11 Gwen #2
—De ninguna de las maneras, jamás, apoyaría la clonación de un animal; sobre todo, cuando los centros de acogida del país están llenos de perros fantásticos esperando que los adopten.
—Se sonrojó un poco—. Me cabrean muchísimo los cabrones que tratan a los perros como un juguete, o un accesorio.
Son nuestros mejores amigos, nuestros aliados, nuestros compañeros.
Todos los malditos días desearía que mi forma de vida me permitiera adoptar un perro, pero no puedo hacerlo porque mi trabajo no me permitiría dedicarle toda mi atención.
Harrison me lanzó una mirada que parecía pedir permiso para lo que fuera a decir a continuación.
—Soy voluntario en el centro de acogida Nato Beach y, cada vez que voy allí, me enamoro de nuevo de algún perrito.
No me gustó que utilizara palabras malsonantes, pero era imposible no captar la sinceridad de sus palabras. Scarlet miraba a Harrison con los ojos y la boca muy abiertos.
—Yo… siento mucho haber creído lo que me han contado sobre ti. —Miró a Willow y levantó las manos en un gesto confuso—. ¿Por qué dijo Ian todo eso? ¿De qué va?
Yo di un paso adelante.
—Esto, creo que yo puedo contestar esa pregunta.
Los otros tres se volvieron a mirarme, y comprendí que había llegado el momento de contar mi trauma personal a la estrella del pop más grande del mundo. Y a mi jefe, de paso.
Contar mis penas era algo que jamás se me habría ocurrido hacer delante de un cliente, ni de alguien a quien hubiera conocido en un entorno profesional, pero no era yo quien había convertido aquello en un asunto personal: era Ian.
Si pensaba combatir sus tretas, sabía que esa era la mejor manera de conectar con la cantante y relajar los ánimos de todos en ese momento.
Pero, con todo el mundo esperando mi explicación, en particular Scarlet, sentí pánico escénico por primera vez en mi carrera.
Me tragué la ansiedad y empecé a hablar.
—Ian y yo trabajamos juntos en un proyecto —dije con esfuerzo, mirando a Scarlet porque no me atrevía a volver la vista hacia Harrison—.
Empezamos llevándonos bien, pero él me dejó claro desde el primer momento que yo le interesaba, y se dedicó a cortejarme.
Al principio, su interés me gustó, resultaba halagador, así que empezamos a salir.
Durante un tiempo, las cosas fueron muy bien, pero luego me di cuenta de que solo hacíamos lo que él quería.
Decidía dónde comíamos, lo que comíamos, con quién nos relacionábamos…
Un par de veces lo encontré tratando de entrar en mi móvil.
¡Hasta me obligó a cancelar unas vacaciones con mi hermana!
Yo lo aguanté porque me parecía muy romántico que quisiera estar conmigo todo el tiempo.
En eso consiste el amor, ¿no? Pero terminó por parecerse a un jersey demasiado pequeño: molesto y restrictivo.
Al final, lo único que quería era quitármelo de encima.
Estaba utilizando la información que tenía como fan para explicar mi situación. Sabía que su disco Más rápido trataba de su ruptura con Cole Bakersfield, que había resultado ser un hombre muy manipulador y le había hecho luz de gas. Ella conocía de primera mano la sensación a la que me refería.
—Empecé a distanciarme de él —continué—, pero eso solo le hizo presionarme más.
Se volvió más controlador, más exigente.
Cuando por fin conseguí romper con él, las cosas se pusieron muy mal en el trabajo.
Me hacía de menos en las reuniones, cuestionaba mis proyectos y se quejaba porque yo conseguía mejores clientes que él.
La situación empeoró tanto que tuve que dimitir, y me encantaba ese trabajo.
Al terminar de hablar, miré a Harrison y lo encontré con el ceño fruncido. No supe qué parte de la historia le habría disgustado, pero esperé que no dijera nada en ese momento, porque podía ver que Scarlet había estado pendiente de cada una de mis palabras.
—Eso es absolutamente horrible —dijo en una exhalación—. Conozco ese tipo de situaciones.
—Tú me entiendes. —Hice un gesto hacia ella—.
Esa sensación de impotencia cuando alguien se hace con el control de tu vida.
Me alegré muchísimo cuando conseguí librarme de él.
Después de eso, pensé que todo había terminado, pero cuando él se enteró de que Harrison me había contratado, supongo que intentó aprovechar la oportunidad para sabotearme una vez más.
Vosotros dos os habéis visto implicados sin quererlo, y por ello os pido perdón. No debería haber ocurrido nunca.
Scarlet se volvió a mirar a Willow.
—Voy ahora mismo —respondió ella, y empezó a teclear en su teléfono.
Se entendían tan bien que no necesitaban hablar. Esperé que mi intuición fuera correcta y que Willow estuviera a punto de despedir a Ian por orquestar aquel drama.
Noté que Harrison me estaba mirando, pero me negué a devolverle la mirada.
Aún no estaba lista para enfrentarme a él, y me sentía más que avergonzada por lo que me había visto obligada a confesar.
Él me había contratado porque pensaba que era lista, capaz y que mantendría el control de la situación, pero yo acababa de admitir que había permitido a mi ex manipularme y poner mi vida patas arriba.
Y, lo que era peor, el error que había cometido con Ian había ido más allá de mi vida y había terminado por afectar a la vida de Harrison.
Si estaba enfadado conmigo, no podía culparle.
—Bueno, ahora que hemos resuelto ese asunto, vamos a comer algo —dijo Scarlet, que procedió a coger un cruasán del tamaño de su mano y darle un mordisco enorme—. Hablemos de los planes para After Dark. ¿Te sigue pareciendo bien la idea?
Harrison relajó marginalmente su postura y cogió otro cruasán.
—Al cien por cien. Crucemos los dedos para que no haya más sorpresas.
—Puede que yo tenga otro as en la manga —sonrió Scarlet con un guiño—. Estate atento.
Harrison carraspeó, lo que solía hacer cuando estaba incómodo, pero no discutió. Buen chico. Aquella parte del plan no me entusiasmaba demasiado, pero no teníamos más remedio que fiarnos de la artista y su visión.
Y, bueno, nosotros también teníamos una sorpresa para la señorita Rush.