17 Emilia
EMILIA
Sabía que estaba lloriqueando, pero no me importaba. Los tiempos desesperados requerían medidas de negociación desesperadas.
Apoyé las manos en las paredes de cristal de la ducha y miré cómo Drew se enjabonaba.
—Por favor —pedí—. Será muy rápido.
—¡Mentirosa! —Sacudió un dedo cubierto de espuma—. En cuanto te acercas a mi polla, no la sueltas. Contigo es imposible tener uno rápido. ¿Y cuántas veces hiciste lo que quisiste conmigo anoche?
—No las suficientes —respondí con un puchero.
Decidí hacerle una oferta que no podría rechazar. Me volví de espaldas a él, me quité la camiseta y lo miré por encima del hombro.
—Sí. Sigues siendo la hostia de sexi —rio él—. Pero no tengo tiempo, mujer.
—Ah, ¿no?
Tiré de la cintura de mis mallas y las bajé muy despacio, inclinándome por la cintura para mostrar poco a poco cada centímetro de mi culo desnudo, hasta que me quedé sin ropa.
Escuché cómo se abría la puerta de la ducha detrás de mí.
—Un segundo —me ordenó—. Eso es todo. Un beso rápido, y se acabó.
—¡Sí!
Entré en la enorme ducha humeante, tan grande como cualquier habitación de mi casa, y rodeé el cuerpo mojado de Drew con mis brazos. Fue como llegar al hogar, como si la temperatura de mi cuerpo se ajustara a la suya al instante.
—Vale, tenías razón. Necesitaba esto —murmuró él mientras nos abrazábamos.
Notaba cómo su polla latía contra mi cuerpo, así que bajé una mano para cogerla.
—Emilia —resopló él.
Echó la cabeza hacia atrás de un modo que me hizo sonreír, porque era obvio que mis caricias lo dejaban indefenso y a mi merced. Sin embargo, enseguida se apartó de mí, con una expresión tan dolorida, que se habría dicho que lo acababa de apuñalar.
—Me muero por follarte, pero tengo el día lleno de reuniones. Si llego tarde a la primera, las demás se irán a paseo.
Por desgracia, estaba hablando mi idioma.
—De acuerdo, lo entiendo.
Drew se acercó a mí para susurrarme al oído.
—Sí, pero ya verás esta noche. Te aviso: voy a provocarte tanto como tú hiciste conmigo, hasta que supliques para que te dé más.
Te voy a llevar al límite una, y otra, y otra vez, pero pararé siempre, justo antes de que te derritas debajo de mí.
Y pienso hacerlo durante toda la noche, hasta que no puedas más.
Entonces, y solo entonces, dejaré que te corras. ¿Entendido?
Di un respingo, y asentí.
—¿Lo prometes?
Él me golpeó el culo, y el sonido resonó por aquel baño tan enorme.
—Cuenta con ello.
Los dos nos apresuramos a completar la rutina matinal, porque yo tampoco tenía un día relajado. Había quedado con Kristen y Nora para atender varios preparativos para la boda, incluyendo pruebas de peinado y de los vestidos de las damas de honor.
Cuando llegué al exclusivo salón de belleza, las dos me estaban esperando ya, y la forma en que me miraron me hizo preguntarme si tendría ese aspecto radiante de «bien follada».
—Vaya, estás increíble —dijo Nora mientras me miraba—. ¿Te has hecho algo diferente hoy?
Le guiñé un ojo al ver que se acercaba Kristen.
—Luego te cuento.
—Hola, chica guapa —saludó Kristen, al tiempo que me daba un abrazo rápido—. Gracias por venir hoy. ¡Así podrás conocer al resto del grupo de la novia!
Señaló el grupo de mujeres reunidas junto a las botellas de champán.
—Sí, han venido las nueve —me dijo Nora, con una mirada cómplice.
Según nuestra experiencia, cuantas más damas de honor en una boda, más posibilidad había de discusiones. Me fijé en dos de las chicas que me resultaban familiares, seguramente por la serie de televisión de Kristen.
—Les he estado sacando un montón de fotos —dijo Nora, levantando la cámara—. ¡Qué grupo más divertido!
