6 Gwen #2
Como esperaba, en unos minutos mi ordenador estuvo conectado, lo que me dio tiempo de calmarme y prepararme para la presentación.
Cuando llegó la hora, la sala empezó a llenarse de gente: Janet, Brianna, Jim, Thomas, Jack, Claire…
Me obligué a recordar todos los nombres a medida que iban ocupando sus asientos alrededor de la mesa.
Harrison se puso en pie a la cabecera de la mesa y la charla cesó al momento.
—Bueno, ya habéis conocido a Gwen, así que vamos a empezar. Quiero que todos estéis concentrados a medida que revisamos el plan.
Me enderecé en mi asiento.
—Buenos días —empecé, mirando al equipo.
Me sudaban las palmas de las manos. Había dado más presentaciones a lo largo de los años de las que podía recordar, pero nunca había tenido la sensación de jugarme tanto en una como en aquella.
A pesar de sus muchos, muchos defectos, Harrison había corrido un riesgo enorme al contratarme como lo había hecho, y esa era mi oportunidad de demostrar que no se había equivocado.
—Me alegro mucho de estar aquí, y me hace ilusión poder presentaros un nuevo enfoque. Si tuviera que resumir el plan en una sola palabra, elegiría sinceridad. Eso es lo que más valoran los Rushies de Scarlet, y es la mejor manera de ganarnos su perdón.
Al ver asentir a algunas personas, sentí un destello de confianza, y puse en marcha el proyector.
—Dicho esto, a los Rushies también les gusta el espectáculo, y por eso vamos a ir a lo grande.
Harrison se aclaró la garganta, pero no frunció el ceño, así que continué y pasé a la siguiente diapositiva.
—Scarlet está en pleno proceso de promoción de su próximo disco y su gira mundial.
—Love, Scarlet va a ser su mayor lanzamiento hasta ahora —dijo alguien.
—Exacto —confirmé, y pasé a la diapositiva que mostraba la portada del álbum—.
Está asistiendo a todos los programas nocturnos de entrevistas, incluyendo After Dark con Ryan Richardson.
Yo he trabajado ya con el equipo de Richardson, y tengo buena relación con ellos, así que el plan es que Ryan entregue a Scarlet una docena de rosas amarillas de tu parte, Harrison, justo después de su actuación en el programa.
Son sus flores favoritas y, además, el amarillo simboliza la amistad, de modo que no parecerá un gesto romántico.
Después, le entregará un cheque de Ashford Jets para su obra benéfica a favor de los animales, que es su proyecto personal favorito.
—Un momento, eso no me convence mucho… —empezó Harrison.
—Y aún hay más —le interrumpí, con una mirada de advertencia—. La noche siguiente, aparecerás tú en After Dark para una entrevista en la que hablarás de lo que pasó aquel día, lo mucho que sientes que Scarlet se perdiera su evento y la ilusión que te hace apoyar su obra benéfica.
—Pero ¿por qué voy a disculparme por un error que fue culpa suya? —preguntó Harrison, en un tono que sugería que eso solo era el principio de todo un discurso.
—Harrison —le reprendió Denise con suavidad—. Esa actitud no nos va a ayudar a resolver este asunto. La reconciliación no trata de determinar quién tiene la culpa. Además, necesitas aceptar una parte de responsabilidad por lo que dijiste después del incidente.
—Odio salir en la televisión —protestó él.
—Lo sé —dijo Denise—. A nadie le gusta, pero tampoco nos gusta que baje el valor de nuestras acciones, y eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora mismo.
Yo no dije nada mientras ellos dos, que trabajaban juntos desde hacía tanto tiempo, resolvían la cuestión.
—¿No puede hacerlo otra persona? —preguntó Harrison enfadado—. ¿Por qué yo?
—Porque tú eres Ashford Jets —respondió Denise.
—Y también eres el objeto de la ira de los Rushies —añadí, recordándole ese hecho con orgullo—.
Ellos creen que tú eres el malo, así que ahora debes dar la vuelta a la historia de un modo que ellos entiendan.
Un gran gesto como ese es justo lo que les gusta.
Si consigues fingir una disculpa convincente, se les pasará el enfado sin problemas.
