Conexión peligrosa 9
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Cuando Clara salió de la habitación, lo hizo despacio, terminando de colocarse un pendiente mientras avanzaba por el pasillo, como si aquel momento no tuviera importancia, aunque la tenía. Sentía un ligero cosquilleo en el estómago que no tenía nada que ver con la misión.

El vestido caía con elegancia sobre su cuerpo, de un tono oscuro que rozaba el negro, con reflejos suaves.

Estaba ajustado en la cintura y descendía con fluidez hasta las piernas, con una abertura sutil que insinuaba más que mostraba.

Los hombros quedaban al descubierto y la tela ligera se movía con cada paso.

El recogido, improvisado pero perfecto, dejaba su cuello visible, con algunos mechones sueltos que suavizaban el conjunto, dándole ese aire entre sofisticado y natural que no se podía fabricar.

Javier estaba en el comedor esperando, vestido completamente de blanco con el uniforme de gala impecable. Espalda recta, manos relajadas y presencia firme.

Se giró al escucharla y se quedó quieto mientras la veía entrar.

No dijo nada, pero la miró como si la viera por primera vez.

Seguramente así era, porque hasta ese momento había visto a la hacker, a la detenida, a la pieza útil, a la mente brillante y peligrosa, pero no a la mujer, no a esa mezcla de dulzura, elegancia y algo más difícil de definir, algo que no encajaba con todo lo que sabía de ella, algo que le resultaba contradictorio.

Una delincuente, se recordó, una hacker, una de las mejores del mundo y, sin embargo, no parecía nada de eso. Parecía otra cosa, algo más suave y más humano, y eso no le gustó porque complicaba las cosas, porque le hacía sentir demasiado cuando la miraba.

Clara caminó hasta la mesa con total naturalidad, cogiendo uno de los dispositivos y guardándolo en su bolso con movimientos rápidos, como si aquello fuera parte de su rutina.

Entonces, levantó la vista y lo vio. Se quedó quieta un segundo.

—Esto no… no me lo esperaba —susurró confundida al verlo. Lo miró de arriba abajo, sin disimulo esta vez—. ¿Por qué vas así vestido?

Javier mantuvo la calma.

—Es un uniforme de gala.

Clara frunció el ceño.

—Ya, eso ya lo veo, pero… ¿por qué blanco?

—Soy de la Armada, ¿recuerdas?

Clara parpadeó.

—Claro. —Desvió de nuevo la mirada a la mesa—. Tiene sentido —susurró para sí misma.

Pero no dejó de mirarlo de reojo. Aquel uniforme le sentaba demasiado bien. Había algo en la postura, en la seguridad con la que se movía, en lo perfectamente que encajaba allí, que lo hacía aún más atractivo, más interesante y… más peligroso.

Clara ladeó la cabeza.

—¿Y qué haces exactamente en la Armada?

Javier no respondió de inmediato.

—Trabajo.

—Eso ya lo sé, pero ¿qué haces?

Javier la observó.

—Operaciones especiales —respondió mirando hacia Milo que acababa de subirse al sofá.

Clara alzó una ceja.

—Eso es muy genérico.

Javier cedió un poco mientras le hacía un gesto al gato para que bajase.

—Intervención, reconocimiento y acciones directas en entornos hostiles.

Clara lo miró más atenta ahora.

—¿Hostiles como qué? —preguntó con curiosidad.

Javier sostuvo su mirada.

—Piratería en Somalia… Abajo, Milo —ordenó con voz grave.

Clara parpadeó.

—¿Has estado en Somalia?

—Sí.

—¿Con piratas?

—Sí.

Milo bajó del sofá y fue hacia las piernas de Javier, acariciándose con ellas. Javier las movió levemente, como si aquel gesto le hiciese sentir incómodo. Clara observó atenta… el pequeño traidor le hacía arrumacos.

Clara lo observó de arriba abajo otra vez mientras Javier daba pasos de un lado a otro intentando huir de Milo.

—Vale… entonces mejor no me meto contigo, ¿no?

Javier giró su cabeza hacia ella y le sostuvo la mirada esa vez con una leve sonrisa.

