Complot en la laguna de Venecia CAPÍTULO 3º #2
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CAPÍTULO 3º #2

—Aquí es donde se reunían para realizar los ritos satánicos. Al finalizar, arrojaban el cadáver del sacrificado al pozo y el Gran Maese del momento archivaba la crónica donde hemos estado antes.

—Perdone, pero ¿en la actualidad esto sigue vigente?

—Totalmente, Giulia es ahora la Gran Maesa, es una mujer muy peligrosa, despiadada. No me extrañaría que fuera ella quien mató al hombre cuyo cadáver flotaba en el canal cerca de aquí. ¿Sabéis quién era?

—Era Lucio Recci, el Gran Maese de la Orden Verde de Venecia.

—Era el gran rival de Giulia, pero no creo que lo matara por rivalidad, hace siglos que conviven en Venecia. ¿Habéis registrado el lugar de reunión de los Verde?

—Hemos registrado su casa, la de Lucio.

—Hay que registrar su lugar de reunión, una mansión cerca de la Basílica que tiene una entrada secreta.

—Flavio, ¿tú nos ayudarías a localizar todo lo referente a las organizaciones criminales?

—Sí, he estado haciéndoles recados durante muchos años.

—Lucas, llama a la central que vengan a recoger todo lo que hemos encontrado, Pietro, tú, supervisa la operación, probablemente resolveremos casos olvidados, pero no es lo importante, lo trascendental es descubrir la historia oculta y oscura de Venecia.

Lorena y Flavio regresan a la comisaría. Allí ella organiza un equipo para registrar el edificio que el gondolero le indicará dónde está y cómo entrar.

—El inmueble está en la Fondamenta Dei Dai con Canal della Procuratie, cerca de la Basílica. Tiene entrada por la calle, pero la tienen cerrada y entran por un pasadizo secreto. Te lo enseñaré.

—¿Es el que va del teatro La Fenice, pasa por debajo del canal Barcaroli, termina en una casa con el símbolo de la Orden Verde en la puerta y sigue hasta San Marcos y el Palacio Ducal?

—Sí, entrando por el pasillo subterráneo nadie sabía quiénes entraban o salían, los cadáveres producto de sus ritos, antes se los llevaban en góndola y ahora también para no hacer ruido, hasta la Isla de Sant Michele y allí los abandonaban, algunas ceremonias, la practicaban directamente en el cementerio de la isla.

—Vámonos.

Un equipo de diez uniformados, la inspectora y el gondolero se trasladan en lancha hasta el Puente de la Piscina. Allí hay una puerta que permite entrar en el pasadizo; lo recorren hasta la entrada de la casa. Un especialista de la policía abre la puerta con el símbolo.

En la planta baja no hay nada que llame la atención: una puerta de madera en un lateral que seguramente da a la calle, pero que está sellada; un embarcadero interior que da al canal, pero con la entrada cerrada mediante una reja de hierro que se puede levantar; al fondo, una amplia escalera de piedra que conduce al primer piso.

Allí se encuentra un salón imponente, con un gran ventanal que le da luz natural, curiosamente con una enorme mesa en el centro, iluminada con arañas venecianas, y ocho sillas a su alrededor; varias estancias vacías.

Otra escalera da acceso a la buhardilla, un espacio diáfano, pero más pequeño que las otras plantas, que tiene pared de ladrillo a ambos lados.

—Flavio, ¿cómo puede ser que haya casi lo mismo en los dos lugares?

—Tienes que situarte en la época, las habitaciones secretas, todas tenían una entrada encubierta, la mesa con ocho sillas, porque los dirigentes, el Gran Consejo de la Orden, siempre ha tenido ocho miembros.

—¿Aquí encontraremos lo mismo?

—Más o menos, mira los ladrillos, todos son rojos pero con diferentes tonos, fíjate, aquí en el ángulo derecho de la primera pared que encontramos hay uno más oscuro que los otros, si lo empujamos…..

En el centro de la pared de ladrillos se abre una puerta que da acceso a una amplia habitación con un archivo importante perfectamente ordenado.

—¿Sabes cuándo empezaron los verdes?

—Creo que fue Michele Morosi, de la misma época que Giovanni Darío. Esto nos lo dirá seguro el historiador, tu amigo Pietro.

—Voy a llamarlo; se le acumula el trabajo.

Lorena da las órdenes para que los uniformados incauten todo lo que han hallado.

—¿Aquí no hay pozo?

—No, los cadáveres los cargaban en una góndola en el embarcadero dentro del edificio y los llevaban a la isla Sant Michele, aunque en ocasiones los abandonaban en cualquier canal.

Cuando llegan a la jefatura, ya están allí Lucas y Pietro, este entusiasmado con todo lo que han encontrado.

—Hemos hallado la historia verdadera de por qué a Venecia se la considera la capital vampírica de Europa. Es impresionante; hay documentos incluso de cuando se fundó la ciudad.

—Pues mira, hemos estado registrando la casa donde se reúne la Orden Verde y tienes otro archivo, yo diría, desde otro punto de vista.

—Mañana iré a buscarlo.

—Los uniformados te lo están trayendo ahora mismo, pero cuando puedas debes pasarte por allí; tus ojos seguramente verán cosas que los míos no han visto. —Flavio comenta:

—Deberíamos hacer una visita al cementerio de la Isla Sant Michele.

—Por supuesto que iremos, pero necesitamos encontrar a Giulia. En estos momentos es la principal sospechosa de la muerte de Lucio.

Un uniformado llega acompañado de un compañero de la científica.

—Ya tenemos los resultados que me pedisteis, las huellas que hemos encontrado por el palacio, en la mesa, escalera y algún que otro lugar corresponden a Lucio Recci, de Giulia Contini no hay ninguna, tenemos más que iremos comparando. La sangre del suelo era de Lucio.

—Gracias. Creo que está claro: hay que encontrar a Giulia.

—No será fácil; es una mujer con muchos recursos.

—Ya lo sé, Flavio, pero la encontraremos.