CAPÍTULO 3º
La primera en llegar es Lorena. Cuando llega a su mesa, se da cuenta de que ya tienen las órdenes del juez para los registros y también un sobre del anatómico con el informe del forense. Un poco más tarde llega Lucas.
—Mira, ya tenemos los permisos y el informe del médico. Ha sido rápido.
—¿Han estado trabajando toda la noche?
—No, es del cadáver que sacaron del Gran Canal. No sé cuándo tendremos el del director del teatro.
La muerte se produjo por varias puñaladas, concretamente catorce.
Cuando se tiró el cuerpo al canal, ya estaba muerto, pues no había agua en sus pulmones.
Las huellas tomadas en el cadáver corresponden a Lucio Recci y el ADN es concluyente y coincide con el del feto analizado hace unos días. El niño sería hijo del fallecido.
—¿Qué te parece?
Unos nudillos golpean la pared. Los inspectores levantan la cabeza; se trata del médico forense que acudió al teatro.
—Buenos días.
—Hola, doctor.
—Os traigo el informe del gerente de La Fenice.
La muerte se produjo por apuñalamiento en el cuello con corte de la yugular, hay otras heridas defensivas pero de poca profundidad que no podían ser letales, algunas contusiones que indicarían una pelea.
—Es seguro que hubo una pelea, pero ¿con quién? Alguien volvió a usar el pasadizo secreto para entrar en el teatro y por eso Mauro, el bedel, no se percató de la presencia del asesino y dice que no vio a nadie.
—Nos faltan los resultados de la científica y del teléfono de la víctima.
—Bueno, vamos, llama a Pietro y registremos Ca’ Dario y la casa del Canal Barcaroli.
Se reúnen con Pietro en la casa palaciega del Canal Barcaroli, esquina con Puente de la Piscina, junto con una dotación de diez uniformados que colaborarán en el registro de todo el edificio.
En parejas, los diez policías se distribuyen por todo el edificio. El registro es minucioso. Los inspectores y el historiador se reservan la parte de la primera planta que corresponde a un estudio/despacho.
En él encuentran documentos que Pietro y los inspectores descifran como actividades de la Orden Verde de Venecia, extorsiones a personas con nombre y apellidos, negocios de prostitución, drogas, compraventa de arte veneciano robado, cuentas en paraísos fiscales.
Libro de actas de las reuniones de la orden en donde se pone de manifiesto que el jefe, el Gran Maese, era Lucio Recci, otro libro detalla la filiación de todos los miembros y sus cargos.
—Todo esto lo incautaremos y lo llevaremos a la jefatura. Hay que analizarlo bien.
Los uniformados encuentran armas, drogas y arte veneciano preparado para la venta.
—Vosotros sois los agentes, pero a mí me parece que su muerte no responde a una guerra de bandas.
—La verdad es que no. Volvamos a la comisaría.
Al llegar a la jefatura de policía, un policía le dice a Lorena que ha venido un agente de la científica, que cuando lleguen lo avisen y que les traerá los resultados.
Al rato llega el agente de la científica.
—Hola, hemos revisado a fondo el despacho del director del teatro.
Las huellas más evidentes son las suyas, pero, como ya sospechábamos, hubo una pelea.
Seguramente el asesino llevaba guantes de látex, pero con la pelea se rompieron y eso permitió que se marcaran huellas en algunos lugares, incluso una parcial en el mango del cuchillo.
Las imágenes las hemos pasado por el archivo de la policía y corresponden a una mujer llamada Giulia Contini, de cuarenta y dos años, empresaria, nacida en Venecia, con residencia en la ciudad, en una casa en el 355 de Dorsoduro, en el Gran Canal, justo al lado de Ca’ Dario.
También hemos analizado la sangre del ángulo de la mesa; el mismo ADN que ya teníamos ahora sabemos que es de esta mujer.
Seguramente sufrió una herida importante.
—Bueno ya tenemos un nombre y una cara. Que tenemos del teléfono móvil.
—Creo que os dará una buena idea de lo que ha pasado con este caso.
Hay fotos de las orgías dentro del camerino, páginas de contactos; aún nos falta averiguar más cosas, pero lo que os interesará a vosotros es una conversación entre el director y Giulia en un Chat.
Al parecer, el director conocía perfectamente la identidad de la mujer y sabía que ella era la asesina de la soprano, por lo que quiso chantajearla.
La mujer y él se reunieron en el despacho, donde tuvieron una fuerte pelea, y ella lo acuchilló.
—Ya conocemos la identidad, sigamos investigando, aún quedan cabos sueltos: ¿quién mató a Lucio? Mañana iremos a Ca’ Dario.
Una barcaza con una dotación de veinte policías amarra en el embarcadero de Ca’ Dario, y también una lancha con los dos inspectores y el historiador.
—Distribuiros por parejas y registrad todo el edificio.
La planta baja es un atrio cubierto con columnas, con la entrada desde el canal; lo que destaca es el brocal de un pozo.
