26. Audio Bali n.º 2
De: Gestifinca S.L.
Estimados propietarios:
Se traslada a todos ustedes para su conocimiento.
Atentamente,
Gestifinca S.L.
(Nota de la Presidencia: quiero que conste que yo esto no lo sabía.)
Audio de doña Reme, 21:14 [enviado a «Fermín Soto»]
«Fermín, hijo, que soy Reme. Que no sé si te llega el correo ese que ha mandado la Maribel, que lo ha mandado a la lista de antes y en la lista de antes sigues tú, porque aquí nadie quita a nadie de ningún sitio.
Que la chica vende, Fermín.
Yo no digo nada, ¿eh? Que ella hará lo que tenga que hacer, que bastante tiene. Pero es que el Manu lleva desde septiembre subiendo todos los días y el otro día le puso un tirador de los de antes en la cocina, que fue a buscarlo a Alonso Cano, y yo eso lo he visto.
Y el gato lleva tres noches durmiendo abajo.
Ya está. Que no te quiero calentar la cabeza, que estarás con tus cosas. Un beso muy grande, y ponte crema, que a tu edad la piel es la piel.»
Audio de Fermín, 4:31
[bajos, lejos] [un ventilador] [alguien se ríe]
«Claudita.
No te voy a preguntar nada, que ya me lo han contado todo dos veces y con detalle, que esta finca funciona mejor que el Registro de la Propiedad.
Y no te voy a decir lo que tienes que hacer, hija, porque no me da la gana. Yo te di ese piso para quitarte un problema, no para ponerte uno. Si lo vendes, lo vendes. Es tuyo. Se firma, se cobra y se acabó, y nadie de esta familia va a decir ni media palabra, y el que la diga que me llame a mí.
Que lo sepas: yo he vendido cosas. He vendido el coche de mi padre y una parcela en Cuenca que era de Rosario y que no valía nada y que me dolió más. Y no me arrepiento de ninguna, porque las vendí de frente.
Así que te voy a decir una sola cosa y luego me callo.
Dile al chico lo que le vas a quitar antes de quitárselo.
Nada más. No te digo que no lo hagas. Te digo que se lo digas tú, y que se lo digas antes, y que se lo digas mirándole.
Porque a ese chico, Claudia, lo han ido dejando fuera de todo poquito a poco durante veinte años y siempre por descuido.
Nadie le ha hecho nada nunca. Simplemente no le han contado las cosas.
Su padre estuvo veintinueve años abriendo un portal a las siete de la mañana y el día que suprimieron la plaza se enteró por una carta.
[silencio]
Yo el día que me fui se lo dije a la cara. Bajé al bajo, me senté en su banco ese que tiene, y le dije: Manu, me voy a Bali y esto se lo doy a mi sobrina. Y él me dijo: muy bien, Fermín, ¿y quién le da de comer al gato?
Eso me dijo. En serio. Eso fue lo que le preocupó.
Bueno, hija.
Que no es un reproche. Que es lo único que te pido, y no te lo pide un tío que se ha ido a Bali: te lo pide un señor de setenta y nueve años que sabe de qué va esto, porque a mí, cuando se murió Rosario, la gente de esta familia se enteró de todo por otros.
Un beso muy grande. Y ponle la canción.»
[corte]
Audio de Fermín, 4:39
«Ah, y otra cosa.
El gato durmiendo abajo tres noches.
Tú de eso no te preocupes, que no es que se haya ido. Es que ese animal siempre se ha puesto donde va a hacer falta.
Cuando Rosario estuvo mala, los dos últimos meses, él se metía en la habitación de ella y no en la mía. Y yo me enfadé, fíjate qué tonto, me enfadé con un gato.
Y luego me di cuenta de que él estaba donde tenía que estar y el que estaba en el sitio equivocado era yo.»
[corte]
Los escucho a las siete y diez de la mañana, sentada en la cama, con el radiador haciendo tic.
El primero, dos veces.
El segundo, una, y luego lo dejo sonando en silencio hasta el final aunque ya no diga nada, porque en los últimos ocho segundos se oye Bali: las olas, un ventilador, y muy lejos, alguien que se ríe.
Son las siete y cuarto. La aria empieza a las nueve. Los jueves Manu sube a las nueve.
Le escribo: «¿Puedes subir un rato esta tarde? Tengo que contarte una cosa».
Y me quedo mirando cómo aparece el «visto» a las 7:16, y después nada, porque este hombre no contesta a los mensajes: aparece.