Comprada por Santa (Obsesiones estacionales nº 1) Capítulo 26 #2
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Capítulo 26 #2

Que le obedezcan me llena de un extraño orgullo.

Carolina, mi futura esposa; no solo ya exige que la llamen Sra.

Knight, sino que verla tomar el control así es jodidamente sexy.

No me extraña que todos la escuchen. Es embriagador cómo exige respeto sin cuestionamientos.

Cómo lucha por mi familia con la misma fiereza que yo.

—¿Nick? —Su mano me toca el brazo y me doy cuenta de que estoy temblando.

—Estoy bien —miento con los dientes apretados. Me arden los ojos, la amenaza de las lágrimas es una debilidad indeseada que presiona tras mis párpados.

—Mírame —dice con suavidad. Pero no puedo. Si la miro ahora, todo lo que hay en mí se desmoronará.

—Nicklas —insiste, con un tono que no admite discusión. A regañadientes, le sostengo la mirada. Hay fuerza en sus ojos, pero también una ternura que es solo para mí. Es un salvavidas lanzado al mar embravecido de mis emociones.

—Jack es un luchador. No se va a ir a ningún lado —afirma con convicción.

—Ni de coña —logro decir con voz ronca. Estoy pendiente de un hilo, y ella es lo único que me mantiene entero.

—Vamos a tomar el aire. Necesitas respirar —Tira de mi brazo y me aleja de la habitación de Jack, de los monitores parpadeantes.

—Lo único que necesito eres tú, Fierecilla —digo con voz ronca.

—Ven aquí —Me atrae hacia ella y siento sus labios contra los míos. Una oleada de anhelo me atraviesa, el deseo mezclado con el dolor y el miedo que me han estado royendo las entrañas. Su boca se mueve contra la mía, cada beso una marca que me reclama como suyo, igual que ella es mía.

Las puertas dobles se abren de golpe y una corriente fría acompaña la llegada de más gente. Papá camina con una indiferencia que me hiela la sangre. Ruby lo sigue, y sus lágrimas cortan el silencio del pasillo como el lamento de una sirena.

—Ruby.

Carolina suelta mi mano y se acerca a mi hermana con una suavidad que desmiente su temple de acero. Es un contraste con la rabia impotente que me tiene paralizado.

—Carolina —solloza Ruby, con su compostura habitual tan hecha añicos como la familia que nos esforzamos por mantener unida.

—Shh, todo saldrá bien. Todos estamos aquí por Jack —dice Carolina, envolviendo a Ruby en un abrazo protector.

Por un momento, veo un destello de algo parecido a la gratitud en el rostro bañado en lágrimas de Ruby.

—Gracias —murmura Ruby, refugiándose en el consuelo de Carolina—. Por estar... por estar aquí para todos nosotros.

Carolina asiente, se aparta y clava la mirada en Ruby.

—Ahora somos familia. Es lo que hacemos.

Su intercambio —un pacto silencioso sellado con comprensión y dolor compartido— disipa la tensión. La compasión de mi mujer no conoce límites, su espíritu es inquebrantable. Es entonces cuando sé que, a pesar de la oscuridad que nos acecha, su luz no se apagará. Ni por el miedo ni por el dolor.

—Vamos a ver a Jack —sugiero, sintiendo cómo renace mi determinación.

—Id vosotros dos —dice Carolina, empujando suavemente a Ruby hacia mí—. Aún tengo algunas cosas de las que ocuparme.

Joder, cómo amo a esta mujer.

Pasamos dos días en el hospital.

Ruby pasa el tiempo pegada a Jack, y solo se marcha cuando Carolina la obliga. Normalmente porque los médicos necesitan privacidad, o cuando intenta que mi hermana coma o duerma algo.

Durante esos días, Carolina no flaquea ni una sola vez; está pendiente de todo y de todos.

Organiza magistralmente la rotación de seguridad con Marco para que todos puedan dormir al menos un par de horas.

Incluso se ocupa de Sergei, que también necesitó cirugía, aunque sus heridas no eran de gravedad.

—¿Carolina? —la llamo al no verla nada más despertarme en una de las sillas de la habitación de Jack.

—Aquí —confirma mientras entra por la puerta—. ¿Necesitas algo?

Las ojeras me dicen que no ha dormido nada, lo cual no me sorprende. Aun así, sus ojos brillan con satisfacción, como solo los de alguien que está en su elemento. Quizá lo esté.

Bostezo y me estiro, sacando el móvil para mirar la hora. Joder, es plena madrugada. Al mirar alrededor, veo a Ruby sentada cerca, con los ojos entrecerrados como si fuera a quedarse dormida de un momento a otro.

—¿Papá sigue por aquí? —pregunto, con la mente dándole vueltas a las conversaciones susurradas que he escuchado entre él y alguien al otro lado del teléfono.

Había algo en su tono, una inquietud furtiva que nunca le había notado. Me remueve las tripas, una advertencia que no consigo quitarme de encima.

—No —dice ella—. Él...

—Recibió una llamada y tuvo que marcharse.

Me giro de golpe al oír la voz ronca de mi hermano.

—Estás despierto —constato, sin saber cómo no me he dado cuenta al despertar.

Asiente.

—No sé si alegrarme —refunfuña con una mueca—. Me duele todo de cojones.

Le dedico una sonrisa mientras me acerco.

—Eso es porque eres un puto blandengue.

—Yo prefiero follar —replica, arqueando las cejas.

Jack tiene buen aspecto, muy buen aspecto, la verdad. Ya no está tan pálido como para confundirse con las sábanas, y parece de buen humor.

—Me alegro de tenerte de vuelta —digo, apretándole el hombro.

—Voy a buscaros algo de comer —anuncia Carolina, y cuando me giro a mirarla, me lanza un beso antes de salir contoneando ese culo espectacular.

Jack gime, recordándome que aún le tengo la mano en el hombro. El que no está herido, por suerte.

—Oye —dice, bajando la voz—. ¿Qué coño trama papá?

Joder, si se ha dado cuenta de que algo pasa estando medio dormido, la cosa es peor de lo que pensaba.

—¿A qué te refieres? —pregunto.

—Me llamó cuando Sergei y yo íbamos de camino al almacén. Él... —Jack se interrumpe, frunciendo el ceño como si estuviera dándole vueltas—. Quería saber cuándo llegaríamos. Y... preguntó si estabas con nosotros. Es... no tiene sentido.

No... eso no tiene ningún sentido, ya que papá me ha pasado oficialmente las riendas, así que no debería estar involucrado en absoluto. Pero... ¿y si extraoficialmente sigue metido hasta el cuello en nuestro imperio? ¿Podría haber...? No, eso es ir demasiado lejos.

Puede que papá no... O sea... vale, es frío con Jack, indiferente a veces. Pero sigue siendo su hijo. Así que seguro que no... ¿o sí?

Sea lo que sea lo que está pasando, solo refuerza la necesidad de hacer a Carolina mía en todos los sentidos que importan, y eso significa que ha llegado el momento.

El momento de su prueba.

Le mando un mensaje rápido a Arthur diciéndole que estoy listo. No lo estoy, y no creo que lo esté nunca. No por lo que podría costarme a mí, sino por lo que sé que le hará a mi fierecilla.

A pesar de la hora, el Rey responde en cuestión de minutos, diciéndome que todo está listo y esperándonos, y que estará allí enseguida.