Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 22 Emilia
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22 Emilia

EMILIA

Mi pequeño plan iba progresando como estaba previsto, aun teniendo en cuenta todo lo que había ocurrido aquella mañana.

Tan solo faltaba una semana para el gran día, y Kristen no dejaba de dar vueltas a las flores que quería para los arcos decorativos, lo que terminó con la florista llamándome, llorosa y aterrada por la posibilidad de tener que encontrar flores completamente distintas a las que Kristen había seleccionado antes, que ya estaban pedidas.

La florista había abierto su negocio hacía poco y le estaba costando mucho seguir el ritmo de una novia que, aunque agradable, era muy exigente y no tenía la menor idea de lo poco razonable de sus exigencias.

Carter apoyaba sin condiciones lo que decidiera su prometida respecto de las flores, y yo estaba segura de que él era incapaz de distinguir una azalea de una hortensia, pero eso no le impedía afirmar a los cuatro vientos que le parecería bien lo que eligiera su novia.

Claro, que él también tenía sus propias exigencias; por ejemplo, había decidido que, además de la orquesta que habían seleccionado, también quería dos DJs a los que había que traer desde Europa.

No parecía un problema demasiado serio, pero el equipo de grabación se había visto obligado a trabajar a marchas forzadas para instalar el cableado adicional necesario.

El pobre Drew había hecho todo lo posible para convencer a Carter de que un DJ sería más que suficiente para crear ambiente para bailar, pero él insistió en que hacían falta los dos, porque sus estilos musicales eran muy diferentes.

A primera vista, todos aquellos cambios parecían los típicos ajustes que siempre se hacían en los planes de boda, pero bajo todo ello, había una especie de corriente subyacente que daba la impresión de problemas en el paraíso.

Kristen estaba centrada en la parte de la ceremonia, y Carter en la fiesta, y eso generaba un montón de desacuerdos, entre los cuales hubo una pelea bastante seria.

Se estaban comportando como si nunca hubieran hablado en serio de lo que importaba de verdad a cada uno de ellos.

Y, siendo sincera, no me extrañaría que no lo hubieran hecho nunca.

Llevaban saliendo como cinco minutos cuando se comprometieron y, aunque se querían, no se conocían en absoluto.

Todo eso me llevaba a preocuparme un poco por la estructura que daba soporte a su relación, pero no solo era su relación la que me tenía intranquila. Además, estaba la mía propia.

Con Drew, las cosas eran increíbles cuando estábamos juntos, y aunque intentaba no comparar la rapidez con que habíamos empezado a salir con la situación de Carter y Kristen, ¿cómo iba a evitarlo?

Habíamos pasado de odiarnos a muerte a fingir un compromiso en tan solo unos días.

¡Días! Y cada vez nos costaba más esfuerzo encontrar tiempo para estar juntos, dado lo ocupados que siempre estábamos los dos.

Cuando lográbamos encontrar un momento, solíamos estar tan cansados que apenas podíamos disfrutar de estar juntos.

Eso significaba que debíamos esforzarnos más.

Yo había sido testigo de cómo habían roto muchas parejas por soportar demasiado estrés, y las únicas que sobrevivían eran las que se esforzaban por mantener viva la llama.

Yo estaba dispuesta a trabajar para mantener y mejorar lo nuestro y, si se podía decir algo de Drew Ashford, era que no se amedrentaba ante un trabajo difícil.

Él también se esforzaría por lo nuestro, por los dos.

Estaba segura. Y de ahí, mi pequeño plan.

Había hablado con Shelby, la asistente de Drew, y con Ethan, el director general, para organizar unas minivacaciones para nosotros dos en el hotel.

Bueno, en realidad solo era una comida en una terraza oculta, alejada de la grabación y los gritos del dictador detrás de la cámara, pero aunque solo durase una hora o así, ya me parecía todo un lujo.

Drew se acercó a donde yo lo esperaba bajo la brillante luz del sol, con aspecto de desconfiar de lo que fuera a ocurrir. Cuando vio que junto a mí había una mesa para dos, situada bajo una gran sombrilla de rayas, su cuerpo entero se relajó.

—Oh, joder, menos mal —suspiró—. No sabía en qué me estaba metiendo.

Se acercó a mí, me tomó en sus brazos y me dio un beso que detuvo el tiempo. Después, me puso una mano en la mejilla y me miró a los ojos.

—¿Has organizado esto para mí?

—Para nosotros —le corregí—. Un pequeño descanso en tu día, antes de que todo esto acabe contigo.

Me resultaba evidente lo mucho que se estresaba, aunque no perdiera su sonrisa de atención al cliente. Él rio un poco y me besó la cabeza.

—Eres increíble.

