Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 29 Emilia
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29 Emilia

EMILIA

—¿Cuánta mantequilla es demasiada? —preguntó Nora desde la cocina.

—No hay límites —grité desde donde estaba sentada en el sofá—. Úsala toda.

En realidad, no estaba segura de poder comerme las palomitas que estaba preparando, por mucha mantequilla que les pusiera.

Nos estábamos preparando para ver el programa especial sobre la boda de Carter y Kristen, y con solo ver los avances, ya me estaba poniendo mala.

No me había sorprendido que Drew y yo tuviéramos nuestra propia historia secundaria en él.

—¿Dejo algunas sin nada para Winston? —preguntó Nora—. Así él también tendrá algo rico mientras vemos el programa.

—No, las palomitas no están en su lista de comidas aprobadas. Pero te lo agradece, de todos modos.

Winston y yo habíamos hecho lo posible para instalarnos en casa de Nora sin ponerlo todo patas arriba.

Como vivía en un piso, no había espacio al aire libre para él, así que, cuando no estábamos en casa, él quedaba confinado a su contenedor.

Pero cuando estábamos nosotras, lo dejábamos suelto, aunque teníamos que cerrar todas las puertas porque le encantaba esconderse.

Hasta que se acostumbró al piso, habíamos tenido que lanzar varias expediciones de búsqueda y rescate de emergencia.

Nora se acercó a la zona de estar con dos cuencos enormes de palomitas.

—Voilà. La cena.

Tuve que reírme. Se me estaban contagiando las costumbres alimenticias peculiares de Nora, lo que significaba que yo también consideraba los sándwiches de lechuga, beicon y tomate apropiados para el desayuno. Al fin y al cabo, llevaban beicon.

Ella se dejó caer en el sofá a mi lado.

—¿Estás bien?

Asentí con rapidez.

—Perfectamente. Solo un poco nerviosa porque voy a verme en televisión, pero, aparte de eso, todo bien.

Ella me miró con expresión dudosa.

—Sabes que puedes ser sincera conmigo, ¿verdad?

En las semanas desde que todo se había ido a paseo, había hecho un gran esfuerzo para contener mis sentimientos.

Me había metido en toda aquella estupidez de fingir un compromiso de forma consciente, y el fin de nuestra relación no debería haberme sorprendido.

Pero, entonces… Bueno, se trataba de Drew, y me había enamorado de él.

Si había creído que el sentimiento era mutuo, era una tonta, y ahora me tocaba superar el final de una relación que nunca debí creer que fuera real.

—Te juro que estoy bien —afirmé con toda la convicción de la que fui capaz.

¿Se daría cuenta de que estaba mintiendo? Sí, por supuesto. Hasta Winston había notado que yo no era la de siempre y, por eso, cada vez que estaba fuera de su contenedor, se quedaba junto a mi pie en lugar de pasearse por ahí.

—¿Te gustan las palomitas? —preguntó Nora, consciente de que era mejor no insistir, sobre todo en una noche tan estresante como aquella—. Les he puesto un poco de esencia de trufa y parmesano.

Si hubiera tenido apetito, me habría comido las palomitas a puñados, pero me limité a probar unas pocas mientras ella miraba.

—Mmm, ¡deliciosas!

—¿Ves? Estas son mucho mejores que esa basura que se hace al microondas —afirmó, triunfante.

La sintonía del programa empezó a sonar, y estuve a punto de atragantarme con una palomita.

—Ay, Dios mío. ¿Lo han llamado Kristen y Carter: Un amor de cine? —rio Nora—. Suena a peli porno.

—Bueno, es que se conocieron en el rodaje de la última película de ella, porque Carter era el entrenador personal del otro protagonista.

El programa empezó mostrando fragmentos de lo que estaba por venir, y me encontré sonriendo al ver partes de escenas que había presenciado en la realidad. A pesar de todos los dramas que ese programa había traído a mi vida, me lo había pasado bien. Y darme cuenta de ello dolía muchísimo.

—¡Ahí estás! —Nora me dio un golpe de karate en la tripa—. Ay, madre, ¡eres famosa!

Se me secó la boca al ver un segundo de grabación en el que Drew y yo nos abrazábamos.

Estaba grabado desde la distancia y, aunque recordaba el momento, no había tenido ni idea de que nos observaban.

Drew me decía algo, y yo lo miraba con una expresión tan soñadora y confiada, que me habría gustado saltar dentro de la pantalla y darme una bofetada para espabilarme.

¿Cómo podía haber estado tan ciega? ¿Y por qué tenía ganas de llorar?

Había hecho un esfuerzo para no estar triste, porque Drew no merecía que me deprimiera por él. O eso era lo que no dejaba de decirme. Había logrado convencer al resto del mundo de que no me había afectado la ruptura, pero mi corazón no había recibido el mensaje.

—Oye. —Nora me apretó una mano—. ¿Estás segura de que esto es buena idea? Pareces agobiada.

Vaya, no debía ser tan buena actriz como pensaba.

—Es que es muy raro, ¿sabes? Todos los aspectos que estoy viendo ahora.

Estábamos fingiendo, pero también era real.

Hubo muchas cosas que hicimos solo para las cámaras, pero hay cosas que creo que no nos dimos cuenta de que se estaban grabando.

