34 Emilia
EMILIA
Todos acabamos el día agotados, pero nadie parecía querer que terminase la fiesta.
Drew había acudido con aspecto estresado a la reunión convocada por su padre para anunciar su jubilación, y yo entendía la razón.
Oliver iba a traspasar el mando y todas las responsabilidades que eso conllevaba, lo que atraería más atención pública hacia Drew y sus hermanos.
El anuncio, junto con la obligación de sonreír, estrechar manos y mantener conversaciones triviales durante horas en la recepción que siguió al anuncio, requería un montón de esfuerzo.
Pero ahora que nos encontrábamos todos juntos en la casa familiar, para celebrarlo de verdad, por fin podíamos relajarnos. O casi.
Yo aún me sentía algo nerviosa al encontrarme en presencia de la familia más famosa del sector hotelero y de viajes de Estados Unidos. Me habían recibido con los brazos abiertos, pero, en ocasiones, aún me sorprendía recordar que ahora formaba parte de aquel grupo de gente tan impresionante.
Oliver había insistido en traernos a todos a su casa para mostrarnos el invernadero recién terminado.
Candace se mantenía en segundo plano y, aunque los tres hermanos ya entendían que su papel no era presionar a su padre, sino apoyarle durante la siguiente fase de su vida, todavía había aspectos en los que ella sabía que no debía intervenir.
Y aquel espacio en particular, el invernadero que era un tributo a Alicia Ashford, era uno en el que Candace había entrado con muchísimo tacto y delicadeza.
Yo la admiraba por eso, y Gwen y yo nos estábamos esforzando por integrarla en el grupo de chicas.
Resultó que a Candace se le daba genial arrullar a los bebés, así que, cada vez que Gwen necesitaba un descanso de la pequeña Scarlet, ella era la primera en ofrecerse.
—Este invernadero no debería estar vacío —dijo Logan con tristeza al mirar aquel enorme claustro de cristal, sin duda imaginándose lo que habría hecho allí su madre—. Necesitamos orquídeas, rosas y plantas aromáticas.
Noah corrió a acercarse a su padre, riendo mientras sujetaba una pelota de tenis.
—Eh, colega, ve con cuidado —gritó Logan—. No podemos causar daños en este sitio, estamos a punto de venderlo.
Todos a una, nos volvimos hacia Oliver, porque no había sido nada claro respecto de cuándo pensaba hacerlo.
—Lo sé, lo sé —dijo en tono conciliador—. Será pronto, ¿de acuerdo? Organizar la mudanza está resultando ser más complicado de lo que pensaba. Esta casa no es solo un edificio, siempre ha sido el corazón de nuestra familia.
Nos tomamos un instante para mirar la última mejora de la finca Ashford. El invernadero de Alicia encajaba a la perfección allí y, aunque fuera nuevo, parecía llevar toda la vida en ese lugar.
Candace apretó el brazo de Oliver y le lanzó una mirada cargada de significado.
—Le tengo mucho cariño —continuó él—. No es solo por cuestiones estéticas, aunque os retaría a encontrar un lugar más bonito.
Me encanta, porque aquí construimos una vida entera de recuerdos.
Harrison, recuerdas cuando estabas en el instituto y trataste de convencernos de que necesitabas convertir el espacio sin terminar encima del garaje en tu… ¿cómo lo llamabas?
—Su guarida —dijo Logan con una risotada—. Dijo que necesitaba una guarida, ¡como si fuera un villano de Marvel!
—¡Es verdad! —corroboró Drew—. Se me había olvidado lo de la guarida. ¿De dónde sacaste eso?
—Necesitaba alejarme de vosotros dos, idiotas —dijo Harrison, en tono de reproche fingido—. No me dejabais en paz ni un minuto, y siempre estabais metiéndoos en mis cosas, así que pensé que instalarme en el lado contrario de la casa me daría algo de intimidad.
—Llegó a subir allí un saco de dormir y durmió en el suelo unas cuantas noches, para dejar bien claras sus intenciones —explicó Logan.
—No es mala idea —murmuró Gwen.
—No, claro —rio Oliver—, pero también hizo unos planos para su guarida, ¡incluyendo un jacuzzi y un ascensor!