—Estoy de acuerdo —reí—. Y espera a ver lo que nos ha preparado el chef.

Me hice a un lado para que pudiera ver el banquete digno de Instagram, que incluía sorpresas fuera de carta. Drew se quedó callado mientras lo admiraba todo, y su atractiva cara se iluminó con una gran sonrisa que llevaba muchos días sin ver.

—¿Eso es caviar Almas? —preguntó Drew, refiriéndose a un cuenco de plata lleno a rebosar.

—Vaya, qué buen ojo tienes. Lo es. El chef ha dicho que era tu favorito, así que te ha pedido un poco.

—¿Cómo has organizado todo esto? —preguntó con una sonrisa.

—Es mi trabajo —expliqué—. Me dedico a crear recuerdos mágicos.

—Ahora lo sé de primera mano —murmuró, mientras me miraba como si quisiera usar la cuchara de madreperla para comerme a mí, en lugar del caviar—. Me tienes impresionado.

Nos quedamos mirándonos en silencio, mientras nos planteábamos un dilema: ¿comer o follar? Pero cuando el teléfono de Drew vibró con un mensaje y lo sacó para leerlo, la decisión quedó tomada.

—Maldición. Carter quiere tener una reunión a la una y media. —Miró el reloj—. Nos hemos quedado sin comida tranquila.

Y también nos habíamos quedado sin follar. Vaya.

—¿Qué quiere ahora? —pregunté.

Me senté y coloqué la servilleta sobre mi regazo, y Drew hizo lo propio, con expresión tensa.

—Solo ha dicho que se le ha ocurrido una idea «épica» y que no es negociable. Me aterra pensar que sea algo como contratar al Circo del Sol como entretenimiento durante el cóctel.

—Sería capaz —reí—. ¿Te ha dado muchos problemas? Porque tengo la sensación de que nos está utilizando a los dos, como un niño con sus padres. Si yo no le doy la respuesta que quiere, corre a pedirte a ti lo mismo.

El camarero se acercó a traernos dos bebidas color rosa, con gas y sin alcohol, y nos quedamos callados hasta que se marchó.

—Esa es la cuestión. No es que sea mala persona.

Carter es un tío decente, pero piensa que el mundo gira a su alrededor, y la consecuencia de eso es que hay que hacer el pino para tenerlo contento.

Me encantaría negarme a algunas de sus peticiones más absurdas, pero esta maldita producción teatral tiene el poder de convertir el hotel en un éxito, o en un fracaso.

Los dos pensamos un momento en lo importante que era aquel evento para el futuro del hotel, y para la marca Ashford en general.

Con todo lo que había en juego, Drew no podía permitirse que nada saliera mal, y hasta yo temblaba al pensar en todo lo que podría torcerse.

Sabía que él también estaba preocupado, pero hacía lo posible por ocultarlo.

—¿Cómo va Kristen? —me preguntó.

Parecía tan estresado que tuve que inventarme algo positivo.

—Está contenta.

—He oído un rumor sobre los arcos de flores. —Me miró con suspicacia, como si no me creyera.

—Me estoy ocupando de ello —le aseguré, agitando la mano para quitarle importancia.

Era solo verdad a medias, pero no quería estresarlo aún más.

—Aún no me has dado tu opinión sobre la feliz pareja —observó Drew—. ¿Qué posibilidades crees que tienen? —Se sirvió una buena cucharada de caviar sobre una tostada.

Yo los había estado evaluando en secreto a medida que nos acercábamos al gran día. Lo mío era la organización, por supuesto, pero también era muy observadora, lo que contribuía a mi éxito en el trabajo. Identificaba patrones antes de que resultaran evidentes, y podía intuir cosas que no se decían.

—Preveo aguas turbulentas en su futuro.

Sobre todo, si seguían sin comunicarse.

—Suenas como una galleta de la fortuna.

Tal vez, pero también esperaba que tuvieran un final feliz.

—No creo que sea fácil. Cuando se pase la emoción inicial y tengan que entrar en los detalles de cómo construir una vida juntos, se enfrentarán a muchos obstáculos. Pero creo que se quieren de verdad.

De eso estaba segura. A pesar de todo lo que había de falso en su vida, entre Carter y Kristen también había algo hermoso y genuino que me llevaba a querer creer en ellos, aunque no fuera una buena base para una relación.

—Vaya. —Drew hizo una mueca—. Yo no estoy tan seguro.

Al momento, sentí que debía defender a la pareja.

—Bueno, tú sabes bien que Kristen es una buena persona. Y sí, Carter es inmaduro, pero es muy cariñoso con ella. En su relación sí hay una base de cariño.

—Entonces, ¿a qué viene todo este espectáculo de la boda? —Drew se recostó en el respaldo de su silla y resopló—. ¿Por qué dan la impresión de que les importa más el programa que su relación? Tú te habías quejado de eso, y ahora entiendo por qué.

