Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 27 Emilia
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EMILIA

Faltaban solo unas horas para que terminase la fiesta y, a pesar de los dramas del día anterior, todo había transcurrido a la perfección. Habíamos conseguido hacer realidad todos los sueños de la feliz pareja.

Hubo algunos problemas, por supuesto. No tuvimos tiempo de conseguir otro traje de captura de movimientos, así que Kristen no pudo bailar con su abuelo.

Las damas de honor intentaron hacer un baile sorpresa que se volviera viral, pero que resultó más vergonzoso que divertido por sus movimientos y letra subidos de tono.

La orquesta se equivocó con la canción para el primer baile de Kristen y Carter y tuvieron que empezarla de nuevo.

Dos veces. Por no hablar de que se estaba acercando el momento de abrir la pista de patinaje y, a juzgar por lo mucho que había bebido todo el mundo, era cuestionable que fuera a salir bien.

Al menos, la empresa encargada había exigido que todo el mundo utilizara casco.

Pero Carter y Kristen estaban felices, y eso era lo único importante.

Cada una de las cámaras estaba dedicada a captar su felicidad y, por una vez, ellos no parecieron darse cuenta de que estaban allí.

Solo tenían ojos el uno para el otro, y yo estaba bastante segura de que no se habían soltado las manos en las últimas dos horas.

También estaba segura de que Dorian estaba maquinando cómo reventarles la burbuja de felicidad, para poder grabar la segunda parte de la pesadilla.

Por su parte, Drew había sido el anfitrión perfecto.

Nada le pasaba inadvertido, salvo yo misma.

Era como si no fuera capaz ni de mirar en mi dirección una sola vez, salvo cuando había que resolver algo relacionado con el trabajo, como una cena vegetariana desaparecida que el chef sustituyó enseguida, o una bandeja de copas que cayó al suelo.

Salvo por detalles como esos, todo había salido a la perfección.

La noche estaba a punto de terminar, y eso significaba que mi tiempo con Drew también tocaba a su fin. Sentía un gran nudo en la garganta pero, gracias a mi experiencia, fui capaz de mantener una sonrisa bastante convincente, aunque solo fuera una máscara.

Aprovechando que las cosas parecían ir bien por el momento, me retiré a un rincón tranquilo donde esperé, quieta como una estatua, hasta que me necesitaran de nuevo. Nora se me acercó, con aspecto preocupado.

—Recta final —me susurró al oído.

No había parado de hacer fotos en toda la noche, pero las cosas también se estaban calmando para ella.

Me había dicho que, al cabo de un rato, todas las fotos de gente borracha bailando parecían iguales.

Había capturado todos los momentos que se recordarían con más facilidad, así que, prácticamente, ya había terminado su trabajo.

—¿Estás bien? —me preguntó.

Asentí en respuesta. Le había contado cada detalle de lo ocurrido la noche anterior, así que se había dedicado a lanzar miradas asesinas a Drew durante toda la noche.

—¿Y tú? —quise saber.

—Me ha ido muy bien. Resulta que ha venido una editora de InStyle Magazine para hacer un reportaje de la boda, y le gustan mis fotos. Le he dado mi tarjeta y me ha dicho que tenemos que hablar de colaborar en el futuro.

—¡Nora! —Le agarré un brazo y lo apreté—. Eso es increíble.

—Al menos ha salido algo bueno de entre las ruinas —comentó ella—. Y, oye, todo este horror te ha hecho encontrar un trabajo fijo aquí. En cuanto olvides los daños colaterales, ya verás que todo esto ha sido para bien.

—Ya, bueno. —Arrugué la nariz—. He estado pensando en eso.

Ella me dio un golpe en el hombro con el suyo.

—¿Qué quieres decir? Este trabajo está muy bien. Piensa en toda la pasta que vas a ganar y, encima, tendrás un montón de beneficios. Un seguro de salud decente, y un nuevo tejado. ¿Qué más quieres?

—Es cierto, pero… ¿Podemos hablar de todo eso después? Tengo mucho en lo que pensar.

Nora aceptó, aunque a desgana, sin dejar de lanzarme miradas preocupadas.

Yo había estado tratando de centrarme en los aspectos positivos de la situación.

Un trabajo estable, con un salario predecible y, en lugar de pasarme la vida buscando clientes en un mercado muy competitivo, solo tendría que esperar a que el reclamo del hotel me los trajera directamente. En teoría, tenía la vida resuelta.

Miré el anillo que llevaba en el dedo, y pensé que esa otra parte de mi vida estaba lejos de haberse resuelto.

Nora señaló con la barbilla a donde Kristen y Carter bailaban en el centro de su grupo de amigos.

—¿Cuánto tiempo les das?

Carter estaba haciendo girar a su novia en la pista, cantando la letra de Crazy in Love, y ella le sonreía con adoración.

Kristen se había puesto ya el tercer atuendo de la noche, consistente en un top bandeau decorado con piedras y una minifalda tan solo unos centímetros más larga que un biquini.

Los novios no habían podido quitarse las manos de encima, pero yo había observado que no se trataba solo de su atracción física.