—Tenía una visión —dijo Harrison sin inmutarse—. Valía la pena intentarlo.
Oliver le dio una palmada en la espalda.
—Exacto. Los Ashford tenemos grandes aspiraciones, y a veces las alcanzamos. Como cuando Drew trajo a casa aquella tortuga herida que encontró en el bosque y se la quedó hasta que se recuperó. No habíamos tenido mascotas hasta que Bart entró en nuestras vidas y se quedó unos meses.
Me volví a mirar a Drew, atónita.
—Un momento. ¿Rescataste una tortuga?
Observé su expresión mientras él hacía memoria.
—Joder, me había olvidado de Bart por completo —dijo él—. No me extraña que Winston y yo nos llevemos tan bien. A mamá también le encantaba Bart.
—A mamá le encantaban todos los animales —observó Logan—. Hasta los conejos que se comían sus flores.
Todos nos quedamos callados un instante, mientras la temperatura del invernadero parecía aumentar unos cuantos grados.
—¿Por qué no vamos a la casa? —propuso Oliver con voz resonante, como si hubiera notado que la melancolía podía acabar con el ambiente de celebración—. Hay un montón de comida y bebida preparada.
Cruzamos el césped para dirigirnos a la casa, en un largo paseo a través de los bonitos jardines.
Noah caminaba junto a Gwen y Scarlet, como si estuviera impaciente porque su prima fuera lo bastante mayor para jugar con él.
Oliver iba del brazo con Candace. Harrison besó a Gwen en lo alto de la cabeza.
—¿Estás bien? —Drew me cogió de la mano y le dio un apretón.
—Soy yo quien debería preguntarte eso —respondí, mirándolo—. Ha sido un gran día, con muchas emociones.
—Sí, ha resultado algo abrumador —confirmó—. Pero mientras estés junto a mí, estaré bien.
Me acerqué a él para apoyar mi cabeza en su hombro. ¿Quién habría dicho que la vida podía ser tan dulce?
Logan se acercó a nosotros.
—No parece real, ¿verdad? ¿Lo de vender la casa?
Levantamos la vista para admirar el edificio y, aunque todo era nuevo para mí, resultaba fácil comprender por qué lo consideraban un hogar.
Sí, era mucho más grandioso que cualquier lugar en el que yo hubiera vivido, con sus jardines estilo Versalles y los diferentes estilos arquitectónicos en la fachada principal, pero era el amor lo que convertía aquella mansión en un hogar.
Sobre todo, porque Alicia y Oliver se habían esforzado por que cada aspecto resultara perfecto.
Aunque la casa tenía un comedor gigantesco, yo sabía que pasaríamos el resto de la velada en el patio junto a la piscina y, si los acontecimientos se desarrollaban según lo previsto, al menos uno de los hermanos acabaría en el agua con Noah.
—Sí, será una pena separarnos de ella —respondió Drew—. Ojalá hubiera una forma de conservarla, pero es evidente que Harrison no la necesita porque ya tiene la suya. Y está demasiado lejos para mí. —Me miró con cariño y se corrigió—: Para nosotros.
Logan no podía apartar los ojos de la casa.
—Y es demasiado grande para Noah y para mí, sobre todo porque él pasa mucho más tiempo con su madre. Me sentiría como un fantasma, dando tumbos por los pasillos yo solo. Pero me gustaría…
—Lo entiendo. —Drew dio una palmada en la espalda de su hermano—. Pero no es más que una casa. Lo importante es la familia que viva dentro.
Caminamos un poco más antes de que Logan respondiera.
—Tienes razón.
—Está distinto —dijo Drew, haciendo un gesto con la barbilla hacia su padre.
Yo habría querido intervenir para señalar lo evidente: que Oliver estaba pasando a la siguiente fase de su vida, y ahora tenía a alguien que le importaba para darle ánimos; pero opté por dejar que lo descubrieran por sí mismos.
Los tres observamos a Oliver y Candace a la cabeza del grupo.
Todos íbamos vestidos para la fiesta que se había celebrado en la oficina, pero Oliver se había quitado la chaqueta de cuero y la llevaba colgando de los dedos por encima del hombro, y también se había aflojado la corbata.
