10 #2
Se acercó con naturalidad, rozando ligeramente el brazo del hombre al pasar. Una disculpa breve, una sonrisa amable y el contacto suficiente para que el dispositivo hiciera su trabajo.
—Perdón.
—No pasa nada —continuó el hombre casi sin mirarla.
Cuando volvió junto a Javier, esbozaba una gran sonrisa.
—Hecho —pronunció situándose a su lado.
—¿En dos segundos? —preguntó sin creérselo.
—Soy eficiente, ¿eh?
Javier alzó las cejas.
—Se te pega.
—No te emociones —bromeó.
Javier ya miraba a otro punto.
—Tercero.
Clara siguió la dirección de su mirada. Un hombre mayor que permanecía observando desde una barra donde los camareros servían copas.
—Ese no habla —murmuró ella.
—Escucha todo, le conozco, es un alto directivo. —Lo miró unos segundos—. El problema es que no usa el móvil.
Clara entornó los ojos.
—No hay problema, es mío —dijo ella, convencida.
Javier la miró.
—¿Cómo?
Clara sonrió.
—Tú déjame. Confía en mí —pronunció divertida. Parecía que se lo estaba pasando en grande.
Javier dudó un segundo.
—Tienes medio minuto.
Ella enarcó una ceja.
—¿Por qué?
—Venga, ve —la animó.
Clara avanzó y se acercó a la barra donde el hombre estaba apoyado, fingiendo buscar algo en su bolso, dejando el dispositivo activo en proximidad. El escaneo inició sin contacto directo, rastreando conexiones cercanas, dispositivos ocultos y señales débiles.
El hombre la miró.
—Buenas noches, señorita, ¿busca algo?
Clara levantó la vista.
—Sí. —Le sonrió—. Creo que ya lo he encontrado.
El hombre sostuvo su mirada un segundo. Clara sintió la tensión crecer en su interior cuando el hombre se acercó un poco más, como si quisiera ver qué llevaba en el bolso.
—No es un bolso tan grande como para que se pierdan cosas.
Ella lo miró. Aquel hombre era inteligente o bien sabía las cosas que se podían llegar a hacer con la proximidad. Había algo en su mirada que no le gustaba.
—Ya, es que soy muy despistada —bromeó ella mientras él se acercaba más.
Ella lo miró de reojo y cerró el bolso directamente. Lo miró a los ojos intentando disimular mientras aquel hombre la analizaba.
—¿Lo ha encontrado ya?
Entonces notó una mano en su espalda.
—Cariño —murmuró Javier—, te estaba buscando.
Clara giró la cabeza.
—Ya voy.
El hombre apartó la mirada mientras Clara se dejaba guiar.
Se alejaron en silencio unos pasos y Clara suspiró.
—Casi me pilla —murmuró ella.
—Me he dado cuenta —susurró sin soltarla de la cintura.
Clara chasqueó la lengua.
—Un segundo más y lo tenía.
—Un segundo más y te descubren —contestó directamente.
Clara exhaló mientras se detenía.
—Vale. Punto para ti.
Javier no respondió, pero su mano seguía ahí, firme y, en parte, protectora.
—Tres objetivos —dijo él finalmente.
—Y en los tres entraré dentro. —Clara sonrió—. Soy buena, ¿eh? —Javier la miró un segundo e hizo un gesto gracioso, como si no estuviese conforme del todo con lo que hacía—. Cuando hables con tu jefe, se lo dices.
Javier miró a su alrededor y señaló a un grupo de tres hombres que hablaban.
—Reconozco a esos tres hombres, son directivos de navieras.
—Voy —reaccionó directamente sin que él tuviese que dar la orden.
Clara se separó de Javier con naturalidad, como si simplemente fuera a por otra copa, aunque en realidad su mirada ya estaba trabajando, recorriendo la estancia con precisión, detectando otros grupos, dinámicas y jerarquías invisibles.
Terminó acercándose a la zona que le había nombrado Javier, donde varios hombres conversaban en círculo, vestidos con trajes oscuros.
