CAPÍTULO 5º
Lorena y Lucas se reincorporan a su puesto de trabajo en la jefatura de policía de Venecia.
Después de informar al comisario jefe de lo sucedido en Roma, trazan una estrategia para localizar y arrestar a Mauro Picola, basándose en que ya conocen la información para ello.
—Esta mañana iremos a la dirección que tenemos del bedel. Está cerca del teatro: cruzamos el puente de Maria Callas frente a La Fenice y encontramos unos apartamentos. Ya tenemos orden del juez para registrar y detener a Mauro.
Una lancha amarra cerca del puente, los dos inspectores van a la entrada de los apartamentos y piden a un conserje que encuentran, con la orden en la mano, que les abran el piso del sospechoso, éste accede, se encuentran con un alojamiento pequeño todo integrado con una sola habitación. Le preguntan al portero.
—¿Seguro que vive aquí el señor Picola?
—Si hace años, él trabaja en el teatro de la ópera es muy cómodo, está a pocos pasos de aquí.
—¿Cómo es él como persona?
—Es muy reservado, tranquilo. Ahora me dijo que se iba de viaje unos días, pues debido a la muerte del director tenía unos días libres.
—¿Sabe dónde se iba?
—No me lo dijo, ya le he dicho que era muy reservado.
—¿Sabe cuándo volverá?
—No. ¿Pasa algo?
No, no se preocupe.
Mientras Lucas habla con el empleado, Lorena registra la diminuta estancia.
No encuentra nada anormal hasta que, en el fondo de una cómoda, localiza una carpeta con gomas, bastante abultada.
Al abrirla encima de la mesa del supuesto comedor, descubre que está llena de fotos de su hija Fanny con diferentes edades, de Lucio y de Giulia en diferentes localizaciones, pero actuales, del director del teatro y de una mujer desconocida para los agentes.
—Lucas, mira esto.
Lorena le enseña a su compañero las fotografías y la de la mujer desconocida. También se la muestra al conserje.
—¿Sabe quién es esta mujer?
—No, señora, no la he visto nunca.
—Bueno, ya que estamos aquí, iremos al teatro. Allí seguro tiene una habitación para sus cosas.
Los inspectores cruzan el puente de Maria Callas y llegan al teatro. Entran y buscan al director. Entonces aparece un hombre de mediana edad vestido con un mono de trabajo. Los agentes se identifican.
—Queríamos hablar con el nuevo director.
—Hola, soy Ángelo. Estoy haciendo una reparación; normalmente hago el mantenimiento del teatro. Ahora que está inactivo es buen momento. Aún no hay nuevo director, la junta no ha decidido a quién nombrar. —Lucas comenta—
—Perdone, hace unos días vine y hablé con un joven trajeado. Me dijo que era el nuevo director.
—No sé con quién habló. El teatro está cerrado.
—Bueno, queremos ver el lugar donde Mauro tiene sus cosas.
—Ah, vengan, es una habitación al final de los camerinos. Les enseño.
Cuando el de mantenimiento les acompaña, entran en una estancia no muy grande que tiene una mesa con su silla, una taquilla metálica doble, un fregadero con grifo, encima, un armario con algunos platos y vasos, y una nevera pequeña que está casi vacía: solo unos refrescos y una botella de agua.
—Creo que aquí no encontraremos nada.
—Vamos a mirar.
—Miremos la taquilla.
—Está cerrada.
—¿Será un problema para ti abrirla?
Lucas manosea los dos candados y, con una pequeña ganzúa que saca de su bolsillo, abre las dos puertas. En el interior hay ropa, el uniforme de bedel; en la contrapuerta, una foto de la mujer misteriosa en una y otra foto de la soprano en la otra.
—Está claro que estas dos mujeres son importantes para Mauro. Una sabemos que es su hija; la otra, cogemos la foto y la pasaremos por reconocimiento facial.
—No hay nada más. Vámonos.
Dan las gracias al obrero que les ha atendido y regresan a comisaría.
—Estoy pensando que Mauro no volverá al teatro, tengo la impresión que le rodea una historia turbulenta. Quien será el hombre trajeado que habló contigo.