Era una actuación, pero los sentimientos eran auténticos, o yo creía que lo eran. Lo eran para mí.

—No sé qué decirte —dijo Nora con la vista puesta en la televisión—. O él es un actor increíble, o también sentía algo de verdad, porque la química entre vosotros dos parece alucinante.

—Para. Solo han sido dos segundos de imágenes. Igual tenía un calentón.

Ella se me quedó mirando con una sonrisa incrédula.

—Ya, claro. Tú sigue convenciéndote a ti misma.

—¿Por qué estás tan a favor de Drew? ¿De qué lado estás?

—No estoy de su parte, ¡te lo juro! —Nora abrió mucho los ojos—. Estoy contigo hasta el final, pero solo digo que, mientras estuvisteis juntos, los dos parecíais muy felices. Nunca te había visto así. Eso debería contar, ¿no?

—Sí, estaba siendo una idiota —respondí—. Vive y aprende. No volverá a pasar.

—¡Shh! —siseó Nora, apuntando a la televisión con el dedo—. ¡Ahí estás! ¡Dios mío, estás guapísima!

La escena correspondía a una de las entrevistas personales del principio, que Dorian me había explicado que servían para «establecer mi personalidad».

Era su forma de decir que el programa la usaría para contar mi historia.

Fui a esa entrevista con la intención de presentarme como nada más, y nada menos, que una organizadora de bodas increíblemente competente, pero la habían editado con otra idea en mente.

Mientras yo hablaba de lo mucho que me gustaba convertir en realidad los sueños de mis clientes, las imágenes me mostraban en varias situaciones con Drew, como si repasáramos juntos los detalles de la boda.

Yo seguía pareciendo competente, pero las imágenes se centraban más en nuestra relación que en mi trabajo.

—¿Por qué solo muestran las escenas en las que estoy con él? —protesté—. Cuando empezamos a grabar, casi no pasábamos tiempo juntos. Están cambiando la historia.

—Bueno, tú firmaste un documento de consentimiento —me recordó Nora—. Ya sabes que eso les da el control sobre tu imagen, para bien o para mal.

Las imágenes no contaban una mentira total.

Drew y yo habíamos trabajado juntos durante buena parte del proceso de organización, pero cada una de las escenas estaba presentada de un modo que acentuaba la atracción creciente entre nosotros.

A los espectadores no les sorprendería, porque el programa había dicho desde el principio que Drew y yo estábamos comprometidos, pero yo podía ver cómo habían saltado las chispas y la atracción mutua en tiempo real.

También podía ver las grietas en la fachada.

La escena, que solo duró un segundo, en la que discutimos sobre los caracoles, me recordó lo condescendiente que había sido conmigo.

Los momentos dulces que mostraban nuestro amor eran dolorosos, pero cada recordatorio de los problemas reales a los que nos habíamos enfrentado Drew y yo me daba más munición.

El programa pasó a una serie de escenas auxiliares sobre cómo se habían conocido Kristen y Carter.

—Caray —dijo Nora—. Esa sí es una forma bonita de conocerse. Hay que reconocer que los editores han hecho que quede muy bien. —Se volvió a mirarme.

—Carter es exigente, superficial y solo una cara bonita, pero es verdad que adora a su mujer.

—Parece una combinación complicada.

—Lo es, pero si te fijas en sus escenas con Kristen, ella lo mira con adoración incluso cuando está molesta con él.

—Sigue sin ser una buena combinación.

La siguiente escena fue mostraba una de las entrevistas que hicimos Drew y yo juntos. Cuando apareció un primer plano mío, chillé y me tapé los ojos con las manos.

—Para —me reprendió Nora—. Estás preciosa.

Miré entre los dedos y observé cómo reíamos y tonteábamos al responder las preguntas. Maldición, se estaban confirmando mis peores temores: resultábamos encantadores juntos.

—No sé… —Nora sacudía la cabeza—. A mí eso me parece una atracción auténtica.

—A ver, es verdad que está bueno de narices. Por supuesto que se nota que quiero lanzarme encima de él.

—No, es más que eso —insistió ella, sin dejar de mirar la pantalla—. Él te mira de un modo que…

Dejó la frase sin terminar, mientras yo contestaba en la pantalla una pregunta que parecía bastante inocente.

—Tú míralo —me pidió—. A él, no a ti misma. Fíjate en cómo te escucha. Está totalmente concentrado. Casi diría que parece obsesionado.

Yo me había estado fijando con tanta atención en si yo daba la impresión de saber lo que estaba haciendo, que apenas me había fijado en que Drew parecía pendiente de cada una de mis palabras.

Su cuerpo estaba girado hacia mí para verme la cara, y tenía un brazo apretado contra el mío.

Cuando dije algo gracioso, él soltó lo que parecía una carcajada auténtica, y el corazón se me rompió al escucharla.

—No sé, amiga mía —suspiró Nora cuando el programa volvió a la pareja del momento—. Vais a tener que resolver toda esa mierda porque, por lo que yo veo… —Agitó los dedos hacia mí.

—¿De qué hablas? Ya está todo resuelto. Es un gilipollas, y lo que teníamos, fuera lo que fuera, se ha acabado.