Condéname (Salacious Legacy 1) Regla nº 7 #2
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Regla nº 7 #2

—Este no es tu sitio —susurra con la boca cerca de mi oído, y mi corazón se acelera presa del pánico.

Por alguna extraña razón, no le tengo miedo a Jack.

Probablemente debería tenérselo, pero en el fondo de mi alma sé que no me haría daño—.

¿Por qué siempre rompes las reglas? —No hay nada que pueda replicar a eso, así que no lo hago.

Pero quiero discutírselo. Este sí es mi sitio: una fuerza invisible me ha traído hasta aquí, a París, a esta casa, a esta sala.

Entonces, para mi sorpresa, me pregunta—: Quieres ver lo que hay ahí dentro, ¿verdad?

—Asiento, mirando la madera ornamentada del armario.

Sin apartar la mano de mi cintura, me echa suavemente hacia atrás para que quede pegada a su cuerpo; agarra el tirador del armario y lo abre.

Se me entrecorta la respiración cuando me asomo al oscuro vacío detrás de la puerta.

Pero no es exactamente lo que esperaba: hay ganchos dorados en la parte trasera con varias cuerdas y cintas colgadas de cada uno.

Frunzo el ceño y trato de entender lo que estoy viendo.

Es cierto que esperaba encontrar cosas como paletas, látigos, mordazas…

Cosas como las que vi la otra noche en el club.

Pero estas son diferentes. Mucho menos intimidantes, para ser sincera.

Quizás lo que veo debería asustarme, pero no es así—.

¿Era esto lo que esperabas? —me susurra al oído.

Niego con la cabeza—. ¿Sigues sintiendo curiosidad? —Asiento—. Adelante.

Tardo un momento en darme cuenta de que me está diciendo que las toque. Con las manos temblorosas, extiendo el brazo y paso una de las cuerdas negras entre mis dedos. Es más áspera de lo que esperaba.

Inmediatamente, recuerdo a la mujer que vi en el club, atada tan fuerte que no podía mover ni un solo músculo. Seguro que esas cuerdas le habrían arañado y quemado la piel, pero ni siquiera ese pensamiento me disuade de mi curiosidad.

Quiero preguntarle qué hace con ellas. ¿Es como un deporte para él?

¿O se trata solo de sexo? Cientos de preguntas se arremolinan en mi mente, pero si algo he aprendido del comportamiento de Jack es que no le gusta que hable.

Hay algo en mi voz que lo provoca de una manera que no entiendo, así que me quedo callada.

Con audacia, tiro de la cuerda del gancho y la dejo caer sobre mis dedos. Cuando pienso en ella enrollada alrededor de mis muñecas, siento calor entre mis muslos. Como si pudiera leerme la mente, él deja escapar un gruñido grave y sordo, y me fallan las piernas.

El calor en mi interior se convierte en una llama ardiente entre mis muslos. Es como una chispa de vida en partes de mi cuerpo que no sabía que existían hasta ahora.

¿Qué está pasando?

Jack se echa hacia mí, y esta situación es muy parecida al momento de anoche en el pasillo. Una tensión lenta y ardiente nos envuelve, como si el mundo hubiera dejado de girar por completo y una fiebre arrolladora nos arrastrara.

Muéstramelo, repito en mi mente. Por favor, muéstramelo .

Pega la nariz a mi sien e inspira hondo, como si intentara captar mi aroma. Cierro los ojos y el calor en lo más profundo de mi cuerpo sigue latiendo, latiendo, latiendo…

Entonces, sin previo aviso, se tensa, se aparta y me arrebata la cuerda de las manos. La cuelga del gancho con un bufido y cierra de un portazo, lo que me hace dar un respingo.

—¿No me lo vas a enseñar? —pregunto, sorprendida.

—No.

—¡Espera! —Alargo la mano, lo agarro del brazo e intento que se vuelva hacia mí. Mira con ira la mano que tengo sobre su piel, como si fuera una sanguijuela—. ¿Por qué no?

—Porque no. Busca a otra persona.

—No quiero buscar a otra persona.

Inmediatamente, hace una mueca como si el sonido de mi voz le hiciera daño, y eso solo consigue enfurecerme más.

—¿Qué me estás ocultando? —le espeto—. ¿Qué es este lugar? ¿Por qué has dejado la puerta abierta si no querías que yo…?

Las palabras mueren en mis labios cuando se vuelve hacia mí y me tapa la boca con la mano. Me sujeta por la nuca, me empuja y me silencia sin motivo alguno.

Mirándome fijamente a los ojos con ira, se echa hacia mí.

—Por favor, deja de hablar —masculla.

Enarco las cejas, pero, en lugar de discutir o pelear más, asiento contra sus dedos.

El tiempo pasa lentamente mientras sigue con una mano sobre mi boca y la otra en mi nuca. Estoy completamente a su merced.

Me abraza con fuerza y su boca queda a pocos centímetros de la mía. Una vez más, compartimos una mirada que no podría cruzar con nadie más.

Sigo esperando a que ceda y me dé lo que quiero, aunque, para ser sincera, ni yo misma entiendo qué es.

Quiero que Jack me muestre cosas que no sé cómo expresar con palabras.

Quiero que me deje entrar en su mundo. Quiero ser el centro de su atención, como lo fue esa mujer durante un breve instante en el club.

Pero, al mismo tiempo, desearía que me abrazara con cariño. Desearía que compartiera conmigo el peso de su angustia.

Veo algo familiar en sus ojos, como si sintiera lo mismo que yo. Solo deseo que se permita sentirlo, pero su expresión se endurece de nuevo.

—Si te vuelvo a encontrar en esta sala, estás despedida —murmura, enfadado, cerca de mi cara.

Luego, sin previo aviso, me suelta, y yo intento alcanzarlo de nuevo, pero él ya está saliendo a zancadas de la ahí para entrar en la estancia que está al otro lado del pasillo.

La puerta se cierra de golpe y, una vez más, me quedo sola, aturdida por otro momento extraño y embriagador con Jack St. Claire.