Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 23 Drew #2
67%

23 Drew #2

De algún modo, milagrosamente, logramos completar el ensayo de la boda, aunque hubo algunos tropiezos de camino al altar, y pasamos a la cena, que se serviría en el patio, a la luz del crepúsculo. El decorado era perfecto, pero el ambiente se había enrarecido.

Me quedé observando entre las sombras, para asegurarme de que las cosas fueran lo mejor posible, dado el consumo de alcohol.

Por lo general, no solía implicarme tanto en los detalles de los eventos, pero aquel era muy diferente de los demás.

Todo tenía que salir bien. Una vez más, la reputación de la marca Ashford corría el riesgo de enfrentarse a las iras de un grupo de fans, y si eso ocurriera, no estaba seguro de tener la energía para reconstruirla o empezar desde cero.

Los dramas resultantes de la telerrealidad, tanto los auténticos como los fabricados, eran agotadores, y yo estaba llegando al límite.

Me permití relajarme un poco cuando vi que los camareros empezaban a sacar las cestas de pan artesanal.

Con un poco de suerte, eso ayudaría a mitigar los efectos del alcohol y las cosas se calmarían un poco.

Sin embargo, tan pronto como noté que se me destensaban un poco los hombros, Carter se puso en pie de un modo tan torpe que su silla cayó al suelo. El ruido hizo callar a los presentes.

Ay, Dios, pensé, notando que el miedo me atenazaba la garganta. No tengo ni idea de qué va a hacer, pero no será nada bueno.

—Ay, he sido yo —rio él—. ¡Perdón!

Kristen, sentada a su lado, era la viva imagen de una futura novia con su vestido blanco vaporoso, pero incluso desde donde yo estaba, al otro lado del patio, noté la preocupación en su cara.

—¿Todo el mundo tiene una copa? ¿Sí? —preguntó Carter, mirando a los asistentes—. Bien, ¡genial! Porque quiero brindar por mi novia supersexi.

Kristen le dedicó una sonrisa con los labios apretados, que me pareció más angustiada que cariñosa.

—Vamos allá —anunció Carter—. Bueno, ¿os lo estáis pasando bien todos?

La gente rompió a aplaudir, pero el grupo de colegas de Carter se volvió loco, y empezaron a gritar y saltar de sus sillas.

—¡Esos son mis chicos! —rio Carter, antes de beber un trago de su copa. Era evidente que se le había olvidado lo que había previsto hacer—. Bueno, ¿qué estaba diciendo?

Bajó la vista a Kristen.

—Ah, ¡sí! —continuó—. Quiero hablar de esta mujer tan preciosa.

Se escucharon más risas cuando él le dio una palmada torpe en el hombro desnudo.

—Está buena de cojones, ¿verdad?

Se escucharon algunos respingos escandalizados, que enseguida fueron ahogados por los gritos de ánimo de los tíos. Kristen estaba intentando mantener la sonrisa, sin conseguirlo del todo. Dorian estaba pegado a la espalda del camarógrafo, con una sonrisa enloquecida.

—Y, además, sabe muy bien cómo hacerme feliz —continuó Carter, dando lugar a un coro de oohs y aaahs, para luego añadir—: ¡porque mi chica tiene unas habilidades increíbles!

Hice una mueca de disgusto y observé que las personas de más edad se miraban entre sí con expresión confusa, mientras los colegas gritaban, y las damas de honor parecían escandalizadas.

Aquello estaba empeorando y, si nadie detenía a Carter, la situación iba abocada a la catástrofe.

Kristen lo miraba como si no pudiera creer que ese fuera el hombre con quien iba a casarse en menos de veinticuatro horas. Como si se lo estuviera replanteando.

Debía intervenir.

El operario de sonido estaba detrás de la mesa de mezclas, fingiendo estar más pendiente de los botones y controles que tenía delante que del desastre humano que trataba de hacer un brindis. Me acerqué a él.

—Raj —dije en voz baja—. Por favor, dime que tienes un micrófono por ahí.

Él sacó uno y me lo tendió sin decir palabra, pero su expresión me dejó claro que opinaba lo mismo que yo sobre la situación.

—Eres mi salvador —murmuré.

Busqué el botón que sabía que debía tener por algún sitio.

—Pulsa esto y luego lo deslizas —indicó Raj, y yo conseguí encender el aparato antes de acercarme a donde Carter se tambaleaba en su sitio.

—Damas y caballeros, ¡un fuerte aplauso para el novio! —propuse, como si él acabara de recitar una oda a Kristen.

Mi voz silenció los murmullos de los asistentes, y todo el mundo pareció aliviado de que Carter no siguiera hablando.

—Ahora vamos a empezar a servir la cena —continué en tono tranquilizador—. Les espera un banquete espectacular, elegido especialmente por nuestra maravillosa pareja. Espero que lo disfruten.

Agarré a Carter de un hombro, como si fuera a darle una palmada de felicitación, pero en realidad, apreté con fuerza para obligarlo a acompañarme.

Esperaba que pareciese que íbamos a comentar algún aspecto de la velada, cuando en realidad lo que quería era sacarlo de allí para tratar de hacerle recuperar la cordura.

—Pero tío, ¿qué te pasa? —exigió Carter cuando me lo llevé, intentando soltarse de mi agarre.

Yo lo sujeté con más fuerza aún y lo conduje al vestíbulo a través de las puertas de cristal. Escuché que alguien nos seguía y me volví, asumiendo que sería Kristen, pero era un maldito cámara. Intentó seguirnos al interior, pero le cerré la puerta en las narices antes de que pudiera entrar.

Joder. Todo era una pesadilla.