—Tenemos que saber quién es la mujer de la foto.
Como hace días que no saben nada de Pietro, Lorena lo llama, pero el historiador no tiene novedades. La búsqueda de alguna pista en los documentos no está dando el resultado esperado; no obstante, no pierde la esperanza de encontrar el tesoro.
Lucas regresa del departamento donde el equipo de informáticos ha realizado el reconocimiento.
—Ya tenemos un nombre y una dirección, se trata de Ágata Pantini, era la esposa de Mauro y madre de Fanny, se separó del bedel hace años y se fue a vivir a París, se llevó con ella a la niña que era pequeña, Mauro siguió la vida de ambas desde la distancia hasta el punto que Fanny no conocía a su padre.
Cuando la niña despuntó en el canto lírico, dejó de vivir con su madre pues viajaba por todo el mundo cantando, pero mantenía el contacto con ella.
Su padre la admiraba desde el secretismo.
—¿Cómo sabes tantas cosas de la madre?
—Resulta que es una conocida representante de artistas. Está en las redes.
—¿Mauro actualmente tiene relación con su exmujer?
—Creo que no.
—Tendremos que ir pensando en ir a París.
Un avión del gobierno italiano despega del aeropuerto Marco Polo de Venecia, casi cinco horas después aterriza en el aeródromo de París-Orly.
Un coche oficial y un gendarme recogen en la terminal a los inspectores Lorena Gianotti y Lucas Santos. Los llevan a la gendarmería del distrito 7º, donde son recibidos por el comisario jefe.
—Buenos días. Me han informado del ministerio de que vienen ustedes a recabar información respecto a un fugado. Sepan que tienen nuestra colaboración. El gendarme que ha venido a buscarles les acompañará a casa de la señora Ágata Pantini para que la interroguen.
—Gracias, señor.
Un coche sale de las dependencias policiales y se dirige a la calle Gremella, cerca de la plaza de les Invalides, que es donde vive la exmujer de Mauro.
Se trata de un edificio moderno. Cuando entran, se encuentran con un conserje uniformado. El gendarme le informa de que van a ver a la señora Pantini.
—La señora Pantini tiene las oficinas en el primer piso y vive en el ático.
—Vamos a las oficinas, nos está esperando.
Cuando salen del ascensor, encuentran un amplio rellano y, girando a la izquierda, hay una puerta de cristal con el anagrama de la agencia de representación de cantantes, actores y deportistas de élite. Una señorita les recibe.
—Buenos días, síganme. La señora Pantini les está esperando.
El despacho es amplio. Se sientan en una mesa de reuniones los tres policías, la señora elegantemente vestida y un hombre de cierta edad, que es presentado como el abogado de la empresa.
—Bien, ustedes dirán. —Lorena toma la palabra después de las presentaciones—
—Señora Pantini, ¿es usted la exesposa del señor Mauro Picola?
—Si.
—Supongo que está informada de que está acusado de asesinar a Giulia Contini como venganza, ya que ella asesinó a su hija.
—Si.
—¿Sabe dónde está? Pues ha desaparecido.
—Inspectora, le voy a contar la historia.
Mauro no es italiano, nació en Suiza, en el cantón del Tesino, en una granja a las afueras de Bellinzona; allí se habla italiano.
Cuando tenía ya una edad abandonó su casa y se fue a Milán.
Allí nos conocimos, él emprendió varios negocios y nos casamos.
Tuvimos una hija, Fanny, pero él fracasó en los negocios, surgieron problemas y nos separamos.
Yo me vine a París y monté esta agencia; él se fue a Roma y posteriormente terminó en Venecia.
Desde que nos separamos nunca más he tenido contacto con él, ni yo ni mi hija; he tenido noticias por terceros.
Hace unos días me llamó para comunicarme la muerte de Fanny.
Le colgué. No quiero saber nada, no sé dónde está ni me interesa.
—¿No tiene interés por saber qué pasó con su hija?
—No. Nunca miro atrás.