Una morenita muy guapa, que asumí que sería la peluquera, se acercó a nosotras.
—¿Kristen? ¿Podemos hablar antes de empezar?
Se alejaron, y nos dejaron a Nora y a mí solas unos minutos. Lancé una mirada al pequeño equipo de grabación, ocupados en preparar el rodaje, y luego observé a Nora de arriba abajo.
—¿Te han puesto un micrófono? —pregunté.
—Aún no. —Sacudió la cabeza—. Pero lo están preparando.
—Bien. Tengo que contarte algo. —Le cogí una mano y la arrastré a una zona del salón donde no había nadie.
—Sí, veo esa sonrisa distraída que tienes siempre cuando te ha pasado algo interesante —me acusó Nora—. Suéltalo.
Miré a mi alrededor para asegurarme de que no había nadie cerca.
—Anoche me acosté con Drew.
Ella abrió mucho los ojos, y también la boca.
—Un momento, ¿qué? ¿Cómo? ¿Estabas metiéndote a fondo en el papel, o es que…?
La hice callar y miré a nuestro alrededor, nerviosa. Ya había informado a Nora de los términos de nuestro compromiso falso, pero ninguna de las dos habíamos previsto esta nueva circunstancia.
—Ocurrió, sin más —admití.
—¿Cómo? ¿Tropezaste y te caíste sobre su polla?
Me eché a reír.
—Bueno, tienes razón, hay algo más. Pasamos una noche muy agradable juntos. Creo que podría ser algo mejor persona de lo que creía. Un poco. Quizás.
—Eso no parece un gran voto de confianza —respondió con una risa.
—Vale, de acuerdo. Es mejor, pero ya sabes que no me gusta admitir que me he equivocado por completo en la primera impresión, ¿vale?
—¿Qué ha cambiado? —preguntó Nora.
Hice una pausa, mientras pensaba en cómo había evolucionado nuestra relación.
—He visto su auténtica personalidad. Muy en el fondo, tiene un corazón enorme, y mucha empatía.
—¿Un multimillonario empático? ¿Cómo es posible?
—Para. —Le di un manotazo—. Se ha portado de un modo increíble con Winston, y anoche vino conmigo a ver al abuelo. —Sonreí al pensar en cómo habían bromeado los dos—. Ha recibido el sello de aprobación del Marino original, y eso no es nada fácil.
—Caramba —exclamó Nora con clara admiración—. Hasta yo tuve que currármelo a fondo para ganármelo. De acuerdo entonces, ese hombre debe tener algo especial de verdad.
—Eso espero —respondí, encogiéndome de hombros.
Nora me observó durante un instante, y yo me preparé para que me diera su opinión de amiga.
—Tú solo ten cuidado. Todo esto va demasiado rápido. Llevas un maldito anillo de compromiso en el dedo, pero se suponía que era de pega, y ahora te has mudado a su casa y te estás acostando con él.
—Solo me estoy divirtiendo —insistí.
—Y eso está muy bien, ¡es lo que debes hacer!
Disfruta el momento, literal y metafóricamente, hasta el final.
Pero protege tu corazón. No quiero que te haga daño si luego resulta que te considera una especie de juego.
Te estás implicando mucho, y tienes que asegurarte de que sus intenciones sean buenas.
Nora tenía razón. Era posible que él solo viera todo aquello como una diversión temporal mientras seguíamos con la farsa. El que me deseara entonces no significaba que considerase lo nuestro como algo duradero.
—Tienes razón —admití al final—. Tendré cuidado.
—Bien. —Nora se inclinó para acercarse a mí y me dio un abrazo rápido—. Parece que están listos para nosotras. ¡Empieza el espectáculo!
Solté un largo suspiro. Ese trabajo requería estar siempre lista para la televisión, lo que complicaba aún más mis días.
Pero bueno, Kristen no podía considerarse una novia infernal.
Me caía bien, aunque su media naranja fuera un poco bala perdida.