—Mejor que no.

—Lo tendré en cuenta —dijo volviendo su atención hacia la mesa y a todos los dispositivos que tenía sobre ella.

Guardó otro dispositivo en el bolso con movimientos rápidos, metiendo cables, ajustando todo con precisión, aunque su mirada volvía a él de vez en cuando, casi sin querer, casi como si su cabeza aún estuviera procesando lo que acababa de descubrir.

—Vale —murmuró—, hacker lista.

—Militar listo —respondió él.

Levantó la vista del gato y la miró a ella. Clara lo observaba también con una mirada de satisfacción.

—Creo que vamos a dar bastante el pego —pronunció, recorriéndolo con la mirada.

Javier la observó.

—Eso espero.

Clara sonrió y cerró el bolso con un pequeño clic, comprobando por última vez que todo estaba en su sitio, los dispositivos bien ocultos, accesibles pero discretos, mientras Javier seguía de pie frente a ella, impecable, observándola con esa calma que empezaba a ponerla nerviosa sin que quisiera admitirlo.

Fue entonces cuando él dio un paso hacia delante sin avisar.

Su mano se acercó a la de ella y Clara reaccionó al instante, apartándose como si aquel gesto fuera una amenaza real.

—¿Qué haces?

Javier la miró sereno.

—Practicamos.

Clara frunció el ceño.

—¿Practicar qué?

—La tapadera… me acompañas a la gala porque eres mi pareja —le recordó.

Clara lo miró, observó su mano confundida y asintió.

—Ah… claro… eso.

Javier dio otro paso, más despacio esta vez.

—Si vamos a hacernos pasar por pareja, necesitamos cercanía.

Clara se tensó ligeramente.

—Ya… eso lo he entendido —respondió como si la situación le molestase.

—No lo parece —comentó él con una ceja enarcada.

Clara alzó la mirada.

—Lo parece perfectamente.

Javier esbozó una leve sonrisa.

—Entonces no deberías apartarte —bromeó.

Clara se quedó quieta un segundo.

—Es que… no es tan fácil.

Javier inclinó ligeramente la cabeza.

—Es cogerse de la mano o que me cojas del brazo, un abrazo…

Clara lo miró.

—Ya, dicho así suena muy simple —lo interrumpió.

—Lo es. Es inofensivo.

Clara negó con la cabeza.

—No, no lo es.

Javier la observó, estudiándola, analizando cada reacción y cada gesto.

—¿No has estado con un chico nunca?

La pregunta cayó directa. Clara parpadeó y su expresión cambió al instante.

—¡Eso es personal! —dijo, dando un paso atrás, molesta por la pregunta—. ¿A ti qué te importa?

Javier sostuvo su mirada y elevó las manos hacia ella.

—Nada, disculpa.

El tono fue firme, pero sincero.

Clara lo observó y algo en su postura se relajó.

—Sí he estado con chicos —confesó—. Gracias por la preocupación —ironizó, aunque Javier no respondió.

Clara se encogió de hombros—. Es solo que…

la situación es rara. Y ahora que sé que te dedicas a enfrentarte a piratas armados…

—lo miró de arriba abajo—. Prefiero mantener cierta distancia.

Recuerda que soy una pirata informática.

Javier ladeó sutilmente la cabeza y sonrió.

—Si te comportas… no tienes de qué preocuparte.

El tono fue casi divertido y Clara lo miró, escudriñándolo.

—Eso no me tranquiliza en absoluto.

Javier dio un paso más, quedando más cerca de ella esta vez.

—Clara, es una misión, no una opción.

Clara exhaló.

—Vale… vale —dijo, removiéndose nerviosa—, joder.

Lo miró y lentamente acercó su mano, dudando apenas un segundo hasta rozar la suya.

Javier la miraba sorprendido por su reacción. ¿Qué le pasaba?

—Es solo mi mano… no muerdo —pronunció asombrado.

Ella resopló.

—Ya lo sé, cállate —respondió nerviosa.

Finalmente, tomó su mano. Javier no se movió ni la apretó, solo la sostuvo, como si aquello fuera suficiente.

