Condéname (Salacious Legacy 1) Regla nº 38 #2
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Regla nº 38 #2

—Habéis hecho un trabajo fantástico —les dice Emerson a Jack y Julian—.

Pero esto no ha hecho más que empezar. Habéis pasado un año difícil y habéis aprendido de él, pero el proceso de aprendizaje aún no ha terminado.

Si decidís comprometeros plenamente con este club, aprenderéis mucho más con el paso de los años.

Recordad que debéis escuchar más que hablar.

Entre vosotros y con vuestro equipo. Ser dueño de un club no tiene que ver solo con el sexo.

Nunca ha sido solo sexo. Tiene que ver con las personas. No lo olvidéis nunca.

—Gracias —responden Julian y Jack con humildad, uno tras otro.

Es obvio lo mucho que los dos admiran a este hombre. Demonios, incluso yo me siento inspirada, y no soy dueña de ningún club.

Después de despedirse, Emerson y Charlotte abandonan nuestro pequeño grupo. Me quedo sola con Jack y Julian, y puedo sentir la tensión entre ellos como una espesa niebla.

—Phoenix quiere que demos un discurso —dice Jack.

—Tú eres el que manda —responde Julian con brusquedad.

—Lo somos los dos, Jules.

El otro hombre mira a Jack como si al usar su nombre corto hubiera desencadenado una reacción emocional.

—De acuerdo. Entonces, reuniré a todo el mundo. —Dicho esto, se marcha, abriéndose paso entre la multitud.

Una vez a solas con Jack, le acaricio el brazo y él busca mis ojos, pero no le digo nada. No hace falta. Con solo mirarlo puedo transmitirle lo suficiente y ofrecerle consuelo para que al menos no se sienta solo. Y cuando veo el destello de una sonrisa en sus labios, sé que lo he conseguido.

Cuando el resto de los propietarios se encuentran en la parte delantera del club, suben juntos al escenario.

Yo me quedo atrás y me ocupo de que pueda encontrarme entre la multitud cuando me necesite.

Me busca incluso antes de empezar a hablar, y eso me hace sentir útil, me hace saber que significo algo para él, que siente lo mismo que yo, aunque esté rodeado de cientos de personas.

Una vez que todos están en silencio, Jack comienza.

—Nos gustaría darles las gracias a todos por venir a nuestra gran reapertura —dice con orgullo.

Antes de continuar, mira a las otras personas que están con él en el escenario: Julian, Amelia, Phoenix, Weston y Elizabeth—.

Me temo que cuando los seis abrimos este club lo hicimos tratando de recrear algo que ya era perfecto.

Intentamos emular algo que nuestros padres habían creado.

—Julian gira la cabeza y mira a Jack con algo parecido a la comprensión—.

El club que creamos era genial —sigue Jack, esta vez mirando al hombre que está a su lado—.

Pero no era nuestro, en realidad no. —Se vuelve de nuevo hacia el público y carraspea—.

Y eso me ha hecho darme cuenta de que quizá algo puede ser perfecto, pero inadecuado.

Quizá al intentar recrear algo perfecto para otra persona, creamos algo inadecuado para nosotros.

—Las personas que están con él en el escenario asienten, confirmando sus palabras—.

Pero cuando reuní a estas cinco personas y las animé a poner todo su corazón en este club, lo que han creado ha sido…

mágico. Amelia, con su impresionante diseño, aporta algo juvenil y acogedor al espacio.

Weston, en la barra, ha inventado cócteles con y sin alcohol que no se parecen a nada que hayan probado nunca.

Phoenix, con su brillante mente empresarial, encontró la manera de que pudiéramos permitirnos esta enorme remodelación.

—El público se ríe cuando Phoenix se sonroja—.

Y Elizabeth… —Jack levantan su copa. Ella traga saliva, ocultando sus emociones tras una máscara de fortaleza—.

Elizabeth ha convertido este escenario en un hogar para el verdadero arte y el talento.

—Elizabeth se vuelve hacia su hermano, y distingo cómo sus labios articulan silenciosamente la palabra «Gracias» .

Por último, Jack se vuelve hacia Julian.

Se quedan mirándose, y en este momento cuesta creer que no se soporten.

De hecho, casi empiezo a creer que sí se soportan.

Jack le da una palmada reconfortante en el hombro a Julian y hace que se acerque a él—.

Y, por supuesto, mi socio, Julian Kade. Solo hizo falta una botella de whisky y una severa reprimenda de Matis para que entendiéramos lo que había que hacer.

Un hombre que no tiene que trabajar, pero que decide dejarse la piel por lo que cree, es un hombre de gran carácter.

