Capítulo 13
El Papá Noel
Los gritos resuenan por mi sala de tortura, una cacofonía que normalmente se funde con el trasfondo de mi mundo. Pero hoy no. Hoy, cada grito aviva el fuego en mis entrañas, una furia encendida por la idea de que otro haya posado sus ojos en Carolina.
—Por favor, Sr. Knight, no quise... ¡Se lo juro!
El hombre atado a la silla es apenas reconocible ahora, con el rostro hinchado y manchado de sangre. Me inclino hacia él, mi aliento firme contra su oído maltratado.
—Viste algo que no debías —gruño mientras aprieto los dedos alrededor de los alicates.
—Pero usted... ¡usted me dijo que la vigilara!
Le doy un asentimiento brusco.
—Lo hice, y esa es la única razón por la que despertaste esta mañana.
Mi respiración es profunda, entrecortada tanto por la excitación como por el forcejeo para meterlo en la silla. Me toco la mandíbula; el punto donde consiguió darme un puñetazo de suerte palpita.
—Y me lo pagaste contándoles a otros lo que viste.
Los rumores y los susurros no tardan en dejar de serlo en un lugar como este. Si el maldito chico hubiera mantenido la boca cerrada sobre lo que vio, no tendría que matarlo. Enviarlo lejos, probablemente. Pero lo habría dejado vivir como un favor a Marco.
—P-por favor —llora, con los ojos apretados—. No quiero morir.
Se estremece, y cuando bajo la mirada, hay una mancha húmeda en la parte delantera de sus pantalones que no estaba ahí hace un minuto. El cabrón se ha meado encima.
—Entonces deberías haber mantenido la boca cerrada —digo, con un tono desprovisto de toda simpatía—.
Sabías que ella no estaba ahí para tu placer, y aun así la miraste.
Miraste a la madre de mi heredero. Mi fierecilla.
Mía. No tuya. ¡M-Í-A! —rujo la última parte, perdiéndome en la enloquecedora ira.
Gime, un sonido que me crispa los nervios. Mi agarre no flaquea mientras arranco otra uña; su aullido llena el espacio entre nosotros. Es una advertencia para otros, un testimonio de mi ira.
De repente, la puerta se abre de golpe y Marco se une a nosotros. Ni siquiera mira el desastre que he hecho de su sobrino. Qué puedo decir; es leal, y sabe que el chico la cagó ayer.
—¿Qué pasa? —espeto, clavando la mirada en Marco.
—Encontré a Carolina husmeando por ahí —dice arrastrando las palabras—. Estaba intentando encontrarte.
Dejo escapar un suspiro audible.
—Maldita sea su curiosidad —maldigo—. ¿Oyó o vio algo?
Marco inclina la cabeza ligeramente.
—Oyó un grito. Pero aparte de eso, nada. La llevé de vuelta a la cocina, donde el personal la está vigilando.
A pesar de querer tomarme mi tiempo con este tipo, cojo mi cuchillo y, en un movimiento rápido y fluido, le corto el cuello.
Su grito se vuelve gutural de inmediato.
El pánico se refleja en toda su cara mientras se lleva las manos al cuello, intentando inútilmente detener la sangre que fluye del corte.
—Conseguiré que alguien limpie esto —digo. Puede que sea un cabrón, pero no soy tan frío como para esperar que Marco lo haga.
Siempre leal, dice:
—Yo me encargaré. Lo traje y respondí por él. Con el debido respeto, este es mi desastre.
Su tono es grave, y sé que es porque siente que me ha fallado más que por la pérdida que debería sentir.
Le agarro el brazo.
—Esto no es culpa tuya, Marco. Y no te culpo en lo más mínimo. Eres un buen hombre, y no quiero que pienses lo contrario. Tu posición aquí está a salvo.
Se relaja visiblemente ante mis palabras.
—Aun así me encargaré, ya que de todos modos necesito inventarme algo que contarle a mi hermana.
Dejo a Marco con la promesa de pagar cualquier gasto que su familia necesite. Normalmente, solo ofrezco esto a mis hombres más leales cuando mueren o resultan gravemente heridos a mi servicio. Pero las circunstancias especiales requieren soluciones especiales. Marco lo vale.
Antes de ir a la cocina, entro en uno de los baños de invitados, me doy una ducha rápida y me cambio de ropa. Carolina ya me ha visto matar a un hombre, pero eso no significa que necesite saber lo que sucede detrás de las puertas cerradas de mi ático.
Mi teléfono vibra justo cuando doblo la esquina hacia la cocina. Al sacarlo, veo que es el contrato que solicité para los servicios de Carolina. Mis labios se curvan en una sonrisa irónica y la anticipación me recorre las venas. Espero que sepa lo que pidió.
Carolina está sentada en la isla de la cocina, comiendo huevos fritos, beicon y un poco de pan con mantequilla. La observo mientras alarga la mano hacia su taza, que sin duda contiene café. Oh, esto va a ser la hostia. Mi fierecilla está a punto de arrepentirse de haber pedido un contrato.
—Deja eso —gruño amenazadoramente.
Se le tensa la espalda mientras su mano se queda congelada en el aire.
—¿Q-qué?
Sin borrar la sonrisa, camino hacia ella y le quito la taza de la mano. Luego me vuelvo hacia Greta, una de mis empleadas de confianza.
—Por favor, retira el plato de la señorita Sterling. Ya ha terminado por ahora.
—Por supuesto —responde Greta sin inmutarse.
—Ni de coña —sisea Carolina—. Apenas he comido.
Ignoro su arrebato y sigo hablando con Greta.