—Porque tienen un contrato —expliqué—. Sus marcas personales están basadas en llamar la atención del mundo. Esa es la parte superficial, pero si la dejas a un lado, creo que en el fondo hay algo real.

—Estás diciendo algo completamente distinto de lo que habría esperado —musitó.

—Puede que haya abierto los ojos a las posibilidades —respondí, encogiéndome de hombros.

Esperaba que entendiera la implicación. Él era mi razón.

Nuestros ojos se encontraron, y el resto del mundo desapareció.

Dejé de oír el murmullo de la gente en la distancia, y de oler el aroma del naranjo situado detrás de nosotros.

Hasta la brisa pareció detenerse, y lo único que quedó fue el calor creciente entre nosotros.

Contuve la respiración mientras esperaba su respuesta, pero fue mi teléfono el que rompió el silencio.

—Mierda —dije, al ver quién llamaba—. Es el contratista que se encarga del tejado. Esto no puede ser nada bueno, están trabajando en él ahora mismo —expliqué, antes de coger la llamada—. ¿Diga?

Escuché mientras Arlo me explicaba la situación y hablaba de algo relacionado con vigas podridas, un problema con la capa base y la posibilidad de moho, todo lo cual exigía arrancar la mitad del tejado para construirlo de nuevo.

—Eso suena a que va a ser carísimo —respondí—. ¿Estás seguro de que no se puede conservar nada?

Miré a Drew mientras Arlo me explicaba algo a lo que no encontraba el sentido.

Fruncí el ceño y negué con la cabeza, para transmitirle que no sabía qué hacer, y él tendió la mano para pedirme el teléfono y ocuparse del asunto por mí.

Asentí agradecida, aunque lo que habría querido hacer en realidad era darle un abrazo.

—Oye, Arlo, esto, mi amigo es constructor. —Entorné los ojos al mentir, mirando a Drew—. Y le gustaría hablar contigo.

Crucé los dedos con la esperanza de que Drew fuera capaz de hablar como un profesional de la construcción.

—Hola, soy Drew. ¿Te importa explicarme lo que pasa? —Escuchó durante un momento, pero entonces sonó su propio teléfono—. Arlo, ¿puedes esperar un minuto? Tengo otra llamada.

Drew me devolvió el teléfono y me indicó que silenciara el micrófono. Me reí al ver que seguía siendo fiel a su actitud contraria a la tecnología, porque averiguar cómo silenciar un teléfono tampoco era tan complicado.

—Hola, Carter, estaré allí a la una y media como has pedido —respondió—. Ah, de acuerdo. ¿Y ya están aquí?

Su expresión se volvió preocupada. ¿Qué estaba pasando?

—Sí. Ahora te veo. —Drew volvió a meter el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y se separó de la mesa—. Quiere poner una pista de patinaje en el salón de la fiesta. La empresa encargada está esperando en el vestíbulo para hablar de la organización.

Me di cuenta de que había pasado por alto la ridiculez de la petición de Carter, ante la necesidad de ocuparse de la logística requerida para cumplir el sueño de su cliente. Drew se había puesto en modo solución de problemas, pero yo tenía los míos propios.

—Oh, de acuerdo, pero… —Le mostré mi teléfono.

—Sí, lo siento —respondió con una mueca—. Tengo que ocuparme de esto antes de que Carter dé el visto bueno sin mí.

—Solo serán dos segundos —le supliqué—. Si le hablas en plan profesional, no pensará que soy una pobre mujer que no entiende nada y de la que se puede aprovechar.

Drew ya se estaba alejando.

—Emilia, ahora mismo no es posible.

Su mirada suplicante me hizo ceder. Sabía que tenía demasiadas cosas a su cargo, pero yo necesitaba su apoyo.

La última vez que ocurrió algo parecido con la obra, acabé pagando una pared muy cara para resolver un problema que, después, supe que se podía haber resuelto instalando una sola viga.

Hacía lo que podía para ser mi propia jefa de obra, pero tenía la sensación de que se habían aprovechado de mí más de una vez.

Sí, yo era capaz de cuidar de mí misma, pero de vez en cuando, venía bien tener a alguien como apoyo, y él me lo había ofrecido hacía tan solo un minuto.

Me había tendido una mano, para retirarla poco después.

El alma se me cayó a los pies al ver a Drew alejarse. Tenía razones para hacerlo, por supuesto. Necesitaba resolver problemas y asegurarse de que el hotel superaría la racha de mala prensa. Ese trabajo necesitaba toda su atención, pero la gran pregunta seguía sin respuesta:

¿Dónde encajaba yo en todo aquello?