Candace se había quitado los zapatos de tacón y los llevaba en una mano.
Pero no me sorprendió que los hermanos siguieran teniendo un aspecto inmaculado, como si estuvieran dispuestos a volver a la mesa de negociación en cualquier momento.
Eso era lo que les gustaba, y yo sabía que les encantaba su estilo de vida.
Lo mejor, en cualquier caso, era que Drew había aprendido a encontrar el equilibrio entre una vida diaria vestido con traje y corbata, y las noches en el sofá conmigo, vestido con su camiseta suavecita.
Lo habíamos convertido en nuestro ritual nocturno.
Para ser alguien que no parecía parar de trabajar jamás, era evidente que a Drew le encantaba desconectar tan pronto como entraba por la puerta cada noche.
Era como si tenernos a Win y a mí allí le recordara que debía disfrutar de la vida.
Sí, Win y yo básicamente nos habíamos mudado a su casa.
La de mi abuelo estaba terminada y esperando lo que fuéramos a hacer después, pero, por el momento, estábamos encantados de vivir con Drew.
Noah se nos acercó corriendo, con la camisa enrollada alrededor del cuello y los botones a medio desabrochar.
—Papá, ¡quiero ir a nadar!
—Ya sabes dónde guardamos los bañadores. Ve a cambiarte a la caseta de la piscina, y espera que lleguemos nosotros antes de meterte.
—¿Vas a bañarte tú también? —Noah juntó las manos bajo la barbilla—. ¿Os bañaréis todos?
Esperé a que Drew ofreciera alguna excusa, pero no lo hizo.
—Claro que sí, chaval —contestó—. Tu padre y tus tíos se van a bañar, no sé qué harán las chicas. —Se inclinó hacia el niño—. Tiene algo que ver con el pelo.
—¿Perdona? —Le di un golpe en la tripa—. ¿Cuándo me has visto preocuparme por mojarme el pelo? Nunca dejo pasar la oportunidad de bañarme. —Me incliné para mirar a Noah a los ojos, antes de que siguiera saltando delante de nosotros—. ¿Sabes si hay bañadores para chicas en la caseta?
—Ni te lo imaginas —rio Drew—. Mi madre conocía a alguien en Lily Pulitzer, y siguen enviándonos todas las colecciones anuales, en todas las tallas. Estoy seguro de que encontrarás algo que te vaya bien.
—Lily no es muy de mi estilo, demasiado rosa y verde; pero ya me apañaré —respondí.
Drew volvió a besarme la cabeza.
—Estoy seguro de que estarás preciosa, te pongas lo que te pongas.
—¡Vamos! ¡El último es un perrito apestoso, guau, guau! —gritó Noah, antes de salir corriendo hacia la caseta.
—Eh, cuidado con lo que dices —dijo Logan tras él, ocultando una sonrisa, y luego sacudió la cabeza—. Ese niño…
—Es estupendo —confirmó Drew—. Y estoy seguro de que la pequeña señorita Scarlet será una fierecilla, igual que él.
Logan nos miró a nosotros.
—¿Y qué hay de vosotros? ¿Ya sentís el ansia de darme otro sobrino o sobrina? Noah no deja de suplicar por un hermano pequeño, pero yo no pienso darle uno, así que espero sobornarle con unos cuantos primos más.
Drew ahogó una risa.
—Eh, calma. Echa el freno.
Pero yo sabía la verdad. Las noches en el sofá que acababan en conversaciones épicas sobre nuestro futuro; hablar de nuestros sueños y esperanzas, de lo que nos gustaba y lo que queríamos cambiar en nuestras vidas; nuestras fantásticas y desorbitadas aspiraciones; quiénes éramos el uno para el otro, y dónde estaríamos en treinta años. Y la familia.
Por eso sabía que Drew estaba muy dispuesto a considerar la paternidad. Ese no era el mejor momento, a la vista de lo que estaba ocurriendo en nuestras vidas, pero saber que compartíamos la misma visión del futuro me llenaba de esperanza.
Eso sería más adelante, pero por ahora, en ese momento, los dos disfrutábamos del cariño de una familia que estaba volviendo a unirse, mientras nosotros forjábamos nuestro propio camino.