Cómo resistir a tu jefe (Los Hermanos Ashford 2) 14 Emilia #2
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14 Emilia #2

—Ya lo creo —confirmó Drew, acercándose un poco más a mí—. Me muero de ganas de empezar.

Yo estaba ya como un tomate.

—Bueno, se acabó el juego —declaró Carter—. Es hora de probar más cosas.

—¡Un momento! —pidió Kristen—. Yo tengo una más: Yo nunca he sido la primera en decir a alguien que le quiero.

Kristen y Carter se terminaron sus bebidas. Drew y yo parecimos darnos cuenta a la vez de que uno de los dos tendría que haber sido el primero en decirlo, y me entró el pánico cuando fue evidente que a los novios se les había ocurrido lo mismo.

—Un momento, ¿os habéis prometido sin deciros que os queréis? ¿Cómo se hace eso? —Carter se echó a reír.

—Oh, bueno, el caso es que es una historia muy graciosa —empecé, mirando a Drew y rogando por que se le diera mejor improvisar que a mí.

Él rio un poco e hizo una inclinación de la cabeza para indicarme que él se ocuparía.

—Fue muy gracioso. ¡Lo dijimos los dos a la vez!

—Aaaay. —Kristen se llevó una mano al corazón—. ¡Qué monos!

—Sí —respondió Drew—. Habíamos pasado un día maravilloso juntos.

Nos levantamos tarde, fuimos a la playa, nos echamos una siesta bajo la sombrilla, nadamos un poco y compramos tacos en un camión de comida de camino a casa.

Estábamos sentados en un banco en un rincón del aparcamiento, bastantes sudorosos y cansados, pero la hostia de felices.

Yo le dije: «Tengo que decirte algo», y Em dijo: «Yo también, pero me da miedo».

Así que yo sugerí que lo dijéramos los dos a la vez, a la de tres.

Y ya podéis imaginar lo que dijimos cada uno.

—Tengo que admitir que es muy mono —dijo Carter.

Drew me apretó un poco más con un brazo y me acercó más a su cuerpo, de modo que nuestros costados quedaron pegados, de arriba abajo.

Su cuerpo era fuerte y sólido, y también muy grande.

Me dio la sensación de que, si me abrazara con ambos brazos, me cubriría por completo, y me pregunté si él habría notado el temblor que me recorrió al pensarlo.

—Chicos, tengo que interrumpiros —dijo Eric detrás de nosotros—. He preparado otro cóctel al que he llamado «Amor al unísono».

Eric describió la bebida, mientras Drew y yo nos separábamos despacio.

Yo me alejé del grupo, con la esperanza de que nadie se diera cuenta y, cuando estuve lejos, me apoyé contra una pared e inspiré hondo.

Me recordé una vez más los beneficios que me aportaría seguir aguantando a las cámaras y a Carter.

Drew parecía sentirse bastante cómodo con la situación, y no tenía ni idea de cómo el señor Alto, Rubio y Antipático era capaz de mentir con tanta facilidad. A mí, todo eso me había hecho sudar, segura de que, en cualquier momento, alguien nos pillaría en una mentira y sería el fin para nosotros.

Me fijé en que miraba a su alrededor, pero no estaba segura de si me buscaba a mí, así que levanté una mano para llamar su atención. Su sonrisa provocó una sensación en mi interior que no debería sentir. Solo estábamos actuando, nada más.

Había cámaras por todas partes, y no me habría sorprendido que hubieran asignado a una de ellas, o más, a seguirnos a nosotros desde el momento en que nos habíamos descubierto como pareja.

Drew dijo algo al coordinador de producción que estaba a su lado, y después se acercó a mí con la misma sonrisa en la cara.

Hubiera jurado que caminaba más despacio a propósito, como una especie de depredador alfa decidido a hacer valer sus derechos sobre… ¿mí?

—Hola.

Mi voz sonó chillona, y me aclaré la garganta para intentarlo de nuevo pero, antes de que pudiera hacerlo, él me tomó en sus brazos y giró conmigo.

Yo señalé el micrófono en el cuello de mi blusa, y él hizo una mueca y asintió con rapidez, para hacerme saber que no se le había olvidado y que yo debía seguirle la corriente con lo que fuera a hacer.

—He pensado en lo que podríamos cenar hoy, pero antes, quería saber si tienes mucha hambre. ¿Tienes… hambre?

—Esto, creo que sí —respondí, tratando de seguirle el rollo, pero sin tener ni idea de a dónde quería ir a parar.

Drew se acercó un poco más, y el calor de su cuerpo se extendió hasta mis piernas; y también, sin mi permiso, por otras partes más íntimas.

Noté cómo cambiaba de posición y me di cuenta de que nos estaba situando de modo que las cámaras tuvieran un buen encuadre para grabar lo que iba a decir a continuación.

Miré hacia arriba y descubrí que estábamos bajo una rama de árbol artificial cubierta de flores de cerezo.

Hasta ahora, había hecho un trabajo maravilloso en lo referente a elegir escenarios.

—Entonces, ¿dirías que estás muerta de hambre? —preguntó Drew en una voz profunda y ronca que prendió fuego a mis entrañas.

Dadas las circunstancias, no me costó mucho sacar a relucir a mi actriz interior. Por raro que fuera, apenas tenía la sensación de estar actuando. Me mordí un labio y lo miré con ojos seductores.

—Oh, ya lo creo. Podría esperar hasta más tarde para un banquete completo, pero ahora mismo necesito tomar algo.

—Ah, ¿sí? —murmuró Drew, con los ojos puestos en mi boca.

Mi respiración se aceleró, y mi cuerpo se despertó ante lo que estaba ocurriendo. Asentí, y me acerqué a él un poco, como para provocarle.

Drew levantó una mano, la puso en mi mejilla, y ese simple gesto fue suficiente para que me temblaran las piernas.

—De acuerdo, solo un poco —susurró, tan bajo que tuve que acercarme más para escucharlo.

Entonces, él puso sus labios sobre los míos.

Apenas fue más que un roce, solo un beso rápido con la boca cerrada, pero casi me hizo ver las estrellas.

Drew dejó su mano sobre mi mejilla, seguramente para añadir dulzura a nuestra pequeña representación, y tuve que contenerme para no emitir un suspiro de satisfacción, como si acabara de comer algo delicioso.

Drew se apartó muy despacio, sin apartar la vista de mis ojos.

—Podemos considerarlo un aperitivo —dijo con una sonrisa muy sexi—. Luego pasaremos al plato principal.

El beso me había dejado atontada, pero no olvidé que debía mantener las apariencias ante las cámaras. No queríamos que aquel pareciera nuestro primer beso.

—Tal vez deberíamos utilizar ese cuarto de almacenaje, después de todo —sugerí, mirándolo con una ceja levantada.

—Hmm, me gusta cómo piensas —murmuró él.

—Los micros —le recordé.

—Perdonad, equipo —dijo Drew, hablando directamente en el suyo—. Lo que viene ahora es solo para nosotros.

Los dos sabíamos que estábamos fingiendo pero, no muy en el fondo, deseé que fuéramos a seguir con la representación de verdad.