Se detuvo cerca, escuchando y observando.
Tenía el dispositivo activado en su bolso, por lo que en aquel momento estaría haciendo un barrido.
Uno de ellos la vio y tardó poco en apartarse levemente del grupo.
Era un chico joven de sonrisa encantadora que se acercó a ella hasta situarse a su lado.
—Buenas noches.
—Buenas noches —respondió ella con inocencia.
—No la había visto antes en una gala como esta —dijo acercándose con esa seguridad ensayada que Clara reconoció al instante.
Ella giró la cabeza despacio.
—Eso es porque acabo de llegar.
El hombre la miró de arriba abajo, sin disimulo.
—Una lástima. —La miró fijamente y sonrió más. Ella le devolvió la sonrisa. Aquel hombre no disimulaba lo más mínimo sus intenciones con ella—. Un evento como este mejora mucho con… ciertas presencias.
Clara alzó una ceja y ladeó su cabeza.
—¿Eso le funciona?
El hombre sonrió más, como si le hiciese gracia aquel tono de reto por parte de la joven muchacha.
—Depende, ¿está funcionando ahora?
Clara tomó una copa y dio un sorbo.
—Aún no.
El hombre no se rindió.
—Deme unos minutos.
Clara ladeó la cabeza.
—Es muy optimista —rio ella dándole conversación a él y el tiempo suficiente a su dispositivo para que hiciese el barrido necesario.
El hombre se acercó un poco más.
—¿Viene sola?
Clara iba a responder, pero la voz masculina de Javier la cortó. El hombre lo miró y lo reconoció de inmediato.
—Oh, buenas noches, teniente.
—Buenas noches —contestó tendiéndole la mano para estrecharla.
—No sabía que estaba aquí, qué agradable sorpresa —continuó el hombre con una gran sonrisa, aunque mirando de reojo a Clara.
—Coincidencias —respondió Javier soltando su mano—. Veo que ya conoce a mi novia —apuntó con inocencia, aunque su mirada y tono de voz decían todo lo contrario.
Clara se quedó quieta unos segundos, desubicada por la expresión de Javier.
El hombre miró de uno a otro, confundido.
—No… —respondió con calma, intentando disimular—, no tenía ese dato.
Javier le sonrió de nuevo.
—Ahora ya lo tiene —dijo situando una mano en la cintura de ella.
El hombre sonrió, aunque con un matiz distinto.
—Si, claro, encantado —le dijo a Clara.
Clara sostuvo su mirada.
—Igualmente.
Javier no se movía ni se apartaba.
—Estábamos hablando —añadió el hombre.
—Sí, lo sé.
El hombre intentó reconducir la conversación y aparentar naturalidad.
—Es la primera vez que lo veo acompañado en una de estas galas.
Javier se encogió de hombros.
—Intento no mezclar la vida personal con la laboral, pero hoy… bueno, es una gala importante.
—Sí, claro —le dio la razón el hombre.
Clara apretó los labios y miró de un lado a otro, sin saber cómo reaccionar.
—¿Cómo está su esposa, señor Martínez?
El señor Martínez dio un sorbo a su copa ante la clara insinuación que había dejado caer Javier.
—Bien, muy bien.
Javier asintió con una sonrisa.
—¿Ya ha tenido a su tercer hijo?
Clara lo escudriñó con la mirada. Menudo caradura el señor Martínez…
—Una niña… preciosa —respondió, luego miró de un lado a otro, como si no supiese dónde meterse, y los miró a los dos, enfocando finalmente su atención en Clara—. Un placer conocerla. Me alegro de verlo, teniente. Disfruten de la velada.
—Igualmente —respondió Javier haciendo girar ya a Clara, apartándose de él.
Se alejaron unos metros de allí y Javier se acercó a un camarero que paseaba con bandejas de canapés. Cogió dos, le tendió uno a Clara y ella lo aceptó.
Clara se lo comió y abrió un segundo su bolso para observar.
—Lo tengo —dijo con una sonrisa.
Javier asintió y miró de un lado a otro.