Y aunque prefería quedarme siempre en segundo plano, porque no tenía mucho que hacer en las escenas, a Kristen le gustaba que estuviera junto a ella, para defenderla si los proveedores causaban problemas.
Carter estaba en otra zona del salón, donde estaba recibiendo un afeitado clásico con navaja.
No era necesario, pero, al parecer, las imágenes de la navaja brillante deslizándose por sus mejillas quedaban bien en la televisión, y a él le encantaba que le grabaran.
Eso me llevaba a preguntarme si tenía alguna personalidad cuando no estaba ante las cámaras; pero bueno, Kristen veía algo en él, y eso era lo que importaba. Esperaba que les fuera bien.
En aquel salón sabían lo que hacían, porque probaron los diez peinados diferentes en tiempo récord. Hasta una de las estilistas más jóvenes se acercó a mí con un cepillo y un bote de laca, para arreglar la parte posterior de mi pelo.
—Hola a todos —dije en mi mejor tono de guía de viaje, acompañado de unas palmadas, para llamar la atención por encima del ruido.
El parloteo no cesó, así que cogí una copa de champán y una cuchara, y di golpecitos hasta que el grupo quedó por fin en silencio.
—Muy bien, amigos. Tenemos que coger el autobús para ir a nuestro próximo destino —grité—. Hay un horario que cumplir, gente. ¡En marcha!
Por suerte, me hicieron caso, se dirigieron al vehículo, y yo emití un suspiro de alivio cuando el autobús se puso en marcha.
—¿Preparada? —preguntó Nora.
—Adelante —respondí, asintiendo.
Nuestro próximo destino era la boutique de novias donde las damas de honor se iban a probar sus vestidos por primera vez.
Una vez más, mi función era la de supervisar entre bastidores.
El vestido de Kristen ya estaba terminado, pero había que dar unos últimos retoques a la longitud del velo.
El equipo del programa se dedicó a capturar las cómicas reacciones de Carter a las pruebas de las damas de honor, lo que nos dio a Kristen y a mí unos momentos de calma a solas mientras esperábamos a la costurera.
Ella miró el precioso velo, que colgaba de una percha y parecía un fantasma muy elegante.
—Mira esta puntilla —me dijo Kristen.
Me acerqué a ella, que estudiaba el tul con detenimiento.
—Es increíble.
—Y tiene historia —asintió ella—. Mis bisabuelos eran de Irlanda.
Cuando mis abuelos se casaron, los parientes de Limerick de mi abuela bordaron violetas en el borde del velo.
Simbolizan la fidelidad. La mala noticia es que el velo no se guardó adecuadamente, así que ya no se puede utilizar, pero yo quería honrar la tradición.
Localicé a algunos artesanos del mismo pueblo y les pedí que lo recrearan, para llevar un tributo a mis abuelos cuando me…
Se interrumpió, con los ojos llenos de lágrimas.
—Oh, Kristen, cuánto lo siento.
Me acerqué para envolverla en un abrazo, pensando en mi propio abuelo, y en lo devastador que sería perderlo.
—No puedo imaginar lo difícil que debe ser esto para ti —añadí.
—Lo echo mucho de menos —sollozó cuando nos separamos.
Entonces se me ocurrió una idea. Era bastante exagerada, pero… ver a Kristen llorar por su abuelo me animó a intentarlo, al menos.
—¿Tienes alguna foto de tu abuelo? ¿O vídeos? —pregunté con cautela.
—Sí, un montón —confirmó, mientras se limpiaba las lágrimas—. Para su edad, era sorprendente lo mucho que entendía de tecnología. Me mandaba mensajes de vídeo todo el tiempo. Solo eran tonterías, pero hasta me enviaba vídeos para enseñarme su aspecto.
—¿Hacía mucho ejercicio?
Kristen se echó a reír.
—No, no es eso. Me refiero a sus atuendos. Era un hombre muy elegante, llevaba sombreros, y todo.
—Pues eso será perfecto —exclamé, a medida que la idea iba tomando forma.
—¿Para qué? —Kristen me miró confusa.
—Deja que te lo explique, porque esto va a sonar raro al principio —empecé—.
Hace un par de años, trabajé con una pareja a la que le encantaba la película Avatar.
