28 Drew #2
—¿Y enfrentarme al pelotón de fusilamiento con cada decisión que tomo?
No gracias. —Mi padre rio un poco, pero su expresión se volvió seria enseguida e hizo un gesto hacia nosotros—.
Esto tampoco es fácil para mí, y no quería teneros a los tres agobiándome.
Ya sé que la casa significa mucho para vosotros. Para todos.
Miró hacia abajo y dio unos golpecitos en la mesa, como si intentara centrarse y evitar dejarse llevar por los recuerdos.
—Vuestra madre sigue viva en Halcyon Drive, ¿no es así?
Todos asentimos despacio. Había muchas razones por las que nos resultaba muy raro vender la casa, pero esa era probablemente la más importante.
—Yo lo entiendo, pero quiero que sepáis que, en cierto modo, en esa casa me siento atrapado en el pasado.
Llegado a este punto, tengo más vida a mis espaldas de la que me queda por delante, y quiero disfrutar de cada momento que me queda.
Tener nuevas experiencias, en lugar de vivir de los recuerdos.
Por no decir que la casa es demasiado grande.
Mucho más de lo que necesita un viejo como yo.
—Papá —intervine con rapidez—. Para, no hables así.
—¿Y por qué no? Debemos enfrentarnos a la realidad. Ahora he comprendido lo preciosa y breve que es la vida, y me ha costado un tiempo llegar hasta aquí, pero ya sé cómo quiero pasar el tiempo que me queda.
—Un momento, ¿estás enfermo? —exclamó Logan.
—Por milésima vez, no —rio mi padre—. Debería daros acceso a toda mi historia médica, para que podáis estar al día de mi salud, porque parece que, de lo contrario, no me creeréis.
No estoy tomando una decisión impulsiva, ni motivada por una crisis.
Lo he estado pensando durante un tiempo.
Es solo que no os lo había dicho hasta ahora.
Nos quedamos unos momentos en silencio mientras asimilábamos hasta qué punto hablaba en serio sobre pasar a la siguiente etapa. Él nos miró a los tres.
—Eh, ¿me estáis escuchando?
—Sí —respondí—, pero danos un momento para comprender lo que significa todo esto.
—Bueno, tenéis tiempo —afirmó—. Prepararé un detalle de los próximos pasos y os lo enviaré para que no os llevéis ninguna sorpresa.
Todos murmuramos nuestra aprobación, y él pasó a hablar de la siguiente reunión con el comité ejecutivo, en la que anunciaría el nuevo equipo de dirección. Terminamos con unos apretones de manos que se convirtieron en abrazos.
Al salir, los tres hermanos entramos en el ascensor y bajamos sin decir nada.
—Voy a necesitar procesar todo eso —dijo Logan cuando llegamos a la planta baja—. ¿Vamos a comer?
—Desde luego —confirmó Harrison—. Estoy anonadado. ¿Tú te apuntas, Drew?
—Sí, me puedo organizar —dije.
A decir verdad, solo estaba matando el tiempo hasta decidir qué hacer en Hilton Head.
El hotel de Carmel volvía a prosperar, gracias a la cantidad de prensa que había recibido en relación con la boda Carten.
El programa ni siquiera se había emitido aún por televisión, pero ya habíamos notado un aumento en las reservas, y eso me permitía dar un paso atrás y respirar mejor, para variar.
Y vaya si lo necesitaba, joder.
Nos dirigimos a una pequeña cafetería a la vuelta de la esquina, donde íbamos a comer siempre que acudíamos a la oficina principal.
Ese era el último lugar en el que alguien habría esperado ver a tres ejecutivos, lo que nos venía muy bien en esa ocasión.
Los tres queríamos pasar desapercibidos mientras comentábamos lo que acababa de ocurrir y, por suerte, el lugar estaba vacío.
Nos dirigimos a la parte trasera y ocupamos dos mesas mientras esperábamos nuestros bocadillos.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Harrison—. Yo estoy sobrepasado.
—Y yo, pero debes admitir que lo de ser codirectores tiene sentido. Es muy generoso por su parte no obligarnos a pasar por algún tipo de prueba para elegir al nuevo jefe del negocio, como sacar una espada de una roca —añadió Logan—. Lo de la casa me preocupa mucho más.
Yo asentí en silencio. También me sentía sobrepasado, pero por distintas razones.
—Esa maldita Candace —murmuró Harrison.
—Un momento, creo que esa decisión no es suya —dije yo—. Sí, ella está dando su opinión y haciendo sugerencias, pero es él quien gobierna el barco.