—Bien… —dijo antes de comerse su canapé, con ese tono calmado que no engañaba a nadie—, pero intenta que no se te acerquen los hombres… —Clara enarcó una ceja—, no quiero tener que estar sacándotelos de encima constantemente, ese no es mi trabajo.
Ella lo miró unos segundos en silencio, evaluándolo.
—¿Y por qué vienes? —preguntó finalmente—. Lo tenía totalmente controlado.
—Ya —respondió él, con ese tono neutro que dejaba claro que no estaba de acuerdo.
Cogió un par de canapés más y le tendió uno a ella, como si la conversación no fuera con él.
Clara aceptó el canapé.
—Sé apañármelas sola, ¿entiendes? —repitió, llevándoselo a la boca.
Javier asintió.
—Sí, lo sé.
Clara lo miró.
—Pues no lo parece… —le reprochó—. Además —resopló—, es por culpa de este vestido… —se miró a sí misma, bajando la vista un segundo—, dile a tu jefe que no me entregue vestidos tan sugerentes.
Javier, que justo iba a dar un bocado, se quedó a medio gesto, carraspeó levemente y apartó la mirada un segundo antes de volver a ella, recomponiéndose con esa rapidez suya.
—Dedícate a hacer tu trabajo.
Clara entornó los ojos.
—Estoy haciendo mi trabajo, ¿o te crees que vengo aquí a buscar marido? —pronunció con los dientes apretados.
Javier la miró un segundo.
—No. —La miró con cierto humor—. Pero si lo estuvieras buscando… no lo estarías haciendo mal.
Clara se quedó completamente quieta y parpadeó.
—¿Perdona?
Javier dio un pequeño bocado, como si no acabara de decir lo que acababa de decir.
—Has captado la atención de muchos de ellos.
Clara se acercó un poco más, bajando la voz.
—Pobrecito teniente… no puedes controlarlo todo —bromeó, cruzándose de brazos.
Javier se inclinó ligeramente hacia ella.
—No, no puedo, pero esto sí.
Clara lo miró muy de cerca.
—¿Y qué es “esto”?
Javier no apartó la mirada.
—Tú.
Clara se quedó completamente en blanco y, por primera vez en toda la noche, no tuvo ninguna respuesta, así que hizo lo único que le quedaba.
—Eres… —empezó—, muy pesado. —Javier la miró e ignoró su comentario. Clara soltó aire por la nariz—. Voy a seguir trabajando.
—Hazlo, pero cerca.
Clara se giró.
—No —protestó ella.
—Sí.
Clara dio un par de pasos y se detuvo, escudriñando a la gente que llenaba la sala mientras elegía a su próxima víctima. Mantuvo la sonrisa y retomó su papel, dejando que el murmullo de la gala la envolviera.
Pero esta vez no era solo trabajo, ni análisis frío y cálculo. Algo había cambiado. Algo sutil, aunque evidente, que tenía que ver con la forma en que él permanecía cerca, con cómo la había mirado después, con aquella mezcla extraña de control y algo que todavía no sabía identificar.
Se movió entre la gente con soltura, recogiendo fragmentos de conversaciones, observando gestos, registrando rostros, pero su mente volvía una y otra vez a él, a la cercanía, al tono, a esa seguridad que no sabía si le molestaba o le tranquilizaba. Y, probablemente, eran ambas cosas a la vez.
Javier no la seguía, pero estaba siempre a unos metros, observando y controlando el entorno.
Sin embargo, cuando sus miradas se cruzaron hubo algo distinto, algo que no tenía que ver con la misión ni el protocolo, algo que se sostuvo un segundo más de lo necesario antes de romperse, antes de que ambos apartaran la vista, como si nada hubiera pasado.
La música continuaba, las copas seguían llenándose, las conversaciones fluían y la noche avanzaba exactamente como debía.
Pero para ellos no era solo una gala; era el inicio de algo más peligroso que cualquier otra operación, algo que no podían controlar.
Y precisamente eso lo volvía todo más arriesgado.