Fueron a verla en su primera cita, y se convirtió en un tema para ellos, hasta el punto de que lo incluyeron en su boda.
Las invitaciones hacían referencias a la película, y las figuras de la tarta nupcial eran los personajes vestidos de novios.
Ah, y cuando ella caminó hasta el altar, sonó la música de la película.
—Alienígenas azules enormes —dijo Kristen despacio—. Ya veo. Menuda elección.
—Yo no juzgo, solo doy a mis clientes lo que quieren —reí—.
El caso es que querían hacer algo único relacionado con la película, y al novio se le ocurrió ponerse trajes de captura de movimiento durante el primer baile, para grabar un vídeo editado de modo que se les viera como los personajes de la película y emitirlo en directo por las redes.
Así, cuando los invitados miraban el vídeo en sus pantallas, veían a los alienígenas bailando, no a los novios.
—Es una idea… diferente.
Era evidente que Kristen quería ser diplomática, pero estaba claro que no tenía ni idea de a dónde quería ir a parar con todo aquello. Me apresuré a atar los cabos.
—¿Por qué no hacemos algo así con vosotros? ¿Podríamos utilizar las imágenes de tu abuelo para crear un efecto especial, de forma que parezca que bailas con tu abuelo. Las cámaras lo grabarían, para que cuando veas el vídeo de tu boda, estés bailando con él.
Ella hizo una pausa y se quedó mirando al infinito mientras asimilaba la idea.
—No tendré que ponerme un traje de captura de movimiento, ¿no?
—No, para nada. Solo lo llevará el actor que haga el papel de tu abuelo. Igual podría ser alguno de tus parientes el que baile contigo.
—Perdona, ¿quién va a bailar con mi mujer? —preguntó Carter, acercándose a Kristen para atraerla hacia él.
Le expliqué mi idea con rapidez.
—Um, no estoy muy seguro de eso —dijo—. Esos malditos trajes son muy raros, y demasiado apretados. No quiero que se vea la silueta del paquete de un tío mientras baila con mi mujer.
—¡Carter! —Kristen le dio un golpe en el brazo.
—Lo digo en serio —protestó él—. ¿Te acuerdas de aquella serie de zombis que hiciste, en la que un montón de actores llevaban esos trajes? ¿Cómo se llamaba, Comerse a los vivos, o algo así? Ya viste lo apretadas que eran esas cosas. Se cargaría el ambiente. Lo pillas, ¿verdad?
—Pero cielo —dijo Kristen con voz temblorosa—, me encanta la idea de incluir a mi abuelo en la boda. Creo que, si lo hiciéramos bien, podría ser algo muy especial.
Sabía que el plan le había convencido, así que intervine para ayudar a Carter a entenderlo.
—¿Y si os ponemos a ti y esa otra persona en una sala distinta, y simplemente emitimos las imágenes, para que no bailes con una persona embutida en un traje verde delante de tus invitados? ¿Crees que eso funcionaría mejor?
Los dos lo pensaron un momento.
—Sí, creo que eso podría estar bien —dijo Carter—. Entonces, el tío del traje verde no aparecería por el salón de baile principal, ¿no?
—Exacto —confirmé—. Lo único que verían los invitados son las imágenes que se transmitan a la pantalla, y así parecerá que Kristen baila con su abuelo. ¿Qué opinas, Kristen?
—Me encanta —sollozó ella—. ¿Carter? ¿Sí?
Él le dio un beso en lo alto de la cabeza.
—Por supuesto que sí. Quiero convertir todos tus sueños en realidad. Es nuestra boda y nuestra fiesta. Tiene que haber algo de cada uno de nosotros en todo esto.
A pesar de su compromiso relámpago, el momento me pareció muy conmovedor y sincero, aunque me habría encantado corregir a Carter. Era un banquete para celebrar su boda, no una fiesta.
Paso a paso.
—Os prometo que será un momento precioso —les dije.
Por supuesto, todo aquello representaba más trabajo para mí, pero merecería la pena.
Superar las expectativas de mis clientes era lo que mejor se me daba.