—¿Puede decirnos si tiene alguna sospecha de dónde puede estar?
—De verdad que no lo sé, quizás ha vuelto a Suiza, a su casa natal; es una granja en medio de un valle solitario, un lugar bueno para esconderse. ¿Algo más?
—No, señora, gracias.
Los agentes abandonan la agencia.
—Me ha parecido una mujer muy fría, distante y resentida.
—Seguro que no ha tenido una vida fácil.
Cuando regresan a la gendarmería, se reúnen con el jefe y le cuentan lo sucedido. Se despiden y regresan al aeropuerto, donde les espera el avión para regresar a Venecia.
El día ha amanecido gris y lluvioso en la Ciudad de los Canales. Pocos turistas y menos aún vecinos deambulan por sus serpenteantes calles y vías acuáticas.
Lorena ha llegado temprano a su lugar de trabajo, la noche se ha hecho larga para ella, pues no logra quitarse del pensamiento dónde encontrar al bedel huido. Cuando llega su jefe se reúne con él y le explica lo sucedido en París, le pide que no abandonen el caso y que la mande a Suiza.
—Lo haremos pero tengo algo que contarle. Se acuerda que una de las veces que fueron a La Fenice encontraron un joven trajeado que dijo que era el nuevo director.
—Sí, habló con Lucas.
—Pues, resulta que al revisar lo que incautaron en casa de Giulia y revisando sus correos, el trajeado era Miquello Danti, un conocido sicario que había sido contratado para matar a Mauro, ella temía que el bedel la matara en venganza.
Estaba en el teatro buscándolo, cuando habló con Lucas, ella se fue de la ciudad para tener coartada y que no la relacionaran, pero el bedel ya había salido tras ella, sabemos que el asesino sigue en la ciudad esperando el regreso de Mauro, quiero que con Lucas lo detengáis, está buscado por varios asesinatos.
—¿En qué hotel se aloja?
—En el Hotel Sant Regis, en el Gran Canal, cerca del teatro. Seguramente no sabe que Giulia está muerta y no sabe dónde encontrar a Mauro. Estará esperando órdenes.
Cuando llega Lucas, se dirigen al hotel. Sin llamar la atención, llegan en góndola como dos turistas enamorados, entran en el establecimiento, se dirigen a la recepción y hablan con el empleado. Se identifican y, con discreción, preguntan por el señor Danti.
—El señor Danti ocupa la habitación 208, pero lo he visto ir a desayunar.
Pasados unos minutos, el matón sale del salón de desayunos y se dirige a la calle. Entonces es interceptado por los inspectores sin tiempo para reaccionar. Avisados los carabinieri, se lo llevan detenido a la central.
Lorena entra en la sala de interrogatorios.
—Señor Danti sabemos que tenía el encargo de la señorita Giulia de matar a Mauro Picola, que sepa que ha llegado tarde pues Giulia ha sido asesinada en Roma y usted irá a la cárcel por los innumerables delitos que ha cometido.
—Lo que usted diga, señora.
La inspectora abandona la sala de interrogatorios y se reúne junto con Lucas y con el jefe.
—Capitán, tenemos que ir a Suiza a detener a Mauro y cerrar el caso.
—No es tan fácil. Hay que pedir la colaboración de la policía suiza y esto no es fácil. Necesitamos que hagáis un informe justificando la necesidad de su arresto y las pruebas que lo justifican.
—No es problema, tenemos todo documentado.
—Pues me entregas un dosier y ya os diré algo cuando tenga la respuesta de los suizos.
Mientras esperan la respuesta de la policía helvética, Lorena visita a Pietro. Una cena en un restaurante veneciano de marisco es el escenario de su encuentro. El historiador se interesa por cómo se encuentra la inspectora.
—¿Cómo estás?
—La verdad es que este caso me está afectando, demasiados factores.
—Bueno, cuando cierres la investigación, nos centraremos en el tesoro veneciano. Ahora estoy estudiando unos documentos que creo que darán luz al misterio.
—Espero, ¿me invitas a tomar una copa en tu casa?
—Desde luego.