Caray, hasta es posible que se vuelvan tus stans.
—¿Stans? —preguntó Harrison con gesto despectivo.
—Es argot —explicó Brianna desde el otro extremo de la mesa—. Es como ser un fan, pero con más intensidad. Se originó en una antigua canción de Eminem en la que…
—Escucha, yo no quiero fans, ni stans, ni nada de eso. Solo quiero acabar con todo este melodrama. Cuanto antes.
—Y para eso me has contratado —le recordé—. Yo pensaba que creías en mi visión de las cosas lo bastante como para traerme aquí, pero si no es así, puedo recoger y marcharme.
Era un farol: no podía permitirme abandonar mi nuevo trabajo de ninguna manera.
Contuve la respiración sin dejar de mirarle a los ojos, mientras él apretaba los dientes.
La sala se quedó en silencio, esperando su decisión sobre el siguiente paso, y mirándonos del uno al otro como espectadores en un partido de tenis.
—Es un buen plan —dijo Denise por fin.
—Estoy de acuerdo —corroboró otra voz desde el otro extremo de la mesa.
—Coste reducido y buenas posibilidades de resultado —añadió Brianna.
—Además, su obra benéfica encaja bien contigo —dijo Denise—. Tiene sentido, ya que tú…
—¿Los de After Dark ya se han comprometido? —interrumpió Harrison, dirigiéndose a mí—. ¿Cuál es tu plan alternativo si te dicen que no?
—La única razón por la que necesitaría un plan alternativo es que tú te niegues a aceptar el original.
Los de After Dark me deben un favor pero, además, esto les va a encantar.
Les entusiasman este tipo de historias que se desarrollan a lo largo de varios programas, y también les encanta tener una exclusiva que no tenga ningún otro programa.
Todo el mundo estaba pendiente de la reacción de Harrison. Si un hombre adulto era capaz de hacer pucheros como un bebé, eso era lo que Harrison Ashford estaba haciendo en ese momento, con el ceño tan fruncido que casi se le distorsionaba la cara.
Pero estaba en minoría, y lo sabía muy bien.
—¿Qué clase de estupideces voy a tener que decir? —protestó—. Porque ni en broma voy a ponerme sentimental y hacer una confesión ante todo el mundo. Dijiste que debería ser sincero, y yo sonaría falso de narices si intentara algo así.
—Si quieres, podemos preparar juntos el mensaje, pero yo tendré la última palabra —determiné—. Y sí, mientras estés en el programa, al menos tendrás que fingir sentir emociones humanas.
Se escucharon algunas risillas contenidas. Yo pasé a la siguiente diapositiva, que mostraba un guion muy breve.
—Eso me gusta —dijo Denise—. Un montón.
Dirigí la vista hacia ella, que me devolvió una sonrisa de apoyo. Harrison era un capullo como jefe, sin duda, pero, al menos, el resto del equipo parecía respaldarme. Era una ventaja inesperada, después de haber aguantado durante tanto tiempo a los colegas machotes de Alan.
—No pienso bailar —decretó Harrison.
—¿Acaso te lo he pedido? —repliqué.
—¿Cuál es el plan? —preguntó Harrison.
Yo le mostré mi teléfono.
—En cuanto me des el visto bueno, llamaré a mi contacto en After Dark. Scarlet acudirá al programa en unos días, y quiero asegurarme de que prevean un poco de tiempo después de su actuación para el momento de las flores.
Contuve la respiración mientras Harrison consideraba las alternativas que se le ofrecían.
—De acuerdo —dijo por fin—. Haz la llamada.
Se puso en pie bruscamente, salió de la sala de reuniones y yo dejé escapar un largo suspiro de alivio. Se escucharon algunos aplausos dispersos, y Denise asintió para demostrar su aprobación.
—Acabas de conseguir lo imposible —me dijo.
Incliné la cabeza, en una pregunta silenciosa.
—Has logrado que ese hombre acepte algo que no quería hacer. Es tu primer día, y ya has conseguido hacer magia. Enhorabuena.
Miré al lugar por el que Harrison había salido enfurecido. Puede que hubiera ganado la batalla, pero tenía la sensación de que la guerra entre nosotros no había hecho más que empezar.