Capítulo 11 #2
Le suelto el pezón. —Sigue hablando. —Cuando asiente, reparto besos por todo su pecho.
—Mmm... No estoy segura de qué decir —admite.
—¿Por qué lo fingías? —pregunto mientras la miro.
Pone los ojos en blanco y resopla. —¿Estás seguro de que quieres oír hablar de otros tíos?
El mero pensamiento de que alguien más la toque me enciende la sangre, pero lo controlo todo lo que puedo. —Si es necesario —digo entre dientes.
—Vale. De acuerdo. Ni siquiera era consciente de que estaba fingiendo los gemidos contigo, ¿vale? —Se burla de sí misma por lo estúpido que suena—. Es algo que los hombres han esperado durante años, así que supongo que podría decirse que se ha vuelto algo natural.
No le digo que ya había descubierto esa parte por mí mismo.
Me muevo más arriba en el colchón para que la punta de mi polla le roce el clítoris. Los gemidos que suelta mientras me froto contra ella son todo menos falsos. Son profundos y tan jodidamente crudos.
Nuestros labios chocan en un enredo ferviente, hambrientos y urgentes. Saboreo los restos de su desafío, dulce y embriagador, y no me sacio. Se abre a mí, y mi boca le traga los gemidos mientras nuestras lenguas bailan a un ritmo desesperado.
Sus manos recorren mi pecho desnudo, las uñas me rozan la piel y dejan rastros de fuego a su paso.
—Dios, Nicklas... —jadea Carolina contra mis labios, y oír mi nombre en su boca es tanto un tormento como un placer.
Es una cerilla encendida que prende mi control, y me acerco más, impulsado por una necesidad que solo ella puede saciar.
—Dime qué quieres —exijo.
—Quiero que me hagas correrme.
Gruñendo, le tiro del pezón. —¿Cómo quieres correrte? ¿Quieres que use mi mano? ¿Mi boca? ¿Mi polla?
—T-tu polla —susurra.
Deslizo la mano entre nosotros, metiendo los dedos bajo sus bragas y entre sus pliegues húmedos. —¿Sigues sangrando? —Estoy casi seguro de que no, ya que el cepillo de dientes no estaba cubierto de sangre.
—No —responde.
Lentamente, deslizo dos dedos dentro de ella, tanteando sus paredes, deleitándome con su calor. Su humedad me cubre la mano, prueba de lo excitada que está, y ver mis dedos desaparecer dentro de ella solo hace que mi polla palpite con más fuerza.
Soy un hombre poseído mientras bombeo los dedos dentro y fuera de su ardiente canal, curvándolos justo así, sabiendo exactamente dónde tocar para hacerla gemir. —Nicklas —maúlla, con las uñas clavadas en las sábanas—. ¡Por favor!
La recompenso con una sonrisa diabólica antes de inclinarme a provocarle el pezón dolorido con la lengua, rozándolo apenas antes de succionar. —¿Por favor, qué?
—Hazme correr —gime.
Mis dedos se mueven como pistones dentro y fuera de su coño.
Me duele la polla mientras la observo retorcerse debajo de mí, con sus tetas perfectas sonrojadas y duras mientras suplica por más.
Esta mujer, mi cautiva, es absolutamente increíble.
No solo sigue queriendo nuestro trato, aunque nunca tuvo elección, sino que incluso quería hacerlo mejor.
Saber eso hace que se me contraiga el corazón y se me hinche la polla.
Su coño me aprieta los dedos con fuerza y sus piernas tiemblan a mi alrededor. —Esa es mi gatita buena —alabo—. Ronroneando tan bonito para mí.
—¡Nicklas! ¡Dios mío! No puedo... Necesito... ¡Nicklas!
Cuando se arquea, le pongo la mano en el hueso púbico y la sujeto mientras la follo sin piedad con el dedo hasta que grita mi nombre en éxtasis. La humedad brota de su centro, y me resulta imposible mantener a raya mi deseo por ella.
Sin decir palabra, saco los dedos de su centro y alineo la polla contra sus pliegues hinchados. —Lista o no —gruño mientras me hundo en ella—. Allá voy, joder.
Carolina grita y se arquea levantándose de la cama. Sus caderas salen a mi encuentro embestida tras embestida mientras la martillo una y otra vez. Gruño su nombre. —Joder. Qué bien se siente tenerte envuelta alrededor.
Mi fierecilla maúlla con aprobación mientras se coge las tetas rebotantes con las manos. —Sí. Justo ahí.
Vuelvo a unir nuestros labios, mordiendo y lamiendo su lengua. Cada terminación nerviosa cobra vida, y no pasa mucho antes de que se me contraigan las pelotas y esté listo para soltar mi semilla. Aunque me encantaría ver mi semen en sus cremosas tetas, me quedo dentro de su coño.
—Hazte correr —exijo, con la voz ronca y grave.
Carolina desliza la mano entre nosotros, y puedo sentir cómo se acaricia el clítoris mientras me estrello contra ella tan fuerte que sigue desplazándose hacia arriba en la cama.
Sin importarme, la sigo y mantengo mi ritmo despiadado hasta que grita.
Joder, la forma en que sus paredes internas me aprietan como un tornillo de banco es demasiado.
Empujo una vez más, y eso basta para correrme con un rugido.
—¡Carolina! ¡Joder!
Sigo follándola durante mi orgasmo, queriendo prolongar la sensación intensa. Dios, follar a Carolina no se parece a nada que haya hecho antes. Es tan receptiva y maleable. Perfecta.
En cuanto su coño se relaja, salgo de ella y me deslizo hacia atrás. Luego le meto los dedos dentro, evitando que se le escape mi semen.
—Coge la almohada y póntela bajo las caderas —le ordeno.
—Nicklas —dice sin aliento—. No creo que esté ovulando...
—Hazlo —ladro, sin estar dispuesto a negociar.
Puede que no sepa todo lo que hay que saber sobre el cuerpo femenino y sus ciclos, pero eso no significa que esté dispuesto a desperdiciar mi corrida.
Cualquier oportunidad, por pequeña que sea, merece la pena.
Permanecemos así hasta que estoy satisfecho de que uno de mis nadadores haya tenido tiempo suficiente para llegar a su útero.
Luego me acuesto a su lado y la atraigo hacia mí para que apoye la cabeza en mi pecho. —Has logrado sorprenderme esta noche —admito—. Poca gente puede decir eso.
—¿Bueno o malo? —me desafía, y puedo oír la sonrisa en su voz.
—Bueno —confirmo—. Tan jodidamente bueno que mañana te devuelvo el móvil.
Chilla emocionada. —¿En serio? ¿Puedo llamar a Willow? Solo necesito saber que está bien. Por favor, ¿puedo?
Me río, encantado de verla tan ansiosa. —Por supuesto. Es tu móvil, puedes hacer lo que quieras.
—¿Pero? —pregunta, sin duda captando la advertencia en mi tono.
—Lo he clonado. Sabré todo lo que hagas, Carolina. Y si haces alguna estupidez, Willow será quien pague el precio.