Cómo sobrevivir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 1) 21 Gwen #2
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21 Gwen #2

—Por todos los detalles. —Señalé la ducha instalada en el cubículo de cristal—.

No es una ducha de lluvia. Son terribles, porque te mojas el pelo, y no puedes enjuagarte bien sin meter la cabeza debajo.

—Hice un gesto hacia la encimera—. Un montón de enchufes, para el secador y otros utensilios.

Y hay un montón de sitio para las cosas de aseo.

¡Y un taburete! Y fíjate en los espejos.

—Me acerqué a uno y fingí maquillarme—. La iluminación es perfecta.

Harrison se acercó a mí por detrás y me besó el cuello.

—Tú eres perfecta, ¿lo sabías?

Me volví y le di un beso.

—¿Eso crees?

Él asintió, y bajó la cabeza para besarme despacio, al tiempo que me levantaba el vestido.

—Hemos hecho una reserva para cenar —murmuré entre los besos.

—En Surfside no aceptan reservas, hay que esperar una mesa libre. Pero me conocen, así que…

—Así que ¿cenaremos en la mesa del chef con un menú especial?

Él se encogió de hombros.

—Antes de preocuparnos por eso, vamos a estrenar esta habitación.

Me senté en la encimera de un salto, separé las piernas para que Harrison pudiera situarse entre ellas, y nos pusimos a ello.

A alcanzar el primero de muchos orgasmos, con suerte.

Un par de horas más tarde, estábamos terminando de cenar en Surfside, un restaurante pequeño y perfecto, sin turistas, que resultó ofrecer una comida sorprendentemente perfecta.

El vino, la luz tenue y el ambiente de playa habían calmado el estrés de Harrison, y por fin empezó a parecer que estábamos de vacaciones.

Durante un rato, logré que se olvidara de las tensiones familiares que le esperaban en el hotel.

—¿Os apetece un postre? —preguntó la camarera—. ¿Habéis guardado sitio?

—Por supuesto que tienen sitio —dijo un hombre, que se acercó con una silla a nuestra romántica mesa para dos.

Harrison volvió la cabeza para mirar al intruso con mala cara, pero enseguida sonrió cuando reconoció quién era. La camarera se retiró para dejarnos mantener esa reunión inesperada.

—Logan —dijo Harrison, poniéndose en pie para dar a su hermano un abrazo de medio lado—. ¿Cómo nos has encontrado?

—Conozco tus preferencias —respondió él, después de dar una palmada en la espalda a Harrison—. Me imaginé que esta noche no cenarías en el hotel, y Drew me lo ha confirmado, así que he venido a fastidiarte la fiesta.

La situación era tan forzada como con Drew, pero, al mismo tiempo, era diferente.

Me pareció que entre los dos hermanos Ashford mayores había más tensión, pero esta otra relación era algo más relajada.

Tampoco parecía muy buena, pero tuve la sensación de que Harrison no se veía obligado a competir con su hermano pequeño como lo hacía con Drew.

Logan se volvió a mirarme.

—Ya lo sé todo sobre esta superestrella. Papá no dejaba de hablar de ti, y luego empezó Drew. Y, por supuesto, sé que eres tú la responsable de que mi hermano apareciera en la televisión para disculparse.

Nos estrechamos las manos y, una vez más, me vi cara a cara con otro hermano Ashford muy guapo.

Aunque «guapo» no era suficiente. Logan era tan carismático como sus hermanos, pero tenía algo diferente que no lograba identificar.

Tal vez fuera el síndrome de hermano pequeño.

Lo más probable era que Harrison se hubiera llevado todos los golpes al ser el hermano mayor, Drew era el mediano, era más ecuánime, y todo eso habría permitido a Logan, el menor, no sufrir tanta presión y hacer lo que le diera la gana.

Hasta era más rubio que sus hermanos, un auténtico chico de oro Ashford.

—Encantada de conocerte —saludé cuando nos dimos la mano—. Y yo no dejo de explicar a todo el mundo que Harrison es la razón por la que las cosas fueron tan bien con Scarlet. Yo solo tengo como el veinticinco por ciento del mérito.

—Bueno, eso hace que forméis una pareja muy poderosa —dijo Logan, que se había dejado caer en la silla para sentarse a la mesa.

Harrison me miró a los ojos al oír la palabra «pareja», pero no protestó.

¿Habría tenido razón Sarah? Tal vez debería relajarme y disfrutar del fin de semana sin darle vueltas a todo. Y tenía trabajo que hacer: mantener a Harrison de un humor aceptable, a pesar de la insidiosa tensión familiar.

Además, tal vez Logan pudiera servir de antídoto también. No parecía tan directo como sus hermanos mayores. Opté por tomar las riendas de la conversación.

—He oído que juegas al golf.

—En realidad, no —respondió con una risa—. O, al menos, ya no.

—Logan estaba en el equipo de la universidad, lo que quiere decir que es mucho mejor que nosotros, pero como ya no tiene un hándicap de diez, cree que es muy malo —explicó Harrison.

—La última vez que jugamos, casi me ganas —exclamó Logan—. Eso sí que fue todo un aviso. Tengo que ser más regular.

—¿Vais a jugar papá y tú? —preguntó Harrison, con una expresión más tensa.

—Es probable. —Logan extendió una mano y cogió una de las patatas fritas que quedaban en el plato de Harrison—. Pero ha estado raro desde que ha llegado. Creo que lo de celebrar su cumpleaños le está costando mucho.

Más tensión. Genial.

—¿Crees que pasa algo más? —preguntó Harrison—. Porque a mí también me ha dado la sensación de que está raro.

—Puedes preguntárselo a él directamente —sugirió Logan.

—Sí, ya —resopló Harrison—. A papá le encanta hablar de sus sentimientos. Siempre se le ha dado muy bien controlar sus emociones.

—Sí, eso es verdad —admitió Logan, antes de comerse otra patata.

—¿Dónde se ha metido la camarera? —pregunté, estirando el cuello para buscarla por el diminuto restaurante—. Había dicho algo sobre un postre…

—Sí, y a mí me encantaría una copa de oporto —dijo Logan—. Bueno, si no os importa que me quede un poco más.

Observé con atención la cara de Harrison al responder.

—Eres de la familia —dijo él—. Siempre eres bienvenido.

Puede que fuera bienvenido, pero ¿era apreciado?

¿Comprendido? Los Ashford no tenían la menor idea de cómo conectar, y me daba bastante pena por todos ellos.

Cogí la mano de Harrison bajo la mesa y le di un apretón.

Tanto si pensaba que su familia lo apreciaba como si no, quería que supiera que me tenía a mí.