Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 29 Emilia #2
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29 Emilia #2

Eso debería haber cerrado el tema, pero parecía que los dioses me estaban escuchando, y querían recordarme con exactitud las razones por las que me había enamorado de él.

La siguiente escena me mostró hablando por teléfono con la clínica veterinaria, cuando me dieron el presupuesto de la operación de Winston.

Me habían grabado desde lejos y, aunque no se podían oír mis palabras, mi expresión dejaba claro que estaba muy tensa.

Dorian, muy avispado, había insertado cortes que mostraban a Drew, situado a una corta distancia detrás de mí, mirándome con un aspecto igualmente tenso. De hecho, parecía muy preocupado.

Ver cómo mi preocupación se reflejaba también en sus rasgos resquebrajó la capa protectora con la que había intentado cubrir mi corazón.

En aquel momento, ni siquiera habíamos empezado nuestro romance, pero Drew parecía dispuesto a morir por mí.

Por poco que me gustara Dorian, debía admitir que era un maestro a la hora de contar historias.

Sabía que a la chica de la pantalla le esperaba un desengaño monumental tan solo unas semanas después, pero me sentía tan implicada en su romance como cualquier otro espectador del montón.

Me recosté en el respaldo del sofá mientras el programa continuaba, observando con rencor cada una de las sonrisas embobadas que intercambiábamos.

El juego de «Yo nunca» me pareció más divertido y subido de tono de lo que había sido en su momento, gracias a los cortes rápidos, la música de fondo y los gráficos superpuestos que había añadido Dorian, que daban la impresión de que mis «nunca» representaban una lista de cosas que Drew tendría que hacer.

Era divertido. Adorable.

Devastador.

El picor en mi nariz me recordó de un modo muy desagradable los sentimientos que creía haber superado.

Supuse que verlo todo desde una perspectiva diferente cambiaba las cosas.

Sí, Drew me había dado muchas señales de alarma, pero también muestras de una dulzura inconfundible que contrastaba con los aspectos negativos.

No. No podía dejarme llevar por la ficción televisiva. Drew me había dejado muy claro dónde estábamos, y que habíamos terminado.

—No te gustan mis palomitas —comentó Nora con tristeza.

Miré el cuenco lleno que tenía en el regazo.

—No, están buenísimas. Es que no tengo apetito.

Hacía semanas que lo había perdido. La ropa me empezaba a quedar un poco suelta.

El programa había pasado a una historia secundaria sobre cómo la orquesta se había equivocado con el primer baile en la boda. Yo había estado tan absorta en mis pensamientos durante aquella noche, que no me había enterado de casi nada.

—¿Igual no teníamos que haberlo visto? —preguntó Nora.

—¿Cómo no iba a verlo? —Me encogí de hombros—. Tenía que comprobar de primera mano cómo nos iban a mostrar, y también al hotel.

—Anda, ¡es verdad! —exclamó Nora—. Se me había olvidado por completo que este era el intento desesperado de Drew por redimirse. Creo que lo han clavado, hasta yo estoy lista para celebrar allí mi boda imaginaria.

—Sí —acepté—. Dorian ha sido un pedazo de capullo, pero nos ha hecho un favor enorme.

Podía haber incluido aspectos negativos, como el desastre del traje de captura de movimiento, pero no lo ha hecho.

Y las imágenes del hotel como contexto son espectaculares.

Creo que van a recibir reservas durante años solo gracias a este programa.

Y a mí también me ha servido de mucho. Tengo media docena de clientes nuevos y un montón de mensajes de proveedores pidiéndome que pruebe sus productos.

El programa estaba llegando a su fin, y me pregunté si los espectadores se habrían fijado en que Drew y yo no habíamos salido en los momentos finales.

Era evidente que el enfoque debía permanecer en Kristen y Carter, pero después de habernos seguido a nosotros como historia adicional, habría tenido sentido acabar el programa entrevistándonos juntos a los dos.

Sin embargo, tanto Drew como yo habíamos fingido estar demasiado ocupados para eso, así que habían optado por hacer entrevistas individuales cortas con cada uno. Yo había tirado de toda mi capacidad de interpretación y había sonreído al expresar mis mejores deseos para la feliz pareja.

—Se te da muy bien —murmuró Nora.

Cuando pasaron a la entrevista de Drew, me sorprendió ver lo conmocionado que parecía. Al menos, a mí me dio esa impresión, aunque estaba segura de que al resto del mundo le parecería tan dueño de sí mismo como siempre. Nora me cogió la mano.

Drew habló de lo mucho que se había divertido trabajando con Kristen y Carter, y de que siempre sabía identificar a las parejas que durarían. Dijo que sabía que «Carten» serían un equipo ganador desde el momento en que los conoció.

Qué pedazo de mentiroso.

La voz de Dorian le preguntó sobre su opinión acerca de nuestras probabilidades como pareja, y yo di un respingo.

—Apágalo —ordené, al tiempo que me ponía en pie—. Paso de verle contar mentiras al mundo. Ya he aguantado bastantes en primera persona.

En lugar de eso, Nora subió el volumen.

—¿Nuestras probabilidades? —musitó Drew con una sonrisa, pero yo podía ver las nubes de tormenta en sus ojos—.

No tengo la menor duda de que he encontrado a la mujer para mí.

Ella es todo lo que busco en una pareja.

Me mantiene calmado y me vuelve loco, al mismo tiempo.

No hay nadie en el mundo como Emilia Marino, y estoy orgulloso de que esté conmigo.

Hizo una pausa, y miró directamente a la cámara. A mí.

—Ella es para siempre.

Las lágrimas llegaron sin avisar, y Nora saltó hacia mí y me abrazó fuerte. Apoyé la cabeza sobre su hombro y me dejé llevar por la desesperación.

—Es un pedazo de imbécil —sollocé.

—Shh, ya lo sé. Tú suéltalo todo. Te lo has estado guardando demasiado tiempo. Deja que salga, y luego te sentirás mejor.

Lloré por lo que podría haber sido y por lo que había perdido. Mis lágrimas estaban mezcladas con el enfado que sentía hacia Drew pero, sobre todo, estaban llenas de una tristeza muy profunda, que sabía que no desaparecería con una sesión de llanto. Ni con dos.

No, las cicatrices que me había dejado Drew iban a durar bastante tiempo. Solo podía esperar que, en algún momento, se desvanecieran y yo podría volver a confiar en mi corazón.