CAPÍTULO 4º
Los canales y las calles empedradas de la ciudad están desiertas, una tenue luz matinal empieza a vislumbrarse por el horizonte, la inspectora Lorena saluda al uniformado de guardia y sube las escaleras de la comisaría, se sienta en su mesa y empieza a repasar todo lo que ha ido encontrando en la investigación de los hechos.
El sol ya ilumina Venecia cuando llega Lucas.
—Buenos días, ¿qué haces tan temprano?
—He estado revisando todo lo que tenemos del caso, he llegado a esta conclusión, Fanny, la soprano, mantiene relaciones con Lucio y con Giulia sin que uno sepa del otro, un día ella le cuenta a Lucio que está embarazada, él sorprendido le pide tiempo para pensar, días después le cuenta a Giulia que espera un bebé y deben terminar con su relación, ella le pregunta de quién es el niño, se lo dice, de Lucio Recci, Giulia se siente traicionada y mata a Fanny.
A partir de ese momento piensa en un plan para acabar con Lucio, como culpable de su ruptura, le cita en Ca’ Dario, él no sospecha nada pues seguramente se han reunido otras veces por negocios, lo increpa y lo mata con rabia, por eso catorce puñaladas.
Días más tarde recibe el chat del director del teatro que la chantajea, se reúnen en su despacho y también lo mata.
Decide desaparecer una temporada, pero seguro que alguien sabe dónde está.
—Bueno, como teoría no está mal; hay que encontrar a Giulia y cuadrar las pruebas contra ella.
—¿Qué sabemos de Pietro?
—Está absorto estudiando todos los papeles que hemos encontrado, se lo ha llevado todo a su casa; creo que tardaremos en volver a verlo.
—Tampoco sabemos nada de Flavio.
De pronto, un taconeo resuena en la comandancia. Los inspectores se giran; una mujer se acerca con paso firme a su mesa. Es alta, bien parecida, bien vestida; aunque se puede intuir una cierta adicción a la cirugía estética, los resultados son buenos y le conceden un gran atractivo.
—Buenos días, ¿ustedes son los inspectores que llevan el caso del asesinato de Lucio Recci?
—Si.
—Soy Amanda Pochy, o mejor dicho, era su esposa; quiero las pertenencias de mi marido.
—Siento decirle que son pruebas y hasta que no se resuelva el caso no podemos dárselas. Además, también habrá que tener en cuenta sus últimas voluntades.
—¿Ha estado por aquí Flavio?
—Sí, nos ha proporcionado ciertas informaciones, ¿por qué?
—¿Sabe dónde puedo encontrarlo?
—No, hace días que no sabemos de él.
—Gracias, ya lo encontraré.
La mujer da media vuelta y se marcha.
—Lucas, qué cosa más rara lo de esta mujer; mira de localizar a Flavio. ¿De qué deben conocerse?
—Será complicado, ahora me doy cuenta de que no tenemos ni su teléfono ni su dirección ni sabemos su nombre completo.
—Dijo que era amigo de Mauro, el bedel de La Fenice, que por eso quería ayudar; vamos a verlo.
Una lancha de la policía amarra en el muelle del teatro, es Lucas que quiere hablar con el bedel para averiguar dónde puede encontrar a Flavio. Entra en el teatro y se encuentra con un joven trajeado.
—Buenos días, soy el inspector Lucas Santos, quiero hablar con Mauro, el bedel. ¿Quién es usted?
—Soy el nuevo director del teatro, siento decirle que el bedel se marchó hace unos días, la muerte del anterior gerente ha cambiado muchas cosas, Mauro no dejó ninguna dirección, simplemente se marchó.
—Bien, gracias.
Cuando Lucas regresa a la jefatura, le comenta a Lorena la marcha del bedel.
—Es muy raro que tanta gente decida, de pronto, desaparecer sin dejar referencias. Aquí pasa algo que no sabemos. Voy a ver a Pietro; tú sigue intentando localizar a toda esa gente.
Lorena llega al palacete y llama a la puerta. Cuando esta se abre, la figura siempre impecable de Pietro aparece en el dintel.
—Inspectora, ¿cómo estás?
—Eso tú, que has desaparecido.
—Pasa, vamos a mi rincón; he descubierto un montón de cosas interesantes, te lo explicaré.
Cuando llegan a la buhardilla, esta rebosa de documentos; hay papeles y libros antiguos por el suelo, encima de las mesas, en el sofá. Hacen un hueco y se sientan.
—Aún me faltan muchos documentos por estudiar, pero he descubierto algo que no esperaba ni yo ni nadie.
—¿De qué se trata?
—Del tesoro de Venecia. Hay un documento que relata cómo el Dux Giovanni Dándolo acuñó en 1284 monedas de oro, el Ducado Veneciano, que se convirtió en referencia para el comercio de la época.
Cuando empezó la decadencia de la República de Venecia, a finales del siglo XVII y principios del XVIII, los Dux empezaron a retirar el oro hasta que, en 1797, el último Dux, Ludovico Manin, reunió gran cantidad de sacos de cuero con las monedas y las escondió en algún lugar de la ciudad o islas colindantes.
—Esto me cuadra con la mujer que ha aparecido esta mañana en comisaría, Amanda Pochy.
Ha dicho que era la mujer de Lucio Recci; estaba interesada en recuperar los objetos y documentos de su marido.