En la primera planta hay un gran salón iluminado con arañas de cristal de Murano, con una gran mesa en su centro y, a su alrededor, ocho sillas; en una de las paredes laterales, un mueble con compartimentos y dos aposentos vacíos.
En la segunda planta, una gran biblioteca con todos sus estantes vacíos y un gran salón, el salón amarillo, porque sus paredes están tapizadas con tela amarilla; pero hay algo importante en el suelo: una gran mancha de sangre seca.
La última planta es una planta diáfana vacía; en una de sus paredes laterales hay una gran estufa cerámica.
Da la sensación de que es más pequeña que las otras, pero nada llama la atención.
Pasadas cuatro horas dan por terminado el registro y se reúnen todos en la planta baja.
—El palacio está vacío y casi abandonado, a pesar de que desde 2006 tiene un nuevo propietario desconocido, al parecer un fondo de inversión que, según el ayuntamiento, lo está restaurando.
Tomaremos una muestra de la sangre hallada en el suelo, a ver a quién corresponde, aunque imagino que es del cadáver que encontramos flotando en el canal.
Buscad huellas por si acaso, aunque en un espacio tan grande es difícil.
—Precintad el edificio.
Después de que los uniformados toman las muestras y abandonan la mansión, Lorena, Lucas y Pietro se quedan un momento en el embarcadero.
—Pietro, ¿qué te ha parecido?
—Es una lástima, pero está muy deteriorado, tengo fotos de cuando estaba en su esplendor, había muebles elegantes, grandes lámparas que iluminaban el ambiente, gente de servicio, la biblioteca estaba a rebosar de libros, pero ahora creo que no durará mucho, los edificios en Venecia requieren un mantenimiento constante, las humedades son su peor enemigo.
—Ya que estamos aquí, vamos a ver la casa del lado donde tiene fijada su residencia la mujer que buscamos.
Al oír estas palabras, un hombre corpulento, entrado en años, con la vestimenta tradicional de camisa a rayas rojas y blancas y un canotier de paja en la cabeza, un auténtico gondolero, que estaba con su góndola amarrada en el muelle del palacio, se acerca a los inspectores.
—Perdonen que les interrumpa, me llamo Flavio, he visto que registraban el edificio, seguro que no han encontrado nada y es porque no saben buscar, Ca’ Dario tiene muchos secretos.
—¿Y usted los conoce?
—Todos. He trabajado para las gentes que compraron la propiedad los últimos sesenta años.
Es un lugar peligroso porque las personas que lo han habitado eran discípulos de Satán, empezando por el propio Giovanni Darío, primer Gran Maese de la Orden del Dragón de la Laguna.
Fue él quien impulsó la secta satánica que ahora dirige una mujer, Giulia Contini.
—¿Cómo sabe todo esto?
—Ya le he dicho que he trabajado muchos años para ellos.
—Esta mujer sabemos que vive en esta casa vecina, ¿es así?
—Sí, en teoría vive aquí, pero ahora no está, se fue hace unos días, no sé dónde.
—¿Usted nos ayudaría a volver a registrar el palacio y nos desvelaría sus secretos?
—Por supuesto. Mi amigo Mauro, el bedel de La Fenice, me contó lo que ha pasado y quiero ayudar.
Los cuatro vuelven a entrar en el edificio.
—Miren, este pozo aquí no tiene ningún sentido. Cuando haces un agujero, lo único que encuentras son las aguas de la laguna, que no son potables. ¿Saben qué utilidad tiene este pozo?
—No.
—Deshacerse de los cadáveres de los ritos satánicos. Los tiraban al pozo y salían flotando al canal.
—¿Podríamos bajar, a ver si encontramos alguna pista?
—Un submarinista profesional, sí, pero seguramente no hallarían nada. Sigamos, vamos al último piso.
Recorren las plantas hasta que llegan a la buhardilla.
—Aquí está todo vacío, pero ¿veis la estufa?
Es una creación rusa del siglo XV. En la parte superior de la columna hay una baldosa con un sol; si la aprietas, como hago ahora, ¿veis?
, toda la parte anterior se abre: es una puerta que da paso a una habitación secreta, el archivo de la Orden del Dragón de la Laguna.
Documentación de sus actividades desde que tomó el mando Giovanni Darío.
—Esto es muy importante y, al mismo tiempo, impresionante. Con esto se resolverán muchos casos y podremos acabar con la secta.
—Pero eso no es todo. Vamos al jardín.
Cuando llegan al patio en la planta baja, continúan la inspección.
—Este palacio está construido como la mayoría, encima de pilotes de madera de roble, pero la parte posterior se apoya en la tierra firme de la isla, fijaros que en el centro del espacio hay una reja a ras de suelo. Con fuerza la podemos levantar, abrir, pues en uno de sus lados tiene bisagras.
Al levantarla queda al descubierto una amplia escalera de caracol que desciende hasta un sótano de gran tamaño que en la parte central tiene una especie de altar de mármol, el suelo es liso y las paredes tienen bajo relieves con temas satánicos, la iluminación es por unos palos clavados en la pared con bombillas en el extremo, que seguramente antes eran antorchas o lámparas de aceite.
—Pero ¿esto qué es?