Clara tragó saliva mientras apretaba los labios.

—Esto es rarísimo.

Javier la miró.

—Te acostumbrarás.

—Lo dudo —inspiró hondo, intentando calmarse—. Vale, ya está —dijo apartando la mano de él y lo señaló con el dedo. Javier miró aquel dedo incriminatorio con disgusto—. Y como vuelvas a hacer una pregunta personal de ese estilo… entro en tus sistemas y te cambio todas las contraseñas.

Javier enarcó una ceja.

—Antes de que lo intentases ya estarías contra la pared… y sin portátil —respondió fríamente y ladeó el cuello—. Conmigo no sirven las amenazas.

Sin previo aviso, rodeó su cintura con un brazo y la atrajo hacia él deliberadamente, provocando que chocase con su pecho.

—Ayyy —se quejó ella.

Javier se acercó a su oído.

—Recuerda esto… —le susurró—. Estoy entrenado para anticiparme y para neutralizar.

Clara arqueó una ceja mientras se separaba de él y lo miraba a los ojos.

—¿Neutralizar? —lo retó.

Javier sostuvo su mirada.

—Si es necesario, sí… —ladeó su cabeza, mirándola fijamente—, pero no debería serlo, ¿verdad?

—Clara sonrió con ironía y negó mientras daba unos golpecitos en su pecho—.

Qué alivio, no me gustaría tener que neutralizarte.

—Chasqueó la lengua, divertido, aunque luego se puso serio de nuevo—.

Me han puesto contigo por una razón, no es casualidad.

Clara ladeó la cabeza.

—Déjame adivinar… ¿por tu encanto natural?

—No, porque sé defenderme… y porque sé vigilar.

Clara dejó escapar una risa burlona, golpeó su pecho y dio un paso atrás.

—Ah, genial, o sea que soy tu misión dentro de la misión: misión al cuadrado.

—Correcto.

Clara lo miró.

—Qué bonito —dijo ella poniéndose el vestido correctamente.

—Es eficiente. —Clara abrió la boca para protestar, pero Javier la interrumpió antes—. Y no es negociable.

Clara parpadeó.

—No lo estaba negociando.

—Lo parecía —se encogió de hombros—, por si acaso… —se colocó las mangas correctamente—. Prefiero ser claro contigo.

—Claro, entendido. O obedezco o me neutralizas… fantástico, todo bien —terminó gruñendo—. Los militares sois todo amor y comprensión.

Javier la miró demasiado tranquilo.

—La comprensión es opcional, la claridad no.

Clara abrió la boca.

—No puedes hablar como una persona normal, ¿verdad?

—No es eficiente. Además, no es una conversación, es una instrucción.

Clara se quedó mirándolo.

—¿Perdona? —Javier se acercó un paso, sin invadir, pero lo suficiente para que ella diese unos pasos atrás, manteniendo la distancia con él—.

Eh, quietecito, Rambo. —Él sonrió por ese apelativo y ella lo miró confundida—.

¿A qué te refieres exactamente con eso de “neutralizar”?

—Javier no respondió inmediatamente, se limitó a observarla fijamente, evaluándola—.

¿Te refieres a…? —Clara levantó la mano y, con un gesto exagerado, se la pasó por el cuello y sacó la lengua por un lateral.

Javier la miró sorprendido por aquel gesto.

—No, por Dios —sonrió y se encogió de hombros—. Eso es poco práctico.

Clara parpadeó.

—¿Poco práctico?

—Sí —dijo divertido—. Genera problemas logísticos. —Javier se encogió ligeramente de hombros ante una Clara que desencajaba la mandíbula—. Demasiada limpieza después, mucho papeleo.

Clara apretó los labios y miró hacia los lados nerviosa, aunque Javier tenía una ligera mirada bromista y una leve sonrisa en su rostro.

—¿Estás hablando en serio?

—Siempre hablo en serio. —Luego inspiró hondo y sonrió más abiertamente—. Neutralizar es inmovilizar, controlar y reducir la amenaza.

Clara lo miró.