Ahora que sé lo del tesoro, seguro que ella sabe algo y piensa que puede encontrar pistas en los papeles de su esposo.
—Yo he leído la crónica que habla de cuando empezó la decadencia de la República de Venecia. Los Dux empezaron a retirar las monedas de oro para asegurar su futuro, pero no cita en ningún párrafo ni da ninguna pista de dónde escondieron los sacos con las monedas.
—¿Pero puede que esté en otro documento?
—Sí, seguro, como esto pasó a mediados del siglo XVIII, buscaré en los papeles de aquellos años, pero llevará tiempo.
—Tómate tu tiempo, Lucas está intentando localizar a Flavio, el gondolero, a Mauro, el bedel y a Giulia como sospechosa del asesinato de Fanny, Lucio y Jean Carlo. Quiero averiguar el papel de cada uno de ellos, en esta historia. Me voy, mantenme informada.
Lorena regresa a la jefatura.
—Lucas, ¿has encontrado a alguno de los que buscamos?
—No, pero ha llegado la orden para registrar la casa de Giulia; nos vamos.
Cuando llegan a la casa en el Gran Canal, amarran en un muelle del interior de la mansión.
Allí encuentran un gran espacio; al final del mismo hay un patio y una escalera que conduce al primer piso, ocupado por un gran salón y un comedor, iluminados por lámparas venecianas de Murano, una cocina moderna, dos habitaciones muy amplias y un despacho.
Los uniformados se distribuyen por todo el edificio registrando cada palmo, los inspectores se centran en las habitaciones y en el despacho.
Lorena abre los armarios; enseguida se da cuenta de que está en la habitación de Giulia.
Revisa la ropa, los bolsos; en uno de ellos, en un bolsillo lateral, encuentra el resguardo de un pago a una agencia de viajes.
Rebusca en los cajones de una consola y, por último, el baño.
También revisa un zapatero; unas deportivas llaman su atención, no por su forma o color, sino por una mancha que asoma por los laterales de la suela.
Llama a Lucas, que estaba registrando la otra estancia.
—¿Qué te parece que es esto? Las tenis y el resguardo.
—No sé, podría ser sangre seca con tierra. El recibo: hay que llamar a la agencia del membrete.
—Ponlo en una bolsa, lo llevaremos a la científica. ¿Has revisado el despacho?
—Sí, nos llevaremos todos los documentos, carpetas y dossiers, para que Pietro lo estudie.
—Bien, regresemos a comisaría.
Ya en la central de policía, el detective empieza a llamar por teléfono a la empresa de viajes, que no puede decirle quién pagó, pues fue un pago en efectivo que no precisa identificar al cliente, pero por el elevado importe revisan sus libros y creen que fue por un viaje en avión privado.
Con esta pista, Lucas llama a varias compañías aéreas y una en concreto, de chárteres privados, asocia el pago con una clienta veneciana.
Revisan el plan de vuelo y aseguran que el aparato despegó del aeropuerto de Venecia Marco Polo y tomó tierra en el aeródromo de Ciampino, en Roma.
No tienen el nombre de la clienta ya que, como dijo la agencia, se abonó en efectivo.
—Lorena, creo que Giulia ha huido a Roma, pero el pago en efectivo y el aterrizaje en Ciampino, un aeródromo pequeño para jets privados o pequeñas compañías, hará difícil averiguar adónde fue cuando llegó a Roma.
Un agente de la científica se acerca a la mesa de los inspectores.
—Buenas, con carácter de urgencia hemos analizado las bambas que nos habéis traído; no hay duda, es la sangre de Lucio Recci.
—Gracias, ya tenemos la prueba, Giulia mató a Lucio, no tenemos huellas, seguramente acudió a la cita con guantes pero no se dio cuenta que había pisado la sangre, obsesionada en apuñalar una y otra vez a la víctima o cuando lo arrojó al pozo.
—Ya tenemos más o menos localizada a la mujer, ¿qué hacemos para localizar a Flavio y a Mauro?
—No tengo ni idea.
Lucas comenta:
—Los gondoleros actuales necesitan varias cosas: licencia de navegación, licencia de gondolero, ser residente en Venecia, certificados médicos de salud, idiomas, góndola cedida por el ayuntamiento; lo que me lleva a pensar que en la alcaldía tendrán los datos de todos ellos con fotografía incorporada.
—Buena idea, Lucas, vamos.
Cuando llegan al consistorio, se reúnen con la encargada del registro, a la que explican la necesidad de conocer los datos de Flavio, el gondolero, por motivos policiales.
—Hola soy Paola, por supuesto, tenemos un registro de todos los gondoleros, filiación, foto y todas las licencias registradas que deben tener cada uno de ellos, para poder ejercer, os dejo que reviséis vosotros mismos, es fácil solo hay cuatrocientos treinta y tres afiliados.
—Gracias.
Los dos detectives se ponen a revisar una por una las fichas, la coincidencia de foto y nombre da resultado.
—Mira, Lorena, es este; la foto es de cuando era más joven y el nombre es Flavio Rossi. Vive en Canal della Misericordia con calle Pignate.
—Vamos a buscarle.
Se despiden de Paola, le dan las gracias y regresan a la comisaría.
—Vamos a la casa de Flavio. Lucas, ve pidiendo el permiso y los gastos para ir a Roma.
—¿Qué hacemos con Mauro?
—De momento, nada; primero visitaremos a Flavio, después iremos a Roma.