Y tengo la suerte de tenerlo como socio.

—La sala está tan silenciosa que se podría oír caer un alfiler, pero nadie puede apartar la vista del equipo que está en el escenario, y más concretamente de los dos hombres que no se sabe bien si quieren abrazarse o pegarse; lo único que está claro que hay mucho detrás de la mirada cargada de significado que cruzan.

Finalmente, Jack se vuelve hacia el público y vuelve a levantar su copa—.

Por el club —exclama. El público repite el brindis en voz alta antes de estallar en vítores.

—¡Ahora, a divertirnos! —grita Weston, carismático, animando a la gente. Al instante, la música vuelve a sonar y la pista de baile se llena.

Hay un brillo especial en los ojos de Jack cuando me encuentra entre la multitud y le sonrío, sabiendo que, una vez que termine con la fiesta, volverá a atarme con esas cuerdas. Él puede dejarse llevar por la tarea y yo, por su cercanía.

Estoy cerca de la barra mientras Jack va de un socio a otro, charlando con ellos y dándoles la bienvenida al Legado. Yo me tomo la copa de champán mientras lo contemplo, orgullosa.

Parece estar en su elemento, aunque él no lo crea. El hombre gruñón y esquivo que conocí y que odiaba a todo el mundo ha resultado ser, después de todo, una persona sociable.

—Yo diría que ha sido un éxito, ¿no crees?

Me vuelvo y veo a Julian a mi lado, con una copa de algo ámbar en la mano y una expresión pícara. Me aparto un poco para responder.

—Sí, yo también diría que es un éxito.

—Y creo que tú has tenido algo que ver —dice, y hago todo lo posible por no reaccionar.

—¿Yo? ¿Por qué?

—Bueno, alguien tenía que hacerse responsable de descongelar ese bloque de hielo. Sin ti, él nunca habría entrado en mi despacho hace cuatro semanas y ni me habría propuesto que hiciéramos estos cambios. —Se acerca sigilosamente a mí, pero me resisto a mirarlo a los ojos.

Julian tiene un lado manipulador y no confío en él. Después de aquel día en el club, cuando me metió en un lío al atarme a la pared, me niego a depositar ni una pizca de confianza en ese hombre.

—Jack es responsable del comportamiento de Jack —lo corrijo.

—Ah, sí —murmura cerca de mi oído—. ¿Y quién es responsable del buen humor de Jack?

—Aprieto los labios y lo ignoro, pero no puedo evitar sentir un poco de orgullo por haber sido yo, o más bien la relación entre nosotros, lo que ha ayudado a cambiar las cosas para Jack.

Ha cambiado mucho en las seis últimas semanas.

Así que tal vez yo haya tenido algo que ver… —. Es una pena que se vaya.

Las palabras de Julian llegan a mis oídos y tardo unos instantes en procesarlas.

¿Es una pena que se vaya quién?

Por fin me vuelvo hacia él.

—¿De qué estás hablando?

Frunce el ceño y se echa hacia mí con fingida preocupación.

—¿No lo sabías?

—¿Saber qué?

—Jack nos ha estado diciendo durante el último año que solo iba a quedarse en París hasta que el club cumpliera su primer aniversario, y que luego se llevaría a su hija y se mudaría a California para estar con su familia. Pensaba que lo sabías.

Miro fijamente el rostro de Julian, observando cómo pasa de mostrar compasión a dejar ver astucia y malicia.

Me lo ha contado para burlarse de mí, tal vez incluso para echar a perder nuestra relación.

¿Por qué? No lo sé. Celos, resentimiento, crueldad.

Después de verlos a él y a Jack en el escenario, pensaba que habían arreglado las cosas, pero ahora me doy cuenta de que a Julian le gusta entrometerse y perturbar la paz de los demás solo por diversión.

Y por eso intento que no me moleste. Si fuera así, Jack ya me lo habría dicho. Nuestra relación no ha sido seria hasta hace poco, pero si tuviera planes de mudarse a Estados Unidos, ya me lo habría contado.

¿No?

No puedo negar que todo tiene sentido. La lealtad de Jack hacia este club ha sido poco entusiasta. Siempre he notado que había cierta urgencia en su comportamiento, como si solo necesitara pasar el mes o la semana siguiente hasta que todo cambiara.

Pero seguro que no puede estar pensando en mudarse; Bea ahora es muy feliz. Todos lo son.

En ese momento, Jack levanta la vista y me ve. Noto un atisbo de vacilación en su rostro y deduzco que me está ocultando algo. Quizá Julian tenía razón. Quizá Jack sigue pensando en marcharse y solo busca la manera de decírmelo.