—Vale… —Aunque su gesto era nervioso, parecía que en aquel momento se había dado cuenta de a quién tenía al lado—. No me tranquiliza estar en la misma habitación que tú. —No estoy aquí para tranquilizarte.

—Ya, eso lo voy notando.

—Limítate a seguir las órdenes y el plan. —Inspiró hondo y volvió a alisarse la chaqueta—. ¿Lo tienes todo listo?

Ella asintió, incómoda.

—Vamos o llegaremos tarde.

Clara resopló, pero esta vez no discutió, solo lo miró y lo siguió.

Javier cerró la puerta con llave y fueron hasta el ascensor.

El vehículo ya estaba esperándolos en el subterráneo.

Javier abrió la puerta del vehículo y, con un gesto automático, dio un paso atrás para dejarla pasar primero.

Clara lo miró un segundo, sorprendida por aquella cortesía tan medida, tan fuera de lugar en alguien que hacía apenas unos minutos hablaba de neutralizar como si estuviera explicando una receta de cocina.

—Vaya… —murmuró mientras entraba—, educado, caballero… y neutralizador, lo tienes todo.

Javier no respondió, pero cerró la puerta con esa precisión suya.

Rodeó el vehículo y entró a su lado.

Clara ya estaba acomodada cuando levantó la vista hacia el conductor.

—Hola, Ramón, buenas tardes.

Javier giró la cabeza hacia ella.

—¿Ramón?

Clara asintió, completamente seria.

—Sí, tiene cara de Ramón.

El conductor habló por primera vez.

—La señorita Vega ha decidido llamarme así, teniente.

Clara se giró hacia él con los ojos muy abiertos.

—¿Ves? ¡Sabía que podías hablar! —Se inclinó ligeramente hacia delante—. ¿Por qué no me hablas a mí? —El conductor no respondió ni la miró. Clara se recostó despacio con un suspiro—. Ya empezamos otra vez —señaló al conductor.

El conductor continuó ignorándola por completo.

—Teniente, destino confirmado: Hotel W, evento privado en la planta superior.

Javier asintió.

—Recibido.

—Tiempo estimado, doce minutos.

—Correcto.

Clara levantó una mano.

—Perdona… sigo aquí. —Clara miró a Javier—. ¿Esto es personal?

Javier no apartó la vista del frente.

—No.

—Pues lo parece —se quejó ella.

—No lo es, sus órdenes son no interactuar contigo —explicó con paciencia.

Clara parpadeó.

—¿Perdón?

—Canal de comunicación restringido, contacto mínimo y evitar distracciones.

Clara lo miró.

—¿Distracciones?

—Tú.

Javier la miró con una sonrisa de soslayo.

Clara abrió la boca.

—Eh, ¿yo qué?

—Tú eres una distracción

Clara negó con la cabeza.

—Pues es un aburrimiento —se quejó.

El vehículo giró suave y silencioso en dirección a la rampa del garaje. Una vez salieron al exterior, siguió recto.

—¿Desea que espere, teniente? —le preguntó el conductor.

—Sí. Estaremos seguramente un par de horas, permanezca atento…

—Entendido.

Javier lo miró a través del retrovisor.

—Y preparado por si tenemos que salir rápido.

Clara giró la cabeza.

—¿Salir rápido?

Javier no la miró.

—Sí.

Clara se quedó quieta un segundo.

—¿Rápido cómo? ¿Rápido en plan… correr? ¿O rápido en plan… huir? —Javier siguió mirando al frente sin responder. Clara se llevó una mano al pecho—. Vale, esto no me gusta nada. —Miró al techo—. De verdad… que me lleven a prisión. —Javier la miró—. A mí estas cosas me ponen nerviosa.

Javier la miró calmado y controlado.

—Tranquila, recuerda… estás con el neutralizador.

Clara lo miró mosqueada.

—Tienes un extraño sentido del humor. Dime… ¿es humor militar? —Javier sonrió y miró hacia delante—. No ayuda nada, que lo sepas.

Él no respondió, pero algo en su expresión dejó entrever una sonrisa contenida. Y eso, curiosamente, la puso aún más nerviosa.