Carter se había dedicado a dar codazos a todo el que estuviera a punto de caer sobre ella, y le colocaba la mano en la espalda de forma protectora cada vez que caminaban juntos.

En algún momento de la noche, se había quitado los zapatos para dejárselos y que ella no fuera descalza, porque ya no aguantaba los tacones.

—No lo sé, igual hasta siguen juntos —murmuré.

—¿A que sí? Yo también lo creo. Carter es un poco tonto, pero de un modo que resulta bastante mono, y creo que es buena persona. He oído que ha montado todo un numerito rompiendo el acuerdo prenupcial para firmar uno nuevo.

—Sí, lo ha hecho, y ha resultado un momento muy dulce, en realidad. Y ella es increíble —añadí—. No hay duda de que ella vale más que él, pero lo conseguirán.

Nora estaba buscando entre sus fotos.

—Mira esta. No he podido resistirme.

Situó su cámara profesional delante de mí para enseñarme una foto que había tomado hacía un rato.

En ella, yo estaba al borde de la pista de baile y, a juzgar por el resplandor que me iluminaba, la había hecho cuando lanzaron fuegos artificiales en miniatura mientras cortaban la tarta.

Yo sonreía de verdad, porque ¿cómo no iba a disfrutar de ese momento?

Al ampliar la imagen, me fijé en que Drew estaba situado a un lado y, en lugar de mirar los fuegos artificiales como los demás invitados, me observaba a mí, como si yo fuera lo único que mereciera la pena admirar, en lugar del espectáculo de luz.

Como siempre, Nora había logrado contar una historia entera con una sola imagen, utilizando la luz y la composición de un modo que daba a la foto la apariencia de un cuadro renacentista.

—Sentimientos sin resolver, ¿no? —me preguntó con intención.

—Venga ya. Parece que quiera asesinarme.

—Lo dudo. Más bien, parece que quiera devorarte viva —replicó—. En cualquier caso, él no es tan indiferente como crees. Puede que esté tratando de darte esa impresión, pero esta foto cuenta otra historia.

—Solo es una foto —protesté.

Ella recuperó la cámara y empezó a pasar las fotos que había hecho en ese periodo. Todas ellas mostraban a Drew con la vista clavada en mí, durante todo el rato que habían durado los fuegos artificiales.

—Igual estaba enfadado conmigo porque fui yo quien aprobó la pirotecnia en el interior —dije.

Aunque, para ser justos, también había insistido en disponer de varios extintores, y Ethan se había asegurado de que hubiera un empleado del hotel situado junto a la manguera instalada en la pared exterior del salón de baile.

—Eso es una tontería.

El DJ cambió a una canción lenta, y Kristen y Carter se pegaron el uno al otro, como dos imanes.

—Ay, qué monos —dijo Nora—. Tengo que fotografiarlos así. ¿Nos vemos en casa?

Asentí, mientras intentaba ignorar las emociones inesperadas que hervían en mi interior. Había escuchado From this moment on en docenas de bodas, así que no tenía por qué sentir ganas de llorar al ver a la feliz pareja bailar esa canción. Debía ser el cansancio por todo el trabajo, eso era todo.

La noche siguió adelante, aparecieron los patines y, para mi sorpresa, nadie se rompió ningún hueso.

Eso fue todo un éxito. Para cuando Kristen se puso el último atuendo de la noche, para correr hacia el Bentley en el que se marcharían a iniciar su luna de miel, yo estaba hecha polvo.

Todo lo que me había mantenido en pie hasta entonces, se desmoronó de golpe, y tuve la sensación de necesitar dormir durante un año entero.

Pero aún me tocaba enfrentarme a Drew para devolverle el anillo, y despedirme de un trabajo estable y un seguro de salud decente.

Los borrachos rezagados se estaban dedicando a hacer lo que se hace en todas las bodas: desafinar a gritos en la pista de baile, mientras los empleados intentaban empezar a recoger.

Busqué a Drew y lo vi hablando con el padre de Carter, sin duda recibiendo sus felicitaciones por lo bien que había salido todo.

Misión cumplida. La marca Ashford volvía a estar en lo más alto, y nadie podría decir nada malo de ella.

Me dirigí a mi despacho que, por suerte, no estaba cerca del de Drew, con la intención de coger un sobre, meter dentro el anillo y dejarlo en la caja de seguridad del hotel, para no tener que hablar con él.

Después, enviaría mi dimisión a recursos humanos por correo electrónico. No me quedaba nada más por decir.

No me molesté en encender la luz. Aquel despacho había sido una mejora increíble respecto del que tenía en mi casa: un lugar bien iluminado, con una gran mesa de cristal de aspecto serio e importante.

Había estado deseando instalarme allí definitivamente, pero ahora, por supuesto, ya no sería posible.

Aunque se marchara a supervisar los otros hoteles, en aquel había rastros de Drew Ashford por todas partes.

Sería imposible trabajar allí e ignorar todo lo ocurrido entre nosotros.

—Sobres… —murmuré mientras rebuscaba en los cajones.