—Te he enviado un correo electrónico con los alimentos y bebidas que la señorita Sterling puede consumir. Solo los artículos de la lista están aprobados.
Greta asiente con seriedad antes de desaparecer. Me vuelvo hacia Carolina, que me fulmina con la mirada.
—No te preocupes, no pasarás hambre —digo con calma, como si ese fuera el problema.
—No tienes ningún derecho a dictar lo que meto en mi cuerpo —sisea mi fierecilla—. Te estás pasando, Nicklas.
—¿Ah, sí? —pregunto, arqueando una ceja—. Querías un contrato entre nosotros, Carolina. Así que me tomé la libertad de hacer que redactaran uno.
Se cruza de brazos.
—No firmaré nada que te dé control sobre mi cuerpo.
Suelto una risa sombría. —¿Qué pensabas que iba a pasar, hmm? Vas a concebir a mi heredero, así que es lógico que hagamos todo lo posible para garantizar un resultado positivo.
Abre la boca, probablemente para echarme la bronca, pero vuelve a cerrarla. Sabiendo que la he dejado sin palabras, cojo el móvil y abro el contrato digital. Se lo reenvío y señalo su teléfono, que está sobre la isla de la cocina.
—Deberías leer eso —digo cuando vibra contra el mármol.
Arquea las cejas con sorpresa mientras desbloquea el teléfono. —¿Cómo sabes mi correo electrónico? —exige saber.
Me encojo de hombros. —No hay mucho sobre ti que no sepa —le aseguro.
—¿Cómo? —susurra.
Con una sonrisa, me acerco a ella y le pongo el dedo bajo la barbilla, obligándola a echar la cabeza hacia atrás para que tenga que mirarme. —Me lo diste todo voluntariamente.
Le paso el pulgar por los labios, suaves y carnosos. —Cuando te registraste en mi sitio de Cam Girls.
Jadea. —¿Q-qué?
Me río entre dientes, deleitándome con su evidente incomodidad y vergüenza. El rubor le sube por las mejillas y le baja por el cuello. —¿Sabías que «Cam» no es la abreviatura de «Camera» sino de «Camelot»?
—¿Camelot? —pregunta confundida.
—Así es —confirmo con una sonrisa—. Al fin y al cabo, somos los Knight.
Sacude la cabeza y murmura algo entre dientes, pero sigue leyendo. Mientras lo hace, me coloco detrás de ella, le recojo el largo cabello con la mano y se lo aparto del cuello. Luego me inclino hasta que mis labios le rozan la piel y leo por encima de su hombro.
Contrato para la Concepción de un Heredero
Fecha: ___ día de ______, 2024
Partes: Nicklas Knight («Sr. Knight») y Carolina Sterling («Srta. Sterling»)
Propósito: La Srta. Sterling acepta concebir un heredero para el Sr. Knight por medios naturales bajo los siguientes términos.
1. Duración y Plazo de Concepción
Vigente desde el 1 de diciembre de 2024, hasta un año después del nacimiento del niño o si la concepción falla antes del 25 de diciembre de 2024.
2. Términos de Pago
Concepción Exitosa:
Todos los gastos cubiertos desde el 1 de diciembre de 2024, hasta un año después del nacimiento.
$10.000.000 al nacer el niño.
Vivienda vitalicia con todos los gastos pagados.
Concepción No Exitosa:
Todos los gastos de diciembre de 2024 cubiertos.
Pago de $2.000.000.
3. Arreglos de Vivienda y Obligaciones
Residencia: La Srta. Sterling vivirá con el Sr. Knight desde el 1 de diciembre de 2024, hasta un año después del nacimiento si la concepción es exitosa.
Disponibilidad: La Srta. Sterling estará disponible para el Sr. Knight en todo momento durante el contrato.
Exclusividad: Todas las relaciones íntimas son exclusivas del Sr. Knight. Esto incluye orgasmos; a la Srta. Sterling solo se le permiten los orgasmos que el Sr. Knight le otorgue.
Restricciones: La Srta. Sterling solo realizará actividades aprobadas por el Sr. Knight.
4. Restricciones Dietéticas
Dieta de Fertilidad: La Srta. Sterling acepta consumir solo alimentos especificados para promover la fertilidad.
Modificación en Caso de Embarazo: La dieta se ajustará para adaptarse a las necesidades del embarazo.
5. Derechos Parentales y Contacto
Renuncia: La Srta. Sterling renuncia a todos los derechos parentales en el momento del nacimiento del niño.
Sin Contacto: Sin contacto con el Sr. Knight ni con el niño después de un año posterior al nacimiento. El incumplimiento resultará en indemnización por daños.
Residencia: La Srta. Sterling no residirá en Nueva York ni en estados limítrofes de forma indefinida tras el nacimiento. Se le proporcionará vivienda en otro estado o país.
6. Confidencialidad
Ambas partes acuerdan mantener estricta confidencialidad respecto al contrato y al embarazo.
7. Ley Aplicable
Este Contrato se rige por las leyes del Estado de Nueva York y por la familia Knight.
Firmas:
Nicklas Knight
Fecha: ____________
Carolina Sterling
Fecha: ____________
Sé el momento exacto en que mi fierecilla termina de leer porque salta de la silla y se aleja de mí como si mi contacto la quemara. Gira tan rápido que el pelo que acabo de soltar le azota la cara.
—¿Qué cojones, Nicklas? —grita como una posesa—. Pero. Qué. Cojones.
Ladeo la cabeza y la observo. Está temblando, tiene los puños cerrados y las aletas de la nariz se le dilatan con cada respiración. Su ira apenas contenida me hace sonreír. Eso es, gatita. Déjalo salir, le suplico en silencio.