17
El trayecto de vuelta a casa transcurrió casi en silencio.
Solo el sonido del motor, la carretera bajo las ruedas y la respiración aún irregular de Clara llenaban el espacio entre ambos y, aunque poco a poco el temblor de sus manos había disminuido, Javier seguía notando la tensión en ella, la forma en que permanecía callada, mirando por la ventanilla como si siguiera viendo en su cabeza la mirada de aquel hombre dentro del bar.
En cuanto llegaron al aparcamiento del edificio, Javier aparcó, apagó el motor y se giró hacia ella.
—Vamos.
Clara tragó saliva, pero no respondió.
Javier salió del vehículo y ella lo imitó. Ambos caminaron en silencio hacia el ascensor, con una tensión espesa envolviéndolos mientras subían al piso. Cuando cruzaron la puerta, Javier se giró hacia ella.
—¿Qué es lo que pasa por esa cabecita tuya para actuar así? —Su tono ya no era calmado, era firme y duro. Clara dejó el bolso sobre la mesa sin responder—. Te di una orden directa, Clara. —Ella seguía en silencio—. Sabías perfectamente el riesgo y, aun así, entraste.
—Porque hacía falta —murmuró ella.
—No, no hacía falta.
—Sí hacía falta —protestó ella.
Javier negó con la cabeza.
—No, si eso significa comprometer la operación.
—Pues alguien tenía que hacerlo.
—No a ese precio.
Clara apretó la mandíbula.
—¡Pues no parecía que tú fueras a hacerlo!
Javier dio un paso hacia ella.
—Porque estaba evaluando riesgos —alzó un poco más la voz.
—Pues yo actué.
—Actuaste como una inconsciente —la riñó.
Clara se tensó.
—¿En serio?
—Lo que has hecho ha sido una irresponsabilidad total.
Clara se cruzó de brazos.
—He conseguido información.
—Podrías haber acabado muerta —acabó gruñendo.
La frase cayó como una losa, pero Clara, lejos de calmarse, terminó explotando.
—¡Pues perdona por intentar ayudar!
—¡No necesito que me ayudes si eso implica que te suicides por una maldita operación!
—¡Pues quizá no habría tenido que hacerlo si dejarais de tratarme como si fuera una inútil!
Javier la miró, incrédulo.
—¿Inútil?
—¡Sí! —su voz tembló, más de rabia que de miedo—.
Todo esto lo hago porque me amenazasteis con ir a prisión, porque, según tu jefe, como mucho puedo conseguir una libertad provisional.
—Javier no dijo nada—. Porque me obligasteis, me metisteis en esto.
Si simplemente me hubierais pedido ayuda desde el principio, la habría dado.
Pero no, es mejor decir que si no consigo la información, si no cumplo con vosotros, acabaré en una bonita celda.
Javier bajó un poco la intensidad, pero su expresión seguía siendo dura.
—¿Eres consciente de que todo lo que hacías antes era delito?
Clara se quedó mirándolo.
—Sí, pero nunca hice daño a nadie, nunca ataqué a civiles ni hundí a nadie. Solo… hacía trabajos.
La expresión de Javier se relajó y, finalmente, suspiró.
—¿Qué has obtenido?
Clara tragó saliva.
—Tengo que descargarlo, está en el dispositivo.
Fue hacia el portátil, pero Javier la detuvo, sujetándola suavemente de la mano.
Clara se quedó quieta y lo miró.
Esta vez su voz sonó distinta, más suave y más cálida.
—Para. —Ella no se movió y Javier mantuvo sujeta su mano—.
No hace falta hacerlo ahora. —Clara lo observó en silencio y él dio un paso más hacia ella—.
Solo… solo necesito que entiendas algo. —Su mirada se clavó en la de ella—.
No quiero que te pongas en peligro. —El corazón de Clara se aceleró—.
Cuando te he visto entrar ahí… me he puesto muy nervioso.
—Dio otro paso, acercándose a ella—. Esa gente es peligrosa, peligrosa de verdad.
Clara tragó saliva. Sintió cómo su enfado desaparecía y su pulso se aceleraba de nuevo. —Lo sé… —murmuró al final y descendió la mirada un segundo—. Lo siento y… gracias por haber ido a buscarme.
Se quedaron mirándose muy de cerca.
Javier dio un paso al frente y miró los labios de Clara; ella dejó de respirar.
Notó cómo él se inclinaba lentamente, con calma, dándole tiempo para apartarse si era lo que ella deseaba, pero no lo hizo.
Los labios de Javier rozaron suavemente los suyos, un roce breve, pero suficiente para que el mundo entero pareciera detenerse.
Cuando se separó, Clara lo miró completamente inmóvil, con los labios entreabiertos y totalmente perpleja.
Javier era atractivo. Lo había notado desde la primera vez que lo vio, pero así, tan cerca y mirándola de aquella forma, resultaba simplemente arrollador.
Javier pareció evaluar su reacción unos segundos antes de inclinarse otra vez, esta vez más decidido.
Clara reaccionó por puro instinto y alzó el rostro para devolverle el beso, esta vez con más intensidad. Le rodeó el cuello con ambas manos mientras se ponía de puntillas, atrayéndolo hacia ella.
Javier respondió al instante, rodeándole la cintura con firmeza y acercándola contra su cuerpo. La besó de nuevo, más profundo, más lento, más seguro.
En ese momento, la misión desapareció de sus pensamientos. Ya no había peligro, solo ellos.