—Sí, y lo está llevando en dirección contraria a la que debería —protestó Logan—. A Noah le encanta esa casa. La llama «el castillo», y está convencido de que tiene a un grupo de caballeros escondidos en el sótano. No sé cómo voy a explicarle que su abuelo va a vender la casa.
—Sí, ya somos dos —suspiró Harrison—. Gwen la considera su refugio, y está hablando de hacer fotos del bebé en los jardines de mamá. Esto es un asco.
El chico del mostrador nos llamó, y fuimos a recoger nuestra comida. Yo no tenía el menor apetito. Abrí mi bocadillo de carne y me quedé mirándolo.
—¿Te da miedo ese bocadillo? —bromeó Logan—. ¿De qué vas?
—No tengo mucha hambre, supongo —respondí.
Harrison y Logan intercambiaron una mirada.
—Tienes muy mala pinta —dijo Harrison por fin. Como siempre, no se molestó en suavizar el golpe—. Como si llevaras días sin dormir. ¿Qué te pasa?
No estaba de humor para hablar de la ruptura, o de la dimisión de Emilia. Sabía que se aliarían contra mí para convencerme, de algún modo, de que era yo quien había provocado el fin de la relación.
—¿Lo estáis preguntando en serio? —gruñí—. Acabo de superar el evento más estresante, exigente e importante de toda mi carrera, todo ello captado por un ejército de cámaras y micrófonos, ¿y os preguntáis por qué parezco agotado?
Logan me miró mientras comía su bocadillo de albóndigas. Era obvio que estaba preparando una buena réplica.
—Te encanta trabajar, te vienes arriba bajo presión. No me lo creo, hermano.
—Estoy de acuerdo —añadió Harrison—. Siempre te creces ante ese tipo de desafíos.
Además, has tenido a la ayudante más competente del mundo durante todo el proceso.
Gwen no deja de hablar de cómo Emilia salvó su fiesta.
Va a ser lo mejor que le ha ocurrido nunca al Carmel Luxe.
—Hizo una pausa—. Y a ti. No intentes decirnos que todo lo que vimos en la fiesta fue solo una representación.
Los dos encajáis a la perfección, así que, ¿cuál es el problema?
Se habían aliado contra mí, y sabía que no pararían hasta que yo cediera.
—Hemos roto, ¿de acuerdo? Se acabó.
—Oh, mierda. Siento oír eso. —Logan tendió una mano y me apretó un hombro—. ¿Estás bien?
—Perfectamente. —Moví el hombro para quitar su mano—. A decir verdad, me ha venido bien, porque ahora puedo centrarme en construir un hotel nuevo en Hilton Head. Emilia no era más que una distracción.
Harrison me miró sorprendido.
—¿En serio? ¿Quieres abrir un hotel nuevo ahora?
—¿Y por qué no?
Sonó más brusco de lo que había previsto, y él levantó las manos en gesto de rendición.
—Vale, vale, de acuerdo. Haz lo que tengas que hacer. Solo he pensado que, tal vez, deberías ir más despacio mientras organizamos la transición de poder.
—¿Emilia no ha aceptado el trabajo? —preguntó Logan, devolviendo la conversación al tema que yo habría preferido evitar.
Negué con la cabeza.
—Ha decidido que no le interesaba el puesto, después de todo. Hasta intenté ofrecerle más dinero.
—Joder, eso tuvo que doler —dijo Harrison—. Es todo un activo.
—En más de un aspecto —añadió Logan—. Es una pena que tú no lo hayas visto.
Era obvio que no iban a dejarme en paz, pero yo no estaba de humor para analizar toda mi vida amorosa con ellos. Eso significaba que esa comida había llegado a su fin.
—Tengo que irme, chicos. Supongo que hablaremos pronto —dije, mientras recogía mis cosas y volvía a envolver el bocadillo que no había tocado.
Mis hermanos se quedaron mirándome.
—Estaremos aquí si necesitas hablar —dijo Harrison.
—De lo que sea —añadió Logan—. No solo de trabajo.
Una emoción que no supe identificar surgió en mi interior, y me dejó algo desequilibrado.
De niños, habíamos tenido una relación muy estrecha, pero luego nos distanciamos, y nos estábamos esforzando por volver a acercarnos.
Eso me parecía… bien. Como hermanos, deberíamos tener una buena relación.
Pero eso no significaba que tuviera que sincerarme con ellos sobre Emilia. Cuanto menos pensara en ella, mejor.
No logré encontrar una respuesta, así que me limité a hacer una inclinación de cabeza y me marché. Al salir, tiré mi bocadillo a una papelera, porque la idea de comer me revolvía el estómago.
Ella había decidido marcharse, y ya era hora de dejar de lamentarme y pasar página.