dedos se movieron con calma, desabrochando su camisa poco a poco, sin prisa, sin romper el momento, hasta que la tela cedió y se deslizó por sus hombros, cayendo suavemente.
Clara no apartó la mirada de él en ningún momento; al contrario, se acercó más. Javier dejó que su brazo la rodeara directamente, piel con piel, y ella sintió cómo el aire se le escapaba en un suspiro suave antes de que él volviera a besarla.
Sus labios descendieron después, rozando su mandíbula, su cuello, deteniéndose en cada punto con una precisión que hacía que su respiración se desordenara.
Clara cerró los ojos un instante, dejándose llevar y asimilando cada gesto con una intensidad que la sorprendía incluso a ella. Sus manos subieron hasta su cuello, acariciando su piel, notando la ligera aspereza de su barba de un par de días, detalle que lo hacía aún más real y cercano.
Javier acercó sus caderas a las de ella y Clara respondió sin pensar, acortando la distancia y estrechándose a él como si su cuerpo ya hubiera tomado la decisión antes que su mente.
El mundo desapareció por completo. Solo quedaban ellos, sus respiraciones y sus manos acariciándose.
Javier se detuvo y sus ojos buscaron los de ella.
—¿Quieres seguir?
No había presión en su voz, solo una pregunta real.
Clara le sostuvo la mirada. Su mano subió lentamente hasta su rostro, recorriendo su mejilla con suavidad, notando la calidez de su piel y la firmeza de su mandíbula.
—Sí.
No necesitó decir más. Javier la alzó con facilidad, como si no pesara nada, y Clara rodeó su cintura instintivamente, aferrándose a él mientras volvía a besarla, ahora con una mezcla de urgencia contenida y cuidado que la desarmaba por completo.
Cruzaron el pasillo sin separarse hasta su habitación y, cuando llegó al borde de la cama, la dejó sobre el colchón con delicadeza.
Clara lo miró desde allí, con el pecho aún agitado y los labios entreabiertos.
Javier se inclinó sobre ella con calma, sin prisa, como si cada gesto necesitara su tiempo.
Sus manos recorrieron su cuerpo con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de todo lo que había ocurrido esa noche, descendiendo por sus hombros, por sus brazos, por la línea de su cintura, memorizando cada reacción y cada pequeño estremecimiento que provocaba en ella.
Clara cerró los ojos un instante, sintiendo y dejándose llevar.
Había algo en la forma en la que él la tocaba que no era solo deseo, sino cuidado. Era una especie de contención que hacía que todo resultara más intenso, más real, como si cada caricia tuviera un significado que iba más allá del momento.
Clara lo miró y en su mirada no había prisa, solo decisión y esa calma firme que lo definía.
Javier se acercó de nuevo a sus labios y la besó despacio.
Clara respondió al instante: sus manos subieron hasta su cuello, deslizándose por su nuca, entrelazándose con él mientras su respiración se desordenaba poco a poco, sintiendo el calor de su cuerpo, la cercanía, la forma en que todo encajaba con una naturalidad que la dejaba indefensa.
Javier bajó los tirantes del sujetador de Clara con una caricia y luego desabrochó su enganche por detrás, quitándoselo y arrojándolo al suelo sin mirar dónde caía.
Se incorporó arrodillándose en el colchón y llevó sus manos hasta las caderas de ella, cogiendo el suave encaje de su ropa interior y deslizándolo hacia abajo. Clara movió sus piernas para que la tela pasase por sus piernas hasta quedarse totalmente desnuda.
Javier se concedió unos segundos para observarla. Pese a que no estaba encendida la luz de aquella habitación, sí llegaba luz del comedor, por lo que podía ver con total claridad las curvas del cuerpo de Clara.
Se echó sobre ella lentamente y la besó mientras se situaba entre sus piernas.
Tomó una de sus manos situándola por encima de la cabeza de ella y la sostuvo entre sus dedos, apretándola suavemente contra el colchón mientras seguía besándola, cada vez más profundo, más lento, más consciente, como si quisiera que recordara cada segundo.
Sus labios abandonaron los de Clara lentamente, descendiendo por su mejilla y por su cuello, deteniéndose en su clavícula con una suavidad que hizo que ella arqueara el cuerpo, dejándose llevar por esa sensación, por ese calor que se extendía bajo su piel como un incendio descontrolado.
Javier soltó su mano y Clara situó sus dedos sobre el cuello de él, aferrándose a su espalda mientras él recorría con su lengua la piel que iba de su clavícula a su pecho.
Paseó su lengua sobre sus pechos provocando que ella gimiese. Luego volvió a acercarse a su rostro y sus frentes se rozaron. Durante un segundo solo se miraron, respirando el mismo aire y sintiendo lo mismo sin necesidad de decir nada.
Cuando volvió a besarla fue diferente, como si ya no quedara ninguna barrera entre los dos, como si por fin hubieran dejado de luchar contra lo inevitable.
En ese momento, Clara dejó de pensar y lo abrazó con fuerza mientras ambos se fundían en un apasionado beso, saboreándose el uno al otro hasta que se quedaron prácticamente sin aliento.
Javier separó sus labios de los de ella y se incorporó correctamente entre sus piernas. Comenzó a entrar en ella lentamente mientras Clara se sujetaba con fuerza a sus hombros e inspiraba hondo.